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Alimentos

Glosario de términos culinarios en recetarios mexicanos antiguos

Ciudad de México, 25 de noviembre de 2025

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Foto: Glosario de términos culinarios en recetarios mexicanos antiguos

Una excelente obra que enriquece el acervo de la Fundación Herdez

La Fundación Herdez, en colaboración con la Universidad Anáhuac México, da a conocer el Glosario de términos culinarios en recetarios mexicanos antiguos, la más reciente obra del Dr. Alberto Peralta de Legarreta, investigador nacional y Profesor Investigador de la Facultad de Turismo y Gastronomía. Esta publicación, que la Fundación apoyó en su edición e impresión, busca rescatar y preservar el rico patrimonio culinario de México, en línea con su compromiso de investigación y conservación de los recetarios históricos que forman parte de su Fondo Reservado.

Detalles de la obra

Foto: Portada del Glosario

La publicación, que consta de 304 páginas y está ilustrada con viñetas del artista gráfico Rojo Vega, hace varias aportaciones relevantes, principalmente en el campo de la historia de la gastronomía mexicana. En esta obra se estudian aspectos de la cultura culinaria novohispana y del México independiente, así como lo relacionado con el lenguaje de los recetarios antiguos. El glosario abarca 51 libros de cocina de los siglos XVIII, XIX y XX, cuyo análisis permitirá a los estudiosos o simples interesados en la gastronomía una adecuada contextualización y comprensión de la terminología utilizada en las cocinas de la Nueva España y México. El texto no sólo da definiciones, sino que ayuda a interpretar vocablos arcaicos, medidas y tecnicismos que hoy pueden resultar crípticos para el lector moderno que no domina los contextos históricos y culturales de los recetarios antiguos, ayudándolo a comprender la evolución de los platillos y del lenguaje culinario. La investigación para este glosario tomó cerca de seis años y contó con las aportaciones de expertos de múltiples campos del conocimiento.

Una gran aportación

Foto: Detalle ilustrado del Glosario

Carmen Robles, directora de Fundación Herdez, comentó: “La Fundación Herdez tiene como objetivo la preservación, promoción y difusión de la riqueza de la gastronomía mexicana tanto a nivel nacional como internacional, por lo que apoyar la publicación de una obra como ésta e integrarlo al acervo que resguardamos es una suma para acercar a nuestros usuarios a consultar los libros de nuestro Fondo Reservado. Este glosario es una gran aportación. Además, presentar este “Glosario de términos culinarios en recetarios mexicanos antiguos” de la mano de nuestro amigo e investigador, Alberto Peralta de Legarreta, en el marco de la FIL Guadalajara, es un gran orgullo”.

Y agregó: “Esta obra busca crear un puente entre el pasado y el presente, permitiendo que los tesoros de nuestra gastronomía histórica sean comprendidos, valorados y reproducidos en toda su magnitud. De igual manera, considero que esta publicación sirve como herramienta a estudiantes de la historia de nuestra cocina, pero en sí de toda la gastronomía. Confiamos en que las nuevas generaciones puedan conocer el contenido valioso de esos recetarios, ya que los recetarios antiguos son más que simples colecciones de recetas, son documentos que encapsulan las costumbres, los conocimientos y las tradiciones de su época. Desafortunadamente, muchos de los términos utilizados en estos textos han caído en desuso o han cambiado su significado con el tiempo, lo que puede dificultar su interpretación y, por ende, su conservación”.

Un recurso útil y valioso

Foto: Detalles Glosario

Por su parte, Alberto Peralta de Legarreta destacó: “Los recetarios son auténticas ventanas al pasado de una sociedad. Pertenecen a un género literario capaz de capturar la manera en que la comida y su preparación comunican mensajes y resguardan conocimientos que persisten en el tiempo, dejándonos atisbar los orígenes de lo que hoy puebla y llena de orgullo nuestras mesas. La lectura de los recetarios antiguos no debería ser labor privilegiada de los investigadores, sino de toda persona interesada en conocer la génesis y la identidad de los alimentos que considera propios, por lo que un glosario que explica procedimientos olvidados o extintos y rescata vocablos, procedimientos y preparaciones constituye un recurso útil y valioso”. 

¿Dónde se puede conseguir?

La publicación se encuentra disponible en ambas sedes de la Fundación Herdez: Seminario 18, Centro Histórico y Casa Doña María Pons en San Luis Potosí. De igual manera, en la tienda de la Universidad Anáhuac Campus Norte y la librería Gallina de Guinea en CDMX. El costo es de $350 pesos, más gastos de envío al interior del país.

