Historia
Historia de los Antojitos Mexicanos
Publicado
9 años antesen
En nuestro país es muy frecuente escuchar frases como: – Uno para llevar; dos de trompa; ¿de surtida o de maciza? o tres verdes y uno de rajas
Un mexicano sabe perfectamente a qué nos referimos cuando hablamos de esto: nuestra comida típica. Contados son los que se pueden resistir a probar, por lo menos, uno de los innumerables antojitos mexicanos. Además de sus exquisito sabor, nuestra comida posee una deliciosa tradición lingüística, porque el solo hecho de pronunciarla genera un gusto en la boca; si no, enumeremos unos cuantos de nuestros manjares: tamal, pambazo, pozole, chicharrón, tlacoyo, mole…
Los antojitos mexicanos no sólo son ricos en sabor, también son ricos en tradición. Es innegable que la cultura europea influyó en nuestra gastronomía, ya que con la llegada de los españoles, en nuestros alimentos se incluyeron ingredientes como trigo (harinas y pan), el centeno, olivo (aceite), lechugas, rábanos, espárragos, entre muchos otros. De no haberse dado el mestizaje y el proceso de la Conquista, en nuestra tradición culinaria no existirían las gorditas de chicharrón o los tacos de carnitas, no habría tortas de tamal, porque aunque ya eran preparados por los indígenas, aún no se concebía la preparación del pan para una torta. Lo importante es que nuestra comida actual está basada en la tradición prehispánica con las influencias y elementos que fueron llegando a nuestro continente.
A continuación les presentamos una excelente descripción que nos hacen los amigos de El Ombligo de la Luna
Antojitos Mexicanos Prehispánicos
-EL POZOLE, UN PLATILLO PARA MOCTEZUMA –
Hoy en día pocos pueden resistir la oportunidad de disfrutar un rico plato de pozole calientito, con carne de pollo, res o cerdo, lechuga, rábanos, limón y el toque tan particular del orégano. Este tradicional platillo es indispensable en noches mexicanas, como el 15 de septiembre, así como lo fue en su momento en la mesa de Moctezuma.
La palabra pozole viene del náhuatl pozolli, que significa espuma. Los antiguos mexicanos utilizaban granos de maíz grandes y blancos llamados cacahuazintle para preparar esta típica comida nacional. El pozole siempre ha sido parte de las grandes festividades, ya que de acuerdo con lo escrito por fray Bernardino de Sahagún en su Historia general de las cosas de la Nueva España, durante los ritos en honor al dios Xipe Tótec (señor desollador), a Moctezuma se le servía un pozole con un muslo de algún joven prisionero previamente sacrificado.
En el México de hoy existen distintas presentaciones del pozole. El rojo, por ejemplo, es preparado con chile, y es típico de Sinaloa y Jalisco; el verde, cocinado con tomate, es típico de Guerrero. También existen las versiones vegetarianas, en las que se sustituye la carne por hongos o champiñones e incluso hay quienes lo preparan con pescado o mariscos.
Antojitos Mexicanos Prehispánicos
– LOS TAMALES Y EL ATOLE –

Otro antojito mexicano, herencia de nuestro pasado prehispánico, es el tamal. Su nombre también viene del náhuatl tamalli, que significa envoltorios de maíz.
Siendo el maíz parte esencial de la alimentación de aquella época, los tamales se preparaban en la casa de cada familia indígena. En aquella época los tamales no eran rellenos ni existía la gran variedad que hay en la actualidad. Esta peculiaridad fue dándose con el paso del tiempo, por lo que hoy los comemos rellenos de pollo, frijol, mole, salsa verde o roja, rajas y no pueden faltar los de dulce.
Es difícil concebir un tamal sin atole. Esta bebida también tiene su origen en el México antiguo, aunque en aquella época sólo se tomaba atole blanco. Preparado a base de fécula de maíz, se dice que el entonces conocido como Atolli fue un alimento del gusto de los emperadores mexicas. Las crónicas de la época indican que cada quien lo pedía a su gusto; Moctezuma por ejemplo, lo degustaba endulzado con miel.
