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Hongosto en México

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Foto: Hongos comestibles / © Unsplash.com

Celebración del Sabor y la Diversidad de los Hongos Silvestres

Agosto en México no solo marca el corazón de la temporada de lluvias, sino también una de las tradiciones más sabrosas y simbólicas del país: el “Hongosto”, una celebración no oficial pero cada vez más reconocida, dedicada al disfrute y recolección de los hongos silvestres comestibles que brotan con abundancia en los bosques mexicanos.

¿Por qué agosto?

Durante la temporada de lluvias —entre junio y septiembre— los suelos de los bosques templados y húmedos de México se convierten en el hábitat perfecto para la fructificación de los hongos. Pero es en agosto, con las lluvias en su punto más alto, cuando los hongos aparecen en su máxima expresión, ofreciendo una rica variedad de formas, colores, texturas y sabores.

Es por eso que de forma festiva se le ha empezado a llamar “Hongosto”, un juego de palabras entre “hongo” y “agosto”, que alude al momento ideal para su recolección y consumo.

Tradición ancestral

El consumo de hongos en México tiene raíces profundas que se remontan a las culturas prehispánicas. Para pueblos originarios como los mazatecos, mixtecos, zapotecos, nahuas y otomíes, los hongos no solo han sido alimento, sino también medicina y elemento espiritual. Algunas especies tienen usos rituales, mientras que otras se han convertido en ingredientes esenciales de la cocina regional.

El conocimiento tradicional sobre qué hongos son comestibles, cuáles tienen propiedades curativas y cuáles deben evitarse, se transmite oralmente de generación en generación, sobre todo entre mujeres recolectoras y curanderas.

Recolección: más que una práctica, un arte

Durante el Hongosto, comunidades enteras salen al bosque en las mañanas para buscar hongos silvestres. La recolección responsable es vital: se corta el hongo sin arrancar el micelio (la parte subterránea), se usan canastas para permitir que las esporas se dispersen y se evita llevar especies desconocidas.

Algunas especies comunes en esta temporada son:

  • Setas de encino (Pleurotus spp.)
  • Hongo de pino (Lactarius deliciosus)
  • Morillas (Morchella spp.)
  • Amanitas comestibles (como Amanita caesarea)
  • Escobetas, orejas de cazahuate y trompetillas

Gastronomía del bosque

En el Hongosto, los hongos frescos son protagonistas de la cocina mexicana rural y urbana. Se preparan en tamales, moles, salsas, sopas, quesadillas, mixiotes y guisos al comal. También los mercados locales ofrecen una impresionante variedad de hongos recién recolectados, a menudo acompañados de relatos de su origen y recomendaciones culinarias.

La fusión entre saber tradicional y gastronomía contemporánea ha llevado a que chefs de alta cocina incorporen hongos silvestres mexicanos en platillos gourmet, resaltando su riqueza sensorial.

Un acto de conexión con la tierra

Más allá del sabor, el Hongosto es una oportunidad para reconectar con la naturaleza. Ir al bosque, recolectar y cocinar hongos es un acto que une a las familias, fortalece el vínculo con el territorio y promueve el respeto por los ecosistemas.

Además, el auge de esta celebración ayuda a visibilizar y valorar los saberes tradicionales de las comunidades indígenas y campesinas, custodias de una biodiversidad fúngica única en el mundo.

Hongosto, mes de los hongos

Aunque no sea una festividad oficial, el Hongosto ya empieza a figurar en calendarios gastronómicos, festivales rurales y actividades ecoturísticas. En lugares como Michoacán, Oaxaca, Puebla, Tlaxcala y el Estado de México, se realizan ferias del hongo donde se vende, cocina y se aprende sobre estas joyas del subsuelo.

Así, agosto se convierte en un mes para celebrar la diversidad biológica, el conocimiento ancestral y el placer de comer algo que literalmente nace de la tierra.

Una receta tradicional mexicana, sencilla y deliciosa, ideal para celebrar el Hongosto:

Foto: Hongos al comal / / © Unsplash.com

Quesadillas de hongos silvestres al comal

Una receta clásica y muy querida en muchas regiones de México, especialmente en los pueblos de montaña donde los hongos silvestres son parte de la dieta cotidiana en temporada de lluvias.