Foto: Cartel de la presentación del libro
El Glosario de términos culinarios en recetarios mexicanos antiguos se presentará en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara el próximo miércoles 3 de diciembre a las 17:00 horas en el stand de la Universidad Anáhuac México: H23. Con el autor participan María Eugenia Toledo, Yazmín Aguirre Macías y Carmen Robles Beistegui.  

ACERCA DEL AUTOR

Foto: Alberto Peralta de Legarreta

Alberto Peralta de Legarreta es Investigador Nacional SNII y Doctor en Historia y Etnohistoria por la Escuela Nacional de Antropología e Historia. Se desempeña como Profesor Investigador de la Facultad de Turismo de la Universidad Anáhuac México, donde imparte diversas asignaturas relacionadas con la historia y la cultura gastronómica y realiza investigación en recetarios manuscritos inéditos. Actualmente, dirige el proyecto-comunidad en Facebook Cultura Gastronómica de México, donde documenta la historia de los usos y costumbres en las cocinas y las mesas mexicanas, con más de 35 mil seguidores. Autor de La mesa de todos y Cultura Gastronómica en la Mesoamérica Prehispánica (Siglo XXI Editores/Universidad Anáhuac México), El Chilangonario (Algarabía, 2015) y Chile para todos (Algarabía, 2016).

ACERCA DE FUNDACIÓN HERDEZ

Fundación Herdez, A.C. es una asociación filantrópica sin fines de lucro de Grupo Herdez, creada para brindar un servicio a la sociedad civil de nuestro país. Fue fundada en la Ciudad de México en 1988 por don Enrique Hernández-Pons. Cuenta con dos sedes, una en el Centro Histórico de la CDMX y Casa “Doña María Pons” en San Luis Potosí que fue inaugurada en 2023. Su campo de acción abarca toda la República Mexicana. Sus objetivos son investigar, preservar y difundir la riqueza de la gastronomía mexicana, sus ingredientes y sus tradiciones, así como crear programas y modelos educativos que fortalezcan la formación de individuos y comunidades, principalmente hacia una buena alimentación, todo esto responde a una visión institucional cuya misión y estrategias están orientadas a la realización de proyectos sociales, educativos y culturales, en el campo alimentario.

Para más información, visita
Web: https://fundacionherdez.com 
FB: Fundación Herdez AC 
TW: @Herdezfundacion 
IG:@fundacion.herdezac 
LinkedIn: FundaciónHerdez 
YouTube: Fundación HERDEZ 
TikTok: @fundacionherdez

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Alimentos

La conversación secreta de los panes de dulce

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Foto: Los panes cobran vida / GM-IA

En una panadería mexicana

Cuando las luces de la panadería se apagaban y el último cliente salía con una bolsa de pan bajo el brazo, ocurría algo que muy pocos imaginaban.

Los panes de dulce cobraban vida.

—¿Ya están listos para mañana? —preguntó el Concha, acomodando orgulloso su costra de vainilla.

—¡Siempre! —respondió el Cuerno, estirando sus puntas doradas—. No hay mejor misión que recibir a alguien con el aroma de la mantequilla recién horneada.

Desde una esquina, el Pan de Muerto, que solo aparecía en ciertas temporadas, sonrió con sabiduría.

—Nuestra tarea nunca ha sido solo alimentar. Somos recuerdos. Cada uno de nosotros lleva una historia.

La Oreja soltó una pequeña carcajada.

—Yo he visto a personas decir que solo comprarían una pieza… y terminan llevándose media charola.

Todos rieron.

El Bigote, recién salido del horno, habló con entusiasmo.

—Hoy vi entrar a una niña muy triste. Su mamá le compró una concha de chocolate. Al primer bocado, sonrió. ¿Se dieron cuenta? A veces un solo pan puede cambiar un día entero.

Hubo un momento de silencio.

El Garibaldi, cubierto de pequeñas grageas, tomó la palabra.

—Eso es exactamente lo que hacemos. No competimos entre nosotros. Cada cliente encuentra el pan que necesita.

—Hay quienes buscan un abrazo —dijo el Rol de Canela—. Para ellos estoy yo.

—Otros necesitan energía para empezar la mañana —comentó el Cuerno.

—Y algunos solo quieren recordar la cocina de su abuela —añadió la Concha con una sonrisa.