Antojitos Mexicanos Prehispánicos
– LOS TLACOYOS –

Tlahtlaoyotl también proviene del náhuatl. Este alimento se preparaba tal y como lo conocemos el día de hoy, con masa azul, pero sin algunos ingredientes como el queso; recordemos que en aquellos días no se conocían las vacas en este continente.
Este alimento se podía consumir en la zona de comida del gran mercado de Tlatelolco, de hecho se dice que fue ahí donde los probaron los españoles.
Para quienes no lo conocen, les diremos que el tlacoyo es una tortilla gruesa, ovalada y larga, la cual puede ir rellena de ingredientes como frijoles, habas, carne o requesón; a esta deliciosa tortilla la acompañamos, regularmente, con nopales, queso, chile y cebolla, además se caracterizan por el color azul del maíz.
Actualmente en algunos lugares como Puebla y Tlaxcala se les conoce como Tlatoyos.
Antojitos Mexicanos Prehispánicos
– LOS SOPES Y LOS HUARACHES –

También conocidos como pellizcadas, picadas o picaditas, los sopes son otro de los antojitos que datan de la época prehispánica y que se preparan con maíz. Los sopes consisten en una tortilla gruesa, originalmente frita con manteca, sobre la que se suelen añadir chicharrón, carne, queso, verduras y salsa picante. Hay que decir que al igual que muchos otros antojitos presentan variaciones regionales, es más, hay quienes le dan el nombre de huaraches; sin embargo, los defensores del sope argumentan que no son lo mismo. A pesar de las similitudes, la diferencia está en el nombre y el tamaño. Los huaraches son más grandes y ovalados mientras que los sopes son redondos y con un contorno de masa que evita que se derramen sus ingredientes.
Esta batalla sólo podemos decidirla probando ambos alimentos, aunque difícilmente podremos declarar alguno como único ganador.
Antojitos Mexicanos en la Conquista
– LAS GORDITAS DE CHICHARRÓN –
Debido al mestizaje toda nuestra cultura vivió una transformación, por supuesto que la comida no podía ser la excepción. Todos nuestros antojitos evolucionaron debido a la inclusión de las nuevas mezclas, sabores e ingredientes del Viejo continente; el mayor ejemplo fue el chicharrón. ¿Qué sería de las gorditas sin el chicharrón?
Como ven la Conquista nos legó el alimento más cocinado en casas y restaurantes.
Antojitos Mexicanos en la Colonia
– EL MOLE –

Seguramente el mole es el alimento que incluye el mayor número de especias, granos, sabores y contrastes entre la comida mexicana: cacao o chocolate de tablilla, chile ancho, chile mulato, chile pasilla, chipotle, jitomates, almendras, nueces, pasas, ajonjolí, clavos, canela, perejil, pimienta, cebolla, ajo y tortillas, todo esto mezclado y vertido sobre piezas de guajolote o pollo.
Desde la época prehispánica ya se tienen datos de un platillo que los aztecas preparaban para los grandes señores. El Molli, que significa mezcla, era preparado con algunos de los ingredientes que ya mencionamos, pero con la llegada de los españoles se enriqueció con algunos ingredientes asiáticos y europeos.
– ORIGEN DEL NOMBRE MOLE –
El mole es uno de los platillos más representativos de nuestra mexicanidad, principalmente preparado para las grandes celebraciones.
El origen del nombre mole se ubica en las grandes cocinas de los conventos poblanos de la Colonia. En dichos monasterios se fortaleció y perfeccionó el arte culinario mexicano, pues se agasajaban a las grandes personalidades civiles y religiosas del Virreinato con banquetes majestuosos. Allí se disfrutaron por primera vez muchos de los platillos que a la postre dieron fama mundial a la Cocina Mexicana.
