Redzepi es la figura del momento en el panorama gastronómico mundial.
Ganador este año de la tercera estrella Michelin para su Noma, en Copenhague, que además ha sido nuevamente elegido -es la quinta vez en sus 20 años de vida- mejor restaurante en ‘The World’s 50 Best’, el chef de 44 años vive un gran momento profesional, que va acompañado de unas renovadas ganas por buscar nuevos caminos y, sobre todo, distintas maneras de transitarlos.
Para él, su trabajo es inherente a ese cuestionamiento permanente y esclavo, por tanto, de la polémica que pueda provocar esa indagación. «Cuando no nos cuestionen, todo habrá terminado», aseguró Redzepi en el Auditorio de Madrid Fusión Alimentos de España, donde compartió una charla con Andoni Luis Aduriz (Mugaritz) momentos antes de recoger su galardón al europeo del año.
Foto: Redzepi en el Auditorio de Madrid Fusión Alimentos de España, donde compartió una charla con Andoni Luis Aduriz (Mugaritz)
El chef, exponente del gran momento que vive la cocina nórdica, cree que el secreto de su éxito está en su forma de ver la empresa. Dice que ha cambiado radicalmente su manera de gestionar y de mandar y que, tal vez por eso, ahora sabe que un genio no es nadie solo. La clave está en «contratar constantemente a gente buena en la posición adecuada», resumió ante la pregunta de Aduriz. Y añadió:
«Antes los chefs hacían todo, estaban en el centro y abrían y cerraban las puertas del negocio, pero ya no es así. Nosotros ya en el principio de Noma entendimos que necesitábamos contratar expertos y creamos una unidad de profesionales»
Suele decirse que en las cocinas solo aguantan los que de la vocación han hecho pasión. Redzepi no cree que eso haya cambiado aún, -«trabajamos tan duro que es increíble, y encima mal pagados», señaló-, pero sí está seguro de por qué merece la pena. «La ganancia es laexperiencia. Lo más poderoso que he vivido en Noma y la razón por lo que lo hago es vivir cosas que ni imaginaba, el equipo del que formo parte, lo que voy descubriendo».
Foto: Rene Redzepi / José María Pantoja, responsable de comunicación externa de Grupo Cosentino
Actitud ante las críticas
Respecto de las críticas que recibe por su trabajo, al estar tan expuesto en estos momentos y en una época en que, por las redes sociales e internet, «está por todos lados», el chef reconoció que es algo que le resulta «difícil» de gestionar. «Me gustaría estar aquí y decir que no os deben importar, que a mí no me importan, pero no es verdad, cuando recibes una crítica profunda y reflexiva te puede fastidiar todo un mes. Yo me voy a la cama y pienso en ello, y tenemos reuniones en el equipo intentando descubrir por qué nos han dicho eso, qué ha pasado…»
El jefe de cocina de Noma confesó que al principio «leía todo, pero me volvía loco» y que, aunque ahora es más selectivo, «hay que escucharla, o te vuelves un dictador que solo escucha su voz en tu cocina».
Eso, sin embargo, no tuerce su rumbo. «A la vez no dejamos que eso nos cambie. Así conduzco yo mis investigaciones. Si la gente me cuestiona o me dice que estoy haciendo algo sin sentido, le digo a mi equipo que es justo por ahí por dónde debemos ir, allí surgirán las nuevas ideas».
La creatividad
En un ecosistema gastronómico en el que se espera siempre la novedad, la sorpresa en el plato y el descubrimiento en la trastienda de la técnica, Redzepi ve una paradoja, pero no quiere ni piensa abandonar la partida. Por un lado, dice, «no hay nuevos ingredientes en la naturaleza, llevamos 25 años mirando las mismas cocochas», pero sostiene que de lo que se trata es de «buscar nuevas miradas o aproximaciones a ellos».
«El día que no nos desafiemos a nosotros mismos será el principio del fin», ha repetido en su diálogo con Aduriz y ante una sala llena de público en Ifema.
