Plan Nacional de Maíz Nativo anunciado por el Gobierno de México
El Gobierno de México dio a conocer el Plan Nacional del Maíz Nativo, denominado “El maíz es la raíz”, una estrategia federal que busca fortalecer la producción, conservación y aprovechamiento de las distintas razas de maíz nativo cultivadas en el país. El programa, presentado por la presidenta Claudia Sheinbaum, forma parte de la política de soberanía alimentaria impulsada por la administración actual.
Superficies dedicadas al cultivo tradicional del grano
De acuerdo con las autoridades, la implementación iniciará en 2026 en siete estados del sur y sureste —Oaxaca, Chiapas, Guerrero, Yucatán, Campeche, Quintana Roo y Tabasco— donde se concentran las mayores superficies dedicadas al cultivo tradicional del grano. En esta primera etapa se prevé apoyar a más de 600 mil familias campesinas que siembran cerca de 900 mil hectáreas de maíz nativo. La meta para 2030 es alcanzar a 1.5 millones de pequeños productores en 29 entidades federativas.
Los objetivos principales de este programa son:
Presentación del plan
El Gobierno de México presentó el “Plan Nacional de Maíz Nativo: El Maíz es la Raíz” con el objetivo de conservar, producir, transformar y comercializar maíz nativo.
Este programa es parte de una estrategia para fortalecer los sistemas agroalimentarios comunitarios, con acompañamiento técnico, maquinaria colectiva y fomento del intercambio de saberes tradicionales.
También busca dar valor agregado al maíz nativo: producir tortillas, totopos, tostadas, etc., en cooperativas y tortillerías comunitarias.
Alcance y beneficiarios
En su lanzamiento, se anunció que para 2026 comenzará en siete estados: Oaxaca, Chiapas, Guerrero, Yucatán, Campeche, Quintana Roo y Tabasco.
En esta etapa inicial se estima beneficiar a 677,005 familias productoras que siembran en 886,687 hectáreas.
Para 2030, la meta es llegar a 1.5 millones de pequeños productores en 872 municipios de 29 estados.
Productividad y medidas técnicas
El plan busca aumentar la productividad del maíz nativo hasta un 50 % por hectárea para 2030, mediante mejoras agronómicas, capacitación y maquinaria ligera comunitaria.
Se crearán “comunidades milperas”: grupos de 100 campesinos organizados, con apoyo de jóvenes del programa Jóvenes Construyendo el Futuro, para fomentar el relevo generacional y preservar los conocimientos tradicionales.
Valor agregado y comercio
Se impulsará la comercialización del maíz nativo a través de cooperativas. Además de la producción de grano, se promoverán productos de maíz transformado (tortillas, totopos, tostadas) con sello de origen.
Habrá maquinaria colectiva para procesamiento y transformación, no solo para producir el grano, sino para convertir excedentes en productos con valor agregado.
Identidad y conservación
La presidenta Claudia Sheinbaum destacó que conservar “todas las variedades, todas sus razas” de maíz nativo es parte de preservar la identidad de México.
La directora general de “Alimentación para el Bienestar”, María Luisa Albores, señaló que los productores tradicionales han sido “guardianes” de la diversidad del maíz.
Análisis de beneficios
Foto: Gobierno de México presenta Plan Nacional de Maíz Nativo
El plan contempla la creación de “comunidades milperas”, grupos organizados de productores que recibirán acompañamiento técnico, maquinaria ligera comunitaria y capacitación para mejorar la productividad. Con estas medidas, el Gobierno estima incrementar hasta en 50 por ciento el rendimiento por hectárea en los próximos años. Jóvenes del programa Jóvenes Construyendo el Futuro participarán como asesores de campo para fortalecer el relevo generacional en las zonas rurales.
Además de impulsar la producción, el proyecto incluye acciones para agregar valor al maíz nativo mediante la creación de cooperativas y centros comunitarios de transformación, donde se elaborarán tortillas, tostadas, totopos y otros productos regionales. La intención es que las comunidades puedan comercializar no solo el grano, sino también derivados con mayor valor en el mercado.
Soberanía alimentaria: El plan refuerza una visión de soberanía alimentaria, al promover el cultivo y consumo de maíz nativo, no dependiente únicamente de maíz industrial o importado.
Economía local: Al apoyar la transformación y comercialización comunitaria, puede generar ingresos adicionales para los campesinos más allá de la venta del grano.