Una versión sobre su origen ubica al mole en el convento de Santa Clara en la ciudad de Puebla cuando una monja molió diferentes chiles y otros condimentos juntos en un metate. Estas monjas mantenían voto de silencio, por ello durante la mayor parte del día no podían hablar; cuenta la historia que el aroma de los ingredientes que la monja molía en la cocina eran tan agradables que todas las religiosas dejaron sus actividades para ir a ver de dónde provenía ese aroma tan particular, viendo lo que pasaba, la madre superiora rompió el silencio que debía guardar, dijo:
– “Hermana, ¡qué bien mole!”
lo que provocó las risas de las demás hermanas, que la corrigieron:
– “Se dice: ¡qué bien muele!, hermana”
Es por ello que se llamó Mole a este platillo.
– UNA LEYENDA SOBRE LA CREACIÓN DEL MOLE –
Se dice que Juan de Palafox, virrey de la Nueva España y arzobispo de Puebla, visitó su diócesis. El convento poblano le ofreció un banquete. El cocinero principal era fray Pascual. Ese día estaba particularmente nervioso y comenzó a reprender a sus ayudantes, en vista del desorden que imperaba en la cocina. El mismo fray Pascual comenzó a amontonar en una charola todos los ingredientes para guardarlos en la despensa y era tal su prisa que fue a tropezar exactamente frente a la cazuela donde unos suculentos guajolotes estaban ya casi en su punto. Allí fueron a parar los chiles, trozos de chocolate y las más variadas especias echando a perder la comida que debía ofrecerse al Virrey. Fue tanta la angustia de fray Pascual que comenzó a orar con toda su fe, justamente cuando le avisaban que los comensales estaban sentados a la mesa. Un rato más tarde, él mismo no pudo creer cuando todos elogiaron el accidentado platillo.
Lo seguro es que el mole no es producto de la casualidad, sino el resultado de un lento proceso culinario iniciado desde la época prehispánica y perfeccionado en la Colonia.
Antojitos Mexicanos en la Colonia
– LOS “PANBASSOS” –
El nombre de pambazo viene del pan que se usa para su elaboración y proviene del “pan basso” o pan virreinal. “En este tipo de pan se mezclaban los restos de harina cernida con harina proveniente de trigos averiados o de calidad inferior; las panaderías elaboraban mínimas cantidades de pambazo, un máximo del 4% de la harina que entraba a la ciudad” de México. También existían tiendas donde se vendía exclusivamente este pan, conocidas como “panbaserías” (pambacerías).
En el Bajío, el pambazo consiste en un pan completamente liso parecido a la telera (bollo) rellena de papa hecha casi puré y chorizo o longaniza y posteriormente bañada en salsa de chile guajillo o ancho. Es muy similar a las tortas ahogadas.
En Veracruz, este delicioso pan es muy parecido a una torta, pero el pan está cubierto de harina. Debe tener frijoles, chorizo, lechuga y queso, si se desea también se puede agregar salsa verde o roja con chile morita y tomate verde asado y cocido.
Antojitos Mexicanos en la Independencia
-LOS CHILES EN NOGADA-

En 1821, un año antes de coronarse como emperador de México, el entonces general Agustín de Iturbide, que se dirigía a la capital tras firmar los tratados de Independencia, realizó una escala en la ciudad de Puebla y degustó el singular alimento, curiosamente ese día era su santo. Las autoridades locales quisieron agasajar al futuro emperador con un banquete especial y le presentaron un nuevo platillo que integraba los tres colores de la bandera mexicana: el verde del chile poblano, el blanco de la salsa de nuez y queso y el rojo de la granada. El aroma, color y sabor del Chile en nogada venció las dudas de Iturbide, y pese a sus temores a ser envenenado, degustó el platillo.
