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El pozol: bebida ancestral del sureste

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Hace muchos años, en los exuberantes territorios de Tabasco, el cacao y el maíz se fusionaron para dar vida a una de las bebidas más originales del país: el pozol.

El pozol, como aún se le conoce, está hecho con masa de maíz, cacao molido y otros ingredientes a los que se agrega agua fría. La tradición en Tabasco dice que debe colarse y servirse en jícaras labradas en Jalpa de Méndez, en Centla o Zapata. Los habitantes costeros suplen las jícaras con cubiertas de los cocos en los que se sirve el pozol para mitigar la sed bajo las palmeras que danzan al silbido del viento.

Quienes preparan el pozol saben de la tradición. En un reciente recorrido por la ciudad de Villahermosa, Tabasco, nos encontramos con el señor Adelfo González, quien nos ilustró acerca de su elaboración en una pequeña pozolería de nombre “Todo lo que tiene Tabasco”.

A temprana hora del día, con ayuda del señor Armando Martínez Carvajal, ponen a cocer cuatro botes de maíz durante dos horas para obtener seis botes de nixtamal que son pasados a los molinos donde otras personas atienden la molienda del cacao. Molido el nixtamal y el cacao se mezclan en una sola masa, esto constituye el pozol. El cliente puede pedir la masa del pozol por kilo o la bebida en jarra ya preparada. Quienes prefieren comprar masa tienen la opción de hacer memelas, tamales, dulces, empanadas o panuchos.

Rosa Ramírez Álvarez y Johana Peña Sánchez atienden los molinos, amasan y dan forma a las empanadas y panuchos. Rosa María Sánchez León se encarga de freírlos. Con la satisfacción de su laboriosa actividad envuelta de vapor de nixtamal, olor y sabor del cacao, vainilla y otros ingredientes, nos cuentan que les da gusto hacer el pozol porque pertenece a una tradición en Tabasco, sobre todo en Villahermosa.

Emilio Sánchez Santos, dependiente de la pozolería, agrega: “En bebida se puede comprar el pozol natural. También se prepara la bebida especial que es la mezcla del pozol con otros ingredientes como cacao, leche, horchata y vainilla. Para comer aquí, están los antojitos como panuchos, platanitos rellenos y dulces regionales de coco con panela, coco con piña o con papaya”. En efecto, una mirada por la pozolería nos condujo a descubrir la exposición de panuchos, empanadas y dulces: coco con piña, coco con panela, dulces de panela, dulces de papaya grande y chica que en Villahermosa llaman “oreja de mico”. Esta variedad ha servido para atraer la atención de los consumidores y rememorar los orígenes del pozol agrio.

En la época prehispánica, el pozol fue muy apreciado entre los antiguos habitantes de estas tierras por ser un nutriente de resistencia para los viajeros indígenas. Éstos sabían de su importancia porque alimentaba, mitigaba la sed en estas zonas de mucho calor y perduraba sin echarse a perder. Su preparación requería de las virtudes culturales y la sapiencia de las mujeres quienes elaboraban el pozol en sus piedras de moler.

Por las famosas rutas de agua, por las zonas selváticas y en los caminos reales del sureste mexicano, el viajero indígena llevaba como todo alimento algunas tortillas de maíz y pozol. En viajes largos, la masa del pozol combinada con agua fue sustituida por el pinole que solían llevar consigo.

El pozol no era exclusivo para viajeros. Era un alimento que no faltaba en el hogar. Para salir a trabajar en sus tierras de cultivo distantes de sus casas, las familias indígenas, antes del amanecer, ya estaban en camino llevando consigo el pozol que era consumido en el transcurso de una o varias jornadas.

En diversos escritos de la época colonial, los europeos que anduvieron por estas tierras dieron cuenta del pozol como bebida agria de los indios que los hacía resistentes al calor. Hacia 1579, en las Relaciones Histórico-Geográficas de la Alcaldía Mayor de Tabasco se hace referencia a la bebida tabasqueña y consigna lo siguiente: “Tenían por costumbre, especial los indios chontales, no comer sino sólo beber, y si comían era muy poco, y bebían una bebida que se hace de la moneda suya, que es el cacao, de suerte que se hace un brebaje algo espeso, el cual es grande mantenimiento, y asimismo otro de maíz cocido que se dice pozol… hacen alguno de esto acedo para beber con las calores, porque es fresco y esto es lo más sano” (citado por Mario Humberto Ruz en Tabasco Histórico. Memoria vegetal, Gobierno del Estado de Tabasco, México, 2001, p. 67).

