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Bebidas

Vino mexicano

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El mercado Mexicano se encuentra en constante crecimiento

La “Vitis Vinífera” o mejor conocida como la uva de vino, fue introducida por los conquistadores. Los misioneros religiosos se dedicaban a producir vinos para consagración y vinos fortificados a partir de una uva llamada “Misión”.

Foto: Hernán Cortes

Podemos considerar a Hernán Cortes como el principal promotor e impulsor del vino en México. 

El ordenó la plantación de Vitis Vinífera en el país, de hecho, el 20 de marzo de 1524, Hernán Cortés firmó un decreto donde se ordenaba que todos los españoles debían plantar anualmente mil viñas españolas y autóctonas por cada cien indígenas a su servicio para lograr una hibridación rápida en las nuevas tierras.

Así fue como la vitivinicultura se empezó a expandir a lo largo del Nuevo Mundo, siendo México el lugar donde se plantaron las primeras vides.

La primera vinícola de la que se tiene registro en todo el continente americano y que hasta hoy en día sigue operando es Casa Madero que se encuentra en Parras Coahuila, México. 

Foto: Casa Madero

Casa Madero fue fundada en 1597, gracias a la Corona Española, el cual permitió su establecimiento, según información  documentada dentro del Libro de las Mercedes, y como dato curioso, las etiquetas de Casa Madero tienen extractos de este libro. 

A pesar de que ya existía el vino en México, las bodegas producían vino de mesa, vino para destilar (como Pedro Domecq) y vino de consagración.

Otros dos importantes referentes en la industria del vino en México son:

  • Bodegas Santo Tomas, la cual fue fundada en 1888 es la primera vinícola de todo Baja California.
  • L.A. Cetto, también ubicada en Baja California, se fundó en 1928, es reconocida por ser la empresa más importante de México en cuanto a cantidades de producción. 

No fue hasta 1980 que se empezó a apostar por la calidad en el vino, gracias a la visionaria Vinícola Monte Xanic ubicada en Baja California. Esto fue realmente un parteaguas ya que a partir de este punto, las vinícolas que ya existían, empezaron a producir vinos de mayor calidad.   

Principales estados Vitivinícolas de México:

Baja California

Al norte del país, frontera con California USA y ubicada en la franja del vino, se encuentra la región donde se produce más del 85% del vino Mexicano. Tiene un clima mediterráneo con inviernos fríos y veranos cálidos y un marcado  diferencial térmico entre noche y día.  Aunque el Valle de Guadalupe es la subregion más famosa y conocida, existen otras como: Valle de Ojos Negros, Valle de Santo Tomás, Valle de San Vicente, etc. 

En los últimos 15 años, Baja California tenía aproximadamente 12 vinícolas constituidas. Hoy día, Baja California tiene más de 200 vinícolas. La más antigua de esta región es Santo Tomás, fundada en 1888. Algunas de las más conocidas e importantes son: 

LA Cetto, Bodegas Santo Tomas, Monte Xanic, Magoni, Adobe Guadalupe, La Carrodilla y la Lomita, Chateau Camou, Vena Cava, El Cielo, Montefiori, Casa de Piedra, ¡y más! 

Coahuila

Este estado es el segundo en mando en cuanto a cantidad de producción. Su ubicación en el altiplano con un clima semi-desértico permite experimentar con diferentes variedades de uva. 

El Valle de Parras es la subregión más conocida y Casa Madero es la vinícola más antigua de toda América que actualmente sigue operando. Parras ha crecido poco a poco y hoy en día, se conocen más de 18 vinícolas en esta región, algunos ejemplos son: Viñedos Don Leo, Rivero González, Parvada, entre otras.

Querétaro

Querétaro es el tercer estado principal en la producción de vino en México. Esta región es conocida por su producción de vinos espumosos y excelentes blancos gracias a la altitud de 2,000 msnm, sus condiciones climáticas semi-secas y con diferenciales térmicos. Algunas subregiones son Tequisquiapan, Ezequiel Montes, El Marqués y San Juan del Río.

Una de las vinícolas más importantes en esta región es Finca Sala Vivé de la reconocida vinícola productora de espumantes en Cataluña: Freixenet.  Algunas otras bodegas importantes son: La Redonda, De Cote, El Marqués, entre otros.

Guanajuato

Se dice que fue en Guanajuato donde se plantaron las primeras vides de todo México, pero no fue hasta hace algunos años que esta zona empezó a posicionarse en el mapa del vino Méxicano. Algunas de las vinícolas más importantes son Cuna de Tierra, Dos Búhos, Cava Garambullo, Viñedos SMA entre otros. 

