La cocina de recolección en el semidesierto queretano un ejemplo de sostenibilidad
Este 18 de junio 2024 se le reconoce a la Gastronomía Sostenible como una expresión cultural de la diversidad natural y cultural del mundo. Por ello, destacamos el proyecto Garambullo como una muestra de los esfuerzos colectivos y comunitarios tan característicos de México.
El proyecto Garambullo se encuentra en el municipio de Colón, en el estado de Querétaro, México. Este espacio tiene como objetivo rescatar los conocimientos locales relacionados con la naturaleza y las manifestaciones bioculturales del semidesierto queretano.
MADA Cocina colectiva
Dentro de Garambullo se organiza MADA, que significa “molcajete” en hñöhñö (otomí). Este es el taller donde se intercambian saberes y se investiga de manera colectiva sobre la gastronomía de nuestro entorno. MADA impulsa la búsqueda de una gastronomía sustentable a través de la cocina de recolección de ingredientes silvestres, un saber tradicional transmitido por generaciones.
Foto: Cortesía / Cactus
Las cocineras de la región desempeñan un papel crucial en el taller de Cocina Colectiva. No solo comparten sus recetas, sino que también intercambian conocimientos sobre diversos temas, enriqueciendo sus prácticas y beneficiando a toda la comunidad. A través de MADA, se reúnen y revaloran recetas que integran productos de la milpa y alimentos silvestres, mostrando la interconexión entre la agricultura y la recolección, fundamentales para la sostenibilidad de los agroecosistemas locales.
Preservar la cultura y las tradiciones locales
La gastronomía sustentable no solo se enfoca en la conservación del medio ambiente, sino también en la colaboración hacia la soberanía alimentaria, preservando la cultura y las tradiciones locales. En el semidesierto queretano, la recolección de alimentos silvestres es una práctica ancestral que se remonta a las sociedades recolectoras-cazadoras. Hoy en día, esta actividad vincula a las comunidades con su entorno natural, brindándoles una fuente de alimentos nutritivos y diversos.
Foto: Cortesía / Insecto comestible Tantarria
Este enfoque gastronómico fomenta el respeto por los ciclos de la tierra y la biodiversidad, promoviendo un uso responsable y equilibrado de los recursos naturales.
Acciones del proyecto Garambullo
En Proyecto Garambullo, hemos llevado a cabo diversas actividades que integran la gastronomía sustentable y el trabajo comunitario. A través del taller de Cocina Colectiva, hemos organizado intercambios de recetas, visitado cocineras en sus fogones en diversas comunidades, realizado muestras gastronómicas y, sobre todo, recopilado recetas antiguas y nuevas. Estamos conscientes de que los saberes de la cocina son un patrimonio vivo. Uno de los conocimientos más valiosos que hemos desarrollado en conjunto con las cocineras tradicionales, es la comprensión de los ciclos agrícolas y la estacionalidad de los alimentos silvestres.
Fomentar la pertenencia a la tierra y revalorizar los ingredientes locales en la dieta tradicional.
Desde marzo hasta agosto, y a veces hasta septiembre, la comunidad recolecta y consume una variedad de productos como flores de garambullo, una amplia gama de nopales de cerro, xoconostles, flores de palma, pitayas, tantarrias o xamues (chinches del mezquite que se comen en estado larvario), entre muchos otros alimentos. Estos saberes, junto con las prácticas agrícolas y el consumo de ingredientes de la milpa, constituyen una gastronomía que refleja nuestro entorno.
Receta de nopalitos:
Foto: Cortesía / Tipos de nopales
Nopales viejitos o de corazón
Estos nopales se recolectan en el semidesierto queretano desde fines deseptiembre hasta mediados de febrero, cuando ya terminó la temporada de tunas y no hay nopales tiernos en el cerro. Se trata de la pulpa de pencas maduras de nopal silvestre al que se leconoce como nopal “cardón o hartón” y su nombre científico es Opuntia streptacantha.
Ingredientes para 6 personas
2 tazas de nopales “viejitos” crudos, picados
Un trozo de cebolla
Sal al gusto• ½ cebolla picada
Chiles piquines frescos (se pueden sustituir por 1 chile verde)
1 diente de ajo
Dos cucharadas de cilantro picado
Una pizca de orégano
1 cucharadita de aceite vegetal
Preparación
En una olla se ponen a cocer los nopales con agua, el trozo de cebolla y sal al gusto.
Cuando están suaves se retiran del fuego y se escurren en un colador.
En el molcajete se muele y mezcla el ajo con el chile piquín con un chorrito de agua.
En una sartén a fuego medio se calienta el aceite, se acitrona la cebolla picada, se agregan los nopales escurridos y la mezcla de ajo y chile.