En otros lugares del sureste como Chiapas y Oaxaca se apreció el valor alimenticio del pozol. Sobre los usos del cacao en Oaxaca y en referencia al pozol, por el año de 1763, en su Diario del viaje a la Nueva España, Francisco de Ajofrín escribió: “En esta provincia usan los indios de una bebida que llaman pozol, compuesta de cacao y maíz con algunos otros ingredientes, de que hacen una masa blanca que beben desleída en agua fría y tiene un agrito no desapacible. Llevan esta masa en los caminos con algunas tortillas de maíz, que es toda su prevención para viajar” [Francisco de Ajofrín, Diario del viaje a la Nueva España, Heriberto Moreno (ed.), México, SEP, pp. 169-170].

Pero no sólo los hispanos llegaron a escribir acerca del pozol. También los piratas holandeses, ingleses y franceses que durante la Colonia asediaron este territorio, lo conocieron. Dejemos que sea el famoso pirata inglés William Dampier quien nos hable de los indios y el pozol hacia 1680: “Si viajan dos o tres días cargan con un poco de este maíz molido, envuelto en una hoja de plátano, y con guaje a la cintura para hacer su bebida; no se preocupan más por vituallas hasta que vuelven a casa. Esto se llama posol; poorsoul para los ingleses. Es de tanta estima {…} que nunca falta en sus casas” (citado por Mario Humberto Ruz en Un rostro encubierto: los indios del Tabasco colonial, p. 110).

Hoy en día, en las calles de Tabasco, a la sombra de casas y árboles o en los andares pueblerinos es posible ver que los lugareños, e incluso algunos viajeros, mitigan su sed con el pozol.

Territorio de fiestas y tradiciones donde se baila el pochó, el caballito blanco, los blanquitos o para escapar de saurios y felinos u otras representaciones festivas, la bebida del pozol continuará siendo otro fuerte distintivo en las celebraciones tabasqueñas. Sea fiesta o no, a la sombra o bajo el sol, la gente del lugar disfruta del pozol como bebida refrescante.

Cuando el sol derrite su esplendor sobre el edén y comienza a sofocarnos, es hora de escudriñar con la mirada alrededor hasta encontrar a la persona que vende las aguas y pedir una bebida de persistencia cultural, agua fresca de pozol que se bebe a la salud de la tradición.

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Alimentos

Dulce terror si te atreves

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Foto: Guacamole terrorífico en calabaza /Cortesía / Fundación Herdez

 Elige tu receta favorita y que empiece el susto.

Si bien en nuestro país celebramos el Día de Muertos, hemos incorporado también la fiesta de Halloween, el 31 de octubre. Esta festividad de origen celta es la contracción en inglés de All Hallows’ Eve (Víspera de Todos los Santos) y que actualmente se asocia a la cultura popular con disfraces, calabazas talladas y las visitas de casa en casa pidiendo dulces. 

Y para esas reuniones que se realizan en esta época, Fundación Herdez te comparte en su sitio web nueve espeluznantes recetas. En estas encontrarás desde la bebida hasta el postre, para asustar y consentir a tus invitados.  Aquí te dejamos una probada: 

Cantarito Sangría “Pura tentación” 

Foto: Cortesía / Fundación Herdez
  • Dificultad: Fácil
  • Porciones: 1 vaso (350 ml) 
  • Tiempo de preparación: 50 min 

Ingredientes

Escarchado

  • Chamoy de tamarindo 
  • Chamoy en polvo Chilim Balam 

Jarabe concentrado de tés

  • ¼ de tza. de agua
  • ¼ de tza. de azúcar orgánica Aires de Camp 
  • 1 sobre de té de canela 
  • 1 sobre de té de limón 
  • 1 sobre de té de jengibre 

Base de la sangría

  • ½ oz de tequila 1800 Cristalino 
  • 1 oz de jarabe de infusión de tés 
  • 50 ml de jugo fresco de mandarina 
  • 50 ml de jugo fresco de toronja 
  • Vino rosado al gusto 
  • Hielo al gusto 

Elementos de decoración 

  • ½ rodaja de toronja 
  • 1 rodaja de mandarina cortada en 4 partes 
  • 1 fresa cortada en cubitos finos 
  • 1 fresa dividida longitudinalmente a la mitad 

Preparación

Jarabe de infusión 

  1. Hervir el agua con los sobres de té McCormick e infusionar 10 minutos.
  2. Añadir azúcar y cocinar a fuego medio hasta disolver y espesar ligeramente.
  3. Retirar del fuego y enfriar a temperatura ambiente.