Antojitos Mexicanos en la Revolución
-LOS BURRITOS-

Los famosos “Burritos” son originarios de la frontera norte del país. En los tiempos de la Revolución Mexicana, en el barrio de Bella Vista, en Ciudad Juárez, Chihuahua, un señor llamado Juan Méndez tenía un puesto de comida y para que no se le enfriara tuvo la idea de hacer grandes tortillas de harina de trigo para colocar los rellenos dentro. Esos rollos de comida los introducía dentro de mantelitos para conservarlos calientes. Eran tantos los pedidos que recibía que decidió comprar un burro para transportar la comida y cruzarla por el río Bravo. Fue tan grande el éxito que con el tiempo comenzaron a llegar mexicanos y estadunidenses preguntando por la comida del “burrito”. Fue así como nació el mote.
Los primeros burritos eran elaborados de machaca (carne de venado, en un principio). También se sabe que antes de la llegada de los españoles los indígenas del norte ya comían este platillo, debido a que dicha carne no requiere de refrigeración; los indígenas llevaban rollos de machaca consigo como provisión para viajes que después comían sin sazonar. Hoy en día la tortilla de los Burritos se hace también con harina de maíz, por ser el cereal más usado en la dieta mexicana, especialmente en el centro y sur del país. Incluso podemos encontrar Burritos empacados listos para introducirse al horno de microondas y disfrutarlos en poco tiempo.
SABÍAS QUE?…
Los mexicas no podían comer más de dos tortillas al día.

En la actualidad es difícil imaginar la comida mexicana sin tortillas. De hecho, históricamente la tortilla nos ha acompañado desde la época prehispánica, aunque debemos aclarar que no se comía en tal cantidad.
De acuerdo con el códice Florentino, el régimen alimenticio de los mexicas indicaba que a partir de los tres años de edad los niños podían comer media tortilla al día; a los cuatro y cinco años, una tortilla entera; de los seis a los doce, tortilla y media; de los trece años en adelante la ración era de dos tortillas.
Tal vez muchos se pregunten, ¿si existía tal disciplina en el consumo de las tortillas, por qué en la actualidad muchos mexicanos consumen más de 10 al día? El triste y desafortunado hecho de comer demasiadas tortillas surgió cuando llegaron los españoles, ya que al someter a los indígenas los hundieron en la miseria quedando a su alcance el maíz como elemento básico en su alimentación.
La Primera Vez en México.

Los Primeros Tacos de carnitas en la Nueva España
De acuerdo con Bernal Díaz del Castillo, los primeros tacos de carnitas que se comieron en la Nueva España se prepararon durante la Conquista. En aquella época, Hernán Cortés ofreció a sus capitanes y soldados conquistadores una gran taquiza en Coyoacán, para ello se prepararon varios cerdos que habían traído desde cuba, naciendo así los tacos de carnitas.
Es importante recalcar que ni Cortés ni cualquier otro español fueron los creadores del taco, ya que los antropólogos aseguran que los tacos ya se comían en el Valle de México. Los pobladores del Valle comían tacos de acociles y charales; en Morelos y Guerrero de jumiles y hormigas; en Puebla y Oaxaca de chapulines y escamoles. Los españoles aportaron lo suyo y le pusieron a nuestras tortillas su carne de puerco.
Pata de Xoloescuintle
Museo Galería Cocina Duque De Herdez

Un poco de sal, algunos toques de pimienta, unas hierbas de olor… ¡mmm, qué rico es este sabor! Y si de sabores hablamos, el de la comida mexicana puede conquistar hasta el paladar más exigente, así que vámonos de Pata de Xoloitzcuintle al Museo Galería Nuestra Cocina Duque de Herdez y tengamos un paseo gastronómico por la Historia de México.
En este lugar se conjuga el efímero y constante arte de cocinar y nos ofrece una orientación sobre alimentación, cultura, costumbres y formas de conservación de la comida mexicana. La galería está dividida en diferentes salas, como por ejemplo:
La cocina prehispánica, en donde podemos ver los utensilios y alimentos utilizados en esa época.
La cocina del virreinato, en la cual nos daremos cuenta de la transformación en la alimentación que sufrió a la llegada del conquistador. La cocina del México moderno, en donde nacen algunos procesos importantes como es el enlatado, procesos químicos, colorantes y sabores artificiales, finalizando con la cocina del futuro.
