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El pozol: bebida ancestral del sureste

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Hace muchos años, en los exuberantes territorios de Tabasco, el cacao y el maíz se fusionaron para dar vida a una de las bebidas más originales del país: el pozol.

El pozol, como aún se le conoce, está hecho con masa de maíz, cacao molido y otros ingredientes a los que se agrega agua fría. La tradición en Tabasco dice que debe colarse y servirse en jícaras labradas en Jalpa de Méndez, en Centla o Zapata. Los habitantes costeros suplen las jícaras con cubiertas de los cocos en los que se sirve el pozol para mitigar la sed bajo las palmeras que danzan al silbido del viento.

Quienes preparan el pozol saben de la tradición. En un reciente recorrido por la ciudad de Villahermosa, Tabasco, nos encontramos con el señor Adelfo González, quien nos ilustró acerca de su elaboración en una pequeña pozolería de nombre “Todo lo que tiene Tabasco”.

A temprana hora del día, con ayuda del señor Armando Martínez Carvajal, ponen a cocer cuatro botes de maíz durante dos horas para obtener seis botes de nixtamal que son pasados a los molinos donde otras personas atienden la molienda del cacao. Molido el nixtamal y el cacao se mezclan en una sola masa, esto constituye el pozol. El cliente puede pedir la masa del pozol por kilo o la bebida en jarra ya preparada. Quienes prefieren comprar masa tienen la opción de hacer memelas, tamales, dulces, empanadas o panuchos.

Rosa Ramírez Álvarez y Johana Peña Sánchez atienden los molinos, amasan y dan forma a las empanadas y panuchos. Rosa María Sánchez León se encarga de freírlos. Con la satisfacción de su laboriosa actividad envuelta de vapor de nixtamal, olor y sabor del cacao, vainilla y otros ingredientes, nos cuentan que les da gusto hacer el pozol porque pertenece a una tradición en Tabasco, sobre todo en Villahermosa.

Emilio Sánchez Santos, dependiente de la pozolería, agrega: “En bebida se puede comprar el pozol natural. También se prepara la bebida especial que es la mezcla del pozol con otros ingredientes como cacao, leche, horchata y vainilla. Para comer aquí, están los antojitos como panuchos, platanitos rellenos y dulces regionales de coco con panela, coco con piña o con papaya”. En efecto, una mirada por la pozolería nos condujo a descubrir la exposición de panuchos, empanadas y dulces: coco con piña, coco con panela, dulces de panela, dulces de papaya grande y chica que en Villahermosa llaman “oreja de mico”. Esta variedad ha servido para atraer la atención de los consumidores y rememorar los orígenes del pozol agrio.

En la época prehispánica, el pozol fue muy apreciado entre los antiguos habitantes de estas tierras por ser un nutriente de resistencia para los viajeros indígenas. Éstos sabían de su importancia porque alimentaba, mitigaba la sed en estas zonas de mucho calor y perduraba sin echarse a perder. Su preparación requería de las virtudes culturales y la sapiencia de las mujeres quienes elaboraban el pozol en sus piedras de moler.

Por las famosas rutas de agua, por las zonas selváticas y en los caminos reales del sureste mexicano, el viajero indígena llevaba como todo alimento algunas tortillas de maíz y pozol. En viajes largos, la masa del pozol combinada con agua fue sustituida por el pinole que solían llevar consigo.

El pozol no era exclusivo para viajeros. Era un alimento que no faltaba en el hogar. Para salir a trabajar en sus tierras de cultivo distantes de sus casas, las familias indígenas, antes del amanecer, ya estaban en camino llevando consigo el pozol que era consumido en el transcurso de una o varias jornadas.

En diversos escritos de la época colonial, los europeos que anduvieron por estas tierras dieron cuenta del pozol como bebida agria de los indios que los hacía resistentes al calor. Hacia 1579, en las Relaciones Histórico-Geográficas de la Alcaldía Mayor de Tabasco se hace referencia a la bebida tabasqueña y consigna lo siguiente: “Tenían por costumbre, especial los indios chontales, no comer sino sólo beber, y si comían era muy poco, y bebían una bebida que se hace de la moneda suya, que es el cacao, de suerte que se hace un brebaje algo espeso, el cual es grande mantenimiento, y asimismo otro de maíz cocido que se dice pozol… hacen alguno de esto acedo para beber con las calores, porque es fresco y esto es lo más sano” (citado por Mario Humberto Ruz en Tabasco Histórico. Memoria vegetal, Gobierno del Estado de Tabasco, México, 2001, p. 67).

En otros lugares del sureste como Chiapas y Oaxaca se apreció el valor alimenticio del pozol. Sobre los usos del cacao en Oaxaca y en referencia al pozol, por el año de 1763, en su Diario del viaje a la Nueva España, Francisco de Ajofrín escribió: “En esta provincia usan los indios de una bebida que llaman pozol, compuesta de cacao y maíz con algunos otros ingredientes, de que hacen una masa blanca que beben desleída en agua fría y tiene un agrito no desapacible. Llevan esta masa en los caminos con algunas tortillas de maíz, que es toda su prevención para viajar” [Francisco de Ajofrín, Diario del viaje a la Nueva España, Heriberto Moreno (ed.), México, SEP, pp. 169-170].