Montaje y presentación 

  1. Escarchar el borde exterior de la copa pasándolo primero por el chamoy de tamarindo y después por el chamoy en polvo.
  2. Agregar hielo al gusto dentro de la copa.
  3. Incorporar el tequila, los jugos de mandarina y toronja, y el jarabe de infusión ya preparado.
  4. Incorporar de forma gradual el vino rosado, integrando suavemente con la cuchara de bar con movimientos envolventes.
  5. Añadir al interior de la copa la media rodaja de toronja, los trozos de mandarina y los cubos de fresa.
  6. Como detalle temático, hacer un pequeño corte en la base ancha de cada mitad de fresa y fijarlas en el borde del vaso con las puntas hacia arriba para formar los cuernos.

Guacamole terrorífico en calabaza 

Foto: Cortesía / Fundación Herdez
  • Dificultad: Fácil
  • Porciones: 1 kg
  • Tiempo de preparación: 30 min 

Ingredientes

  • 1 calabaza de castilla pequeña
  • 4 aguacates maduros
  • ½ cebolla morada picada finamente
  • 2 jitomates en cubos pequeños y despepitados
  • ¼ tza. de cilantro fresco picado
  • El jugo de 2 limones
  • 1 lata de granos de elote Herdez®
  • Sal al gusto
  • Pimienta al gusto

Preparación 

Para la calabaza

  1. Retirar la parte superior de la calabaza para extraer la tapa y retirar con cuidado todas las semillas y fibras del interior.
  2. Utilizando un cuchillo afilado, dibujar los ojos y la boca.

Para el guacamole 

  1. Colocar la pulpa de los aguacates en un tazón y triturar con ayuda de un tenedor hasta obtener la textura deseada.
  2. Agregar el jitomate, la cebolla, el cilantro y el jugo de limón; sazonar al gusto con sal y pimienta mezclando de manera envolvente.

Montaje y presentación 

  1. Colocar la calabaza ya tallada en el centro de un plato o charola.
  2. Esparcir los granos de elote sobre la base del plato para formar una capa.
  3. Servir el guacamole directamente desde la apertura de la boca para simular que brota de la calabaza.

*Todas las recetas fueron desarrolladas por el chef Leonardo Vargas y las practicantes Ximena Rejón y Ximena García. 

Cortesía de Fundación Herdez

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La gastrificación taquera

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Foto: Taquería tradicional mexicana

¿Las grandes cadenas están desplazando a las taquerías tradicionales de México?

Durante décadas, las taquerías de barrio han sido mucho más que establecimientos para comer. Son puntos de encuentro, referentes de identidad local y espacios donde cada colonia reconoce sus propios sabores. Sin embargo, ante la expansión de las grandes cadenas de tacos y la estandarización de la oferta gastronómica, surge una hipótesis que merece atención: ¿estamos presenciando una especie de gentrificación gastronómica protagonizada por las taquerías?

Podríamos llamarla gentrificación, o mejor dicho; gastrificación taquera: un fenómeno en el que la proliferación de establecimientos con modelos comerciales estandarizados amenaza con restar espacio, visibilidad y oportunidades a las taquerías tradicionales, aquellas que durante años construyeron su reputación taco a taco.

La taquería de la esquina: un patrimonio cotidiano

Foto: Puestos / Locales rústicos de alimentos tradicionales de México

Quienes han crecido en las colonias de México probablemente recuerdan una taquería en particular. Tal vez era el puesto de la esquina, el pequeño local que abría hasta la madrugada o el negocio familiar donde el dueño conocía a sus clientes por su nombre.

En esos lugares, los tacos tenían una personalidad propia. El sabor dependía de la marinada, la preparación de la carne, el punto de cocción, las tortillas, las salsas y hasta de los secretos culinarios que pasaban de una generación a otra.