Conservación cultural: Este programa también tiene un fuerte componente cultural y ecológico, al valorar la biodiversidad del maíz y los saberes tradicionales de los pueblos milperos.
Riesgos y retos: Entre los retos estarán la implementación efectiva de maquinaria colectiva, garantizar el mantenimiento de estos equipos, y la capacidad de las cooperativas para acceder a mercados competitivos con productos de maíz nativo.
Con este plan, el Gobierno federal apuesta por un modelo que combina conservación, desarrollo rural y soberanía alimentaria. Sin embargo, especialistas advierten que su eficacia dependerá de la correcta operación en territorio, el mantenimiento de la maquinaria comunal y la capacidad de las nuevas cooperativas para competir con los productos del maíz industrial.
El Día del Chef (International Chef Day) se celebra todos los años el 20 de Octubre.
Hoy celebramos a quienes hacen del arte culinario una experiencia inolvidable. Gracias por tu pasión, creatividad y dedicación, por transformar ingredientes en emociones y cada plato en una obra de arte.
Tu talento no solo alimenta el cuerpo, sino también el alma de quienes tienen la fortuna de disfrutar tus creaciones. ¡Sigue cocinando sueños y dejando tu sazón en cada historia!
Esta conmemoración tiene por objeto desear un feliz a día a todos los chefs y cocineros del mundo. Durante esta jornada se realizan concursos culinarios, eventos benéficos y exhibiciones.
En esta fecha más de 10 millones de chefs celebran su profesión, compartiendo sus conocimientos y pasión por la cocina con los demás. Los cocineros unas personas dotadas de una notable sensibilidad para estimular la vista, el oído, el olfato, el gusto y el tacto. Son unas sensaciones que se transmiten a través de los sentidos y permanecen con nosotros en el recuerdo.
Origen: El Día Internacional del Chef se viene celebrando desde el año 2004. La fecha elegida del “20 de Octubre” fue propuesta por la Asociación Mundial Culinaria (WACS) con el objetivo de crear conciencia de esta profesión en la sociedad.
🍽️👨🍳👩🍳¡Feliz Día del Chef! 🎉
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Cada 16 de octubre, el mundo se une para conmemorar el Día Mundial de la Alimentación, una fecha proclamada por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) en 1979. Este día busca concienciar sobre la importancia de garantizar la seguridad alimentaria y promover el acceso a alimentos nutritivos para todas las personas, en especial en un momento en que el hambre sigue siendo un desafío global.
Contexto global del hambre y la inseguridad alimentaria
A pesar de los avances tecnológicos y económicos en muchas partes del mundo, el hambre sigue siendo una realidad para más de 820 millones de personas, según datos recientes de la FAO. Las causas de este problema son complejas y variadas: conflictos, crisis económicas, cambios climáticos extremos, pérdida de biodiversidad y sistemas alimentarios insostenibles. La pandemia de COVID-19 también exacerbó esta situación, haciendo aún más evidente la fragilidad de los sistemas de producción y distribución de alimentos.
En contraste, el desperdicio de alimentos es un problema igualmente alarmante. Se estima que cada año, un tercio de los alimentos producidos para el consumo humano se pierde o se desperdicia. Esto no solo tiene un impacto económico, sino también ambiental, ya que el desperdicio de alimentos contribuye significativamente a la emisión de gases de efecto invernadero.
El papel de los sistemas alimentarios sostenibles
El tema del Día Mundial de la Alimentación 2024 es “No dejar a nadie atrás: Sistemas alimentarios sostenibles para el bienestar de todos”, destacando la importancia de transformar la forma en que producimos y consumimos alimentos. Los sistemas alimentarios actuales, en muchos casos, no son sostenibles. La agricultura intensiva, el uso indiscriminado de recursos naturales y las prácticas agrícolas ineficientes están degradando el medio ambiente y poniendo en riesgo la capacidad futura de alimentar a la población mundial.
La FAO, junto con otras organizaciones internacionales, aboga por un enfoque más sostenible que incluya:
Prácticas agrícolas sostenibles: Promover la agroecología, la agricultura regenerativa y otras prácticas que protejan la biodiversidad, mejoren la salud del suelo y reduzcan el uso de pesticidas y fertilizantes químicos.
