Alimentos
Antojitos mexicanos
Publicado
3 años antesen
Es muy difícil resistirse a probar los innumerables antojitos mexicanos.
Además de sus exquisito sabor, nuestra comida posee una deliciosa tradición lingüística, porque el solo hecho de pronunciarla genera un gusto en la boca; si no, enumeremos unos cuantos de nuestros manjares: tamal, pambazo, pozole, chicharrón, tlacoyo, mole…
Los antojitos mexicanos no sólo son ricos en sabor, también son ricos en tradición. Es innegable que la cultura europea influyó en nuestra gastronomía, ya que con la llegada de los españoles, en nuestros alimentos se incluyeron ingredientes como trigo (harinas y pan), el centeno, olivo (aceite), lechugas, rábanos, espárragos, entre muchos otros. De no haberse dado el mestizaje y el proceso de la Conquista, en nuestra tradición culinaria no existirían las gorditas de chicharrón o los tacos de carnitas, no habría tortas de tamal, porque aunque ya eran preparados por los indígenas, aún no se concebía la preparación del pan para una torta. Lo importante es que nuestra comida actual está basada en la tradición prehispánica con las influencias y elementos que fueron llegando a nuestro continente.
Aquí dejamos una lista de platillos mexicanos que se sirven en festividades naciones como las del 15 de septiembre en México:
EL Pozole, un platillo para el emperador MOCTEZUMA
Hoy en día pocos pueden resistir la oportunidad de disfrutar un rico plato de pozole calientito, con carne de pollo, res o cerdo, lechuga, rábanos, limón y el toque tan particular del orégano. Este tradicional platillo es indispensable en noches mexicanas, como el 15 de septiembre, así como lo fue en su momento en la mesa de Moctezuma.

La palabra pozole viene del náhuatl pozolli, que significa espuma. Los antiguos mexicanos utilizaban granos de maíz grandes y blancos llamados cacahuazintle para preparar esta típica comida nacional. El pozole siempre ha sido parte de las grandes festividades, ya que de acuerdo con lo escrito por fray Bernardino de Sahagún en su Historia general de las cosas de la Nueva España, durante los ritos en honor al dios Xipe Tótec (señor desollador), a Moctezuma se le servía un pozole con un muslo de algún joven prisionero previamente sacrificado.
En el México de hoy existen distintas presentaciones del pozole. El rojo, por ejemplo, es preparado con chile, y es típico de Sinaloa y Jalisco; el verde, cocinado con tomate, es típico de Guerrero. También existen las versiones vegetarianas, en las que se sustituye la carne por hongos o champiñones e incluso hay quienes lo preparan con pescado o mariscos.
Los tamales y atole

Otro antojito mexicano, herencia de nuestro pasado prehispánico, es el tamal. Su nombre también viene del náhuatl tamalli, que significa envoltorios de maíz.
Siendo el maíz parte esencial de la alimentación de aquella época, los tamales se preparaban en la casa de cada familia indígena. En aquella época los tamales no eran rellenos ni existía la gran variedad que hay en la actualidad. Esta peculiaridad fue dándose con el paso del tiempo, por lo que hoy los comemos rellenos de pollo, frijol, mole, salsa verde o roja, rajas y no pueden faltar los de dulce.
Es difícil concebir un tamal sin atole. Esta bebida también tiene su origen en el México antiguo, aunque en aquella época sólo se tomaba atole blanco. Preparado a base de fécula de maíz, se dice que el entonces conocido como Atolli fue un alimento del gusto de los emperadores mexicas. Las crónicas de la época indican que cada quien lo pedía a su gusto; Moctezuma por ejemplo, lo degustaba endulzado con miel.
Los Tlacoyos

