Existía en la medicina antigua una “teoría del signo” que afirmaba que las plantas, animales o minerales tenían presente ciertos signos que aludían a sus virtudes.
De hecho, de la Historia Natural de Plinio, recalca que en la medicina popular de su tiempo los órganos de los animales eran usados para tratar los males de los órganos equivalentes en los humanos. No tenía que ser la misma identidad de función entre el remedio y el órgano a tratar, solamente debía de haber alguna señal visual que lo indicara. Hay también variantes verbales que indican un signo en asociación con el nombre de lo que se va a tratar. En está ocasión ahondaremos sobre los productos de la naturaleza que tienen una semejanza con algún órgano del hombre.
En primer lugar está el asombrante parecido de las nueces con el cerebro humano, la nuez tiene dos partes iguales como el hemisferio derecho e izquierdo, además ambos están compuestos en un 68% de grasa. La grasa que contienen las nueces tiene un alto contenido de omega 3, la grasa que permite la lubricación en el funcionamiento del cerebro humano. Estudios han demostrado que mejora la memoria y reduce el riesgo de padecer demencia.
El vino tinto y la sangre son el segundo de la lista y es que desde hace cientos de años tiene la buena reputación de disminuir el riesgo de enfermedades cardiovasculares. El vino tinto contiene resveratrol, un antioxidante que protege las células sanguíneas y plaquetas.
La similaridad de los huesos y el apio tampoco parece ser una coincidencia, pues los investigadores dicen que tanto el apio como los huesos se componen en un 23% de sodio. Además el apio permite que la estructura celular de los huesos y los niveles de magnesio y calcio se alineen para que los huesos estén fuertes.
Los frijoles en algunos lugares son llamados frijoles riñones, pues su forma es muy parecida a la de este órgano. Este alimento es considerado uno de los más ricos en propiedades nutricionales. Contienen mucha fibra que ayuda a prevenir el estreñimiento. Además si comes suficiente magnesio y potasio, puedes evitar cálculos en los riñones.
La hierba fresca del perejil tiene un gran parecido a nuestras conexiones neuronales. Es una de las hierbas más saludables ya que contiene vitamina C y K que son de gran ayuda para el sistema nervioso. Así que no solo sirve para adornar el plato es un gran ingrediente..
Por último agregaremos a la lista el acelga que parece tener arterias que se distribuyen por su verde cuerpo. El acelga posee antioxidantes como la betalaína que son los responsables de que las venas estén limpias y libres de radicales libres. Es una de las razones por la que se recomienda tomar ese jugo verde en la mañana, pues te ayudan a mantener un saludable flujo sanguíneo en el cuerpo y a aumentar la cantidad de sangre.
Ahora ya sabes, las formas de la naturaleza nos pueden decir más de lo que creemos.
Foto: Guacamole terrorífico en calabaza /Cortesía / Fundación Herdez
Elige tu receta favorita y que empiece el susto.
Si bien en nuestro país celebramos el Día de Muertos, hemos incorporado también la fiesta de Halloween, el 31 de octubre. Esta festividad de origen celta es la contracción en inglés de All Hallows’ Eve (Víspera de Todos los Santos) y que actualmente se asocia a la cultura popular con disfraces, calabazas talladas y las visitas de casa en casa pidiendo dulces.
Y para esas reuniones que se realizan en esta época, Fundación Herdez te comparte en su sitio web nueve espeluznantes recetas. En estas encontrarás desde la bebida hasta el postre, para asustar y consentir a tus invitados. Aquí te dejamos una probada:
Cantarito Sangría “Pura tentación”
Foto: Cortesía / Fundación Herdez
Dificultad: Fácil
Porciones: 1 vaso (350 ml)
Tiempo de preparación: 50 min
Ingredientes
Escarchado
Chamoy de tamarindo
Chamoy en polvo Chilim Balam
Jarabe concentrado de tés
¼ de tza. de agua
¼ de tza. de azúcar orgánica Aires de Camp
1 sobre de té de canela
1 sobre de té de limón
1 sobre de té de jengibre
Base de la sangría
½ oz de tequila 1800 Cristalino
1 oz de jarabe de infusión de tés
50 ml de jugo fresco de mandarina
50 ml de jugo fresco de toronja
Vino rosado al gusto
Hielo al gusto
Elementos de decoración
½ rodaja de toronja
1 rodaja de mandarina cortada en 4 partes
1 fresa cortada en cubitos finos
1 fresa dividida longitudinalmente a la mitad
Preparación
Jarabe de infusión
Hervir el agua con los sobres de té McCormick e infusionar 10 minutos.