Se deja freír hasta que la baba de los nopales se va secando, se agrega el cilantro, el orégano yla sal.
Se comen en tacos
*Receta de Cristina Trejo, cocinada en el taller MADA en 2022, Comunidad Vista Hermosa, Colón, Querétaro.
Foto: Cortesía / Tacos de nopalitos
Al recuperar y valorar los métodos ancestrales de recolección y preparación de alimentos, se hace evidente la conexión vital entre la cultura y la naturaleza, resaltando la importancia de prácticas sostenibles para el futuro de la gastronomía y la soberanía alimentaria de las comunidades.
Si deseas conocer más sobre nuestra gastronomía mexicana, puedes visitar:
Escrito original por: *Mariana Morales Cortés, licenciada en historia del arte por la UNAM y se ha desempeñado como curadora y gestora cultural en diversos museos e instituciones culturales.
Actualmente, es directora de Proyecto Garambullo. Laboratorio de arte y Cultura del Semidesierto en el estado de Querétaro una iniciativa multidisciplinaria que trabaja con la comunidad del pueblo de Colón, Querétaro sobre temas que abordan el patrimonio cultural inmaterial y su relación directa con la naturaleza.
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El sabor intenso que conquista la gastronomía tradicional mexicana
En el vasto universo de los chiles mexicanos, existe un ingrediente que destaca por su aroma profundo, su color oscuro y su extraordinaria capacidad para transformar cualquier platillo: el chile negro ahumado. Más que un simple condimento, este producto representa una tradición culinaria transmitida de generación en generación, donde el fuego, el humo y el tiempo convierten un chile fresco en un ingrediente de gran personalidad.
Hoy, chefs, cocineras tradicionales y amantes de la gastronomía reconocen al chile negro ahumado como uno de los grandes tesoros de la cocina mexicana.
Una tradición nacida del humo
El chile negro ahumado se obtiene mediante un proceso artesanal en el que diversas variedades de chile son secadas lentamente con humo de leña. Dependiendo de la región del país, pueden emplearse chiles como el jalapeño, serrano o incluso variedades locales que adquieren características únicas durante el ahumado.
Foto: Diversas variedades de chile
El proceso puede durar varios días, durante los cuales el chile pierde humedad mientras absorbe los aromas de maderas como encino, mezquite o roble. El resultado es un fruto de color negro o café muy oscuro, con una piel arrugada y un aroma inconfundible que combina notas dulces, terrosas y ligeramente amaderadas.
Cada productor imprime su propio sello al proceso, por lo que no existen dos chiles negros ahumados exactamente iguales.
Un ingrediente con identidad mexicana
Aunque el chile chipotle es probablemente el chile ahumado más conocido del país, diversas regiones de México elaboran sus propias versiones de chile negro mediante técnicas tradicionales.
Estados como Oaxaca, Veracruz, Puebla, Hidalgo, Chiapas y algunas zonas del norte del país conservan métodos ancestrales de secado y ahumado que forman parte de su patrimonio gastronómico.
En muchas comunidades rurales, el ahumado continúa realizándose en hornos de adobe o pequeñas construcciones de madera donde el control del fuego depende completamente de la experiencia del productor.
El secreto detrás de su sabor
El chile negro ahumado ofrece un perfil sensorial complejo que difícilmente puede ser sustituido.
Entre sus principales características destacan:
Aroma intenso con notas de leña.
Picor moderado en la mayoría de las variedades.
Ligero dulzor natural desarrollado durante el secado.
Toques terrosos y especiados.
Gran persistencia en boca.
Gracias a estas cualidades, basta una pequeña cantidad para aportar profundidad y carácter a una preparación.
Presencia en la cocina mexicana
Foto: Chile negro ahumado en polvo
El chile negro ahumado es un ingrediente muy versátil que puede utilizarse entero, hidratado, molido o en pasta.
Es frecuente encontrarlo en:
Moles tradicionales.
Adobos.
Salsas tatemadas.
Marinados para carnes.
Barbacoa.
Mixiotes.
Caldos regionales.
Frijoles de olla.
Tamales.
Guisos con cerdo o res.
También ha encontrado un lugar importante en la cocina contemporánea, donde chefs mexicanos lo incorporan en mantequillas compuestas, aceites infusionados, mayonesas, vinagretas, chocolates, panes artesanales e incluso coctelería de autor.
Un aliado para la cocina de autor
La alta gastronomía ha redescubierto el valor del chile negro ahumado gracias a su capacidad para aportar complejidad sin ocultar los sabores principales del platillo.
Su intensidad aromática combina especialmente bien con ingredientes como:
Cacao.
Café.
Hongos.
Maíz criollo.
Quesos maduros.