Tlahtlaoyotl también proviene del náhuatl. Este alimento se preparaba tal y como lo conocemos el día de hoy, con masa azul, pero sin algunos ingredientes como el queso; recordemos que en aquellos días no se conocían las vacas en este continente.
Este alimento se podía consumir en la zona de comida del gran mercado de Tlatelolco, de hecho se dice que fue ahí donde los probaron los españoles.
Para quienes no lo conocen, les diremos que el tlacoyo es una tortilla gruesa, ovalada y larga, la cual puede ir rellena de ingredientes como frijoles, habas, carne o requesón; a esta deliciosa tortilla la acompañamos, regularmente, con nopales, queso, chile y cebolla, además se caracterizan por el color azul del maíz.
Actualmente en algunos lugares como Puebla y Tlaxcala se les conoce como Tlatoyos.
Sopes y huaraches

También conocidos como pellizcadas, picadas o picaditas, los sopes son otro de los antojitos que datan de la época prehispánica y que se preparan con maíz. Los sopes consisten en una tortilla gruesa, originalmente frita con manteca, sobre la que se suelen añadir chicharrón, carne, queso, verduras y salsa picante. Hay que decir que al igual que muchos otros antojitos presentan variaciones regionales, es más, hay quienes le dan el nombre de huaraches; sin embargo, los defensores del sope argumentan que no son lo mismo. A pesar de las similitudes, la diferencia está en el nombre y el tamaño. Los huaraches son más grandes y ovalados mientras que los sopes son redondos y con un contorno de masa que evita que se derramen sus ingredientes.
Esta batalla sólo podemos decidirla probando ambos alimentos, aunque difícilmente podremos declarar alguno como único ganador.
Las gorditas de chicharron

Debido al mestizaje toda nuestra cultura vivió una transformación, por supuesto que la comida no podía ser la excepción. Todos nuestros antojitos evolucionaron debido a la inclusión de las nuevas mezclas, sabores e ingredientes del Viejo continente; el mayor ejemplo fue el chicharrón. ¿Qué sería de las gorditas sin el chicharrón?
Como ven, la fusión prehispánica y española; nos legó un alimento delicioso en tianguis, casas y restaurantes.
Los pambazos

El nombre de pambazo viene del pan que se usa para su elaboración y proviene del “pan basso” o pan virreinal. “En este tipo de pan se mezclaban los restos de harina cernida con harina proveniente de trigos averiados o de calidad inferior; las panaderías elaboraban mínimas cantidades de pambazo, un máximo del 4% de la harina que entraba a la ciudad” de México. También existían tiendas donde se vendía exclusivamente este pan, conocidas como “panbaserías” (pambacerías).
En el Bajío, el pambazo consiste en un pan completamente liso parecido a la telera (bollo) rellena de papa hecha casi puré y chorizo o longaniza y posteriormente bañada en salsa de chile guajillo o ancho. Es muy similar a las tortas ahogadas.
En Veracruz, este delicioso pan es muy parecido a una torta, pero el pan está cubierto de harina. Debe tener frijoles, chorizo, lechuga y queso, si se desea también se puede agregar salsa verde o roja con chile morita y tomate verde asado y cocido.
Chiles en nogada

En 1821, un año antes de coronarse como emperador de México, el entonces general Agustín de Iturbide, que se dirigía a la capital tras firmar los tratados de Independencia, realizó una escala en la ciudad de Puebla y degustó el singular alimento, curiosamente ese día era su santo. Las autoridades locales quisieron agasajar al futuro emperador con un banquete especial y le presentaron un nuevo platillo que integraba los tres colores de la bandera mexicana: el verde del chile poblano, el blanco de la salsa de nuez y queso y el rojo de la granada. El aroma, color y sabor del Chile en nogada venció las dudas de Iturbide, y pese a sus temores a ser envenenado, degustó el platillo.
Los Burritos