Reducción del desperdicio de alimentos: Implementar mejores estrategias de almacenamiento, distribución y consumo de alimentos para evitar que grandes cantidades se pierdan antes de llegar al consumidor.
Inversión en tecnología agrícola: Fomentar la innovación y la investigación en tecnologías que mejoren la eficiencia de los sistemas alimentarios, desde la producción hasta el procesamiento y la distribución.
Acceso equitativo a alimentos nutritivos: Garantizar que todas las personas, independientemente de su ubicación geográfica o situación económica, tengan acceso a alimentos nutritivos y asequibles.
El cambio climático y la alimentación
El cambio climático es un factor que agrava la inseguridad alimentaria. Las sequías, las inundaciones, el aumento de las temperaturas y la desertificación están afectando gravemente la capacidad de los agricultores para producir alimentos. A su vez, la agricultura industrial es responsable de una porción significativa de las emisiones globales de gases de efecto invernadero. Por tanto, la transición hacia sistemas alimentarios más sostenibles es crucial no solo para reducir el hambre, sino también para mitigar los efectos del cambio climático.
¿Qué podemos hacer como individuos?
El Día Mundial de la Alimentación no solo es un momento para reflexionar, sino también para actuar. Aquí algunas formas en las que cada persona puede contribuir a un sistema alimentario más sostenible:
Reducir el desperdicio de alimentos: Comprar solo lo necesario, planificar las comidas y aprovechar los restos son algunas formas de reducir la cantidad de alimentos que se desperdician.
Elegir productos locales y de temporada: Consumir alimentos que se produzcan localmente reduce la huella de carbono asociada con el transporte y apoya a los agricultores locales.
Optar por una dieta más equilibrada y basada en plantas: Reducir el consumo de carne y productos lácteos puede tener un impacto positivo en el medio ambiente, ya que la producción ganadera es una de las principales fuentes de emisiones de gases de efecto invernadero.
Promover la educación alimentaria: La concienciación y la educación sobre la importancia de una alimentación equilibrada y sostenible es fundamental para transformar los hábitos de consumo a largo plazo.
Un derecho fundamental
El Día Mundial de la Alimentación nos recuerda que el acceso a alimentos nutritivos es un derecho fundamental. Para lograr un mundo sin hambre, necesitamos un esfuerzo colectivo que incluya la participación de gobiernos, empresas, agricultores y ciudadanos. La transformación hacia sistemas alimentarios sostenibles es esencial no solo para garantizar la seguridad alimentaria de las generaciones actuales, sino también para proteger los recursos naturales y el bienestar de las futuras. Este 16 de octubre, todos estamos llamados a ser parte de la solución.
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¿Comodidad para el consumidor o el inicio de una dependencia alimentaria?
Las uvas sin semillas, las sandías que prescinden de ellas y otras frutas desarrolladas para facilitar su consumo despiertan una pregunta que va más allá de la comodidad en la mesa: ¿qué ocurre cuando los alimentos que comemos dejan de ofrecer semillas capaces de reproducirlos por los métodos tradicionales?
En redes sociales y espacios de discusión sobre alimentación circula una teoría conspirativa que advierte sobre un posible futuro en el que unas cuantas empresas multinacionales podrían controlar las semillas necesarias para producir frutas, obligando a los agricultores a comprarlas una y otra vez. La hipótesis plantea un escenario inquietante: que la producción de alimentos quede cada vez más concentrada en manos de quienes poseen la tecnología, las variedades comerciales y los derechos de propiedad intelectual.
Aunque no existen pruebas suficientes para afirmar que la comercialización de frutas sin semillas forme parte de un plan coordinado para controlar la alimentación mundial, la preocupación conduce a un debate real y relevante: ¿quién controla las semillas y qué tan independientes son los productores de los alimentos que cultivamos y consumimos?
¿Por qué cada vez encontramos más frutas sin semillas?
La presencia de frutas sin semillas en los supermercados no es una novedad reciente ni responde necesariamente a una estrategia de control alimentario. Su desarrollo está relacionado principalmente con la investigación agrícola, la selección genética y la demanda de productos más cómodos para consumir.
Las uvas sin semillas, por ejemplo, se han popularizado porque facilitan su consumo como refrigerio. En el caso de las sandías sin semillas, se utilizan técnicas de mejoramiento que producen frutos con semillas sin desarrollar, pequeñas y blandas, en lugar de las semillas duras habituales. Su producción requiere semillas especiales y un manejo agrícola específico.