Añadir azúcar y cocinar a fuego medio hasta disolver y espesar ligeramente.
Retirar del fuego y enfriar a temperatura ambiente.
Montaje y presentación
Escarchar el borde exterior de la copa pasándolo primero por el chamoy de tamarindo y después por el chamoy en polvo.
Agregar hielo al gusto dentro de la copa.
Incorporar el tequila, los jugos de mandarina y toronja, y el jarabe de infusión ya preparado.
Incorporar de forma gradual el vino rosado, integrando suavemente con la cuchara de bar con movimientos envolventes.
Añadir al interior de la copa la media rodaja de toronja, los trozos de mandarina y los cubos de fresa.
Como detalle temático, hacer un pequeño corte en la base ancha de cada mitad de fresa y fijarlas en el borde del vaso con las puntas hacia arriba para formar los cuernos.
Guacamole terrorífico en calabaza
Foto: Cortesía / Fundación Herdez
Dificultad: Fácil
Porciones: 1 kg
Tiempo de preparación: 30 min
Ingredientes
1 calabaza de castilla pequeña
4 aguacates maduros
½ cebolla morada picada finamente
2 jitomates en cubos pequeños y despepitados
¼ tza. de cilantro fresco picado
El jugo de 2 limones
1 lata de granos de elote Herdez®
Sal al gusto
Pimienta al gusto
Preparación
Para la calabaza
Retirar la parte superior de la calabaza para extraer la tapa y retirar con cuidado todas las semillas y fibras del interior.
Utilizando un cuchillo afilado, dibujar los ojos y la boca.
Para el guacamole
Colocar la pulpa de los aguacates en un tazón y triturar con ayuda de un tenedor hasta obtener la textura deseada.
Agregar el jitomate, la cebolla, el cilantro y el jugo de limón; sazonar al gusto con sal y pimienta mezclando de manera envolvente.
Montaje y presentación
Colocar la calabaza ya tallada en el centro de un plato o charola.
Esparcir los granos de elote sobre la base del plato para formar una capa.
Servir el guacamole directamente desde la apertura de la boca para simular que brota de la calabaza.
*Todas las recetas fueron desarrolladas por el chef Leonardo Vargas y las practicantes Ximena Rejón y Ximena García.
¿Las grandes cadenas están desplazando a las taquerías tradicionales de México?
Durante décadas, las taquerías de barrio han sido mucho más que establecimientos para comer. Son puntos de encuentro, referentes de identidad local y espacios donde cada colonia reconoce sus propios sabores. Sin embargo, ante la expansión de las grandes cadenas de tacos y la estandarización de la oferta gastronómica, surge una hipótesis que merece atención: ¿estamos presenciando una especie de gentrificación gastronómica protagonizada por las taquerías?
Podríamos llamarla gentrificación, o mejor dicho; gastrificación taquera: un fenómeno en el que la proliferación de establecimientos con modelos comerciales estandarizados amenaza con restar espacio, visibilidad y oportunidades a las taquerías tradicionales, aquellas que durante años construyeron su reputación taco a taco.
La taquería de la esquina: un patrimonio cotidiano
Foto: Puestos / Locales rústicos de alimentos tradicionales de México
Quienes han crecido en las colonias de México probablemente recuerdan una taquería en particular. Tal vez era el puesto de la esquina, el pequeño local que abría hasta la madrugada o el negocio familiar donde el dueño conocía a sus clientes por su nombre.
En esos lugares, los tacos tenían una personalidad propia. El sabor dependía de la marinada, la preparación de la carne, el punto de cocción, las tortillas, las salsas y hasta de los secretos culinarios que pasaban de una generación a otra.
No necesariamente eran establecimientos elegantes ni tenían grandes campañas publicitarias. Su principal carta de presentación era la recomendación de boca en boca y una relación construida con los vecinos.
Además, solían ofrecer algo fundamental para la economía cotidiana: comida accesible, preparada al momento y adaptada a los gustos de su comunidad.