Los famosos “Burritos” son originarios de la frontera norte del país. En los tiempos de la Revolución Mexicana, en el barrio de Bella Vista, en Ciudad Juárez, Chihuahua, un señor llamado Juan Méndez tenía un puesto de comida y para que no se le enfriara tuvo la idea de hacer grandes tortillas de harina de trigo para colocar los rellenos dentro. Esos rollos de comida los introducía dentro de mantelitos para conservarlos calientes. Eran tantos los pedidos que recibía que decidió comprar un burro para transportar la comida y cruzarla por el río Bravo. Fue tan grande el éxito que con el tiempo comenzaron a llegar mexicanos y estadunidenses preguntando por la comida del “burrito”. Fue así como nació el mote.
Los primeros burritos eran elaborados de machaca (carne de venado, en un principio). También se sabe que antes de la llegada de los españoles los indígenas del norte ya comían este platillo, debido a que dicha carne no requiere de refrigeración; los indígenas llevaban rollos de machaca consigo como provisión para viajes que después comían sin sazonar. Hoy en día la tortilla de los Burritos se hace también con harina de maíz, por ser el cereal más usado en la dieta mexicana, especialmente en el centro y sur del país. Incluso podemos encontrar Burritos empacados listos para introducirse al horno de microondas y disfrutarlos en poco tiempo.
Tostadas de pata

Tostadas preparadas con pata de res. Es una de las más típicas del Distrito Federal, de las que existen diferentes variantes. Van aderezadas con vinagre, sal y orégano, deshuesadas y picadas, colocadas sobre tortillas de maíz fritas. En algunos casos tienen como únicos ingredientes crema untada sobre la tortilla, pata picada, lechuga o col y queso desmoronado; otras veces pueden contener también frijoles refritos, aguacate, rabanitos, cebolla y chiles jalapeños en escabeche. Otra variante se prepara con patas de cerdo en escabeche, deshuesadas.
Existen muchos muchos más antojos mexicanos, porque además estos son típicos del centro de México pero en todos los estados del país existen multiplicidad de platillos y antojos para disfrutar.
Les deseamos felices fiestas patrias y muy buen provecho!
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Elige tu receta favorita y que empiece el susto.
Si bien en nuestro país celebramos el Día de Muertos, hemos incorporado también la fiesta de Halloween, el 31 de octubre. Esta festividad de origen celta es la contracción en inglés de All Hallows’ Eve (Víspera de Todos los Santos) y que actualmente se asocia a la cultura popular con disfraces, calabazas talladas y las visitas de casa en casa pidiendo dulces.
Y para esas reuniones que se realizan en esta época, Fundación Herdez te comparte en su sitio web nueve espeluznantes recetas. En estas encontrarás desde la bebida hasta el postre, para asustar y consentir a tus invitados. Aquí te dejamos una probada:
Cantarito Sangría “Pura tentación”

- Dificultad: Fácil
- Porciones: 1 vaso (350 ml)
- Tiempo de preparación: 50 min
Ingredientes
Escarchado
- Chamoy de tamarindo
- Chamoy en polvo Chilim Balam
Jarabe concentrado de tés
- ¼ de tza. de agua
- ¼ de tza. de azúcar orgánica Aires de Camp
- 1 sobre de té de canela
- 1 sobre de té de limón
- 1 sobre de té de jengibre
Base de la sangría
- ½ oz de tequila 1800 Cristalino
- 1 oz de jarabe de infusión de tés
- 50 ml de jugo fresco de mandarina
- 50 ml de jugo fresco de toronja
- Vino rosado al gusto
- Hielo al gusto
Elementos de decoración
- ½ rodaja de toronja
- 1 rodaja de mandarina cortada en 4 partes
- 1 fresa cortada en cubitos finos
- 1 fresa dividida longitudinalmente a la mitad
Preparación
Jarabe de infusión
- Hervir el agua con los sobres de té McCormick e infusionar 10 minutos.
- Añadir azúcar y cocinar a fuego medio hasta disolver y espesar ligeramente.
- Retirar del fuego y enfriar a temperatura ambiente.
Montaje y presentación
- Escarchar el borde exterior de la copa pasándolo primero por el chamoy de tamarindo y después por el chamoy en polvo.
- Agregar hielo al gusto dentro de la copa.
- Incorporar el tequila, los jugos de mandarina y toronja, y el jarabe de infusión ya preparado.
- Incorporar de forma gradual el vino rosado, integrando suavemente con la cuchara de bar con movimientos envolventes.
- Añadir al interior de la copa la media rodaja de toronja, los trozos de mandarina y los cubos de fresa.
- Como detalle temático, hacer un pequeño corte en la base ancha de cada mitad de fresa y fijarlas en el borde del vaso con las puntas hacia arriba para formar los cuernos.
Guacamole terrorífico en calabaza