Esta región es conocida por tener excelentes proyectos enoturísticos e inmobiliarios con viñedo.

San Luis Potosí

Este estado ubicado en el centro de México recientemente ha empezado a producir vinos de gran calidad. Aunque aún existen muy pocos productores, empiezan a posicionarse y a ser reconocidos en el país. La principal vinícola en esta región es Cava Quintanilla.

Chihuahua

Ubicado al norte del país, es una de las regiones con mayor potencial del país. Aunque la uva llegó a esta región desde 1940, permaneció fuera de foco durante muchos años y fue a partir del 2009 que se retomó la industria vitivinícola, hoy en día, tenemos excelentes ejemplos como Viñedos Encinillas y Bodegas Penisque.

Nuevo León

Una de las regiones más nuevas productoras de vino. Ubicada al pie de la Sierra Madre. Las uvas emblemáticas de la región son Cabernet Sauvignon, Misión, Merlot y Shiraz y la principal vinícola es Vinícola Maravillas.

Zacatecas

Este estado es productor de vino desde 1980, pero hasta hace algunos años han empezado a producir vinos de mayor calidad. Empieza a posicionarse cada vez más en el mapa del vino mexicano y la bodega más conocida de este estado es Tierra Adentro.

Aguascalientes

Esta región empezó a cultivar la vid desde el siglo 16. De hecho, era reconocida por producir en gran cantidad, al igual que por el cultivo de uva de mesa.  En 1936 llevaron vides de Coahuila a esta región y empezaron a apostar más por la calidad. Los principales productores son Santa Elena, Contempo, Garza & Pimentel, Renacimiento.

El Mexicano y el Vino

El mercado Mexicano se encuentra en constante crecimiento.

Según la OIV, en 2018, el consumo de vino anual per cápita en México es de 1 litro. En comparación con Francia, el consumo de vino per cápita en ese mismo año fue de 50,2 lts. y EUA 12,4 lts. México está muy por debajo del promedio. Sin embargo, las ventas de vino en México han crecido en promedio un 8% anualmente. El 56% de los mexicanos prefieren el vino tinto.

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Alimentos

Quetzalcóatl y el regalo de los dioses

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Foto: Quetzalcóatl tomó el cacao de la tierra de los dioses | Familia Nestlé

La leyenda prehispánica del cacao

Hace mucho tiempo, cuando los dioses caminaban entre los hombres y la tierra todavía guardaba secretos que solo la naturaleza conocía, existía un pueblo que soñaba con alcanzar la sabiduría de los cielos. Sus habitantes cultivaban el maíz, cosechaban frutos y aprendían los misterios de la tierra, pero había un tesoro reservado únicamente para los dioses: el cacao.

Cuenta una antigua leyenda que fue Quetzalcóatl, la Serpiente Emplumada, quien decidió entregar este regalo divino a los seres humanos, convencido de que podían construir un mundo más próspero si recibían algo más que alimento: un símbolo de conocimiento, abundancia y unión.

El secreto que guardaban los dioses

En el reino celestial, los dioses disfrutaban de los frutos de un árbol extraordinario. Sus semillas, pequeñas y de apariencia sencilla, escondían un poder especial. Al molerlas y mezclarlas con agua, daban origen a una bebida de sabor intenso, amargo y profundo, capaz de reconfortar el espíritu y acompañar los momentos más importantes de la vida divina.

Quetzalcóatl observaba desde lo alto cómo los seres humanos trabajaban bajo el sol. Los veía sembrar la tierra, levantar sus hogares y compartir los frutos de sus cosechas. Sin embargo, también veía su sufrimiento cuando la escasez llegaba y sus fuerzas comenzaban a agotarse.

—¿Por qué hemos de guardar para nosotros toda esta riqueza? —preguntó el dios a sus compañeros celestiales—. Los hombres también merecen conocer los secretos que hacen florecer la vida.

Los demás dioses se opusieron. El cacao era demasiado valioso para entregarlo a los mortales. Su cultivo y preparación debían permanecer como un privilegio divino.

Pero Quetzalcóatl pensaba de otra manera.

El árbol que descendió del cielo

Foto: inklingo

Decidido a compartir aquel tesoro, Quetzalcóatl descendió a la tierra y buscó un lugar donde los seres humanos pudieran aprender a cultivarlo.

Según la versión de la leyenda que ha llegado hasta nuestros días, el dios tomó una planta del jardín celestial y la llevó al mundo de los hombres. La sembró en una tierra fértil, donde las lluvias alimentaban las raíces y el sol acariciaba sus hojas.

Después reunió a los habitantes del lugar y les enseñó a cuidar el árbol, reconocer sus frutos y extraer las semillas que guardaban en su interior.

