“Ser chef mexicano abre puertas” menciona Santiago Lastra
Desde hace un año triunfa en Londres con Kol, un restaurante que muestra la riqueza gastronómica del país de origen del chef mediante el uso de productos de origen inglés.
Mexicano de nacimiento, Santiago Lastra estudió en su país después de enamorarse del respeto por el producto y la cocina de la mano de Pilar Idoate y antes de profundizar en vanguardia con Chefs como Andoni Luis Aduriz y René Redzepi es que comienza a conocer el oficio en casi 30 países.
Lastra participará en Madrid Fusión para explicar un concepto que ya le ha valido un estrella Michelin, convirtiéndose tras el cierre de Pakta y Punto MX en el único mexicano estrellado en Europa con un concepto de restaurante mexicano. Charlamos con él sobre la importancia de viajar, de la cocina en la sociedad y de simplemente ser mexicano. “Abre puertas pero la gente todavía nos puede tomar un poco más en serio”.
Vuelves ahora a España a participar en Madrid Fusión. ¿Cómo llegaste tu primera vez?
No tenía ni 18 años y andaba por México trabajando en restaurantes italianos, pero me faltaba la base. Y conocí al chef español Juancho Sánchez, que había trabajado con Pilar Idoate y que por aquel entonces estaba viviendo en México. Fue él quien me propuso que viajara, que fuera a trabajar a casa de Pilar en Pamplona. Era mi gran oportunidad, y para allá fui. Ellos –los Idoate- me dieron trabajo y me ensañaron muchísimo, la base de la cocina tradicional que me faltaba. Y Pilar me trató como un hijo. Para mí, es mi madre española.
Foto: María Pilar Idoate Vidaurre es una cocinera y empresaria española.
Y después Mugaritz. Buen tándem español.
En el restaurante Europa estuve en 2007 y 2008 y después me regresé a México para, entonces sí, estudiar Cocina. Al acabar mi formación volví a España y recalé en Mugaritz. Mientras estaba con Andoni completé mis estudios cursando un Máster en Cocina de Innovación en el Basque Culinary Center.
¿Qué hiciste en Mugaritz?
Foto: Restaurante Mugaritz / Instagram @mugaritz
Estuve en el departamento de Creatividad, por lo que aprendí mucho de innovación. Era 2013. Compartí vivencias con Juan Vargas, Pablo Lagrange, Miguel Caño o David Chamorro. Haces muy buenos amigos en esas experiencias.
Después empiezas un periplo que te lleva a trabajar por medio mundo haciendo pop ups y enseñando, entre otros, cómo hacer tortillas con granos escandinavos junto al Nordic Food Lab, una idea de trabajo que después seguiste. ¿Cómo valoras esos años de descubrimiento?
Viajar es vital para un cocinero. Te abre la mente, además de que es muy bonito ver la diferente relación que tiene la gente con la comida.
“Me interesa mucho conocer las historias de los productores y saberlas transmitir”
Santiago Lastr
¿No es la misma relación de la gente con la comida en todo el mundo?
Si hablamos de alta cocina, puede ser, ya que como hay muchos países que aún no están listos para la alta cocina copian. Hay como una fórmula general para este tipo de cocina en algunos países. Pero hablando de cocina tradicional sí hay mucha diferencia. A mí me apasiona cómo la cultura se expresa a través de la comida. Lo que se come y cómo la gente lo cocina y lo come. Como con la música, como la samba en Brasil. La cocina es una manera de expresar tu cultura. Me fascina.
Viajando y viajando y acabas en Noma.
Foto: Noma México, el restaurante de René Redzepi que abrió durante siete semanas en Tulum / Adriana Zehbrauskas TNYT
Trabajé en Copenhague pero no en Noma. Con Rene estuve como project manager del pop up de Noma en México. Esa experiencia fue vital. Para conocer la cocina de Noma y la mentalidad de Rene, y también porque me permitió conocer mejor mi país. Tuve la oportunidad de entender mejor lo que es México y la gastronomía mexicana. Y fue precisamente en esos viajes cuando se me ocurrió establecerme en una ciudad para mostrar la riqueza gastronómica de mi país, pero poniendo en valor toda la cadena alimentaria de donde estuviera. Me interesa mucho el trato directo con productores, conocer sus historias y saberlas transmitir.
¿Cómo fue la idea de montar Kol?