Ingredientes (para 4 personas):

  • 500 g de hongos silvestres frescos (pueden ser setas de encino, escobetas, orejas de cazahuate o una mezcla)
  • 1/4 de cebolla blanca o morada (finamente picada)
  • 2 dientes de ajo (picados)
  • 1 chile serrano o jalapeño (opcional, picado)
  • 1 rama de epazote fresco (opcional pero muy tradicional)
  • Aceite o manteca al gusto
  • Sal al gusto
  • tortillas de maíz recién hechas o calentadas
  • 200 g de queso Oaxaca o quesillo deshebrado (puedes usar otro queso que funda bien)

🍳 Preparación:

  1. Limpieza de los hongos:
    • Limpia los hongos con un trapo húmedo o brocha. No los laves bajo el chorro de agua, ya que absorben mucha humedad.
    • Córtalos en tiras o trozos medianos.
  2. Salteado:
    • En un sartén o comal hondo, calienta una cucharada de aceite o manteca.
    • Sofríe la cebolla y el ajo hasta que estén transparentes.
    • Agrega los hongos y el chile picado.
    • Cocina a fuego medio-alto, revolviendo de vez en cuando, hasta que los hongos suelten su jugo y este se evapore (aprox. 10-12 min).
    • Añade el epazote, sal al gusto y cocina 2 minutos más.
  3. Armado de las quesadillas:
    • Calienta el comal o sartén plano.
    • Coloca una tortilla, añade un poco de queso y una cucharada generosa de hongos salteados.
    • Dobla la tortilla a la mitad y presiona ligeramente.
    • Cocina por ambos lados hasta que el queso se derrita y la tortilla esté doradita.
  4. Servir:
    • Acompaña con salsa verde, roja o un poco de crema si se desea. ¡Y no olvides una bebida caliente como atole o café de olla!

Consejo del bosque:

Si tienes acceso a hongos silvestres, asegúrate de identificarlos bien o adquirirlos en mercados donde sean reconocidos por recolectores expertos. Nunca recolectes ni consumas hongos de origen dudoso: algunos pueden ser venenosos.

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Alimentos

El chile negro ahumado

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Foto: Chile negro ahumado en polvo

El sabor intenso que conquista la gastronomía tradicional mexicana

En el vasto universo de los chiles mexicanos, existe un ingrediente que destaca por su aroma profundo, su color oscuro y su extraordinaria capacidad para transformar cualquier platillo: el chile negro ahumado. Más que un simple condimento, este producto representa una tradición culinaria transmitida de generación en generación, donde el fuego, el humo y el tiempo convierten un chile fresco en un ingrediente de gran personalidad.

Hoy, chefs, cocineras tradicionales y amantes de la gastronomía reconocen al chile negro ahumado como uno de los grandes tesoros de la cocina mexicana.

Una tradición nacida del humo

El chile negro ahumado se obtiene mediante un proceso artesanal en el que diversas variedades de chile son secadas lentamente con humo de leña. Dependiendo de la región del país, pueden emplearse chiles como el jalapeño, serrano o incluso variedades locales que adquieren características únicas durante el ahumado.

Foto: Diversas variedades de chile

El proceso puede durar varios días, durante los cuales el chile pierde humedad mientras absorbe los aromas de maderas como encino, mezquite o roble. El resultado es un fruto de color negro o café muy oscuro, con una piel arrugada y un aroma inconfundible que combina notas dulces, terrosas y ligeramente amaderadas.

Cada productor imprime su propio sello al proceso, por lo que no existen dos chiles negros ahumados exactamente iguales.

Un ingrediente con identidad mexicana

Aunque el chile chipotle es probablemente el chile ahumado más conocido del país, diversas regiones de México elaboran sus propias versiones de chile negro mediante técnicas tradicionales.

Estados como Oaxaca, Veracruz, Puebla, Hidalgo, Chiapas y algunas zonas del norte del país conservan métodos ancestrales de secado y ahumado que forman parte de su patrimonio gastronómico.

En muchas comunidades rurales, el ahumado continúa realizándose en hornos de adobe o pequeñas construcciones de madera donde el control del fuego depende completamente de la experiencia del productor.

El secreto detrás de su sabor

El chile negro ahumado ofrece un perfil sensorial complejo que difícilmente puede ser sustituido.

Entre sus principales características destacan:

  • Aroma intenso con notas de leña.
  • Picor moderado en la mayoría de las variedades.
  • Ligero dulzor natural desarrollado durante el secado.
  • Toques terrosos y especiados.
  • Gran persistencia en boca.

Gracias a estas cualidades, basta una pequeña cantidad para aportar profundidad y carácter a una preparación.

Presencia en la cocina mexicana

Foto: Chile negro ahumado en polvo

El chile negro ahumado es un ingrediente muy versátil que puede utilizarse entero, hidratado, molido o en pasta.

Es frecuente encontrarlo en:

  • Moles tradicionales.
  • Adobos.
  • Salsas tatemadas.
  • Marinados para carnes.
  • Barbacoa.
  • Mixiotes.
  • Caldos regionales.
  • Frijoles de olla.
  • Tamales.
  • Guisos con cerdo o res.

También ha encontrado un lugar importante en la cocina contemporánea, donde chefs mexicanos lo incorporan en mantequillas compuestas, aceites infusionados, mayonesas, vinagretas, chocolates, panes artesanales e incluso coctelería de autor.

Un aliado para la cocina de autor

La alta gastronomía ha redescubierto el valor del chile negro ahumado gracias a su capacidad para aportar complejidad sin ocultar los sabores principales del platillo.