Los hombres contemplaron maravillados aquellas mazorcas de colores intensos que crecían directamente del tronco y de las ramas más gruesas. Nunca habían visto algo semejante.

—Este árbol les dará mucho más que alimento —les dijo Quetzalcóatl—. Sus frutos les recordarán que la verdadera riqueza no consiste en guardar los regalos de la tierra, sino en aprender a compartirlos.

Con paciencia, los seres humanos descubrieron que las semillas debían fermentarse, secarse y tostarse antes de molerse. Aprendieron a mezclarlas con agua y a batir la preparación hasta obtener una bebida espumosa, cuyo aroma pronto llenó sus hogares y ceremonias.

El cacao había dejado de ser un secreto de los dioses.

La bebida de los hombres y los dioses

Con el paso del tiempo, el cacao ocupó un lugar especial en la vida de los pueblos mesoamericanos. Su bebida acompañaba ceremonias, reuniones importantes y rituales sagrados. En distintas sociedades, las semillas también adquirieron valor económico y llegaron a utilizarse como medio de intercambio.

Para quienes aprendieron a cultivarlo y prepararlo, el cacao representaba una relación profunda entre la naturaleza, la comunidad y lo sagrado.

No era simplemente un fruto. Era una semilla que exigía paciencia, conocimiento y trabajo colectivo. Desde el cuidado del árbol hasta la preparación de la bebida, cada etapa requería la participación de manos expertas que transmitían sus saberes de una generación a otra.

Quetzalcóatl, según la leyenda, había entregado algo más que un ingrediente: había compartido una enseñanza sobre el conocimiento y la generosidad.

Pero aquel regalo no estaría libre de consecuencias.

El precio de compartir un regalo divino

Foto: eprateekdaily

Al enterarse de que los seres humanos disfrutaban del cacao, algunos dioses montaron en cólera. Quetzalcóatl había desafiado sus órdenes y compartido un tesoro que debía permanecer en el cielo.

La leyenda cuenta distintas versiones sobre el castigo que recibió el dios y sobre su posterior partida. En algunas narraciones, su historia se entrelaza con engaños, promesas rotas y el dolor de abandonar a los pueblos a los que había enseñado.

Sin embargo, ni la ausencia de Quetzalcóatl ni el paso de los siglos pudieron borrar su regalo.

Los árboles de cacao continuaron creciendo en las tierras cálidas de Mesoamérica. Las comunidades conservaron sus conocimientos y perfeccionaron las técnicas para transformar sus semillas en bebidas y preparaciones de profundo significado cultural.

Mucho después, con la llegada de los europeos a América, el cacao cruzaría el océano y comenzaría una nueva historia. Su preparación cambiaría con la incorporación de otros ingredientes, como el azúcar, y con el desarrollo de nuevas técnicas culinarias. De esa transformación surgirían otras formas de consumirlo, hasta convertirse en el chocolate que hoy conquista paladares en todo el mundo.

Aun así, en cada semilla permanece el recuerdo de una historia mucho más antigua.

Un legado que todavía podemos saborear

Hoy, cuando rompemos una barra de chocolate, bebemos una taza de cacao o disfrutamos de una preparación tradicional mexicana, pocas veces pensamos en el largo camino que recorrió este fruto.

Detrás de su sabor existe una historia de pueblos originarios que domesticaron plantas, desarrollaron técnicas de cultivo y construyeron una cultura alrededor de sus productos. La leyenda de Quetzalcóatl nos invita a mirar ese legado con admiración, aunque la historia real del cacao sea mucho más antigua y compleja que cualquier relato mitológico.

Porque las leyendas no siempre buscan explicar los hechos tal como sucedieron. A veces, su propósito es conservar una enseñanza y recordarnos aquello que una comunidad considera sagrado.

Y quizá esa sea la mayor lección del regalo de Quetzalcóatl: la grandeza de un alimento no reside únicamente en su sabor, sino también en la historia, los conocimientos y la identidad que viajan con él.

Así, cada semilla de cacao guarda dos riquezas: la que podemos degustar y la que solo podemos descubrir cuando conocemos su origen.

Y mientras el chocolate siga presente en nuestras mesas, la antigua leyenda de la Serpiente Emplumada continuará viva, recordándonos que algunos de los regalos más extraordinarios de la humanidad nacen de la tierra y se vuelven eternos gracias a las manos que los cultivan y los comparten.

Nota cultural: Esta narración es una recreación literaria inspirada en la tradición mesoamericana que vincula a Quetzalcóatl con el cacao. Existen distintas versiones de la leyenda, y no debe interpretarse como un relato histórico único ni como una creencia idéntica entre todos los pueblos prehispánicos.