Pero no sólo los hispanos llegaron a escribir acerca del pozol. También los piratas holandeses, ingleses y franceses que durante la Colonia asediaron este territorio, lo conocieron. Dejemos que sea el famoso pirata inglés William Dampier quien nos hable de los indios y el pozol hacia 1680: “Si viajan dos o tres días cargan con un poco de este maíz molido, envuelto en una hoja de plátano, y con guaje a la cintura para hacer su bebida; no se preocupan más por vituallas hasta que vuelven a casa. Esto se llama posol; poorsoul para los ingleses. Es de tanta estima {…} que nunca falta en sus casas” (citado por Mario Humberto Ruz en Un rostro encubierto: los indios del Tabasco colonial, p. 110).

Hoy en día, en las calles de Tabasco, a la sombra de casas y árboles o en los andares pueblerinos es posible ver que los lugareños, e incluso algunos viajeros, mitigan su sed con el pozol.

Territorio de fiestas y tradiciones donde se baila el pochó, el caballito blanco, los blanquitos o para escapar de saurios y felinos u otras representaciones festivas, la bebida del pozol continuará siendo otro fuerte distintivo en las celebraciones tabasqueñas. Sea fiesta o no, a la sombra o bajo el sol, la gente del lugar disfruta del pozol como bebida refrescante.

Cuando el sol derrite su esplendor sobre el edén y comienza a sofocarnos, es hora de escudriñar con la mirada alrededor hasta encontrar a la persona que vende las aguas y pedir una bebida de persistencia cultural, agua fresca de pozol que se bebe a la salud de la tradición.

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Alimentos

El chile negro ahumado

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Foto: Chile negro ahumado en polvo

El sabor intenso que conquista la gastronomía tradicional mexicana

En el vasto universo de los chiles mexicanos, existe un ingrediente que destaca por su aroma profundo, su color oscuro y su extraordinaria capacidad para transformar cualquier platillo: el chile negro ahumado. Más que un simple condimento, este producto representa una tradición culinaria transmitida de generación en generación, donde el fuego, el humo y el tiempo convierten un chile fresco en un ingrediente de gran personalidad.

Hoy, chefs, cocineras tradicionales y amantes de la gastronomía reconocen al chile negro ahumado como uno de los grandes tesoros de la cocina mexicana.

Una tradición nacida del humo

El chile negro ahumado se obtiene mediante un proceso artesanal en el que diversas variedades de chile son secadas lentamente con humo de leña. Dependiendo de la región del país, pueden emplearse chiles como el jalapeño, serrano o incluso variedades locales que adquieren características únicas durante el ahumado.

Foto: Diversas variedades de chile

El proceso puede durar varios días, durante los cuales el chile pierde humedad mientras absorbe los aromas de maderas como encino, mezquite o roble. El resultado es un fruto de color negro o café muy oscuro, con una piel arrugada y un aroma inconfundible que combina notas dulces, terrosas y ligeramente amaderadas.

Cada productor imprime su propio sello al proceso, por lo que no existen dos chiles negros ahumados exactamente iguales.

Un ingrediente con identidad mexicana

Aunque el chile chipotle es probablemente el chile ahumado más conocido del país, diversas regiones de México elaboran sus propias versiones de chile negro mediante técnicas tradicionales.

Estados como Oaxaca, Veracruz, Puebla, Hidalgo, Chiapas y algunas zonas del norte del país conservan métodos ancestrales de secado y ahumado que forman parte de su patrimonio gastronómico.

En muchas comunidades rurales, el ahumado continúa realizándose en hornos de adobe o pequeñas construcciones de madera donde el control del fuego depende completamente de la experiencia del productor.

El secreto detrás de su sabor

El chile negro ahumado ofrece un perfil sensorial complejo que difícilmente puede ser sustituido.

Entre sus principales características destacan:

  • Aroma intenso con notas de leña.
  • Picor moderado en la mayoría de las variedades.
  • Ligero dulzor natural desarrollado durante el secado.
  • Toques terrosos y especiados.
  • Gran persistencia en boca.

Gracias a estas cualidades, basta una pequeña cantidad para aportar profundidad y carácter a una preparación.

Presencia en la cocina mexicana

Foto: Chile negro ahumado en polvo

El chile negro ahumado es un ingrediente muy versátil que puede utilizarse entero, hidratado, molido o en pasta.

Es frecuente encontrarlo en:

  • Moles tradicionales.
  • Adobos.
  • Salsas tatemadas.
  • Marinados para carnes.
  • Barbacoa.
  • Mixiotes.
  • Caldos regionales.
  • Frijoles de olla.
  • Tamales.
  • Guisos con cerdo o res.

También ha encontrado un lugar importante en la cocina contemporánea, donde chefs mexicanos lo incorporan en mantequillas compuestas, aceites infusionados, mayonesas, vinagretas, chocolates, panes artesanales e incluso coctelería de autor.

Un aliado para la cocina de autor

La alta gastronomía ha redescubierto el valor del chile negro ahumado gracias a su capacidad para aportar complejidad sin ocultar los sabores principales del platillo.