No necesariamente eran establecimientos elegantes ni tenían grandes campañas publicitarias. Su principal carta de presentación era la recomendación de boca en boca y una relación construida con los vecinos.

Además, solían ofrecer algo fundamental para la economía cotidiana: comida accesible, preparada al momento y adaptada a los gustos de su comunidad.

La taquería tradicional no vendía únicamente tacos; también ofrecía identidad, memoria y pertenencia.

Pero ¿qué sucede cuando ese negocio comienza a competir con establecimientos respaldados por grandes inversiones, campañas publicitarias, aplicaciones de entrega y modelos de expansión que les permiten abrir sucursales en distintos puntos de una ciudad?

¿Qué es la gastrificación taquera?

Foto: Taquería de Cadena

La expresión gastrificación taquera puede plantearse como una hipótesis de análisis cultural y económico. No es un concepto académico consolidado ni un fenómeno cuya existencia generalizada esté demostrada, pero permite explorar una transformación posible dentro del paisaje gastronómico mexicano.

La idea parte de una comparación con la gentrificación urbana. Este último término suele utilizarse para describir procesos de transformación de barrios en los que la llegada de nuevas inversiones, negocios y consumidores con mayor poder adquisitivo puede contribuir al encarecimiento de la zona y al desplazamiento de sus habitantes o comercios originales.

En el ámbito de las taquerías, la hipótesis propone una dinámica semejante, aunque no idéntica: la expansión de modelos comerciales de tacos que, por su capacidad de inversión, promoción y reproducción operativa, pueden ganar terreno frente a negocios tradicionales con menos recursos para competir.

El problema no sería simplemente que existan muchas taquerías, ni que una marca abra nuevas sucursales. La cuestión sería determinar si el crecimiento de ciertas cadenas reduce la diversidad de opciones, desplaza a los pequeños comerciantes o transforma la relación de una comunidad con su comida cotidiana.

En otras palabras, no se trata de afirmar que toda cadena perjudica a la gastronomía mexicana, sino de preguntarnos qué ocurre cuando la capacidad de vender a gran escala comienza a pesar más que la singularidad culinaria de cada establecimiento.

Cuando el modelo de negocio pesa más que el sabor

Las grandes cadenas suelen trabajar con procesos definidos para garantizar que un producto conserve características similares en todas sus sucursales. Sus recetas, porciones, tiempos de preparación, proveedores y procedimientos operativos buscan ofrecer una experiencia reconocible para el consumidor.

Este modelo tiene ventajas: facilita la expansión, permite mantener controles de calidad y puede ofrecer precios competitivos. También responde a las expectativas de clientes que buscan rapidez, comodidad y una experiencia predecible.

Sin embargo, desde una perspectiva gastronómica, surge una pregunta: ¿qué sucede con los sabores que dependen precisamente de las particularidades de cada cocinero y de cada establecimiento?

En una taquería independiente, la receta puede responder a años de experimentación, a una tradición familiar o a ingredientes de proveedores locales. La salsa puede cambiar según la temporada; la carne puede prepararse con una mezcla particular de especias, y las tortillas pueden tener características que distinguen al negocio de cualquier otro.

Cuando la lógica de la estandarización se convierte en el principal criterio de expansión, existe el riesgo de que la oferta termine pareciéndose demasiado entre sí.

No significa que la producción a gran escala produzca necesariamente tacos de menor calidad. Una cadena también puede ofrecer excelentes productos y respetar las tradiciones culinarias. La preocupación aparece cuando la uniformidad comercial desplaza la diversidad de recetas, técnicas e identidades locales.

El riesgo no es que todos los tacos sean iguales, sino que cada vez tengamos menos oportunidades de encontrar tacos diferentes.

¿Desaparecen las taquerías tradicionales?

Foto: Taquero de tacos de pastor tradicional en México

La desaparición de una taquería tradicional no suele obedecer a una sola causa. El aumento de las rentas (Gentrificación), el costo de los insumos, los permisos, la competencia, los cambios en los hábitos de consumo y la falta de relevo generacional pueden poner en dificultades a los pequeños negocios.

A estos factores se suma la capacidad de las cadenas para invertir en publicidad, posicionar su marca y operar en múltiples ubicaciones. Una empresa con recursos puede financiar promociones, negociar compras de grandes volúmenes y aprovechar sistemas de reparto y plataformas digitales.