Tuve entonces claro que quería mostrar la calidad de la cocina mexicana daba igual dónde. Había viajado tanto que el concepto hogar se diluye… Escogí Londres por ser una ciudad global. Una ciudad que conocía por algunos pop ups, una mega urge cosmopolita que ya sabía lo que era la gastronomía mexicana pero que entendía que había hueco para mostrarla mejor. Una ciudad que hablaba un idioma que dominaba, con gente abierta, que permitiera viajar, a mí y a mis clientes… Londres era la mejor opción. Así que me vine y estuve más de un año viajando y conociendo el país y sus productores. Mientras tanto iba haciendo eventos y conociendo inversores.
Foto: Instagram @kol.restaurant
¿Tema inglés?
Ya lo hablaba perfectamente. Entiendo que saber idiomas, al menos inglés, es muy importante para un cocinero. Como viajar, hablar inglés te abre la mente y te permite conectar con personas. Es vital aunque no te vayas a mover de tu país, pero si quieres viajar y conocer mundo hablar inglés es importantísimo. Si no lo hablara no me hubiera salido lo de Noma y mi vida sería diferente.
¿Qué es Kol?
Kol es un mix entre la cocina y cultura mexicana y los ingredientes y la cultura del Reino Unido. La idea es cocinar México con ingredientes británicos, lo que pensé cuando creé la idea en México. Un restaurante que es fine dining pero que no es un lugar serio, porque también transporto la cultura mexicana de fiesta en torno a la comida.
¿Podrías explicar mejor ese mix?
Lo haré mejor en Madrid Fusión. La idea es descomponer la experiencia gustativa de un producto o plato mexicano. Lo descomponemos y lo volvemos a poner en conjunto, desde cero, con ingredientes de aquí para conseguir, con producto local, una experiencia parecida a la que tendrías comiendo en México.
Quiero que la gente, cuando viene a Kol, se lo pase bien y, aunque no queremos enseñar ni impartir pedagogía, transportarle de alguna manera a México. Y dar valor a los ingredientes locales, que normalmente no están cocinados de esta forma. Quizá algún inglés pueda sacar consejos de cómo cocinar de otra forma los ingredientes que tiene cerca y conoce.
Mucho. En los últimos años ha cambiado mucho. Antes era difícil encontrar más de tres lugares en los que comer bien. Ahora hay muchísimos. Con algunos de chefs que han viajado y han regresado para abrir aquí sus conceptos. Es un lugar muy emocionante aunque no es fácil. Londres es una ciudad muy competitiva, y cara. Pero lo bueno es que, como es Londres, cocinas para todo el mundo.
¿Conoces a los españoles que están por ahí? José Pizarro, Nieves Barragán…
José Pizarro es increíble. Y Nieves también. Muy grandes los dos. Dabiz cerró pero seguro que va a regresar más fuerte que nunca, como siempre. Además, hay restaurantes españoles como tal, como Barrafina. Peter Sánchez, de origen español, también lo está haciendo muy bien en Casamia, que tiene una estrella Michelin.
De españoles en Londres a mexicanos en Europa. ¿Eres ahora el único chef mexicano con estrella Michelin en el continente?
Con un concepto mexicano, probablemente. Hay más mexicanos que tienen estrella pero sus restaurantes nos son 100% mexicanos. Y lo soy porque han cerrado Roberto Ruiz y Paco Méndez… A ver qué hacen. Algo grande, seguro.
¿Ser chef mexicano abre puertas?
Foto: Santiago Lastra y el Bar Manager Maxim Schulte. / Instagram @kol.restaurant
Entiendo que sí. Estoy muy agradecido de ser mexicano porque es lo que me ha permitido viajar y trabajar por todo de mundo. Saco inspiración de nuestra gastronomía. Es tan grande y variada que hace que no se te acabe la inspiración. Y la gente nos tiene cariño a los mexicanos, la verdad.
¿Existen restaurantes mexicanos por todo el mundo?
Sí, pero aún falta trabajo. Aún se pueden hacer cosas de más calidad. Hay mucho Tex-Mex… La gente nos puede tomar un poco más en serio. Ahí hay una oportunidad.
En un rincón de México donde las tardes olían a tierra mojada, canela y fruta madura, vivía una joven llamada Mariana.
Su abuela decía que había comidas que alimentaban el cuerpo y otras que alimentaban la memoria.
—El chile en nogada pertenece a las dos —le repetía mientras pelaba las nueces de Castilla—. Porque un platillo también puede guardar la historia de un país.
Cada año, cuando llegaba la temporada de granadas, la familia se reunía alrededor de la cocina. Había chiles poblanos asándose sobre el fuego, manzanas y peras esperando su turno, duraznos cortados en pequeños cubos y el aroma dulce de la canela flotando por toda la casa.