Respecto de la creatividad, el eje de la edición de este año del gran congreso gastronómico, cuyo lema es ‘Más allá del producto’, el danés ha confesado que su visión ha cambiado «muchísimo» desde los inicios de Noma, en 2003. «Nos prometimos usar productos locales pero yo no me había criado en Dinamarca y era invierno. Fue un ‘shock’ descubrir lo poco que había allí, me dio un sentido del lugar y el tiempo único y a partir de entonces cada decisión que tomé estaba relacionada con ello, con dónde estaba y en qué temporada», detalló.
Eso le dió -añadió- una «inyección de creatividad» y lo llevó a «ahumar, fermentar, salar, aplicar todas las técnicas de conservación».
Los siguientes pasos del cocinero más premiado del mundo son avanzar aún más en técnicas como la lacto fermentación («el mundo de la fermentación te vuela la cabeza, te sientes un mosquito», dijo) y en «innovar más y mejor, no solo en la cocina, sino también en la gestión del equipo, del restaurante y de la compra, ver cómo eliges y cómo impactas en el mundo». «Creo que será algo natural en nuestra industria en los años venideros», adventuró.
Innovar y seguir innovando
Aduniz le preguntó también a Redzepi cómo se puede seguir innovando. El danés primero dijo que con una pandemia y una guerra, es lícito preguntarse «a quién le importa qué hay en un menú», pero para quienes se dedican a esto la cuestión es central. En ese punto, la innovación pasa, a su criterio, por «moverse hacia adelante, avanzar».
«Puedes cometer errores y eso te puede enfadar, pero debes seguir. Mi vida está centrada en esto, en entender esto de otra manera, en interpretarlo de otra forma y coger nuevas ideas para la comida. No solo en el plato, sino también en otras cuestiones de mayor calado en el mundo», respondió.
«El coste real de un menú es mucho más del actual si valoramos el coste humano o el coste ambiental, por eso debemos utilizar nuestras innovaciones para ajustar eso, para hacer nuestra industria mejor», advirtió.
«En Noma elegimos hacer cosas. No sé si cambian el mundo, pero preferimos hacerlo, aportar nuestra parte», concluyó.
El congreso Español Madrid Fusión, sigue siendo sin duda, uno de los referentes más importantes a nivel mundial, referente obligado de la gastronomía y el liderazgo en la innovación para el progreso de la industria gastronómica.
En un rincón de México donde las tardes olían a tierra mojada, canela y fruta madura, vivía una joven llamada Mariana.
Su abuela decía que había comidas que alimentaban el cuerpo y otras que alimentaban la memoria.
—El chile en nogada pertenece a las dos —le repetía mientras pelaba las nueces de Castilla—. Porque un platillo también puede guardar la historia de un país.
Cada año, cuando llegaba la temporada de granadas, la familia se reunía alrededor de la cocina. Había chiles poblanos asándose sobre el fuego, manzanas y peras esperando su turno, duraznos cortados en pequeños cubos y el aroma dulce de la canela flotando por toda la casa.
Mariana había crecido viendo a su abuela preparar aquel platillo, pero nunca había entendido por qué lo hacía con tanta ceremonia.
Hasta que una tarde encontró una vieja libreta escondida detrás de los frascos de especias.
En la primera página había una frase escrita a mano:
“Hay recetas que no se heredan. Se recuerdan.”
Mariana siguió leyendo.
La libreta hablaba de una familia que, muchos años atrás, había viajado por distintos lugares de México. En cada sitio habían aprendido un ingrediente, una forma de cocinar, una historia. Al regresar a casa, reunieron todo aquello en un solo platillo.
El chile era el campo.
La fruta era la abundancia.
La nogada era la tierra y la memoria.
La granada era la alegría.
Y el perejil, según la libreta, representaba la esperanza.
Mariana cerró el cuaderno.
—¿Todo esto es verdad? —preguntó a su abuela.
La mujer sonrió.
—No importa si ocurrió exactamente así. Las familias también construyen sus propias leyendas.
Aquella noche cocinaron juntas.