Sin embargo, hay una diferencia fundamental entre producir una fruta sin semillas viables y controlar la capacidad de reproducir una variedad vegetal. Son cuestiones relacionadas, pero no equivalentes.
Foto: Uva sin semilla
Muchas frutas comerciales sin semillas no pueden reproducirse mediante la siembra de sus propias semillas porque estas no existen, no son viables o no conservan las características de la variedad original. Para mantener esas variedades, los productores recurren a técnicas como el injerto, los esquejes u otros métodos de propagación vegetativa.
Por ello, una fruta sin semillas no significa automáticamente que una empresa sea propietaria de su reproducción. Lo que sí puede ocurrir es que el agricultor dependa de proveedores especializados para adquirir plantas, material de propagación o semillas destinadas a producir ese tipo de fruta.
El verdadero debate: ¿quién controla las semillas?
La teoría conspirativa plantea que, si los consumidores se acostumbran a comprar frutas sin semillas, las siguientes generaciones perderán la posibilidad de reproducirlas por cuenta propia. En ese escenario hipotético, las empresas que controlen las variedades comerciales podrían obtener beneficios recurrentes mediante la venta de semillas, plantas o licencias.
No hay evidencia suficiente para afirmar que la expansión de las frutas sin semillas tenga ese propósito deliberado. No obstante, la concentración empresarial en el mercado de semillas y la protección de determinadas variedades vegetales sí son fenómenos documentados.
Un análisis publicado en Annual Review of Resource Economics en 2020 examinó la concentración de los mercados de semillas y biotecnología agrícola, así como las consecuencias de las fusiones y adquisiciones de grandes compañías. El estudio advierte que la concentración varía según el cultivo y el país, y que es particularmente elevada en determinados mercados de características biotecnológicas.
Este escenario plantea interrogantes importantes para la agricultura: ¿qué sucede cuando los pequeños productores tienen menos opciones para conseguir semillas?, ¿qué ocurre si una variedad tradicional deja de cultivarse porque el mercado privilegia productos comerciales específicos?, ¿cuánto poder de negociación conserva un agricultor cuando depende de pocos proveedores?
Estas preguntas no requieren recurrir a una conspiración para ser relevantes. Se relacionan directamente con la competencia económica, la biodiversidad agrícola y la soberanía alimentaria.
Semillas patentadas y variedades protegidas: ¿cuál es la diferencia?
Es importante distinguir entre una semilla que no puede germinar, una variedad híbrida, una variedad protegida por derechos de obtentor y una semilla genéticamente modificada. No son conceptos equivalentes.
Frutas sin semillas viables: no permiten obtener una nueva planta mediante la siembra de semillas funcionales del fruto.
Semillas híbridas: pueden producir cultivos con características específicas, pero la descendencia obtenida al guardar y volver a sembrar sus semillas puede ser menos uniforme y no conservar las mismas cualidades.
Variedades protegidas: pueden estar sujetas a derechos legales que regulan determinadas formas de reproducción, producción o comercialización.
Semillas de variedades tradicionales: pueden conservarse e intercambiarse en determinados contextos, contribuyendo a mantener la diversidad agrícola, de acuerdo con las características de cada cultivo y la legislación aplicable.
El Servicio Nacional de Inspección y Certificación de Semillas de México explica que el derecho de obtentor puede conceder derechos exclusivos temporales sobre la explotación de determinadas variedades vegetales. También reconoce excepciones y contempla el llamado privilegio del agricultor en ciertos supuestos.
Foto: Milpa de México
Por tanto, no todas las semillas están bajo el control exclusivo de grandes empresas, ni todas las frutas que se venden en el mercado responden al mismo modelo productivo.
El riesgo que merece atención es la pérdida de alternativas: que los agricultores dispongan de menos variedades, que disminuyan las redes locales de intercambio o que el acceso a determinados materiales de cultivo dependa cada vez más de un número reducido de proveedores.
México y la importancia de conservar las semillas tradicionales
En México, hablar de semillas significa hablar de cultura, historia y gastronomía. Las variedades nativas de maíz, frijol, chile, calabaza y otros cultivos forman parte de sistemas agrícolas que han sido conservados y adaptados durante generaciones.