Mariana había crecido viendo a su abuela preparar aquel platillo, pero nunca había entendido por qué lo hacía con tanta ceremonia.
Hasta que una tarde encontró una vieja libreta escondida detrás de los frascos de especias.
En la primera página había una frase escrita a mano:
“Hay recetas que no se heredan. Se recuerdan.”
Mariana siguió leyendo.
La libreta hablaba de una familia que, muchos años atrás, había viajado por distintos lugares de México. En cada sitio habían aprendido un ingrediente, una forma de cocinar, una historia. Al regresar a casa, reunieron todo aquello en un solo platillo.
El chile era el campo.
La fruta era la abundancia.
La nogada era la tierra y la memoria.
La granada era la alegría.
Y el perejil, según la libreta, representaba la esperanza.
Mariana cerró el cuaderno.
—¿Todo esto es verdad? —preguntó a su abuela.
La mujer sonrió.
—No importa si ocurrió exactamente así. Las familias también construyen sus propias leyendas.
Aquella noche cocinaron juntas.
Asaron los chiles hasta que su piel quedó oscura y los dejaron reposar. Prepararon el relleno con carne, fruta, especias y frutos secos. Después llegó la parte que Mariana más disfrutaba: la nogada.
La abuela molió las nueces lentamente hasta convertirlas en una salsa blanca y cremosa.
Finalmente colocaron cada chile sobre un plato, lo bañaron con nogada y lo cubrieron con granada y perejil.
Los colores aparecieron como si alguien hubiera pintado México sobre la mesa.
Mariana entendió entonces que aquello no era solamente una receta.
Era una conversación entre generaciones.
Era la historia de quienes habían cocinado antes que ellas y de quienes algún día cocinarían después.
—¿Y cuál es el ingrediente más importante? —preguntó Mariana.
Su abuela levantó una ceja.
—Eso tendrás que descubrirlo tú.
Mariana probó el primer bocado.
Dulce, salado, cremoso, picante. Contrastes que, juntos, tenían sentido.
Entonces sonrió.
—Creo que ya sé.
—¿Cuál?
Mariana tomó otra semilla de granada y la dejó caer sobre el chile.
—La memoria.
La abuela no respondió.
Solo sonrió.
Y desde entonces, cada vez que en aquella casa se preparaban chiles en nogada, alguien abría la vieja libreta y añadía una nueva página.
Porque la receta nunca estaba terminada.
México seguía cocinándola.
Historias de cocina por: Tlacualchichihua
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Una jornada de innovación, tradición y el sabor de la gastronomía dulce
Entrar a Mexipan 2026 es sumergirse en un universo donde el aroma del pan recién horneado, el chocolate, la pastelería y la creatividad se convierten en los verdaderos protagonistas. Del 29 de julio al 1 de agosto, el Centro Banamex reúne a profesionales, estudiantes, empresarios y apasionados de la gastronomía en uno de los encuentros más importantes del sector en México.
Más allá de un negocio
Foto: Mexipan 2026
Durante nuestro recorrido fue evidente que la exposición va mucho más allá de ser un escaparate comercial. Cada pasillo ofrece una oportunidad para descubrir nuevas tendencias, ingredientes, maquinaria, utensilios y soluciones que buscan impulsar la evolución de la panadería, la pastelería, el chocolate y otros segmentos de la industria gastronómica.
Inspiración e innovación profesional
Uno de los grandes atractivos de la jornada fueron las conferencias y demostraciones culinarias. Reconocidos chefs y especialistas compartieron técnicas, conocimientos y experiencias que inspiraron tanto a quienes inician su camino en el oficio como a profesionales con amplia trayectoria. Cada presentación despertó el interés del público, que siguió con atención las explicaciones y degustó algunas de las creaciones elaboradas en vivo.
Foto: Mexipan 2026 / Chef Irvin Quiroz
La innovación estuvo presente en prácticamente todos los stands. Desde materias primas de alta calidad hasta equipos con tecnología de vanguardia, Mexipan confirmó por qué es un punto de encuentro estratégico para quienes buscan mantenerse al día en un mercado cada vez más competitivo. La creatividad y la búsqueda constante de nuevas propuestas quedaron reflejadas en productos que combinan tradición con tendencias contemporáneas.