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Bebidas

Día del Vino Mexicano

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Foto: Tinto mexicano de BC

Una celebración al sabor, territorio y tradición de México

Cada 7 de octubre, México celebra una bebida que, más allá de estar presente en una copa, representa territorio, trabajo, tradición, innovación y una creciente identidad gastronómica: el vino mexicano.

La fecha fue establecida oficialmente por el Gobierno de México mediante decreto publicado en el Diario Oficial de la Federación el 10 de enero de 2023, con el propósito de reconocer el desarrollo de la industria vitivinícola nacional y su importancia económica y social.

Una celebración que nace de la tierra

Hablar de vino mexicano es hablar de regiones con características muy distintas. El clima, el suelo, la altitud y la disponibilidad de agua influyen en las uvas y, por consecuencia, en la personalidad de cada vino.

México cuenta con diversas zonas productoras y una industria que ha encontrado en la diversidad geográfica una de sus mayores fortalezas. Baja California, Coahuila, Querétaro, Guanajuato y Zacatecas, entre otras entidades, forman parte de este mapa vitivinícola que continúa creciendo y diversificándose.

El propio decreto reconoce que el país posee condiciones edafológicas y climáticas favorables para el cultivo de uva de calidad y plantea la necesidad de continuar impulsando la superficie sembrada, la producción y las exportaciones.

Mucho más que una botella

Detrás de cada botella existe una extensa cadena de trabajo: viticultores, jornaleros, enólogos, agrónomos, investigadores, sommeliers, diseñadores, distribuidores, restauranteros y profesionales del turismo.

Por ello, el Día del Vino Mexicano no solamente busca celebrar el producto terminado, sino también reconocer a quienes hacen posible que la uva llegue de los viñedos a las mesas.

De acuerdo con información difundida por la Secretaría de Agricultura, el sector vitivinícola ha representado una importante fuente de empleo y desarrollo para numerosas regiones del país. En 2023, la dependencia señalaba que la cadena productiva involucraba a más de 500 mil personas.

México también compite en el mundo

El crecimiento del vino mexicano no se limita al mercado nacional. Durante los últimos años, las etiquetas mexicanas han obtenido reconocimientos en concursos internacionales, contribuyendo a fortalecer la percepción de México como productor de vinos de calidad.

Cuando el decreto fue publicado, el Gobierno Federal destacó que la vinicultura mexicana había obtenido un promedio de 500 medallas anuales durante los tres años anteriores, como muestra del posicionamiento que comenzaban a alcanzar sus vinos en escenarios internacionales.

Este reconocimiento también ha ayudado a cambiar una idea arraigada durante años: que México es únicamente un país consumidor de vino. Hoy también es un territorio donde se cultiva, se experimenta, se innova y se construyen nuevas propuestas alrededor de esta bebida.

Vino y gastronomía mexicana: una relación que sigue creciendo

Uno de los grandes retos y, al mismo tiempo, de las grandes oportunidades del vino mexicano está en su relación con la gastronomía nacional.

México posee una de las cocinas más diversas del mundo y cada región ofrece ingredientes, técnicas y sabores capaces de generar interesantes combinaciones con los vinos producidos en el país.

Desde pescados y mariscos del Pacífico hasta carnes, quesos, moles, cocina de campo y propuestas contemporáneas, el maridaje permite descubrir que el vino mexicano puede dialogar con una enorme variedad de expresiones culinarias.

Esta relación también fortalece al turismo gastronómico y enológico, al convertir los viñedos, bodegas y regiones productoras en destinos donde el visitante puede conocer el territorio a través de sus sabores.

La Secretaría de Turismo ha señalado precisamente al enoturismo como una herramienta para diversificar la oferta turística y generar beneficios para las comunidades y familias vinculadas con las regiones vitivinícolas.

Una industria con futuro

El Día del Vino Mexicano también representa una oportunidad para reflexionar sobre los desafíos de la industria.

El crecimiento del sector implica hablar de sustentabilidad, disponibilidad de agua, adaptación al cambio climático, innovación agrícola, profesionalización, comercialización y apertura de nuevos mercados.

Al mismo tiempo, existe una oportunidad para acercar el vino mexicano a nuevos consumidores y fortalecer el conocimiento sobre las distintas regiones, variedades de uva y estilos que existen en el país.

La celebración, por tanto, no debería limitarse a levantar una copa. También puede ser una invitación a conocer quién produjo ese vino, de dónde viene, qué historia existe detrás de la botella y cómo se relaciona con la gastronomía y el territorio mexicano.

