Durante el prolongado régimen (de casi tres décadas) de Porfirio Díaz quien había combatido al ejército francés de Napoleón III, fue notorio el acentuado afrancesamiento en las ciencias y las artes en México: la literatura, la arquitectura, la medicina y la filosofía, que se vieron muy influenciadas por las corrientes llegadas de Francia.
Eran tiempos aquellos en que la cultura francesa se dejaba sentir de manera muy importante, y lo elegante, desde el punto de vista de la gastronomía, era tener delante de los ojos, con todo lo que ello implicaba (como lo expresó Salvador Novo con fina ironía) una minuta redactada en francés, lo que confería una clara superioridad a quien pudiera descifrarla, y le extendía una patente de aristocracia, distinción y mundanidad. ¿Quién iba a pedir un caldo con verduras y menudencias, como el que sorbía y soplaba en su casa, si en la minuta del restaurante podía señalar el renglón que anunciaba lo mismo, pero con el nombre elegante de petite marmite ¿Quién pediría un guisado, si podía ordenar un gigot? ¿Pollo, si volaille? ¿Queso, si fromage? Los franceses poseían el secreto de bautizar con nombres crípticos y desorientadores los muy variados platillos que listaban en sus restaurantes.
La comida de la clase media y baja
Todo lo contrario a esos refinamientos manducatorios era la comida de la clase media mexicana. En la preciosa obra Arte Culinario Mexicano Siglo XIX (escrita al alimón por Guillermina Díaz y de Ovando y Luis Mario Schneider) queda asentado que Guillermo Prieto, autor del valioso documento histórico titulado Memorias de mis tiempos, describe lo que comía y bebía la clase media que tenía un buen pasar, así como el yantar del común de los mortales. De los primeros Guillermo Prieto refiere que solían hacer de tres a cuatro comidas, comenzando con un chocolate con agua o con leche, al despertar. Más tarde, a las diez de la mañana se almorzaba asado de carnero o de pollo, rabo de mestiza, manchamanteles, o alguno de los muchos moles. La comida, entre la una y las dos, se componía de sopas de arroz y fideo, puchero rebosante de nabos, coles, garbanzos y ejotes. La cena se reducía a un mole de pecho y un lomo frito salvado del puchero. La clase pobre se contentaba con frijoles, tortillas y chile, y en los días de buena suerte con el nenepile, la tripa gorda, el menudo y algunas otras cosas.
En ese mismo volumen leo que Guillermo Prieto vaticinaba, en 1864, cómo muchos mexicanos renegarían de sus tradiciones con tal de obtener, por parte de los invasores, el título de civilizados. Las modas, los bailes, las comidas, todo seguiría el patrón dictado por la Francia invasora:
Vendrán de Paris las modas, los libros, la ilustración…
Peluqueros y cocineros a montón
Ese notable escritor y dramaturgo que fue Salvador Novo, refiere en su obra ya aludida que, Restaurantes y hoteles fueron desde el principio actividad a la que los franceses se dedicaron con éxito y pericia en el México del siglo XIX. El afrancesamiento de las costumbres -que también cundió contemporáneamente en España, para irritación de los puristas consistió sobre todo en elevar el nivel de la elegancia en la mesa del restaurante… No es pues de sorprender que los ricos mexicanos del siglo XIX (para no hablar todavía de los del siglo XX) sucumbieran a la seducción arrolladora de la cuisine francaise.
Ni es de censurar que los Presidentes y ministros de Relaciones se valieran, como asidos a un clavo ardiente, de los restauranteros franceses para la organización y el servicio palaciego de los banquetes oficiales destinados a halagar a los diplomáticos extranjeros. Frente a estos nuevos teules del bien comer, del comme il faut, los nuevos mexicas se rendirían de asombro; depondrían las macanas del taco abochornados y aterrados ante el estrépito del descorche de la champaña, nuevo cañón de una nueva conquista.
Silvain Daumont
Uno de los cocineros franceses más renombrados del México de las postrimerías del siglo XIX fue Silvain Daumont, quien vino en 1891 para hacerse cargo de la cocina de la residencia de Ignacio de la Torre y Mier, un acaudalado miembro de la oligarquía porfiriana. Algún tiempo más tarde dicho chef abrió su propio restaurante, que fue muy pronto el sitio de reunión de la jeuneusse dorée de aquellos apacibles días pre revolucionarios, a la vez que comenzó a hacerse cargo de la preparación de los banquetes oficiales que ofrecía Porfirio Díaz.