Cocktail de celebración
Foto: Cocktail celebración 18 años Mexipan 2026
Como parte de la celebración por los 18 años de Mexipan, organizadores, expositores, representantes de la industria, medios de comunicación e invitados especiales se reunieron en un ameno cóctel conmemorativo. Durante el encuentro se dirigió un mensaje de agradecimiento por el camino recorrido por esta exposición, hoy consolidada como una de las plataformas más importantes para la panadería, la pastelería, la chocolatería y la gastronomía en México y Latinoamérica.
La velada fue conducida por el actor Omar Fierro como maestro de ceremonias, quien aportó calidez y cercanía a una celebración que estuvo acompañada de una destacada propuesta gastronómica, bebidas y la música de mariachi, en un ambiente de convivencia que puso el broche de oro a una jornada llena de innovación y sabor.
Mucho más que una exposición
Mexipan vuelve a demostrar que es mucho más que una exposición: es un lugar donde convergen el conocimiento, la innovación y la pasión por los oficios que endulzan y enriquecen la gastronomía. Para quienes forman parte de este sector o simplemente disfrutan descubrir nuevas propuestas culinarias, la visita representa una experiencia que vale la pena vivir.
Foto: Mexipan 2026
Las demostraciones de los chefs, la diversidad de productos, el ambiente de los pabellones y el cálido encuentro del incio de Mexipan con la prensa e invitados especiales, reflejaron la energía y el espíritu que distinguen a Mexipan durante ya 18 años.
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Cuando las luces de la panadería se apagaban y el último cliente salía con una bolsa de pan bajo el brazo, ocurría algo que muy pocos imaginaban.
Los panes de dulce cobraban vida.
—¿Ya están listos para mañana? —preguntó el Concha, acomodando orgulloso su costra de vainilla.
—¡Siempre! —respondió el Cuerno, estirando sus puntas doradas—. No hay mejor misión que recibir a alguien con el aroma de la mantequilla recién horneada.
Desde una esquina, el Pan de Muerto, que solo aparecía en ciertas temporadas, sonrió con sabiduría.
—Nuestra tarea nunca ha sido solo alimentar. Somos recuerdos. Cada uno de nosotros lleva una historia.
La Oreja soltó una pequeña carcajada.
—Yo he visto a personas decir que solo comprarían una pieza… y terminan llevándose media charola.
Todos rieron.
El Bigote, recién salido del horno, habló con entusiasmo.
—Hoy vi entrar a una niña muy triste. Su mamá le compró una concha de chocolate. Al primer bocado, sonrió. ¿Se dieron cuenta? A veces un solo pan puede cambiar un día entero.
Hubo un momento de silencio.
El Garibaldi, cubierto de pequeñas grageas, tomó la palabra.
—Eso es exactamente lo que hacemos. No competimos entre nosotros. Cada cliente encuentra el pan que necesita.
—Hay quienes buscan un abrazo —dijo el Rol de Canela—. Para ellos estoy yo.
—Otros necesitan energía para empezar la mañana —comentó el Cuerno.
—Y algunos solo quieren recordar la cocina de su abuela —añadió la Concha con una sonrisa.
Desde el fondo del mostrador, el pequeño Polvorón levantó la voz.
—¿Y qué pasa si alguien no nos elige?
El Concha respondió con calma.
—No debemos preocuparnos por eso. Nuestro deber es estar aquí, recién horneados, con el mejor sabor y el mejor aroma. Cuando llegue la persona indicada, sabrá cuál de nosotros necesita.
Los demás asintieron.
Entonces el viejo horno, que había escuchado la conversación durante décadas, dejó escapar un suave crujido y dijo:
—Recuerden algo. La harina, el azúcar y la mantequilla hacen buenos panes. Pero lo que realmente enamora a la gente es el cariño con el que fueron preparados.
Los panes guardaron silencio.
Sabían que el horno tenía razón.
A la mañana siguiente, el panadero abrió la puerta y un cálido aroma invadió la calle.
Comenzaron a llegar los primeros clientes.
Un señor pidió dos conchas para acompañar el café.
Una estudiante eligió una oreja para el camino.
Una pareja compartió un garibaldi.
Un niño señaló emocionado un cuerno recién horneado.
Y mientras cada pieza encontraba su destino, los panes intercambiaban discretas miradas de satisfacción.
Porque habían comprendido que su verdadero deber no era simplemente venderse.
Su misión era regalar un instante de felicidad, despertar recuerdos, reunir familias alrededor de una mesa y demostrar, bocado a bocado, que el pan dulce mexicano siempre tiene la extraordinaria capacidad de convertir un día cualquiera en un momento inolvidable.
Esta historia es un humilde homenaje a la panadería y panaderos mexicanos
Historias de cocina por: Tlacualchichihua
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