Su intensidad aromática combina especialmente bien con ingredientes como:

  • Cacao.
  • Café.
  • Hongos.
  • Maíz criollo.
  • Quesos maduros.
  • Cordero.
  • Pato.
  • Atún.
  • Pulpo.
  • Verduras rostizadas.

Esta versatilidad ha convertido al chile negro en un ingrediente apreciado tanto por cocineros tradicionales como por chefs de cocina de vanguardia.

Patrimonio gastronómico que merece preservarse

El chile negro ahumado es mucho más que un producto alimenticio. Representa conocimientos agrícolas, técnicas ancestrales y una relación íntima entre el productor y el territorio.

Su elaboración requiere paciencia, experiencia y respeto por los tiempos naturales, elementos que hoy cobran especial relevancia frente a los procesos industriales.

Promover su consumo significa también apoyar a pequeños productores, preservar variedades locales de chile y mantener viva una tradición que forma parte de la riqueza culinaria de México.

Un sabor que cuenta historias

Cada chile negro ahumado guarda el aroma de la leña, el trabajo de las comunidades y siglos de historia gastronómica. Su presencia en una receta no solo aporta intensidad y profundidad al sabor, sino que conecta cada platillo con las raíces culinarias del país. En una época en la que la cocina mexicana sigue conquistando al mundo, este ingrediente artesanal demuestra que los sabores más memorables nacen de la tradición, la paciencia y el conocimiento heredado de generación en generación.

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Alimentos

El PIXTLE

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Foto: Pixtle semilla del mamey

La semilla del mamey que perfuma la memoria de México

Hay ingredientes que pasan desapercibidos hasta que alguien les pone nombre. El pixtle es uno de ellos: la semilla del mamey, también llamada “hueso”, y una pequeña cápsula de memoria culinaria que conecta la cocina actual con saberes de origen náhuatl. Su nombre proviene de pixtli o pitztli, palabra que alude al hueso o la semilla, y su sabor recuerda a la almendra tostada con un dulzor suave, delicado y persistente.

Origenes prehispánicos

Aunque muchos lo conocen apenas como el centro duro del fruto, el pixtle ha tenido un lugar propio en la cocina tradicional desde tiempos prehispánicos. En distintas regiones de México se hierve, se ahúma, se seca o se ralla para incorporarlo a bebidas y preparaciones que llevan consigo una carga de identidad local.

El corazón oculto del mamey

Basta partir el mamey para encontrarlo: una semilla oscura, lisa y robusta, encerrada en la pulpa naranja rojiza del fruto. La mayoría se queda con la carne dulce del mamey, pero el pixtle conserva otra parte de la historia: una que se transforma con el fuego, el agua o el tiempo.

Foto: El Pixtle hueso de Mamey

En la sierra de Puebla, por ejemplo, se usa en pixtamales y en enchiladas; en Oaxaca, aporta aroma, textura y espuma a bebidas como el tejate o al chocolate; y en otras preparaciones se deja secar para rallarlo y convertirlo en agua de pixtle o en una base de sabor con notas suaves de nuez.

Un ingrediente con herencia

Hablar del pixtle es hablar de cocina, pero también de continuidad cultural. Su uso refleja una manera de entender los alimentos en la que nada se desperdicia y cada parte del fruto puede tener un destino distinto, útil y valioso.

“El pixtle no es solo la semilla del mamey: es una huella comestible de la memoria mexicana.”

Esa versatilidad explica por qué el pixtle sigue apareciendo en mesas, mercados y recetas regionales: no como una curiosidad, sino como un ingrediente vivo que resiste el olvido. En él, el mamey no termina; apenas cambia de forma.

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Alimentos

Se recupera el acceso de azúcar mexicana al mercado de EUA

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Estados Unidos estima oficialmente una necesidad de azúcar mexicana hasta del 512%

Como resultado del diálogo con las autoridades estadounidenses instruido por la Presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, México ha logrado que Estados Unidos inicie la regularización del acceso de la industria azucarera y de los productores de caña de azúcar mexicanos, al mercado estadounidense.

El Departamento de Agricultura de los Estados Unidos (USDA) estimó que requerirá importar hasta 1,152,000 toneladas de azúcar mexicana en el ciclo 2026-2027, una cantidad 512 por ciento superior a la estimación del ciclo 2025-2026.  Ello, según el último informe “Estimaciones de la Oferta y la Demanda Agrícola Mundial”, publicado por USDA el 10 de julio de 2026.  Estas nuevas condiciones permitirán un aumento potencial de hasta 4,760 millones de pesos pagados por la industria azucarera a los productores de caña mexicanos en la próxima temporada.

El diálogo con Estados Unidos que condujo a este positivo resultado se inició en noviembre del año pasado, durante la visita que hizo la secretaria de Agricultura estadounidense Brooke Rollins, a la Presidenta Claudia Sheinbaum Pardo.

Este resultado confirma que por la vía del diálogo es posible construir acuerdos importantes en beneficio de las y los productores agrícolas y de las y los consumidores de alimentos de México y de Estados Unidos.

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