- Dificultad: Fácil
- Porciones: 1 kg
- Tiempo de preparación: 30 min
Ingredientes
- 1 calabaza de castilla pequeña
- 4 aguacates maduros
- ½ cebolla morada picada finamente
- 2 jitomates en cubos pequeños y despepitados
- ¼ tza. de cilantro fresco picado
- El jugo de 2 limones
- 1 lata de granos de elote Herdez®
- Sal al gusto
- Pimienta al gusto
Preparación
Para la calabaza
- Retirar la parte superior de la calabaza para extraer la tapa y retirar con cuidado todas las semillas y fibras del interior.
- Utilizando un cuchillo afilado, dibujar los ojos y la boca.
Para el guacamole
- Colocar la pulpa de los aguacates en un tazón y triturar con ayuda de un tenedor hasta obtener la textura deseada.
- Agregar el jitomate, la cebolla, el cilantro y el jugo de limón; sazonar al gusto con sal y pimienta mezclando de manera envolvente.
Montaje y presentación
- Colocar la calabaza ya tallada en el centro de un plato o charola.
- Esparcir los granos de elote sobre la base del plato para formar una capa.
- Servir el guacamole directamente desde la apertura de la boca para simular que brota de la calabaza.
*Todas las recetas fueron desarrolladas por el chef Leonardo Vargas y las practicantes Ximena Rejón y Ximena García.
Cortesía de Fundación Herdez
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¿Las grandes cadenas están desplazando a las taquerías tradicionales de México?
Durante décadas, las taquerías de barrio han sido mucho más que establecimientos para comer. Son puntos de encuentro, referentes de identidad local y espacios donde cada colonia reconoce sus propios sabores. Sin embargo, ante la expansión de las grandes cadenas de tacos y la estandarización de la oferta gastronómica, surge una hipótesis que merece atención: ¿estamos presenciando una especie de gentrificación gastronómica protagonizada por las taquerías?
Podríamos llamarla gentrificación, o mejor dicho; gastrificación taquera: un fenómeno en el que la proliferación de establecimientos con modelos comerciales estandarizados amenaza con restar espacio, visibilidad y oportunidades a las taquerías tradicionales, aquellas que durante años construyeron su reputación taco a taco.
La taquería de la esquina: un patrimonio cotidiano

Quienes han crecido en las colonias de México probablemente recuerdan una taquería en particular. Tal vez era el puesto de la esquina, el pequeño local que abría hasta la madrugada o el negocio familiar donde el dueño conocía a sus clientes por su nombre.
En esos lugares, los tacos tenían una personalidad propia. El sabor dependía de la marinada, la preparación de la carne, el punto de cocción, las tortillas, las salsas y hasta de los secretos culinarios que pasaban de una generación a otra.
No necesariamente eran establecimientos elegantes ni tenían grandes campañas publicitarias. Su principal carta de presentación era la recomendación de boca en boca y una relación construida con los vecinos.
Además, solían ofrecer algo fundamental para la economía cotidiana: comida accesible, preparada al momento y adaptada a los gustos de su comunidad.
La taquería tradicional no vendía únicamente tacos; también ofrecía identidad, memoria y pertenencia.
Pero ¿qué sucede cuando ese negocio comienza a competir con establecimientos respaldados por grandes inversiones, campañas publicitarias, aplicaciones de entrega y modelos de expansión que les permiten abrir sucursales en distintos puntos de una ciudad?
¿Qué es la gastrificación taquera?