La diversidad de estos cultivos contribuye a la riqueza de las cocinas regionales y permite mantener ingredientes con características particulares de sabor, textura, color y comportamiento culinario.
Cuando una comunidad conserva semillas, no solo resguarda material para futuras siembras: también mantiene conocimientos sobre los ciclos agrícolas, las condiciones del suelo, las lluvias y las formas de aprovechar los alimentos.
Foto: Agricultores mexicanos
La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) reconoce la importancia de fortalecer los sistemas comunitarios de semillas y las capacidades de los agricultores para multiplicarlas y conservarlas.
La desaparición de una variedad local puede tener consecuencias que van más allá del campo. Si se pierde un ingrediente tradicional, también puede modificarse la disponibilidad de ciertos productos en mercados, cocinas familiares y restaurantes que mantienen recetas regionales.
Por eso, conservar la diversidad agrícola es también una manera de proteger el patrimonio gastronómico.
¿Debemos pedir frutas con semillas?
Foto: Frutos con semilla
La recomendación de preferir frutas con semillas tiene sentido como una forma de visibilizar la diversidad de los alimentos y recordar que la reproducción vegetal es un tema importante para la soberanía alimentaria. Sin embargo, conviene evitar la idea de que comprar cualquier fruta con semillas garantiza que podremos producir nuevos árboles.
En especies como el manzano, el aguacate y los cítricos, una planta obtenida de semilla puede tardar años en producir y no necesariamente ofrecer frutos iguales a los de la planta original. En la producción comercial, los injertos y otros métodos de propagación permiten conservar características deseables.
Por ello, si el objetivo es contribuir a la conservación de variedades y a la autonomía agrícola, hay medidas más efectivas que limitarse a elegir frutas con semillas:
Comprar frutas de temporada y variedades locales. Cuando sea posible, preguntar por su origen y por las variedades tradicionales disponibles.
Apoyar a productores locales. Los mercados de productores y las iniciativas agroecológicas pueden ayudar a mantener cultivos diversos.
Buscar semillas viables de variedades tradicionales. Si se desea cultivar alimentos, conviene adquirir semillas identificadas y adecuadas para la reproducción, en lugar de asumir que todas las semillas de una fruta comercial servirán.
Conservar e intercambiar semillas de manera responsable. Las redes comunitarias y los bancos de semillas pueden contribuir a preservar variedades adaptadas a las condiciones locales.
Informarse sobre el origen de los alimentos. Conocer las prácticas agrícolas, los proveedores y los sistemas de producción ayuda a tomar decisiones de consumo más conscientes.
La elección de frutas con semillas no debe convertirse en una regla absoluta ni en motivo de alarma. Las frutas sin semillas también pueden formar parte de una alimentación saludable y su comercialización no demuestra, por sí misma, una intención de controlar la producción mundial de alimentos.
La cuestión central es mantener la diversidad y garantizar que los productores tengan acceso a distintas opciones para cultivar.
La soberanía alimentaria comienza mucho antes de llegar a la mesa
El debate sobre las frutas sin semillas nos recuerda que los alimentos no son únicamente productos que compramos en un supermercado. Detrás de cada pieza de fruta existe una cadena que involucra a agricultores, investigadores, proveedores de semillas, distribuidores y empresas comercializadoras.
La comodidad del consumidor puede impulsar innovaciones útiles, pero también es necesario preguntarse qué consecuencias tienen las decisiones de producción sobre la biodiversidad, los pequeños agricultores y la capacidad de las comunidades para cultivar sus propios alimentos.
No hay pruebas de que las frutas sin semillas formen parte de un plan secreto para monopolizar la alimentación mundial. Sin embargo, la concentración del mercado de semillas y la dependencia de determinados proveedores son asuntos reales que merecen vigilancia, investigación y discusión pública.
La verdadera defensa de la soberanía alimentaria no consiste en rechazar todas las frutas sin semillas, sino en evitar que la diversidad de nuestros alimentos y la capacidad de producirlos queden reducidas a unas cuantas opciones comerciales.
En un país con la riqueza agrícola y gastronómica de México, apoyar a los productores, preservar las variedades nativas y promover el conocimiento sobre las semillas es una forma concreta de proteger el futuro de nuestra alimentación.
Porque una fruta puede disfrutarse en unos cuantos bocados, pero la historia de su semilla puede determinar lo que cultivaremos y comeremos durante generaciones.
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