Su intensidad aromática combina especialmente bien con ingredientes como:

  • Cacao.
  • Café.
  • Hongos.
  • Maíz criollo.
  • Quesos maduros.
  • Cordero.
  • Pato.
  • Atún.
  • Pulpo.
  • Verduras rostizadas.

Esta versatilidad ha convertido al chile negro en un ingrediente apreciado tanto por cocineros tradicionales como por chefs de cocina de vanguardia.

Patrimonio gastronómico que merece preservarse

El chile negro ahumado es mucho más que un producto alimenticio. Representa conocimientos agrícolas, técnicas ancestrales y una relación íntima entre el productor y el territorio.

Su elaboración requiere paciencia, experiencia y respeto por los tiempos naturales, elementos que hoy cobran especial relevancia frente a los procesos industriales.

Promover su consumo significa también apoyar a pequeños productores, preservar variedades locales de chile y mantener viva una tradición que forma parte de la riqueza culinaria de México.

Un sabor que cuenta historias

Cada chile negro ahumado guarda el aroma de la leña, el trabajo de las comunidades y siglos de historia gastronómica. Su presencia en una receta no solo aporta intensidad y profundidad al sabor, sino que conecta cada platillo con las raíces culinarias del país. En una época en la que la cocina mexicana sigue conquistando al mundo, este ingrediente artesanal demuestra que los sabores más memorables nacen de la tradición, la paciencia y el conocimiento heredado de generación en generación.

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Alimentos

El PIXTLE

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Foto: Pixtle semilla del mamey

La semilla del mamey que perfuma la memoria de México

Hay ingredientes que pasan desapercibidos hasta que alguien les pone nombre. El pixtle es uno de ellos: la semilla del mamey, también llamada “hueso”, y una pequeña cápsula de memoria culinaria que conecta la cocina actual con saberes de origen náhuatl. Su nombre proviene de pixtli o pitztli, palabra que alude al hueso o la semilla, y su sabor recuerda a la almendra tostada con un dulzor suave, delicado y persistente.

Origenes prehispánicos

Aunque muchos lo conocen apenas como el centro duro del fruto, el pixtle ha tenido un lugar propio en la cocina tradicional desde tiempos prehispánicos. En distintas regiones de México se hierve, se ahúma, se seca o se ralla para incorporarlo a bebidas y preparaciones que llevan consigo una carga de identidad local.

El corazón oculto del mamey

Basta partir el mamey para encontrarlo: una semilla oscura, lisa y robusta, encerrada en la pulpa naranja rojiza del fruto. La mayoría se queda con la carne dulce del mamey, pero el pixtle conserva otra parte de la historia: una que se transforma con el fuego, el agua o el tiempo.

Foto: El Pixtle hueso de Mamey

En la sierra de Puebla, por ejemplo, se usa en pixtamales y en enchiladas; en Oaxaca, aporta aroma, textura y espuma a bebidas como el tejate o al chocolate; y en otras preparaciones se deja secar para rallarlo y convertirlo en agua de pixtle o en una base de sabor con notas suaves de nuez.

Un ingrediente con herencia

Hablar del pixtle es hablar de cocina, pero también de continuidad cultural. Su uso refleja una manera de entender los alimentos en la que nada se desperdicia y cada parte del fruto puede tener un destino distinto, útil y valioso.

“El pixtle no es solo la semilla del mamey: es una huella comestible de la memoria mexicana.”

Esa versatilidad explica por qué el pixtle sigue apareciendo en mesas, mercados y recetas regionales: no como una curiosidad, sino como un ingrediente vivo que resiste el olvido. En él, el mamey no termina; apenas cambia de forma.

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Alimentos

Se recupera el acceso de azúcar mexicana al mercado de EUA

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Estados Unidos estima oficialmente una necesidad de azúcar mexicana hasta del 512%

Como resultado del diálogo con las autoridades estadounidenses instruido por la Presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, México ha logrado que Estados Unidos inicie la regularización del acceso de la industria azucarera y de los productores de caña de azúcar mexicanos, al mercado estadounidense.

El Departamento de Agricultura de los Estados Unidos (USDA) estimó que requerirá importar hasta 1,152,000 toneladas de azúcar mexicana en el ciclo 2026-2027, una cantidad 512 por ciento superior a la estimación del ciclo 2025-2026.  Ello, según el último informe “Estimaciones de la Oferta y la Demanda Agrícola Mundial”, publicado por USDA el 10 de julio de 2026.  Estas nuevas condiciones permitirán un aumento potencial de hasta 4,760 millones de pesos pagados por la industria azucarera a los productores de caña mexicanos en la próxima temporada.

El diálogo con Estados Unidos que condujo a este positivo resultado se inició en noviembre del año pasado, durante la visita que hizo la secretaria de Agricultura estadounidense Brooke Rollins, a la Presidenta Claudia Sheinbaum Pardo.

Este resultado confirma que por la vía del diálogo es posible construir acuerdos importantes en beneficio de las y los productores agrícolas y de las y los consumidores de alimentos de México y de Estados Unidos.

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