La taquería tradicional no vendía únicamente tacos; también ofrecía identidad, memoria y pertenencia.
Pero ¿qué sucede cuando ese negocio comienza a competir con establecimientos respaldados por grandes inversiones, campañas publicitarias, aplicaciones de entrega y modelos de expansión que les permiten abrir sucursales en distintos puntos de una ciudad?
¿Qué es la gastrificación taquera?
Foto: Taquería de Cadena
La expresión gastrificación taquera puede plantearse como una hipótesis de análisis cultural y económico. No es un concepto académico consolidado ni un fenómeno cuya existencia generalizada esté demostrada, pero permite explorar una transformación posible dentro del paisaje gastronómico mexicano.
La idea parte de una comparación con la gentrificación urbana. Este último término suele utilizarse para describir procesos de transformación de barrios en los que la llegada de nuevas inversiones, negocios y consumidores con mayor poder adquisitivo puede contribuir al encarecimiento de la zona y al desplazamiento de sus habitantes o comercios originales.
En el ámbito de las taquerías, la hipótesis propone una dinámica semejante, aunque no idéntica: la expansión de modelos comerciales de tacos que, por su capacidad de inversión, promoción y reproducción operativa, pueden ganar terreno frente a negocios tradicionales con menos recursos para competir.
El problema no sería simplemente que existan muchas taquerías, ni que una marca abra nuevas sucursales. La cuestión sería determinar si el crecimiento de ciertas cadenas reduce la diversidad de opciones, desplaza a los pequeños comerciantes o transforma la relación de una comunidad con su comida cotidiana.
En otras palabras, no se trata de afirmar que toda cadena perjudica a la gastronomía mexicana, sino de preguntarnos qué ocurre cuando la capacidad de vender a gran escala comienza a pesar más que la singularidad culinaria de cada establecimiento.
Cuando el modelo de negocio pesa más que el sabor
Las grandes cadenas suelen trabajar con procesos definidos para garantizar que un producto conserve características similares en todas sus sucursales. Sus recetas, porciones, tiempos de preparación, proveedores y procedimientos operativos buscan ofrecer una experiencia reconocible para el consumidor.
Este modelo tiene ventajas: facilita la expansión, permite mantener controles de calidad y puede ofrecer precios competitivos. También responde a las expectativas de clientes que buscan rapidez, comodidad y una experiencia predecible.
Sin embargo, desde una perspectiva gastronómica, surge una pregunta: ¿qué sucede con los sabores que dependen precisamente de las particularidades de cada cocinero y de cada establecimiento?
En una taquería independiente, la receta puede responder a años de experimentación, a una tradición familiar o a ingredientes de proveedores locales. La salsa puede cambiar según la temporada; la carne puede prepararse con una mezcla particular de especias, y las tortillas pueden tener características que distinguen al negocio de cualquier otro.
Cuando la lógica de la estandarización se convierte en el principal criterio de expansión, existe el riesgo de que la oferta termine pareciéndose demasiado entre sí.
No significa que la producción a gran escala produzca necesariamente tacos de menor calidad. Una cadena también puede ofrecer excelentes productos y respetar las tradiciones culinarias. La preocupación aparece cuando la uniformidad comercial desplaza la diversidad de recetas, técnicas e identidades locales.
El riesgo no es que todos los tacos sean iguales, sino que cada vez tengamos menos oportunidades de encontrar tacos diferentes.
¿Desaparecen las taquerías tradicionales?
Foto: Taquero de tacos de pastor tradicional en México
La desaparición de una taquería tradicional no suele obedecer a una sola causa. El aumento de las rentas (Gentrificación), el costo de los insumos, los permisos, la competencia, los cambios en los hábitos de consumo y la falta de relevo generacional pueden poner en dificultades a los pequeños negocios.
A estos factores se suma la capacidad de las cadenas para invertir en publicidad, posicionar su marca y operar en múltiples ubicaciones. Una empresa con recursos puede financiar promociones, negociar compras de grandes volúmenes y aprovechar sistemas de reparto y plataformas digitales.
Un negocio familiar, en cambio, puede depender de sus ventas diarias para cubrir la renta, pagar a sus trabajadores y comprar los ingredientes del siguiente día.