Cada una de estas salas nos acerca a los espacios culinarios y mágicos que México ha tenido y desarrollado hasta nuestros tiempos. El viaje se complementa con salas introductorias, videos y juegos interactivos.
¡Buen provecho!
Horarios:
Martes a Sábado de 10:00 a 17:00 Hrs.
Reservaciones: 55 22 96 66 / 55 22 55 44 / 55 22 88 60
Cómo llegar::
Seminario 18, Centro Histórico México D.F., CP 06060
FUENTES
García Acosta, Virginia.
Las panaderías, sus dueños y trabajadores.
Ciudad de México. Siglo XVIII.
López Méndez, Ricardo.
Estampas de Historia de México.
SEP. México, 2003.
Novo, Salvador.
Cocina Mexicana, Historia Gastronómica de la Ciudad de México.
Editorial Porrúa, México, 2002.
Fuente: El Ombligo de la Luna
GastroMakers es un espacio dedicado a promover la cultura gastronómica del mundo.
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Del encuentro a la mesa en el día de la Nación Pluricultural
Publicado
2 semanas antesen
12 octubre, 2026
El nacimiento de una nueva gastronomía en América
La llegada de los europeos al continente americano transformó para siempre la alimentación de dos mundos. Entre intercambios, imposiciones y adaptaciones, surgió una fusión culinaria que dio origen a nuevas identidades gastronómicas y cambió la historia de la cocina mundial.
Dos mundos que se encontraron en la cocina
Cuando las expediciones europeas llegaron a América a finales del siglo XV, no solo comenzó una transformación política, económica y social: también se inició uno de los intercambios alimentarios más trascendentes de la historia. Los productos, las técnicas agrícolas, los animales y las costumbres culinarias de dos continentes comenzaron a encontrarse, modificando para siempre la forma de producir, preparar y consumir los alimentos.
Los pueblos originarios de América poseían conocimientos agrícolas y gastronómicos desarrollados durante miles de años. El maíz, el frijol, la calabaza, el chile, el jitomate, el cacao, el aguacate y la vainilla formaban parte de sistemas alimentarios complejos que incluían técnicas de cultivo, conservación y preparación profundamente vinculadas con el entorno natural y la vida comunitaria.
Por su parte, los europeos llegaron con otros ingredientes, animales y tradiciones culinarias. El trigo, el arroz, la caña de azúcar, la cebolla y el ajo, junto con el ganado bovino, porcino, ovino y caprino, comenzaron a incorporarse progresivamente a la producción y alimentación del continente americano.
El resultado no fue simplemente la suma de dos cocinas. Fue un proceso histórico de intercambio, adaptación y transformación que dio lugar a nuevas expresiones gastronómicas.
El intercambio que cambió la alimentación del mundo
Uno de los fenómenos más importantes de este periodo fue el llamado intercambio colombino, mediante el cual plantas, animales, alimentos y conocimientos circularon entre América, Europa, África y Asia.
América aportó productos que hoy resultan indispensables en numerosas cocinas del planeta. El jitomate transformó la gastronomía italiana; la papa se convirtió en un alimento fundamental en Europa; el cacao conquistó nuevos mercados y el chile encontró un lugar destacado en diversas cocinas de Asia.
Al mismo tiempo, el continente americano incorporó ingredientes que cambiarían su paisaje agrícola y culinario. El trigo se utilizó para elaborar panes y otras preparaciones; el ganado permitió desarrollar nuevas tradiciones de consumo de carne y productos lácteos, mientras que el arroz y la caña de azúcar adquirieron importancia en distintas regiones.
Este intercambio no ocurrió de manera inmediata ni fue igual en todo el continente. Dependió de las condiciones ambientales, las rutas comerciales, los movimientos de población y las relaciones de poder establecidas durante la colonización.
Además, la transformación alimentaria no involucró únicamente a europeos y pueblos originarios. Las poblaciones africanas, muchas de ellas trasladadas por la fuerza mediante la esclavitud, también aportaron conocimientos, ingredientes y prácticas que enriquecieron las cocinas americanas. La gastronomía del continente es, por ello, resultado de una historia mucho más amplia y diversa.