Cordero.
Pato.
Atún.
Pulpo.
Verduras rostizadas.
Esta versatilidad ha convertido al chile negro en un ingrediente apreciado tanto por cocineros tradicionales como por chefs de cocina de vanguardia.
Patrimonio gastronómico que merece preservarse
El chile negro ahumado es mucho más que un producto alimenticio. Representa conocimientos agrícolas, técnicas ancestrales y una relación íntima entre el productor y el territorio.
Su elaboración requiere paciencia, experiencia y respeto por los tiempos naturales, elementos que hoy cobran especial relevancia frente a los procesos industriales.
Promover su consumo significa también apoyar a pequeños productores, preservar variedades locales de chile y mantener viva una tradición que forma parte de la riqueza culinaria de México.
Un sabor que cuenta historias
Cada chile negro ahumado guarda el aroma de la leña, el trabajo de las comunidades y siglos de historia gastronómica. Su presencia en una receta no solo aporta intensidad y profundidad al sabor, sino que conecta cada platillo con las raíces culinarias del país. En una época en la que la cocina mexicana sigue conquistando al mundo, este ingrediente artesanal demuestra que los sabores más memorables nacen de la tradición, la paciencia y el conocimiento heredado de generación en generación.
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La semilla del mamey que perfuma la memoria de México
Hay ingredientes que pasan desapercibidos hasta que alguien les pone nombre. El pixtle es uno de ellos: la semilla del mamey, también llamada “hueso”, y una pequeña cápsula de memoria culinaria que conecta la cocina actual con saberes de origen náhuatl. Su nombre proviene de pixtli o pitztli, palabra que alude al hueso o la semilla, y su sabor recuerda a la almendra tostada con un dulzor suave, delicado y persistente.
Origenes prehispánicos
Aunque muchos lo conocen apenas como el centro duro del fruto, el pixtle ha tenido un lugar propio en la cocina tradicional desde tiempos prehispánicos. En distintas regiones de México se hierve, se ahúma, se seca o se ralla para incorporarlo a bebidas y preparaciones que llevan consigo una carga de identidad local.
El corazón oculto del mamey
Basta partir el mamey para encontrarlo: una semilla oscura, lisa y robusta, encerrada en la pulpa naranja rojiza del fruto. La mayoría se queda con la carne dulce del mamey, pero el pixtle conserva otra parte de la historia: una que se transforma con el fuego, el agua o el tiempo.
Foto: El Pixtle hueso de Mamey
En la sierra de Puebla, por ejemplo, se usa en pixtamales y en enchiladas; en Oaxaca, aporta aroma, textura y espuma a bebidas como el tejate o al chocolate; y en otras preparaciones se deja secar para rallarlo y convertirlo en agua de pixtle o en una base de sabor con notas suaves de nuez.
Un ingrediente con herencia
Hablar del pixtle es hablar de cocina, pero también de continuidad cultural. Su uso refleja una manera de entender los alimentos en la que nada se desperdicia y cada parte del fruto puede tener un destino distinto, útil y valioso.
“El pixtle no es solo la semilla del mamey: es una huella comestible de la memoria mexicana.”
Esa versatilidad explica por qué el pixtle sigue apareciendo en mesas, mercados y recetas regionales: no como una curiosidad, sino como un ingrediente vivo que resiste el olvido. En él, el mamey no termina; apenas cambia de forma.
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Estados Unidos estima oficialmente una necesidad de azúcar mexicana hasta del 512%
Como resultado del diálogo con las autoridades estadounidenses instruido por la Presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, México ha logrado que Estados Unidos inicie la regularización del acceso de la industria azucarera y de los productores de caña de azúcar mexicanos, al mercado estadounidense.
El Departamento de Agricultura de los Estados Unidos (USDA) estimó que requerirá importar hasta 1,152,000 toneladas de azúcar mexicana en el ciclo 2026-2027, una cantidad 512 por ciento superior a la estimación del ciclo 2025-2026. Ello, según el último informe “Estimaciones de la Oferta y la Demanda Agrícola Mundial”, publicado por USDA el 10 de julio de 2026. Estas nuevas condiciones permitirán un aumento potencial de hasta 4,760 millones de pesos pagados por la industria azucarera a los productores de caña mexicanos en la próxima temporada.
El diálogo con Estados Unidos que condujo a este positivo resultado se inició en noviembre del año pasado, durante la visita que hizo la secretaria de Agricultura estadounidense Brooke Rollins, a la Presidenta Claudia Sheinbaum Pardo.
Este resultado confirma que por la vía del diálogo es posible construir acuerdos importantes en beneficio de las y los productores agrícolas y de las y los consumidores de alimentos de México y de Estados Unidos.
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