La expresión gastrificación taquera puede plantearse como una hipótesis de análisis cultural y económico. No es un concepto académico consolidado ni un fenómeno cuya existencia generalizada esté demostrada, pero permite explorar una transformación posible dentro del paisaje gastronómico mexicano.
La idea parte de una comparación con la gentrificación urbana. Este último término suele utilizarse para describir procesos de transformación de barrios en los que la llegada de nuevas inversiones, negocios y consumidores con mayor poder adquisitivo puede contribuir al encarecimiento de la zona y al desplazamiento de sus habitantes o comercios originales.
En el ámbito de las taquerías, la hipótesis propone una dinámica semejante, aunque no idéntica: la expansión de modelos comerciales de tacos que, por su capacidad de inversión, promoción y reproducción operativa, pueden ganar terreno frente a negocios tradicionales con menos recursos para competir.
El problema no sería simplemente que existan muchas taquerías, ni que una marca abra nuevas sucursales. La cuestión sería determinar si el crecimiento de ciertas cadenas reduce la diversidad de opciones, desplaza a los pequeños comerciantes o transforma la relación de una comunidad con su comida cotidiana.
En otras palabras, no se trata de afirmar que toda cadena perjudica a la gastronomía mexicana, sino de preguntarnos qué ocurre cuando la capacidad de vender a gran escala comienza a pesar más que la singularidad culinaria de cada establecimiento.
Cuando el modelo de negocio pesa más que el sabor
Las grandes cadenas suelen trabajar con procesos definidos para garantizar que un producto conserve características similares en todas sus sucursales. Sus recetas, porciones, tiempos de preparación, proveedores y procedimientos operativos buscan ofrecer una experiencia reconocible para el consumidor.
Este modelo tiene ventajas: facilita la expansión, permite mantener controles de calidad y puede ofrecer precios competitivos. También responde a las expectativas de clientes que buscan rapidez, comodidad y una experiencia predecible.
Sin embargo, desde una perspectiva gastronómica, surge una pregunta: ¿qué sucede con los sabores que dependen precisamente de las particularidades de cada cocinero y de cada establecimiento?
En una taquería independiente, la receta puede responder a años de experimentación, a una tradición familiar o a ingredientes de proveedores locales. La salsa puede cambiar según la temporada; la carne puede prepararse con una mezcla particular de especias, y las tortillas pueden tener características que distinguen al negocio de cualquier otro.
Cuando la lógica de la estandarización se convierte en el principal criterio de expansión, existe el riesgo de que la oferta termine pareciéndose demasiado entre sí.
No significa que la producción a gran escala produzca necesariamente tacos de menor calidad. Una cadena también puede ofrecer excelentes productos y respetar las tradiciones culinarias. La preocupación aparece cuando la uniformidad comercial desplaza la diversidad de recetas, técnicas e identidades locales.
El riesgo no es que todos los tacos sean iguales, sino que cada vez tengamos menos oportunidades de encontrar tacos diferentes.
¿Desaparecen las taquerías tradicionales?