México: un encuentro de ingredientes que transformó la cocina
En el territorio que hoy ocupa México, el encuentro entre las tradiciones indígenas y europeas dio lugar a transformaciones especialmente significativas.
Antes de la llegada de los españoles, el maíz era la base de la alimentación de numerosos pueblos mesoamericanos. Su transformación mediante la nixtamalización permitía elaborar masa para tortillas, tamales y otras preparaciones. El chile, los frijoles, las calabazas y una gran variedad de hierbas, frutos e insectos comestibles completaban una alimentación adaptada a los ecosistemas locales.
Con la colonización se incorporaron ingredientes y técnicas que encontraron distintas formas de integrarse a las cocinas existentes. El cerdo, la res, el pollo, el trigo, el arroz, la leche, el queso y diversas especias comenzaron a participar en nuevas preparaciones.
Así, las tortillas y los guisos de maíz convivieron con carnes de origen europeo; los panes de trigo se incorporaron a las mesas de diferentes sectores sociales y los lácteos encontraron espacio en preparaciones regionales.
La cocina mexicana no abandonó sus raíces para adoptar una tradición extranjera. En muchos casos, reinterpretó los nuevos ingredientes a partir de sus propios conocimientos, técnicas y preferencias.
El resultado fue una gastronomía en constante transformación, capaz de conservar prácticas ancestrales y, al mismo tiempo, incorporar elementos provenientes de otras culturas.
De los ingredientes a los platillos: la creación de nuevas identidades
La fusión gastronómica se aprecia en preparaciones que hoy forman parte de la identidad culinaria de México, aunque sus historias son distintas y no siempre pueden atribuirse a un único momento histórico.
El uso del cerdo en carnitas, la presencia del trigo en panes y repostería, la incorporación de productos lácteos en quesos y guisos, así como la combinación de ingredientes americanos y europeos en numerosas cocinas regionales, muestran cómo los productos introducidos durante la colonización fueron reinterpretados con el paso del tiempo.
El mole, por ejemplo, tiene una historia compleja vinculada con ingredientes, técnicas y tradiciones de diferentes épocas. No puede explicarse simplemente como una receta española ni como una preparación que permaneció inalterada desde el periodo prehispánico. Su evolución refleja la creatividad de cocineras y cocineros, la circulación de ingredientes y los cambios sociales que marcaron la historia de México.
Algo similar sucede con muchas otras preparaciones que hoy se consideran representativas de la cocina nacional. Su identidad se construyó a través de generaciones, en hogares, mercados, conventos, comunidades rurales y espacios urbanos.
Detrás de cada platillo existe una historia de adaptación, conocimiento y creatividad que difícilmente puede reducirse a una sola cultura.
Una fusión marcada también por el conflicto
Hablar de mestizaje gastronómico exige reconocer que este proceso no ocurrió en condiciones de igualdad.
La conquista y la colonización estuvieron acompañadas de violencia, despojo territorial, evangelización forzada, cambios en las formas de trabajo y profundas transformaciones en los sistemas productivos. La alimentación también se vio afectada por estas relaciones de poder.
Algunos ingredientes y costumbres se difundieron por las rutas comerciales y el contacto entre comunidades; otros se incorporaron como consecuencia de nuevas estructuras económicas y sociales. Los sistemas agrícolas indígenas, por su parte, demostraron una enorme capacidad de adaptación y conservaron conocimientos que siguen siendo fundamentales para la alimentación contemporánea.
Las mujeres indígenas y las cocineras de distintas comunidades desempeñaron un papel esencial en la transmisión de técnicas, el aprovechamiento de los ingredientes y la transformación de las recetas. Sin embargo, gran parte de ese conocimiento se conservó de manera oral y colectiva, sin que sus protagonistas recibieran siempre el reconocimiento histórico que merecían.