Uno de esos luculianos festines fue el que tuvo lugar con motivo de las fiestas del Centenario de la Independencia, el 3 de julio de 1910. Ese día el chef Silvain Daumont encabezó un ejército de cien marmitones, al cocinar un pantagruélico ágape para mil setecientos invitados, quienes de esa manera honraban al artífice de más de tres décadas de hegemonía porfiriana.
Los platos de los menús se enuncian en francés
En el libro Los espacios de la cocina mexicana (publicado por Artes de México) aparece el capítulo: Convulsiones y revoluciones culinarias de los siglos XIX y XX. Allí consigna María Stoopen lo siguiente: Durante el Porfiriato la cocina francesa tomó carta de ciudadanía en México, gracias a los restaurantes atendidos por auténticos chefs de cuisine. La Maison Dorée, de Recamier; el Sylvain, de Daumont, que cautivan al público con especialidades como los tournedos y los filetes de venado con puré de castañas. Chez Montaudon, cuyo fuerte son los mariscos, la sopa de tortuga y la preparación de pescados, huachinangos, pámpanos, jaibas, pescado blanco de Pátzcuaro, Los platos de los menús se enuncian en francés: potages, chasse, poisons, boeuf, volaille, salades, desserts, fromages. En esos años, asienta María Soopen en su obra; las clases altas de la sociedad, deslumbradas por la presencia de la corte imperial en México, adoptan como usos y prácticas de mesa y cocina a la manera europea, esto es, la francesa.
A principios del siglo XX la ciudad de México contaba con una población superior al medio millón de habitantes, y los restaurantes de postín eran: La Maison Dorée, ubicado en la aristocrática calle de Plateros (actualmente Madero), La Concordia, sita en la misma rúa, para emplear un galicismo, y Sylvain, en la calle de 16 de Septiembre.
Los hábitos de Don Porfirio
En el libro Mesa Mexicana, mencionado párrafos arriba, aparece el capítulo ?La mesa del Porfiriato?. Allí encuentro otra interesante descripción de los hábitos gastronómicos del presidente Porfirio Díaz: El general Díaz podía comer tamales al estilo de su natal Oaxaca, que paladear los más excelsos vinos franceses, y sus incondicionales gustaban de imprimirle menús redactados en francés, pero adornados con motivos de inspiración prehispánica. Más adelante aparece: Irónicamente, la comida era sólo una faceta de la buena mesa, pues la influencia francesa llegó mucho más allá de los brindis y de los estómagos agradecidos.
El refinamiento más allá de la comida
Aspectos consubstanciales al nuevo arte de comer eran también las vajillas de Limoges y las porcelanas Vieux Paris, servilletas expertamente dobladas en las formas más ingeniosas, minutas redactadas con irreprochables caligrafías bilingües, uniformes postnapoleónicos con sus condecoraciones y galones, conversaciones serenas y modales impecables.
A manera de colofón un aforismo del francés Jean-AnthelmeBrillatSavarin, autor del libro Fisiología del Gusto (cuyo subtítulo es Meditaciones de gastronomía trascendente), obra que es considerada la biblia de los gastrónomos:
El placer de la mesa es para todas las edades, para todas las condiciones, para todos los países y para todos los días. Puede asociarse a todos los demás placeres, y se queda el último para consolarnos de la pérdida de los otros.
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Foto: Biblioteca de la gastronomía mexicana / Cortesía
Toda biblioteca guarda mucho más que libros
Entre sus estantes conviven historias, recetas, investigaciones, memorias y conocimientos que han viajado de generación en generación. Son espacios donde la curiosidad encuentra respuestas y donde una simple consulta puede convertirse en el inicio de un nuevo aprendizaje. Detrás de esa experiencia existe una figura que pocas veces ocupa el centro de la conversación, pero que hace posible ese encuentro entre los individuos y el conocimiento: el bibliotecario.
Día Nacional del Bibliotecario
Cada 20 de julio, en México se conmemora el Día Nacional del Bibliotecario, una fecha que reconoce la labor de quienes dedican su vida a organizar, preservar y compartir el conocimiento. Su trabajo trasciende la clasificación de libros: implica orientar investigaciones, conservar el patrimonio documental, acercar la lectura a nuevos públicos y, sobre todo, acompañar a las personas para que localicen la información que realmente necesitan.