Si una cadena consigue atraer una parte importante de la clientela de una zona, la taquería de barrio podría enfrentar mayores dificultades. Si además desaparecen otros pequeños establecimientos, la colonia corre el riesgo de perder parte de su diversidad culinaria.
No obstante, es importante distinguir entre una hipótesis y una conclusión comprobada: para afirmar que las cadenas están desplazando sistemáticamente a las taquerías tradicionales en México, sería necesario estudiar la evolución de los establecimientos, sus cierres, las condiciones de renta, las ventas y la competencia en distintas colonias. La preocupación es válida, pero demostrar su alcance requiere datos.
De la comida popular a la marca comercial
La expansión de las cadenas también plantea una reflexión sobre la manera en que se presenta la gastronomía mexicana al público.
El taco es una preparación con una enorme diversidad regional. Cambia según el territorio, los ingredientes disponibles, las costumbres y las técnicas de cada comunidad. No existe una única manera de prepararlo ni una receta universal que represente toda su riqueza.
Sin embargo, cuando un producto se convierte en una marca diseñada para replicarse en numerosos establecimientos, la comunicación comercial puede terminar privilegiando una versión particular del taco: aquella que resulta más fácil de estandarizar, promocionar y comercializar.
El consumidor puede comenzar a identificar la categoría a través de las marcas con mayor presencia publicitaria, mientras que los negocios pequeños permanecen fuera de los reflectores, aunque tengan propuestas culinarias valiosas.
Esto abre una cuestión importante: ¿quién termina definiendo qué tacos representan a México? ¿Las comunidades que conservan sus tradiciones y desarrollan sus propias recetas o las empresas que tienen mayor capacidad para posicionar sus productos?
La respuesta no tiene por qué ser excluyente. Las cadenas forman parte de la evolución del mercado y también pueden contribuir a difundir la cultura taquera. El desafío consiste en evitar que su visibilidad comercial sea confundida con la totalidad de una tradición gastronómica mucho más amplia.
¿Estamos perdiendo sabor o solamente cambiando de hábitos?
La preferencia por las cadenas no necesariamente significa que los consumidores hayan dejado de valorar la autenticidad. En ocasiones, la elección responde a cuestiones prácticas: cercanía, horarios, rapidez, promociones, higiene percibida, comodidad o facilidad para pedir a domicilio.
También hay consumidores que disfrutan tanto de las cadenas como de los puestos tradicionales, sin considerar que una opción deba excluir a la otra.
Por eso, la hipótesis de la gastrificación taquera no debería convertirse en una condena generalizada a los negocios de franquicia. Su propósito es abrir una discusión sobre el equilibrio entre crecimiento comercial, diversidad culinaria y supervivencia económica de los pequeños establecimientos.
La pregunta central es si el mercado está ampliando las opciones disponibles o si, en determinadas zonas, está favoreciendo una oferta cada vez más uniforme mientras desaparecen alternativas que no pueden competir en las mismas condiciones.
Si el resultado es una ciudad con muchas sucursales, pero con menos recetas locales, menos negocios familiares y menos diferencias entre una colonia y otra, entonces el crecimiento de la oferta no necesariamente se traducirá en una mayor riqueza gastronómica.
¿Cómo evitar que la taquería de barrio se convierta en un recuerdo?
Foto: Taquería de barrio mexicano
La preservación de las taquerías tradicionales no depende únicamente de la nostalgia. También requiere reconocerlas como pequeños negocios que generan empleo, mantienen conocimientos culinarios y forman parte de la vida cotidiana de sus comunidades.
Algunas acciones pueden contribuir a su permanencia:
Consumir de manera consciente. Alternar las opciones comerciales con las taquerías independientes de la colonia y conocer sus propuestas.
Visibilizar los negocios locales. Compartir recomendaciones, fotografías e historias que permitan descubrir establecimientos fuera de los circuitos de publicidad masiva.
Valorar el trabajo culinario. Reconocer las técnicas, recetas propias, ingredientes y conocimientos que distinguen a cada taquería.
Facilitar la competencia. Promover condiciones que permitan a los pequeños negocios acceder a herramientas digitales, capacitación y canales de venta sin perder su identidad.
Documentar la memoria gastronómica. Registrar las historias de los taqueros, sus recetas y la evolución de los establecimientos que han marcado a sus comunidades.