Un negocio familiar, en cambio, puede depender de sus ventas diarias para cubrir la renta, pagar a sus trabajadores y comprar los ingredientes del siguiente día.

Si una cadena consigue atraer una parte importante de la clientela de una zona, la taquería de barrio podría enfrentar mayores dificultades. Si además desaparecen otros pequeños establecimientos, la colonia corre el riesgo de perder parte de su diversidad culinaria.

No obstante, es importante distinguir entre una hipótesis y una conclusión comprobada: para afirmar que las cadenas están desplazando sistemáticamente a las taquerías tradicionales en México, sería necesario estudiar la evolución de los establecimientos, sus cierres, las condiciones de renta, las ventas y la competencia en distintas colonias. La preocupación es válida, pero demostrar su alcance requiere datos.

De la comida popular a la marca comercial

La expansión de las cadenas también plantea una reflexión sobre la manera en que se presenta la gastronomía mexicana al público.

El taco es una preparación con una enorme diversidad regional. Cambia según el territorio, los ingredientes disponibles, las costumbres y las técnicas de cada comunidad. No existe una única manera de prepararlo ni una receta universal que represente toda su riqueza.

Sin embargo, cuando un producto se convierte en una marca diseñada para replicarse en numerosos establecimientos, la comunicación comercial puede terminar privilegiando una versión particular del taco: aquella que resulta más fácil de estandarizar, promocionar y comercializar.

El consumidor puede comenzar a identificar la categoría a través de las marcas con mayor presencia publicitaria, mientras que los negocios pequeños permanecen fuera de los reflectores, aunque tengan propuestas culinarias valiosas.

Esto abre una cuestión importante: ¿quién termina definiendo qué tacos representan a México? ¿Las comunidades que conservan sus tradiciones y desarrollan sus propias recetas o las empresas que tienen mayor capacidad para posicionar sus productos?

La respuesta no tiene por qué ser excluyente. Las cadenas forman parte de la evolución del mercado y también pueden contribuir a difundir la cultura taquera. El desafío consiste en evitar que su visibilidad comercial sea confundida con la totalidad de una tradición gastronómica mucho más amplia.

¿Estamos perdiendo sabor o solamente cambiando de hábitos?

La preferencia por las cadenas no necesariamente significa que los consumidores hayan dejado de valorar la autenticidad. En ocasiones, la elección responde a cuestiones prácticas: cercanía, horarios, rapidez, promociones, higiene percibida, comodidad o facilidad para pedir a domicilio.

También hay consumidores que disfrutan tanto de las cadenas como de los puestos tradicionales, sin considerar que una opción deba excluir a la otra.

Por eso, la hipótesis de la gastrificación taquera no debería convertirse en una condena generalizada a los negocios de franquicia. Su propósito es abrir una discusión sobre el equilibrio entre crecimiento comercial, diversidad culinaria y supervivencia económica de los pequeños establecimientos.

La pregunta central es si el mercado está ampliando las opciones disponibles o si, en determinadas zonas, está favoreciendo una oferta cada vez más uniforme mientras desaparecen alternativas que no pueden competir en las mismas condiciones.

Si el resultado es una ciudad con muchas sucursales, pero con menos recetas locales, menos negocios familiares y menos diferencias entre una colonia y otra, entonces el crecimiento de la oferta no necesariamente se traducirá en una mayor riqueza gastronómica.

¿Cómo evitar que la taquería de barrio se convierta en un recuerdo?

Foto: Taquería de barrio mexicano

La preservación de las taquerías tradicionales no depende únicamente de la nostalgia. También requiere reconocerlas como pequeños negocios que generan empleo, mantienen conocimientos culinarios y forman parte de la vida cotidiana de sus comunidades.

Algunas acciones pueden contribuir a su permanencia:

  • Consumir de manera consciente. Alternar las opciones comerciales con las taquerías independientes de la colonia y conocer sus propuestas.
  • Visibilizar los negocios locales. Compartir recomendaciones, fotografías e historias que permitan descubrir establecimientos fuera de los circuitos de publicidad masiva.
  • Valorar el trabajo culinario. Reconocer las técnicas, recetas propias, ingredientes y conocimientos que distinguen a cada taquería.
  • Facilitar la competencia. Promover condiciones que permitan a los pequeños negocios acceder a herramientas digitales, capacitación y canales de venta sin perder su identidad.
  • Documentar la memoria gastronómica. Registrar las historias de los taqueros, sus recetas y la evolución de los establecimientos que han marcado a sus comunidades.