Desde el fondo del mostrador, el pequeño Polvorón levantó la voz.

—¿Y qué pasa si alguien no nos elige?

El Concha respondió con calma.

—No debemos preocuparnos por eso. Nuestro deber es estar aquí, recién horneados, con el mejor sabor y el mejor aroma. Cuando llegue la persona indicada, sabrá cuál de nosotros necesita.

Los demás asintieron.

Entonces el viejo horno, que había escuchado la conversación durante décadas, dejó escapar un suave crujido y dijo:

—Recuerden algo. La harina, el azúcar y la mantequilla hacen buenos panes. Pero lo que realmente enamora a la gente es el cariño con el que fueron preparados.

Los panes guardaron silencio.

Sabían que el horno tenía razón.

A la mañana siguiente, el panadero abrió la puerta y un cálido aroma invadió la calle.

Comenzaron a llegar los primeros clientes.

Un señor pidió dos conchas para acompañar el café.

Una estudiante eligió una oreja para el camino.

Una pareja compartió un garibaldi.

Un niño señaló emocionado un cuerno recién horneado.

Y mientras cada pieza encontraba su destino, los panes intercambiaban discretas miradas de satisfacción.

Porque habían comprendido que su verdadero deber no era simplemente venderse.

Su misión era regalar un instante de felicidad, despertar recuerdos, reunir familias alrededor de una mesa y demostrar, bocado a bocado, que el pan dulce mexicano siempre tiene la extraordinaria capacidad de convertir un día cualquiera en un momento inolvidable.

Esta historia es un humilde homenaje a la panadería y panaderos mexicanos

Historias de cocina por: Tlacualchichihua

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Alimentos

El chile negro ahumado

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Foto: Chile negro ahumado en polvo

El sabor intenso que conquista la gastronomía tradicional mexicana

En el vasto universo de los chiles mexicanos, existe un ingrediente que destaca por su aroma profundo, su color oscuro y su extraordinaria capacidad para transformar cualquier platillo: el chile negro ahumado. Más que un simple condimento, este producto representa una tradición culinaria transmitida de generación en generación, donde el fuego, el humo y el tiempo convierten un chile fresco en un ingrediente de gran personalidad.

Hoy, chefs, cocineras tradicionales y amantes de la gastronomía reconocen al chile negro ahumado como uno de los grandes tesoros de la cocina mexicana.

Una tradición nacida del humo

El chile negro ahumado se obtiene mediante un proceso artesanal en el que diversas variedades de chile son secadas lentamente con humo de leña. Dependiendo de la región del país, pueden emplearse chiles como el jalapeño, serrano o incluso variedades locales que adquieren características únicas durante el ahumado.

Foto: Diversas variedades de chile

El proceso puede durar varios días, durante los cuales el chile pierde humedad mientras absorbe los aromas de maderas como encino, mezquite o roble. El resultado es un fruto de color negro o café muy oscuro, con una piel arrugada y un aroma inconfundible que combina notas dulces, terrosas y ligeramente amaderadas.

Cada productor imprime su propio sello al proceso, por lo que no existen dos chiles negros ahumados exactamente iguales.

Un ingrediente con identidad mexicana

Aunque el chile chipotle es probablemente el chile ahumado más conocido del país, diversas regiones de México elaboran sus propias versiones de chile negro mediante técnicas tradicionales.

Estados como Oaxaca, Veracruz, Puebla, Hidalgo, Chiapas y algunas zonas del norte del país conservan métodos ancestrales de secado y ahumado que forman parte de su patrimonio gastronómico.

En muchas comunidades rurales, el ahumado continúa realizándose en hornos de adobe o pequeñas construcciones de madera donde el control del fuego depende completamente de la experiencia del productor.

El secreto detrás de su sabor

El chile negro ahumado ofrece un perfil sensorial complejo que difícilmente puede ser sustituido.

Entre sus principales características destacan:

  • Aroma intenso con notas de leña.
  • Picor moderado en la mayoría de las variedades.
  • Ligero dulzor natural desarrollado durante el secado.
  • Toques terrosos y especiados.
  • Gran persistencia en boca.

Gracias a estas cualidades, basta una pequeña cantidad para aportar profundidad y carácter a una preparación.

Presencia en la cocina mexicana

Foto: Chile negro ahumado en polvo

El chile negro ahumado es un ingrediente muy versátil que puede utilizarse entero, hidratado, molido o en pasta.