La responsabilidad no debe recaer exclusivamente en el consumidor. Las condiciones económicas, las políticas locales y el acceso a recursos también influyen en la supervivencia de estos negocios.
Una reflexión para la gastronomía mexicana
La gastronomía mexicana no se construyó a partir de una sola receta, una sola marca ni un único modelo de negocio. Su riqueza proviene de la diversidad de ingredientes, técnicas, territorios y personas que han contribuido a transformarla a lo largo del tiempo.
Las grandes cadenas de tacos pueden formar parte de esa evolución. El problema surgiría si su expansión terminara reduciendo las oportunidades para que los pequeños establecimientos sigan existiendo y aportando sus propias interpretaciones de la cocina mexicana.
La taquería de la esquina representa mucho más que una opción económica para comer. Es un negocio que, en ocasiones, ha acompañado a una colonia durante décadas, ha creado empleos y ha conservado sabores que difícilmente pueden reproducirse exactamente en otro lugar.
Quizá dentro de algunos años sigamos encontrando tacos en prácticamente todas las calles, pero eso no garantizará que conservemos la misma diversidad de sabores y tradiciones.
Porque una ciudad puede tener cada vez más lugares donde comprar tacos y, al mismo tiempo, perder parte de su identidad taquera.
La pregunta no es si México necesita menos taquerías, sino si estamos construyendo un mercado donde puedan convivir las grandes cadenas y los pequeños negocios sin que la expansión de unos signifique la desaparición de otros.
Si la gastronomía es también memoria, cultura e identidad, proteger la diversidad de nuestras taquerías significa reconocer que el valor de un taco no siempre está en cuántas sucursales lo venden, sino en la historia, el conocimiento y la comunidad que hay detrás de él.
Artículo por: Tlacualchichihua
¡Agradecemos tu interés en leer este post y te invitamos a dejar un comentario o a compartir este post en tus redes sociales!
Del altar a la mesa, una tradición que también se saborea
Cada otoño, el intenso color naranja de la flor de cempasúchil anuncia la llegada del Día de Muertos en México. Sus pétalos iluminan las ofrendas, adornan las calles y forman caminos simbólicos para recibir a quienes ya no están. Sin embargo, esta flor emblemática de la cultura mexicana tiene otra faceta que merece descubrirse: también puede convertirse en un ingrediente para preparar platillos, bebidas y postres.
Su presencia en la cocina conecta la riqueza de la biodiversidad mexicana con la creatividad gastronómica contemporánea. Desde una crema caliente hasta una infusión aromática, el cempasúchil ofrece posibilidades culinarias que permiten llevar un símbolo de nuestras tradiciones directamente al plato.
Una flor con historia y sabor
Foto: Flor de Cempasúchil
El cempasúchil, cuyo nombre proviene del náhuatl cempōhualxōchitl QUE SIGNIFICA “veinte flores” o “varias flores”, se asocia tradicionalmente con el Día de Muertos y forma parte del patrimonio cultural y botánico de México. Además de su valor ornamental y ceremonial, algunas variedades de esta flor se utilizan como ingrediente culinario.
Sus pétalos pueden aportar matices herbales, ligeramente amargos y florales, por lo que conviene utilizarlos con moderación y combinarlos con ingredientes que equilibren su sabor. En la cocina, su color intenso también permite crear presentaciones atractivas, especialmente en preparaciones de temporada.
Eso sí, no todas las flores de cempasúchil que se venden para adornar altares son aptas para el consumo. Para cocinar, es indispensable utilizar flores identificadas como comestibles, cultivadas sin pesticidas ni otros productos químicos no autorizados para alimentos, y lavarlas cuidadosamente antes de usarlas.
¿Qué se puede preparar con la flor de cempasúchil?
Crema de cempasúchil
Foto: Crema de Cempasúchil
Una alternativa para comenzar una comida de temporada. Los pétalos se licúan con ajo, cebolla y caldo; después se incorporan leche evaporada, granos de elote y calabacitas. Se puede terminar con cubitos de queso panela y pétalos frescos comestibles.
Calabacitas a la mexicana con flor de cempasúchil
Foto: Guiso de calabacitas con flor de cempasúchil
El cempasúchil puede integrarse a un guiso de calabacitas, jitomate, cebolla, ajo y elote. Un poco de epazote ayuda a complementar los sabores y aporta un carácter muy mexicano al platillo.