Asaron los chiles hasta que su piel quedó oscura y los dejaron reposar. Prepararon el relleno con carne, fruta, especias y frutos secos. Después llegó la parte que Mariana más disfrutaba: la nogada.
La abuela molió las nueces lentamente hasta convertirlas en una salsa blanca y cremosa.
Finalmente colocaron cada chile sobre un plato, lo bañaron con nogada y lo cubrieron con granada y perejil.
Los colores aparecieron como si alguien hubiera pintado México sobre la mesa.
Mariana entendió entonces que aquello no era solamente una receta.
Era una conversación entre generaciones.
Era la historia de quienes habían cocinado antes que ellas y de quienes algún día cocinarían después.
—¿Y cuál es el ingrediente más importante? —preguntó Mariana.
Su abuela levantó una ceja.
—Eso tendrás que descubrirlo tú.
Mariana probó el primer bocado.
Dulce, salado, cremoso, picante. Contrastes que, juntos, tenían sentido.
Entonces sonrió.
—Creo que ya sé.
—¿Cuál?
Mariana tomó otra semilla de granada y la dejó caer sobre el chile.
—La memoria.
La abuela no respondió.
Solo sonrió.
Y desde entonces, cada vez que en aquella casa se preparaban chiles en nogada, alguien abría la vieja libreta y añadía una nueva página.
Porque la receta nunca estaba terminada.
México seguía cocinándola.
Historias de cocina por: Tlacualchichihua
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Una jornada de innovación, tradición y el sabor de la gastronomía dulce
Entrar a Mexipan 2026 es sumergirse en un universo donde el aroma del pan recién horneado, el chocolate, la pastelería y la creatividad se convierten en los verdaderos protagonistas. Del 29 de julio al 1 de agosto, el Centro Banamex reúne a profesionales, estudiantes, empresarios y apasionados de la gastronomía en uno de los encuentros más importantes del sector en México.
Más allá de un negocio
Foto: Mexipan 2026
Durante nuestro recorrido fue evidente que la exposición va mucho más allá de ser un escaparate comercial. Cada pasillo ofrece una oportunidad para descubrir nuevas tendencias, ingredientes, maquinaria, utensilios y soluciones que buscan impulsar la evolución de la panadería, la pastelería, el chocolate y otros segmentos de la industria gastronómica.
Inspiración e innovación profesional
Uno de los grandes atractivos de la jornada fueron las conferencias y demostraciones culinarias. Reconocidos chefs y especialistas compartieron técnicas, conocimientos y experiencias que inspiraron tanto a quienes inician su camino en el oficio como a profesionales con amplia trayectoria. Cada presentación despertó el interés del público, que siguió con atención las explicaciones y degustó algunas de las creaciones elaboradas en vivo.
Foto: Mexipan 2026 / Chef Irvin Quiroz
La innovación estuvo presente en prácticamente todos los stands. Desde materias primas de alta calidad hasta equipos con tecnología de vanguardia, Mexipan confirmó por qué es un punto de encuentro estratégico para quienes buscan mantenerse al día en un mercado cada vez más competitivo. La creatividad y la búsqueda constante de nuevas propuestas quedaron reflejadas en productos que combinan tradición con tendencias contemporáneas.
Cocktail de celebración
Foto: Cocktail celebración 18 años Mexipan 2026
Como parte de la celebración por los 18 años de Mexipan, organizadores, expositores, representantes de la industria, medios de comunicación e invitados especiales se reunieron en un ameno cóctel conmemorativo. Durante el encuentro se dirigió un mensaje de agradecimiento por el camino recorrido por esta exposición, hoy consolidada como una de las plataformas más importantes para la panadería, la pastelería, la chocolatería y la gastronomía en México y Latinoamérica.
La velada fue conducida por el actor Omar Fierro como maestro de ceremonias, quien aportó calidez y cercanía a una celebración que estuvo acompañada de una destacada propuesta gastronómica, bebidas y la música de mariachi, en un ambiente de convivencia que puso el broche de oro a una jornada llena de innovación y sabor.