Es frecuente encontrarlo en:

  • Moles tradicionales.
  • Adobos.
  • Salsas tatemadas.
  • Marinados para carnes.
  • Barbacoa.
  • Mixiotes.
  • Caldos regionales.
  • Frijoles de olla.
  • Tamales.
  • Guisos con cerdo o res.

También ha encontrado un lugar importante en la cocina contemporánea, donde chefs mexicanos lo incorporan en mantequillas compuestas, aceites infusionados, mayonesas, vinagretas, chocolates, panes artesanales e incluso coctelería de autor.

Un aliado para la cocina de autor

La alta gastronomía ha redescubierto el valor del chile negro ahumado gracias a su capacidad para aportar complejidad sin ocultar los sabores principales del platillo.

Su intensidad aromática combina especialmente bien con ingredientes como:

  • Cacao.
  • Café.
  • Hongos.
  • Maíz criollo.
  • Quesos maduros.
  • Cordero.
  • Pato.
  • Atún.
  • Pulpo.
  • Verduras rostizadas.

Esta versatilidad ha convertido al chile negro en un ingrediente apreciado tanto por cocineros tradicionales como por chefs de cocina de vanguardia.

Patrimonio gastronómico que merece preservarse

El chile negro ahumado es mucho más que un producto alimenticio. Representa conocimientos agrícolas, técnicas ancestrales y una relación íntima entre el productor y el territorio.

Su elaboración requiere paciencia, experiencia y respeto por los tiempos naturales, elementos que hoy cobran especial relevancia frente a los procesos industriales.

Promover su consumo significa también apoyar a pequeños productores, preservar variedades locales de chile y mantener viva una tradición que forma parte de la riqueza culinaria de México.

Un sabor que cuenta historias

Cada chile negro ahumado guarda el aroma de la leña, el trabajo de las comunidades y siglos de historia gastronómica. Su presencia en una receta no solo aporta intensidad y profundidad al sabor, sino que conecta cada platillo con las raíces culinarias del país. En una época en la que la cocina mexicana sigue conquistando al mundo, este ingrediente artesanal demuestra que los sabores más memorables nacen de la tradición, la paciencia y el conocimiento heredado de generación en generación.

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Alimentos

El PIXTLE

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Foto: Pixtle semilla del mamey

La semilla del mamey que perfuma la memoria de México

Hay ingredientes que pasan desapercibidos hasta que alguien les pone nombre. El pixtle es uno de ellos: la semilla del mamey, también llamada “hueso”, y una pequeña cápsula de memoria culinaria que conecta la cocina actual con saberes de origen náhuatl. Su nombre proviene de pixtli o pitztli, palabra que alude al hueso o la semilla, y su sabor recuerda a la almendra tostada con un dulzor suave, delicado y persistente.

Origenes prehispánicos

Aunque muchos lo conocen apenas como el centro duro del fruto, el pixtle ha tenido un lugar propio en la cocina tradicional desde tiempos prehispánicos. En distintas regiones de México se hierve, se ahúma, se seca o se ralla para incorporarlo a bebidas y preparaciones que llevan consigo una carga de identidad local.

El corazón oculto del mamey

Basta partir el mamey para encontrarlo: una semilla oscura, lisa y robusta, encerrada en la pulpa naranja rojiza del fruto. La mayoría se queda con la carne dulce del mamey, pero el pixtle conserva otra parte de la historia: una que se transforma con el fuego, el agua o el tiempo.

Foto: El Pixtle hueso de Mamey

En la sierra de Puebla, por ejemplo, se usa en pixtamales y en enchiladas; en Oaxaca, aporta aroma, textura y espuma a bebidas como el tejate o al chocolate; y en otras preparaciones se deja secar para rallarlo y convertirlo en agua de pixtle o en una base de sabor con notas suaves de nuez.

Un ingrediente con herencia

Hablar del pixtle es hablar de cocina, pero también de continuidad cultural. Su uso refleja una manera de entender los alimentos en la que nada se desperdicia y cada parte del fruto puede tener un destino distinto, útil y valioso.

“El pixtle no es solo la semilla del mamey: es una huella comestible de la memoria mexicana.”

Esa versatilidad explica por qué el pixtle sigue apareciendo en mesas, mercados y recetas regionales: no como una curiosidad, sino como un ingrediente vivo que resiste el olvido. En él, el mamey no termina; apenas cambia de forma.

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