Foto: Alejandro Portilla Bibliotecario / Biblioteca de la Gastronomía Mexicana CDMX / Cortesía
En Fundación Herdez esa labor cobra vida todos los días a través de Alejandro Portilla, responsable en Ciudad de México de la Biblioteca de la Gastronomía Mexicana, y Deyanira Zapata, encargada de la Biblioteca Casa Doña María Pons, sede en San Luis Potosí. Desde ambos recintos comparten una misma misión: preservar y poner al alcance del público uno de los acervos especializados en gastronomía mexicana más importantes del país.
Para Alejandro desde hace tres décadas, descubrir que esta profesión podía vincularse con prácticamente cualquier área del conocimiento fue suficiente para saber que había encontrado su vocación.
“Cuando me explicaron que esta carrera no estaba cerrada a una sola área y que podía relacionarla con cualquier disciplina, entendí todo lo que podía hacer. Con el tiempo comprobé que realmente es así y eso es lo que me ha motivado durante estos 30 años”.
Alejandro Portilla
Una motivación similar encontró Deyanira ya que lo que comenzó como un gusto por la organización y la lectura se convirtió en una profesión dedicada a despertar la curiosidad de otras personas. “Me gusta que la gente se emocione con lo que encuentra y quiera leer. En estos tiempos, cuando muchos buscan todo en internet, lograr despertar esa curiosidad también emociona”.
Las bibliotecas especializadas
Esa vocación cobra un significado especial en las bibliotecas especializadas. A diferencia de una consulta general, estos espacios profundizan en áreas específicas del conocimiento y reúnen colecciones cuidadosamente construidas para responder a las necesidades de investigadores, estudiantes, profesionales y cualquier persona interesada en un tema particular.
Foto: Biblioteca de la gastronomía mexicana / Cortesía
Las bibliotecas de Fundación Herdez resguardan colecciones especializadas en gastronomía mexicana que reúnen recetarios históricos, investigaciones, publicaciones sobre nutrición, turismo, botánica, cultura alimentaria y literatura. Más que concentrar información sobre un solo tema, ofrecen un espacio para comprender la cocina mexicana desde múltiples disciplinas.
Una biblioteca especializada no busca abarcar todos los temas, sino profundizar en ellos. Nuestro trabajo es acompañar al usuario para encontrar exactamente la información que necesita”.
Deyanira Zapata
Ese acompañamiento asimismo implica seleccionar cuidadosamente cada nuevo título, mantener actualizadas las colecciones y preservar materiales que, en muchos casos, representan testimonios únicos de nuestra historia culinaria. Ese trabajo constante ha permitido que el acervo de la Biblioteca de Fundación Herdez en Ciudad de México crezca de cerca de 1,500 títulos a más de 8,200 obras especializadas, sin perder de vista el objetivo de conservar materiales relevantes para las generaciones presentes y futuras.
Foto: Deyanira Zapata Bibliotecaria / Biblioteca Casa Doña María Pons SLP / Cortesía
Detrás de cada libro hay horas de clasificación, revisión y conservación para que pueda seguir siendo consultado muchos años después de haber llegado a los estantes. “El tiempo siempre será el enemigo de los libros. También debemos protegerlos de la humedad, la luz y las plagas. Cada material requiere cuidados específicos para conservarse en las mejores condiciones”, destaca Alejandro.
Distinguir fuentes confiables
En un momento en que la información parece estar disponible en cuestión de segundos, la labor del bibliotecario adquiere un nuevo significado. Más allá de facilitar el acceso a los contenidos, ayuda a distinguir fuentes confiables, contextualizar la información y construir búsquedas que respondan verdaderamente a las necesidades de cada visitante. “Nuestro trabajo es acompañar al usuario para encontrar información confiable y pertinente”, pero también crear comunidad a través de actividades educativas y de fomento a la lectura que fortalecen el vínculo entre la biblioteca y sus usuarios.
Foto: Biblioteca Casa Doña María Pons / Cortesía
Es por ello que en su labor diaria alimentan el catálogo en línea el cual construyen mediante procesos detallados regulados por normas internacionales, como la catalogación, clasificación y descripción documental, con la finalidad de que los usuarios obtengan la información clara, precisa en una interfaz amigable todos los materiales físicos y digitales que existen en el acervo de la biblioteca. Este catálogo es abierto al público y lo pueden consultar desde cualquier parte del mundo.