La responsabilidad no debe recaer exclusivamente en el consumidor. Las condiciones económicas, las políticas locales y el acceso a recursos también influyen en la supervivencia de estos negocios.

Una reflexión para la gastronomía mexicana

La gastronomía mexicana no se construyó a partir de una sola receta, una sola marca ni un único modelo de negocio. Su riqueza proviene de la diversidad de ingredientes, técnicas, territorios y personas que han contribuido a transformarla a lo largo del tiempo.

Las grandes cadenas de tacos pueden formar parte de esa evolución. El problema surgiría si su expansión terminara reduciendo las oportunidades para que los pequeños establecimientos sigan existiendo y aportando sus propias interpretaciones de la cocina mexicana.

La taquería de la esquina representa mucho más que una opción económica para comer. Es un negocio que, en ocasiones, ha acompañado a una colonia durante décadas, ha creado empleos y ha conservado sabores que difícilmente pueden reproducirse exactamente en otro lugar.

Quizá dentro de algunos años sigamos encontrando tacos en prácticamente todas las calles, pero eso no garantizará que conservemos la misma diversidad de sabores y tradiciones.

Porque una ciudad puede tener cada vez más lugares donde comprar tacos y, al mismo tiempo, perder parte de su identidad taquera.

La pregunta no es si México necesita menos taquerías, sino si estamos construyendo un mercado donde puedan convivir las grandes cadenas y los pequeños negocios sin que la expansión de unos signifique la desaparición de otros.

Si la gastronomía es también memoria, cultura e identidad, proteger la diversidad de nuestras taquerías significa reconocer que el valor de un taco no siempre está en cuántas sucursales lo venden, sino en la historia, el conocimiento y la comunidad que hay detrás de él.

Artículo por: Tlacualchichihua

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Alimentos

Esto puedes cocinar con la Flor de Cempasúchil comestible

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Foto: Crema de Cempasúchil

Del altar a la mesa, una tradición que también se saborea

Cada otoño, el intenso color naranja de la flor de cempasúchil anuncia la llegada del Día de Muertos en México. Sus pétalos iluminan las ofrendas, adornan las calles y forman caminos simbólicos para recibir a quienes ya no están. Sin embargo, esta flor emblemática de la cultura mexicana tiene otra faceta que merece descubrirse: también puede convertirse en un ingrediente para preparar platillos, bebidas y postres.

Su presencia en la cocina conecta la riqueza de la biodiversidad mexicana con la creatividad gastronómica contemporánea. Desde una crema caliente hasta una infusión aromática, el cempasúchil ofrece posibilidades culinarias que permiten llevar un símbolo de nuestras tradiciones directamente al plato.

Una flor con historia y sabor

Foto: Flor de Cempasúchil

El cempasúchil, cuyo nombre proviene del náhuatl cempōhualxōchitl QUE SIGNIFICA “veinte flores” o “varias flores”, se asocia tradicionalmente con el Día de Muertos y forma parte del patrimonio cultural y botánico de México. Además de su valor ornamental y ceremonial, algunas variedades de esta flor se utilizan como ingrediente culinario.

Sus pétalos pueden aportar matices herbales, ligeramente amargos y florales, por lo que conviene utilizarlos con moderación y combinarlos con ingredientes que equilibren su sabor. En la cocina, su color intenso también permite crear presentaciones atractivas, especialmente en preparaciones de temporada.

Eso sí, no todas las flores de cempasúchil que se venden para adornar altares son aptas para el consumo. Para cocinar, es indispensable utilizar flores identificadas como comestibles, cultivadas sin pesticidas ni otros productos químicos no autorizados para alimentos, y lavarlas cuidadosamente antes de usarlas.

¿Qué se puede preparar con la flor de cempasúchil?

Crema de cempasúchil

Foto: Crema de Cempasúchil

Una alternativa para comenzar una comida de temporada. Los pétalos se licúan con ajo, cebolla y caldo; después se incorporan leche evaporada, granos de elote y calabacitas. Se puede terminar con cubitos de queso panela y pétalos frescos comestibles.