Brindar por México

El vino mexicano es resultado de una combinación de naturaleza y conocimiento. La tierra proporciona la uva, pero son las personas quienes transforman esa materia prima en una expresión que puede viajar desde un viñedo mexicano hasta una mesa en cualquier parte del mundo.

Por eso, cada 7 de octubre es una oportunidad para reconocer una industria que ha evolucionado y que continúa buscando su lugar entre los grandes productores internacionales.

Celebrar el Día del Vino Mexicano es, en cierta forma, brindar por quienes cultivan la vid, por quienes elaboran el vino y por quienes han convertido cada región vitivinícola en una historia que merece ser conocida.

Porque detrás de cada copa de vino mexicano hay mucho más que una bebida: hay tierra, trabajo, cultura, gastronomía y una manera de entender México a través de sus sabores.

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Bebidas

1 de octubre celebramos el Día Internacional del Café

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México se enorgullece de ser el hogar de una tradición cafetalera que se ha perfeccionado a lo largo de los siglos.

Desde las altas montañas de Chiapas hasta las vertientes de Oaxaca, el café mexicano no sólo representa el trabajo de generaciones de cafeticultores, sino que también es un reflejo de la riqueza de las tierras mexicanas. En cada taza de café se encuentra una complejidad sensorial que varía según la región, la altitud y el clima, creando una experiencia única que ha sido reconocida a nivel mundial.

Nuestro país ha logrado un reconocimiento internacional por la calidad de su café gracias a la obtención de Denominaciones de Origen para tres de sus regiones productoras más destacadas: Veracruz, Chiapas y Oaxaca. Estas denominaciones además de certificar la calidad de los granos también protegen y destacan las tradiciones, únicas que hacen que su café sea incomparable.

Las denominaciones del café mexicano

Veracruz fue el primer estado mexicano en obtener la Denominación de Origen en el año 2000. Este reconocimiento subraya la tradición cafetalera que data de más de 200 años en la región. Con su mezcla de paisajes montañosos y suelos volcánicos, es la cuna de un café con una acidez brillante, sabores especiados y un cuerpo notable. La región de Coatepec, famosa por sus cafés de altura, es una de las más destacadas, ofreciendo una bebida con matices de nuez y chocolate que evocan el perfil característico de la región.

Chiapas recibió su Denominación de Origen en 2003 consolidando su posición como uno de los productores más importantes en México. Las regiones de Tapachula y Soconusco son especialmente reconocidas por la calidad de sus granos, que presentan una alta acidez, cuerpo medio y notas afrutadas y florales. El café chiapaneco, cultivado en altitudes que oscilan entre los 600 y 1,400 metros sobre el nivel del mar, es conocido por su suavidad y frescura, características que lo hacen único y muy apreciado en mercados internacionales.

Oaxaca, con su rica biodiversidad y tradiciones culturales, ha sido reconocida con la Denominación de Origen “Pluma” desde hace poco tiempo. Este café, cultivado en las laderas de las montañas centrales de Oaxaca, se distingue por su cuerpo ligero, su acidez sutil y sus delicados aromas florales y especiados. Refleja la armonía entre las prácticas ancestrales de las comunidades indígenas y las modernas técnicas de cultivo, lo que resulta en un café suave, equilibrado y de gran elegancia. El distintivo “Pluma” ha sido un reconocimiento a la singularidad de este, que se cultiva en áreas específicas de la región, donde el clima y el suelo aportan características inconfundibles.

También se puede usar en diversas recetas y una de ellas es Paso Doble: 

Ingredientes:

  • 4 cafés expresos
  • 160 ml de tequila
  • 4 cáscaras de limón
  • 4 cucharadas de azúcar morena
  • Cubitos de hielo picados

Preparación:

  1. Prepare los cafés y déjelos enfriar
  2. Viértalos en 4 vasos de whisky
  3. En cada vaso, añada 40 ml de tequila, una cáscara de limón y una cucharada de azúcar morena
  4. Rellene los vasos con cubitos de hielo picados
  5. Mezcle bien y sirva muy frío con una pajita

El café mexicano es mucho más que una simple bebida: es una tradición que refleja la diversidad y la riqueza del país. Gracias a las Denominaciones de Origen, Veracruz, Chiapas y Oaxaca han logrado destacar sus productos en el ámbito internacional, ofreciendo al mundo una experiencia sensorial única que no sólo es sinónimo de calidad, sino también de historia, cultura y un profundo respeto por la tierra. 

Y si quieres conocer más sobre este u otros temas, no olvides visitar la Biblioteca de la Gastronomía Mexicana en Fundación Herdez (Seminario 18, Centro Histórico CDMX).

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