Quizá por eso estos espacios siguen siendo lugares capaces de sorprender. Deyanira recuerda con especial cariño a una usuaria de más de 80 años que aprendió a utilizar herramientas digitales para no dejar de participar en un círculo de lectura organizado por la biblioteca. Alejandro, por su parte, recuerda cómo muchos niños llegan por primera vez durante una visita escolar y terminan sentados entre los estantes, hojeando libros y descubriendo un mundo que no imaginaban. “Los niños llegan como visitantes y terminan convirtiéndose en usuarios. Se quedan leyendo, descubriendo todo lo que pueden encontrar en sus instalaciones”.
Foto: Biblioteca de la gastronomía mexicana / Cortesía
El 20 de julio que celebramos el Día Nacional del Bibliotecario, visibilizar su labor igualmente es reconocer a quienes, desde el silencio de una biblioteca, hacen posible que el patrimonio documental y gastronómico de México siga vivo, encuentre nuevos lectores y continúe inspirando a las generaciones por venir. Porque, al final, preservar estos recintos es también salvaguardar la memoria de un país.
Foto: Jaibas rellenas estilo Tampico Tamaulipas México
El sabor del Golfo que conquista México
Antes de la carne asada norteña, del cabrito y de las grandes extensiones ganaderas, Tamaulipas ya cocinaba con el mar, los ríos y la tierra fértil. Su gastronomía es un mosaico de sabores que combina la riqueza del Golfo de México con la tradición ranchera y la influencia de diversas culturas que han dejado huella en este estado fronterizo. Desde los mariscos frescos de la costa hasta las carnes asadas del altiplano, la cocina tamaulipeca representa una identidad culinaria llena de historia, sencillez y sabor.
Productos del mar, carnes, cereales y vegetales
La gastronomía del estado de Tamaulipas es una de las más diversas del norte del país. Su ubicación geográfica, con más de 400 kilómetros de litoral sobre el Golfo de México, extensas zonas ganaderas, regiones agrícolas y una importante frontera con Estados Unidos, ha dado origen a una cocina que combina productos del mar, carnes, cereales y vegetales en preparaciones que forman parte del patrimonio culinario mexicano.
Foto: Puerto de Tampico Tamaulipas México / THE LOGISTICS WORLD
Aunque suele asociarse al norte por su tradición ganadera, la cocina tamaulipeca también destaca por la abundancia de pescados y mariscos provenientes de lagunas costeras, ríos y del Golfo, lo que convierte al estado en uno de los grandes productores pesqueros del país.
Una cocina marcada por el mar y la ganadería
La gastronomía tamaulipeca puede dividirse en dos grandes influencias.
En la costa predominan los pescados, camarones, ostiones, jaibas y otros mariscos que llegan diariamente desde puertos como Tampico, La Pesca y Playa Bagdad.
En el centro y norte del estado sobresale la producción ganadera, donde la carne de res, el cabrito y diversos cortes preparados al carbón forman parte de la vida cotidiana.
Esta combinación convierte a Tamaulipas en un destino gastronómico capaz de satisfacer tanto a los amantes de los sabores marinos como a quienes disfrutan de la cocina tradicional del norte de México.
Platillos tradicionales que representan a Tamaulipas
Jaibas rellenas
Foto: Jaibas Rellenas
Uno de los platillos más emblemáticos del estado. La carne de jaiba se mezcla con jitomate, cebolla, ajo, especias y pan molido antes de volver a colocarse en el caparazón para ser horneada. Es una especialidad muy apreciada en la zona de Tampico.
Huatape de camarón
Foto: Huatape de camarón
Se trata de un espeso guiso elaborado con camarones frescos y una salsa preparada con masa de maíz, chile y epazote. Su textura cremosa y sabor intenso lo convierten en una de las recetas más representativas de la costa tamaulipeca.
Carne asada norteña
Foto: Carne asada norteña tamaulipas
La tradición ganadera del estado se refleja en la calidad de sus cortes de res preparados al carbón. Generalmente se acompañan con tortillas de harina, cebollitas asadas, frijoles charros, salsa y guacamole.
Cabrito
Foto: Cabrito Estilo Tamaulipeco
Aunque comparte tradición con otros estados del norte, en Tamaulipas el cabrito ocupa un lugar importante durante celebraciones familiares y reuniones especiales, preparado al pastor, al horno o asado lentamente.
Torta de la barda
Foto: Torta de la barda
Probablemente el platillo urbano más famoso de Tampico. Esta enorme torta reúne una sorprendente combinación de ingredientes que pueden incluir jamón, queso amarillo, queso de puerco, chorizo, milanesa, frijoles, tomate, cebolla, aguacate, carne deshebrada y una salsa especial que le da su característico sabor.