Por eso, comprender el origen de la gastronomía americana también significa reconocer a las comunidades que preservaron sus saberes en medio de profundas transformaciones.
La gastronomía americana: una herencia que conquistó el mundo
La influencia de este intercambio trascendió las fronteras del continente. Ingredientes originarios de América se incorporaron a las cocinas europeas, africanas y asiáticas, mientras que los productos introducidos desde otros territorios encontraron nuevas formas de utilización en las sociedades americanas.
Hoy resulta difícil imaginar la cocina italiana sin jitomate, la gastronomía belga sin chocolate, numerosas preparaciones asiáticas sin chile o las cocinas latinoamericanas sin arroz, trigo y productos ganaderos.
Estos ejemplos muestran que la historia de la gastronomía no puede entenderse como una sucesión de cocinas aisladas. Los alimentos viajan, las técnicas se adaptan y las comunidades transforman aquello que reciben a partir de sus propias necesidades y conocimientos.
La diversidad culinaria actual es, en buena medida, resultado de siglos de migraciones, intercambios comerciales, conquistas, resistencias e innovaciones.
Una historia que continúa en cada cocina
La fusión entre las tradiciones de los pueblos originarios de América, las culturas europeas y los aportes africanos no fue un acontecimiento que concluyó hace siglos. Es un proceso que continúa en los mercados, los hogares, los restaurantes y las cocinas contemporáneas.
Cada vez que una cocinera utiliza maíz nativo en una preparación que incorpora ingredientes introducidos desde otros continentes, o cuando un chef recupera una técnica ancestral y la combina con recursos actuales, participa de esa larga historia de transformación gastronómica.
Comprender estos procesos permite mirar los alimentos de otra manera. Un ingrediente no es únicamente una materia prima: también representa viajes, conocimientos, relaciones humanas y cambios históricos.
La gastronomía americana nació de encuentros complejos, de la conservación de saberes ancestrales y de la capacidad de distintas culturas para transformar sus alimentos. Reconocer esa historia no significa olvidar los conflictos que la acompañaron, sino comprender cómo, a pesar de ellos, las comunidades construyeron cocinas nuevas y extraordinariamente diversas.
En cada tortilla, cada pan, cada guiso y cada combinación de sabores permanece una parte de esa historia compartida: la historia de un continente que transformó el mundo a través de sus alimentos.
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¿Hasta donde se puede abarcar?
En un pequeño pueblo mexicano vivía Don Chuy, un hombre conocido por una peculiar habilidad: siempre estaba en todas partes. Si había una fiesta patronal, ahí estaba Don Chuy ayudando a colgar los adornos. Si se organizaba un torneo de fútbol, era el primero en ofrecerse como árbitro. Si alguien necesitaba un consejo, una opinión o simplemente compañía, aparecía como por arte de magia.
Los vecinos comenzaron a bromear diciendo que Don Chuy era el “ajonjolí de todos los moles”, porque así como el ajonjolí adorna una gran variedad de platillos, él parecía formar parte de cualquier actividad del pueblo.
Una mañana, la alcaldesa anunció la organización de la Feria Gastronómica Anual. Había que coordinar cocineros, músicos, artesanos y comerciantes. Sin sorpresa para nadie, Don Chuy se presentó de inmediato.
—Yo puedo ayudar con la logística —dijo.
Media hora después estaba organizando los puestos. Más tarde se le vio acomodando sillas para el espectáculo musical. Al caer la tarde, estaba degustando recetas para elegir a los finalistas del concurso culinario.
Sin embargo, tanta participación comenzó a pasarle factura. Un día olvidó entregar unos documentos porque estaba ayudando a montar un escenario. Al mismo tiempo, llegó tarde a una reunión porque se encontraba resolviendo un problema eléctrico en la plaza.
Su amigo Don Manuel le dijo:
—Chuy, ser útil es bueno, pero nadie puede hacerlo todo. Hasta el mejor ajonjolí tiene su lugar en el mole.