La desaparición de una taquería tradicional no suele obedecer a una sola causa. El aumento de las rentas (Gentrificación), el costo de los insumos, los permisos, la competencia, los cambios en los hábitos de consumo y la falta de relevo generacional pueden poner en dificultades a los pequeños negocios.
A estos factores se suma la capacidad de las cadenas para invertir en publicidad, posicionar su marca y operar en múltiples ubicaciones. Una empresa con recursos puede financiar promociones, negociar compras de grandes volúmenes y aprovechar sistemas de reparto y plataformas digitales.
Un negocio familiar, en cambio, puede depender de sus ventas diarias para cubrir la renta, pagar a sus trabajadores y comprar los ingredientes del siguiente día.
Si una cadena consigue atraer una parte importante de la clientela de una zona, la taquería de barrio podría enfrentar mayores dificultades. Si además desaparecen otros pequeños establecimientos, la colonia corre el riesgo de perder parte de su diversidad culinaria.
No obstante, es importante distinguir entre una hipótesis y una conclusión comprobada: para afirmar que las cadenas están desplazando sistemáticamente a las taquerías tradicionales en México, sería necesario estudiar la evolución de los establecimientos, sus cierres, las condiciones de renta, las ventas y la competencia en distintas colonias. La preocupación es válida, pero demostrar su alcance requiere datos.
De la comida popular a la marca comercial
La expansión de las cadenas también plantea una reflexión sobre la manera en que se presenta la gastronomía mexicana al público.
El taco es una preparación con una enorme diversidad regional. Cambia según el territorio, los ingredientes disponibles, las costumbres y las técnicas de cada comunidad. No existe una única manera de prepararlo ni una receta universal que represente toda su riqueza.
Sin embargo, cuando un producto se convierte en una marca diseñada para replicarse en numerosos establecimientos, la comunicación comercial puede terminar privilegiando una versión particular del taco: aquella que resulta más fácil de estandarizar, promocionar y comercializar.
El consumidor puede comenzar a identificar la categoría a través de las marcas con mayor presencia publicitaria, mientras que los negocios pequeños permanecen fuera de los reflectores, aunque tengan propuestas culinarias valiosas.
Esto abre una cuestión importante: ¿quién termina definiendo qué tacos representan a México? ¿Las comunidades que conservan sus tradiciones y desarrollan sus propias recetas o las empresas que tienen mayor capacidad para posicionar sus productos?
La respuesta no tiene por qué ser excluyente. Las cadenas forman parte de la evolución del mercado y también pueden contribuir a difundir la cultura taquera. El desafío consiste en evitar que su visibilidad comercial sea confundida con la totalidad de una tradición gastronómica mucho más amplia.
¿Estamos perdiendo sabor o solamente cambiando de hábitos?
La preferencia por las cadenas no necesariamente significa que los consumidores hayan dejado de valorar la autenticidad. En ocasiones, la elección responde a cuestiones prácticas: cercanía, horarios, rapidez, promociones, higiene percibida, comodidad o facilidad para pedir a domicilio.
También hay consumidores que disfrutan tanto de las cadenas como de los puestos tradicionales, sin considerar que una opción deba excluir a la otra.
Por eso, la hipótesis de la gastrificación taquera no debería convertirse en una condena generalizada a los negocios de franquicia. Su propósito es abrir una discusión sobre el equilibrio entre crecimiento comercial, diversidad culinaria y supervivencia económica de los pequeños establecimientos.
La pregunta central es si el mercado está ampliando las opciones disponibles o si, en determinadas zonas, está favoreciendo una oferta cada vez más uniforme mientras desaparecen alternativas que no pueden competir en las mismas condiciones.
Si el resultado es una ciudad con muchas sucursales, pero con menos recetas locales, menos negocios familiares y menos diferencias entre una colonia y otra, entonces el crecimiento de la oferta no necesariamente se traducirá en una mayor riqueza gastronómica.
¿Cómo evitar que la taquería de barrio se convierta en un recuerdo?