Pescado a la talla y pescados fritos
En las comunidades costeras es común disfrutar especies como robalo, mojarra, huachinango y trucha preparados enteros, sazonados con especias y cocinados sobre brasas.
Mariscos: el gran tesoro tamaulipeco
Gracias a su litoral, Tamaulipas ofrece una enorme variedad de productos marinos.
Foto: Mariscos Tamaulipas México
Entre los más apreciados destacan:
Camarón
Jaiba azul
Ostión
Almeja
Pulpo
Robalo
Huachinango
Lisa
Corvina
Estos ingredientes forman parte de ceviches, cocteles, caldos, empanadas y una gran variedad de preparaciones tradicionales.
Dulces típicos
La repostería tamaulipeca conserva recetas heredadas por generaciones.
Entre los postres más populares destacan:
Foto: Empanadas de piloncillo
Glorias elaboradas con leche de cabra y nuez.
Conservas de calabaza.
Dulces de leche.
Empanadas de piloncillo.
Panes regionales elaborados en hornos tradicionales.
Bebidas tradicionales
Las bebidas también forman parte de la identidad gastronómica del estado.
Entre las más representativas se encuentran:
Foto: Concentrado De Huapilla Tampico Bebida Natural originaria
Agua de huapilla.
Atole de maíz.
Café de olla.
Licor de naranja.
Bebidas preparadas con frutas tropicales de la región.
Ingredientes que definen la cocina tamaulipeca
La riqueza agrícola y pesquera permite encontrar ingredientes como:
Maíz.
Frijol.
Chile piquín.
Nopal.
Carne de res.
Cabrito.
Camarón.
Jaiba.
Ostión.
Pescados del Golfo.
Naranja.
Limón.
Caña de azúcar.
Nuez.
Muchos de estos productos provienen directamente de productores locales, fortaleciendo la economía regional y preservando las tradiciones culinarias.
Tradición que se transmite de generación en generación
En los hogares tamaulipecos, la cocina continúa siendo un espacio donde las recetas familiares mantienen viva la identidad del estado. Muchas preparaciones conservan técnicas tradicionales como la cocción en leña, el uso del comal y la elaboración artesanal de tortillas de harina y maíz.
Foto: Comida tradicional y gastronomia de tamaulipas
Las festividades patronales, ferias gastronómicas y mercados locales siguen siendo escenarios donde los visitantes pueden descubrir los sabores auténticos de la región.
Un destino para descubrir a través de sus sabores
La gastronomía tamaulipeca es mucho más que carne asada o mariscos. Es una cocina que refleja la diversidad geográfica del estado, la riqueza de sus recursos naturales y el trabajo de generaciones que han sabido conservar sus tradiciones culinarias.
Quien visita Tamaulipas encuentra una experiencia gastronómica que va desde los frescos sabores del Golfo de México hasta las intensas notas de la cocina norteña. Cada platillo cuenta una historia de identidad, hospitalidad y orgullo regional, convirtiendo al estado en uno de los grandes referentes culinarios del norte de México.
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La gastronomía inglesa ha evolucionado durante siglos, combinando ingredientes locales, recetas familiares y una fuerte influencia de su historia. Aunque durante mucho tiempo fue objeto de estereotipos, hoy la comida tradicional de Inglaterra vive un renacimiento gracias a chefs, productores y restaurantes que han reivindicado el valor de sus recetas clásicas.
Caracterizada por platos abundantes, sabores reconfortantes y una estrecha relación con las estaciones del año, la cocina inglesa representa una parte esencial de la identidad cultural del país. Desde los desayunos más completos del mundo hasta sus famosos pasteles salados y postres emblemáticos, Inglaterra ofrece una experiencia culinaria que merece ser descubierta.
La esencia de la cocina inglesa
Foto: Sociedad Inglesa
La comida tradicional inglesa se basa en ingredientes sencillos y de alta calidad como carne de res, cordero, cerdo, pescado, papas, verduras de temporada, mantequilla, lácteos y cereales. El clima templado favorece el cultivo de vegetales como zanahorias, coles, chícharos y papas, mientras que la extensa costa proporciona pescados y mariscos frescos.
La filosofía culinaria inglesa prioriza el respeto por el producto, las porciones generosas y las preparaciones caseras transmitidas de generación en generación.
Platos tradicionales de Inglaterra
Fish and Chips
Foto: Fish and Chips
Considerado el plato más representativo del país, el Fish and Chips consiste en un filete de pescado —generalmente bacalao o eglefino— cubierto con una masa ligera y crujiente, acompañado de papas fritas gruesas. Tradicionalmente se sirve con puré de chícharos, salsa tártara o un toque de vinagre de malta.