Tacos, quesadillas y rellenos
Foto: Tacos y quesadillas con flor de Cempasúchil
Los pétalos pueden incorporarse a guisos de hongos, flor de calabaza, queso o verduras para preparar tacos y quesadillas. La clave está en emplearlos en cantidades moderadas para que su sabor floral no domine el resto de los ingredientes.
Atole de cempasúchil
Foto: Atole de Cempasúchil
Una bebida caliente ideal para los días frescos de octubre y noviembre. Se prepara una infusión con los pétalos, se cuela y se incorpora a una base de masa de maíz disuelta en agua. Puede endulzarse al gusto y aromatizarse con canela.
Infusión de cempasúchil
Foto: Infusión de cempasúchil
Una opción sencilla para explorar su aroma. Se hierven los pétalos comestibles en agua durante unos minutos, se cuela la preparación y se puede complementar con hierbabuena, unas gotas de limón y miel. No debe asumirse que esta bebida trata enfermedades por ser una preparación tradicional.
Helados y nieves artesanales
Foto: Nieve de Cempasúchil
Su color y aroma permiten experimentar con nieves de agua, helados cremosos y sorbetes. Puede elaborarse una infusión, colarla e incorporarla a la base elegida, cuidando que el sabor sea equilibrado.
Mermeladas y preparaciones dulces
Foto: Mermelada de Cempasúchil
Los pétalos también pueden utilizarse para experimentar con mermeladas, jarabes y salsas dulces. Combinados con frutas de sabor suave o cítricos, pueden aportar un perfil floral interesante para acompañar pan artesanal, yogur o postres.
Panadería y repostería
Foto: Pan con Flor de Cempasúchil
Una aplicación más experimental consiste en deshidratar los pétalos aptos para consumo, molerlos e incorporar pequeñas cantidades a masas de galletas, panes o bizcochos. También pueden utilizarse para decorar pasteles y otros productos de temporada.
Pulque Curado de Cempasúchil
El pulque de cempasúchil ya es una bebida de temporada vinculada con las celebraciones del Día de Muertos en México. Se conoce también como curado de cempasúchil y combina el pulque natural con los pétalos de esta flor.
Se licúan los pétalos con una pequeña cantidad de pulque y los ingredientes elegidos; después se cuela la mezcla y se integra con el resto del pulque. Es importante utilizar flores cultivadas para consumo alimentario, no las destinadas exclusivamente a decoración.
El potencial de la gastronomía mexicana
La utilización del cempasúchil en la cocina demuestra que las tradiciones mexicanas pueden conservar su significado y, al mismo tiempo, encontrar nuevas formas de expresión. Para restaurantes, panaderías, cafeterías y proyectos gastronómicos, esta flor representa una oportunidad de crear menús de temporada que conecten con la identidad cultural del país.
Foto: Detalles de emplatado comestibles de Flor de Cempasúchil
Su aprovechamiento también puede despertar el interés por los productores agrícolas y por ingredientes locales que, en ocasiones, se conocen principalmente por su función ornamental.
No se trata de sustituir el lugar que ocupa en las ofrendas, sino de reconocer que una misma flor puede tener distintas expresiones culturales: decorar un altar, inspirar una creación culinaria y recordarnos la relación que existe entre la tierra, la memoria y los alimentos.
En México, el cempasúchil no solo pinta de naranja el camino de los difuntos; también puede llenar de color y creatividad nuestra gastronomía.
Recomendaciones antes de cocinar con cempasúchil
Utiliza únicamente flores identificadas como comestibles y cultivadas para consumo alimentario.
Evita las flores ornamentales de procedencia desconocida, especialmente las vendidas para altares, ya que pueden contener residuos de pesticidas.
Emplea preferentemente los pétalos y retira la base blanca, que puede aportar amargor.
Lava y desinfecta la flor con un producto apto para alimentos, siguiendo las indicaciones de uso.
Comienza con pequeñas cantidades para evaluar su sabor y aroma.
Fuente de consulta recomendada: Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural. Puedes consultar su recetario de cempasúchil, elaborado en colaboración con productores y la Universidad Autónoma Chapingo.
¡Agradecemos tu interés en leer este post y te invitamos a dejar un comentario o a compartir este post en tus redes sociales!
You must be logged in to post a comment Login