Mucho más que una exposición
Mexipan vuelve a demostrar que es mucho más que una exposición: es un lugar donde convergen el conocimiento, la innovación y la pasión por los oficios que endulzan y enriquecen la gastronomía. Para quienes forman parte de este sector o simplemente disfrutan descubrir nuevas propuestas culinarias, la visita representa una experiencia que vale la pena vivir.
Foto: Mexipan 2026
Las demostraciones de los chefs, la diversidad de productos, el ambiente de los pabellones y el cálido encuentro del incio de Mexipan con la prensa e invitados especiales, reflejaron la energía y el espíritu que distinguen a Mexipan durante ya 18 años.
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Cuando las luces de la panadería se apagaban y el último cliente salía con una bolsa de pan bajo el brazo, ocurría algo que muy pocos imaginaban.
Los panes de dulce cobraban vida.
—¿Ya están listos para mañana? —preguntó el Concha, acomodando orgulloso su costra de vainilla.
—¡Siempre! —respondió el Cuerno, estirando sus puntas doradas—. No hay mejor misión que recibir a alguien con el aroma de la mantequilla recién horneada.
Desde una esquina, el Pan de Muerto, que solo aparecía en ciertas temporadas, sonrió con sabiduría.
—Nuestra tarea nunca ha sido solo alimentar. Somos recuerdos. Cada uno de nosotros lleva una historia.
La Oreja soltó una pequeña carcajada.
—Yo he visto a personas decir que solo comprarían una pieza… y terminan llevándose media charola.
Todos rieron.
El Bigote, recién salido del horno, habló con entusiasmo.
—Hoy vi entrar a una niña muy triste. Su mamá le compró una concha de chocolate. Al primer bocado, sonrió. ¿Se dieron cuenta? A veces un solo pan puede cambiar un día entero.
Hubo un momento de silencio.
El Garibaldi, cubierto de pequeñas grageas, tomó la palabra.
—Eso es exactamente lo que hacemos. No competimos entre nosotros. Cada cliente encuentra el pan que necesita.
—Hay quienes buscan un abrazo —dijo el Rol de Canela—. Para ellos estoy yo.
—Otros necesitan energía para empezar la mañana —comentó el Cuerno.
—Y algunos solo quieren recordar la cocina de su abuela —añadió la Concha con una sonrisa.
Desde el fondo del mostrador, el pequeño Polvorón levantó la voz.
—¿Y qué pasa si alguien no nos elige?
El Concha respondió con calma.
—No debemos preocuparnos por eso. Nuestro deber es estar aquí, recién horneados, con el mejor sabor y el mejor aroma. Cuando llegue la persona indicada, sabrá cuál de nosotros necesita.
Los demás asintieron.
Entonces el viejo horno, que había escuchado la conversación durante décadas, dejó escapar un suave crujido y dijo:
—Recuerden algo. La harina, el azúcar y la mantequilla hacen buenos panes. Pero lo que realmente enamora a la gente es el cariño con el que fueron preparados.
Los panes guardaron silencio.
Sabían que el horno tenía razón.
A la mañana siguiente, el panadero abrió la puerta y un cálido aroma invadió la calle.
Comenzaron a llegar los primeros clientes.
Un señor pidió dos conchas para acompañar el café.
Una estudiante eligió una oreja para el camino.
Una pareja compartió un garibaldi.
Un niño señaló emocionado un cuerno recién horneado.
Y mientras cada pieza encontraba su destino, los panes intercambiaban discretas miradas de satisfacción.
Porque habían comprendido que su verdadero deber no era simplemente venderse.
Su misión era regalar un instante de felicidad, despertar recuerdos, reunir familias alrededor de una mesa y demostrar, bocado a bocado, que el pan dulce mexicano siempre tiene la extraordinaria capacidad de convertir un día cualquiera en un momento inolvidable.
Esta historia es un humilde homenaje a la panadería y panaderos mexicanos
Historias de cocina por: Tlacualchichihua
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