Su popularidad comenzó durante el siglo XIX y continúa siendo uno de los alimentos favoritos tanto para locales como para turistas.
Full English Breakfast
Foto: Full English Breakfast
El desayuno inglés completo es famoso por su abundancia. Incluye huevos, tocino, salchichas, frijoles en salsa de tomate, jitomates asados, champiñones, morcilla (black pudding) y pan tostado.
Más que un desayuno, representa una comida completa que proporciona energía para toda la jornada.
Sunday Roast
El Sunday Roast es una tradición dominical profundamente arraigada en las familias inglesas. Generalmente consiste en carne asada —res, pollo, cerdo o cordero— acompañada de papas rostizadas, verduras, salsa gravy y los tradicionales Yorkshire Puddings.
Foto: Sunday Roast
Muchas familias se reúnen alrededor de este platillo cada domingo, convirtiéndolo en una celebración gastronómica y social.
Shepherd’s Pie
El Shepherd’s Pie es un pastel elaborado con carne de cordero molida cocinada con verduras y cubierta con una capa de puré de papa gratinado al horno.
Foto: Shepherd’s Pie
Cuando se prepara con carne de res recibe el nombre de Cottage Pie.
Beef Wellington
Uno de los platos más elegantes de la cocina inglesa. Consiste en un filete de res cubierto con una mezcla de champiñones y envuelto en jamón y masa hojaldre antes de hornearse hasta obtener una corteza dorada y crujiente.
Foto: Beef Wellington
Es una receta habitual en celebraciones y ocasiones especiales.
Bangers and Mash
Este platillo reúne salchichas tradicionales inglesas servidas sobre un cremoso puré de papas y bañadas con abundante salsa de cebolla.
Foto: Bangers and Mash
Su sencillez y sabor lo convierten en uno de los grandes clásicos de los pubs ingleses.
Postres tradicionales
La repostería inglesa también ocupa un lugar importante dentro de su patrimonio culinario.
Entre los postres más famosos destacan:
Sticky Toffee Pudding, un bizcocho de dátiles servido con salsa caliente de caramelo.
Apple Crumble, elaborado con manzana horneada y una cubierta crujiente de harina, mantequilla y azúcar.
Trifle, un postre en capas con bizcocho, crema pastelera, frutas y crema batida.
Bread and Butter Pudding, preparado con pan, mantequilla, pasas y una mezcla de leche con huevo.
Foto: Bread and Butter Pudding
La tradición del Afternoon Tea
Uno de los símbolos gastronómicos más conocidos de Inglaterra es el Afternoon Tea o té de la tarde.
Esta costumbre nació durante el siglo XIX y consiste en acompañar una taza de té con pequeños sándwiches, scones con mermelada y crema, además de diversos pasteles y galletas.
Foto: Afternoon Tea
Más que una comida, representa un momento de convivencia y elegancia que aún forma parte de la cultura británica.
Ingredientes característicos
Entre los ingredientes más utilizados en la cocina inglesa destacan:
Papas
Carne de res
Cordero
Cerdo
Bacalao
Mantequilla
Queso cheddar
Cebolla
Coles
Chícharos
Harina de trigo
Avena
Estos productos forman la base de numerosas recetas tradicionales que han permanecido vigentes durante siglos.
La nueva cocina inglesa
Durante las últimas décadas, la gastronomía inglesa ha experimentado una importante transformación. Chefs contemporáneos han reinterpretado recetas clásicas utilizando ingredientes locales, técnicas modernas y un enfoque sostenible.
Foto: Hélène Darroze at The Connaught
Mercados, granjas y pequeños productores han contribuido a elevar la calidad de los productos nacionales, permitiendo que la cocina inglesa sea reconocida internacionalmente por mucho más que sus platos tradicionales.
Un patrimonio culinario que sigue conquistando
La comida tradicional de Inglaterra refleja la historia, el clima y las costumbres de un país que ha sabido preservar sus recetas mientras evoluciona hacia una gastronomía moderna e innovadora. Desde el inconfundible Fish and Chips hasta el reconfortante Sunday Roast o el elegante Afternoon Tea, cada preparación cuenta una parte de la identidad británica.
Para quienes desean conocer la cultura inglesa más allá de sus monumentos y paisajes, explorar su gastronomía es una experiencia imprescindible que combina tradición, sabor y hospitalidad en cada bocado.
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