La preservación de las taquerías tradicionales no depende únicamente de la nostalgia. También requiere reconocerlas como pequeños negocios que generan empleo, mantienen conocimientos culinarios y forman parte de la vida cotidiana de sus comunidades.
Algunas acciones pueden contribuir a su permanencia:
- Consumir de manera consciente. Alternar las opciones comerciales con las taquerías independientes de la colonia y conocer sus propuestas.
- Visibilizar los negocios locales. Compartir recomendaciones, fotografías e historias que permitan descubrir establecimientos fuera de los circuitos de publicidad masiva.
- Valorar el trabajo culinario. Reconocer las técnicas, recetas propias, ingredientes y conocimientos que distinguen a cada taquería.
- Facilitar la competencia. Promover condiciones que permitan a los pequeños negocios acceder a herramientas digitales, capacitación y canales de venta sin perder su identidad.
- Documentar la memoria gastronómica. Registrar las historias de los taqueros, sus recetas y la evolución de los establecimientos que han marcado a sus comunidades.
La responsabilidad no debe recaer exclusivamente en el consumidor. Las condiciones económicas, las políticas locales y el acceso a recursos también influyen en la supervivencia de estos negocios.
Una reflexión para la gastronomía mexicana
La gastronomía mexicana no se construyó a partir de una sola receta, una sola marca ni un único modelo de negocio. Su riqueza proviene de la diversidad de ingredientes, técnicas, territorios y personas que han contribuido a transformarla a lo largo del tiempo.
Las grandes cadenas de tacos pueden formar parte de esa evolución. El problema surgiría si su expansión terminara reduciendo las oportunidades para que los pequeños establecimientos sigan existiendo y aportando sus propias interpretaciones de la cocina mexicana.
La taquería de la esquina representa mucho más que una opción económica para comer. Es un negocio que, en ocasiones, ha acompañado a una colonia durante décadas, ha creado empleos y ha conservado sabores que difícilmente pueden reproducirse exactamente en otro lugar.
Quizá dentro de algunos años sigamos encontrando tacos en prácticamente todas las calles, pero eso no garantizará que conservemos la misma diversidad de sabores y tradiciones.
Porque una ciudad puede tener cada vez más lugares donde comprar tacos y, al mismo tiempo, perder parte de su identidad taquera.
La pregunta no es si México necesita menos taquerías, sino si estamos construyendo un mercado donde puedan convivir las grandes cadenas y los pequeños negocios sin que la expansión de unos signifique la desaparición de otros.
Si la gastronomía es también memoria, cultura e identidad, proteger la diversidad de nuestras taquerías significa reconocer que el valor de un taco no siempre está en cuántas sucursales lo venden, sino en la historia, el conocimiento y la comunidad que hay detrás de él.
Artículo por: Tlacualchichihua
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Alimentos
Esto puedes cocinar con la Flor de Cempasúchil comestible
Publicado
7 días antesen
22 octubre, 2026
Del altar a la mesa, una tradición que también se saborea
Cada otoño, el intenso color naranja de la flor de cempasúchil anuncia la llegada del Día de Muertos en México. Sus pétalos iluminan las ofrendas, adornan las calles y forman caminos simbólicos para recibir a quienes ya no están. Sin embargo, esta flor emblemática de la cultura mexicana tiene otra faceta que merece descubrirse: también puede convertirse en un ingrediente para preparar platillos, bebidas y postres.
Su presencia en la cocina conecta la riqueza de la biodiversidad mexicana con la creatividad gastronómica contemporánea. Desde una crema caliente hasta una infusión aromática, el cempasúchil ofrece posibilidades culinarias que permiten llevar un símbolo de nuestras tradiciones directamente al plato.
Una flor con historia y sabor

El cempasúchil, cuyo nombre proviene del náhuatl cempōhualxōchitl QUE SIGNIFICA “veinte flores” o “varias flores”, se asocia tradicionalmente con el Día de Muertos y forma parte del patrimonio cultural y botánico de México. Además de su valor ornamental y ceremonial, algunas variedades de esta flor se utilizan como ingrediente culinario.
Sus pétalos pueden aportar matices herbales, ligeramente amargos y florales, por lo que conviene utilizarlos con moderación y combinarlos con ingredientes que equilibren su sabor. En la cocina, su color intenso también permite crear presentaciones atractivas, especialmente en preparaciones de temporada.
Eso sí, no todas las flores de cempasúchil que se venden para adornar altares son aptas para el consumo. Para cocinar, es indispensable utilizar flores identificadas como comestibles, cultivadas sin pesticidas ni otros productos químicos no autorizados para alimentos, y lavarlas cuidadosamente antes de usarlas.
¿Qué se puede preparar con la flor de cempasúchil?
Crema de cempasúchil

Una alternativa para comenzar una comida de temporada. Los pétalos se licúan con ajo, cebolla y caldo; después se incorporan leche evaporada, granos de elote y calabacitas. Se puede terminar con cubitos de queso panela y pétalos frescos comestibles.
Calabacitas a la mexicana con flor de cempasúchil