Aquellas palabras lo hicieron reflexionar. Comprendió que ayudar no significaba estar involucrado en cada asunto. Aprendió a elegir dónde podía aportar más valor y a confiar en que los demás también tenían talentos que ofrecer.
La feria fue un éxito. Don Chuy colaboró en la coordinación gastronómica, el área que mejor conocía, mientras otros vecinos asumieron diferentes responsabilidades. El resultado fue mejor de lo que cualquiera imaginaba.
Desde entonces, cuando alguien decía que era el “ajonjolí de todos los moles”, Don Chuy sonreía y respondía:
—Sí, pero ahora solo en los moles donde realmente hace falta el ajonjolí.
Y así, el pueblo descubrió que participar es valioso, pero saber cuándo y dónde hacerlo es una verdadera sabiduría.
Historias de cocina por: Tlacualchichihua
El pulque es una de las bebidas más antiguas y representativas de México.
De aspecto blanco y espeso, con un sabor ligeramente ácido, esta bebida fermentada del maguey no solo tiene importancia gastronómica, sino también histórica, cultural y lingüística. Pero ¿de dónde proviene la palabra pulque y qué significa realmente?
Un nombre con raíces indígenas
Antes de la llegada de los españoles, el pulque ya era consumido por diversos pueblos mesoamericanos, especialmente los mexicas (aztecas), quienes lo consideraban una bebida sagrada. En náhuatl —la lengua de los mexicas— el pulque no se llamaba “pulque”, sino “octli”.
El término octli hacía referencia al aguamiel fermentado del maguey (Agave salmiana y otras especies). Esta bebida estaba asociada a rituales religiosos y a la deidad Mayáhuel, diosa del maguey, así como a los Centzon Totochtin (los “cuatrocientos conejos”), dioses relacionados con la embriaguez.
¿De dónde surge la palabra “pulque”?
La palabra “pulque” no proviene directamente del náhuatl clásico octli. Existen varias teorías sobre su origen:
- Posible deformación colonial: Algunos investigadores sugieren que los españoles comenzaron a usar la palabra pulque para diferenciar el aguamiel fresco del fermentado, o que surgió como una adaptación fonética de términos indígenas relacionados.
- Origen en la palabra “poliuhqui”: Otra teoría sostiene que proviene del náhuatl poliuhqui, que significa “descompuesto” o “echado a perder”. Esta interpretación se relaciona con el proceso de fermentación, que transforma el aguamiel en una bebida alcohólica. Con el tiempo, poliuhqui octli (octli descompuesto o fermentado) pudo haberse abreviado hasta convertirse en pulque.
Aunque no existe un consenso absoluto, esta segunda teoría es una de las más aceptadas entre lingüistas e historiadores.
Significado cultural del pulque
Más allá de su etimología, el pulque tiene un profundo significado simbólico:
- Bebida ritual: En la época prehispánica su consumo estaba restringido a sacerdotes, ancianos y personas que participaban en ceremonias religiosas.
- Elemento comunitario: Durante el periodo colonial y posteriormente, el pulque se convirtió en una bebida popular entre distintos sectores sociales.
- Identidad nacional: Hoy en día es considerado patrimonio cultural y forma parte de la identidad gastronómica mexicana.
De lo sagrado a lo popular

Durante la colonia, el pulque pasó de ser una bebida ceremonial a un producto comercial importante. En el siglo XIX vivió su época de auge, con la expansión de las haciendas pulqueras en el altiplano central de México. Sin embargo, con la llegada de la cerveza industrial en el siglo XX, su consumo disminuyó.
En años recientes, el pulque ha experimentado un resurgimiento, especialmente entre jóvenes interesados en rescatar tradiciones y productos ancestrales.
Encuentro de mundos
La palabra pulque refleja el encuentro entre dos mundos: el indígena y el español. Aunque originalmente se llamaba octli, el término actual probablemente proviene del náhuatl poliuhqui, vinculado al proceso de fermentación. Más que una simple bebida, el pulque representa siglos de historia, tradición y transformación cultural en México.
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