Calabacitas a la mexicana con flor de cempasúchil

Foto: Guiso de calabacitas con flor de cempasúchil

El cempasúchil puede integrarse a un guiso de calabacitas, jitomate, cebolla, ajo y elote. Un poco de epazote ayuda a complementar los sabores y aporta un carácter muy mexicano al platillo.

Tacos, quesadillas y rellenos

Foto: Tacos y quesadillas con flor de Cempasúchil

Los pétalos pueden incorporarse a guisos de hongos, flor de calabaza, queso o verduras para preparar tacos y quesadillas. La clave está en emplearlos en cantidades moderadas para que su sabor floral no domine el resto de los ingredientes.

Atole de cempasúchil

Foto: Atole de Cempasúchil

Una bebida caliente ideal para los días frescos de octubre y noviembre. Se prepara una infusión con los pétalos, se cuela y se incorpora a una base de masa de maíz disuelta en agua. Puede endulzarse al gusto y aromatizarse con canela.

Infusión de cempasúchil

Foto: Infusión de cempasúchil

Una opción sencilla para explorar su aroma. Se hierven los pétalos comestibles en agua durante unos minutos, se cuela la preparación y se puede complementar con hierbabuena, unas gotas de limón y miel. No debe asumirse que esta bebida trata enfermedades por ser una preparación tradicional.

Helados y nieves artesanales

Foto: Nieve de Cempasúchil

Su color y aroma permiten experimentar con nieves de agua, helados cremosos y sorbetes. Puede elaborarse una infusión, colarla e incorporarla a la base elegida, cuidando que el sabor sea equilibrado.

Mermeladas y preparaciones dulces

Foto: Mermelada de Cempasúchil

Los pétalos también pueden utilizarse para experimentar con mermeladas, jarabes y salsas dulces. Combinados con frutas de sabor suave o cítricos, pueden aportar un perfil floral interesante para acompañar pan artesanal, yogur o postres.

Panadería y repostería

Foto: Pan con Flor de Cempasúchil

Una aplicación más experimental consiste en deshidratar los pétalos aptos para consumo, molerlos e incorporar pequeñas cantidades a masas de galletas, panes o bizcochos. También pueden utilizarse para decorar pasteles y otros productos de temporada.

Pulque Curado de Cempasúchil

El pulque de cempasúchil ya es una bebida de temporada vinculada con las celebraciones del Día de Muertos en México. Se conoce también como curado de cempasúchil y combina el pulque natural con los pétalos de esta flor.

Se licúan los pétalos con una pequeña cantidad de pulque y los ingredientes elegidos; después se cuela la mezcla y se integra con el resto del pulque. Es importante utilizar flores cultivadas para consumo alimentario, no las destinadas exclusivamente a decoración.

El potencial de la gastronomía mexicana

La utilización del cempasúchil en la cocina demuestra que las tradiciones mexicanas pueden conservar su significado y, al mismo tiempo, encontrar nuevas formas de expresión. Para restaurantes, panaderías, cafeterías y proyectos gastronómicos, esta flor representa una oportunidad de crear menús de temporada que conecten con la identidad cultural del país.

Foto: Detalles de emplatado comestibles de Flor de Cempasúchil

Su aprovechamiento también puede despertar el interés por los productores agrícolas y por ingredientes locales que, en ocasiones, se conocen principalmente por su función ornamental.

No se trata de sustituir el lugar que ocupa en las ofrendas, sino de reconocer que una misma flor puede tener distintas expresiones culturales: decorar un altar, inspirar una creación culinaria y recordarnos la relación que existe entre la tierra, la memoria y los alimentos.

En México, el cempasúchil no solo pinta de naranja el camino de los difuntos; también puede llenar de color y creatividad nuestra gastronomía.

Recomendaciones antes de cocinar con cempasúchil

  • Utiliza únicamente flores identificadas como comestibles y cultivadas para consumo alimentario.
  • Evita las flores ornamentales de procedencia desconocida, especialmente las vendidas para altares, ya que pueden contener residuos de pesticidas.
  • Emplea preferentemente los pétalos y retira la base blanca, que puede aportar amargor.
  • Lava y desinfecta la flor con un producto apto para alimentos, siguiendo las indicaciones de uso.
  • Comienza con pequeñas cantidades para evaluar su sabor y aroma.

Fuente de consulta recomendada: Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural. Puedes consultar su recetario de cempasúchil, elaborado en colaboración con productores y la Universidad Autónoma Chapingo.

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