El cempasúchil puede integrarse a un guiso de calabacitas, jitomate, cebolla, ajo y elote. Un poco de epazote ayuda a complementar los sabores y aporta un carácter muy mexicano al platillo.
Tacos, quesadillas y rellenos

Los pétalos pueden incorporarse a guisos de hongos, flor de calabaza, queso o verduras para preparar tacos y quesadillas. La clave está en emplearlos en cantidades moderadas para que su sabor floral no domine el resto de los ingredientes.
Atole de cempasúchil

Una bebida caliente ideal para los días frescos de octubre y noviembre. Se prepara una infusión con los pétalos, se cuela y se incorpora a una base de masa de maíz disuelta en agua. Puede endulzarse al gusto y aromatizarse con canela.
Infusión de cempasúchil

Una opción sencilla para explorar su aroma. Se hierven los pétalos comestibles en agua durante unos minutos, se cuela la preparación y se puede complementar con hierbabuena, unas gotas de limón y miel. No debe asumirse que esta bebida trata enfermedades por ser una preparación tradicional.
Helados y nieves artesanales

Su color y aroma permiten experimentar con nieves de agua, helados cremosos y sorbetes. Puede elaborarse una infusión, colarla e incorporarla a la base elegida, cuidando que el sabor sea equilibrado.
Mermeladas y preparaciones dulces

Los pétalos también pueden utilizarse para experimentar con mermeladas, jarabes y salsas dulces. Combinados con frutas de sabor suave o cítricos, pueden aportar un perfil floral interesante para acompañar pan artesanal, yogur o postres.
Panadería y repostería

Una aplicación más experimental consiste en deshidratar los pétalos aptos para consumo, molerlos e incorporar pequeñas cantidades a masas de galletas, panes o bizcochos. También pueden utilizarse para decorar pasteles y otros productos de temporada.
Pulque Curado de Cempasúchil

El pulque de cempasúchil ya es una bebida de temporada vinculada con las celebraciones del Día de Muertos en México. Se conoce también como curado de cempasúchil y combina el pulque natural con los pétalos de esta flor.
Se licúan los pétalos con una pequeña cantidad de pulque y los ingredientes elegidos; después se cuela la mezcla y se integra con el resto del pulque. Es importante utilizar flores cultivadas para consumo alimentario, no las destinadas exclusivamente a decoración.
El potencial de la gastronomía mexicana
La utilización del cempasúchil en la cocina demuestra que las tradiciones mexicanas pueden conservar su significado y, al mismo tiempo, encontrar nuevas formas de expresión. Para restaurantes, panaderías, cafeterías y proyectos gastronómicos, esta flor representa una oportunidad de crear menús de temporada que conecten con la identidad cultural del país.

Su aprovechamiento también puede despertar el interés por los productores agrícolas y por ingredientes locales que, en ocasiones, se conocen principalmente por su función ornamental.
No se trata de sustituir el lugar que ocupa en las ofrendas, sino de reconocer que una misma flor puede tener distintas expresiones culturales: decorar un altar, inspirar una creación culinaria y recordarnos la relación que existe entre la tierra, la memoria y los alimentos.
En México, el cempasúchil no solo pinta de naranja el camino de los difuntos; también puede llenar de color y creatividad nuestra gastronomía.
Recomendaciones antes de cocinar con cempasúchil
- Utiliza únicamente flores identificadas como comestibles y cultivadas para consumo alimentario.
- Evita las flores ornamentales de procedencia desconocida, especialmente las vendidas para altares, ya que pueden contener residuos de pesticidas.
- Emplea preferentemente los pétalos y retira la base blanca, que puede aportar amargor.
- Lava y desinfecta la flor con un producto apto para alimentos, siguiendo las indicaciones de uso.
- Comienza con pequeñas cantidades para evaluar su sabor y aroma.
Fuente de consulta recomendada: Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural. Puedes consultar su recetario de cempasúchil, elaborado en colaboración con productores y la Universidad Autónoma Chapingo.
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