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Historia

Breve historia del RAMEN

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Foto: Shutter Stock / Ramen de pollo

Alimento de origen Chino que Japón transformo y proyecto a todo el mundo

Pocas cosas representan a Japón como los onigiris, el sushi, el tempura o el ramen. Este último se puede encontrar en pasillos de cualquier supermercado y en restaurantes de cocina japonesa. Seguramente lo haz probado, pero ¿te haz preguntado como surgió este alimento tan popular en todo el mundo y representativo de Japón?

El ramen es un plato originario de China, que en el siglo XVII desembarcó en el país nipón a través de Zhu, un político y escritor chino exiliado después de la derrota de la dinastía Ming.

Fue acogido por un rey feudal japonés y para agradecer el gesto le ofreció un plato de fideos con caldo, y esa fue la primera vez que el ramen se hizo en Japón.

Esto tiene parte mito y parte realidad, la verdadera historia del ramen está unida al intercambio cultural constante de China y Japón durante siglos, mucho antes de Zhu y el rey feudal; como también pasa con muchos otros platos nipones.

Tras la Segunda Guerra Mundial, la sopa ramen se convirtió en un alimento fundamental para el pueblo japonés. De hecho, la fama que acompaña a esta deliciosa preparación por todo el mundo, está asociada a la cultura japonesa que se fue generando en las clases más bajas que sufrían por la falta de alimentos.

Ando Momofuku fue un taiwanés-japonés fundador de Nissin Foods, que ayudó a que Japón saliera de la hambruna de posguerra al inventar una  sopa que se pudiera cocinar de manera rápida. Estuvo haciendo pruebas en una cabaña en Osaka hasta que en 1948, logró un paquete de fideos compactos que al hacer contacto con agua caliente se convirtiera en una sopa.

Foto: Japón después de la II Guerra mundial

La receta que llegó desde China como una sopa más bien poco elaborada, se convirtió en Japón en todo un manjar con diferentes versiones. Manteniendo parte de su esencia inicial de comida económica y fácil de comer, el ramen evolucionó para convertirse en el aliado ideal de los trabajadores para reponer fuerzas de forma rápida durante la jornada laboral.

Durante el siglo XX tuvo una gran distribución entre los comerciantes comerciantes ambulantes. Conforme Japón se industrializó y urbanizó la gente comía fuera y este platillo resultaba una opción viable y económica que se estableció en los puestos callejeros.

Ingredientes del ramen

Los fideos de ramen están elaborados con una masa a base de harina de trigo, sal, agua y kansui, una clase de agua mineral. La base sobre la que flotan y se sumergen todos los ingredientes es un caldo elaborado con carne, que puede ser de pollo o cerdo y suele venir acompañado por alga konbu, bonito seco katsuobushi, sardinas secas niboshi, huesos de ternera, huevo hervido, cebolla, setas o mariscos.

Foto: Instagram Miso Ramen / @shibuiramenmx

Tipos de ramen

Además, dependiendo de su composición y de los ingredientes con los que se prepare, se pueden distinguir varios tipos de ramen:

  • Shio ramen, la receta más clásica y fiel a la china; el tonkotsu ramen, cuyos protagonistas son los huesos de cerdo, que se hierven durante horas hasta obtener un caldo blando espeso. 
  • Shoyu ramen, en el que el caldo es elaborado no solo con pollo, sino también con verduras y el toque final lo aporta la salsa de soja, la cual dota al ramen de un color oscuro. 
  •  Miso ramen, que sigue la misma línea de los dos anteriores, pero en lugar de soja o huesos se le añade pasta de miso.

Pese a ser un plato de origen chino, el ramen es un plato japonés. Ramen es Japón. Ya no es el plato de post-guerra de supervivencia, ni hay chinos vendiéndolo en puestos callejeros como en el siglo anterior. El ramen se ha convertido en un plato nacional japonés en toda regla y es mundialmente conocido.

En la actualidad, el 80% de los restaurantes de ramen en Japón son pequeñas empresas, la mayoría familiares. Ese calor humano es el que buscan muchos aficionados al ramen. En total se calcula que hay unso 35.000 restaurantes en todo Japón.

Receta práctica para hacer ramen

El ramen no deja de ser una sopa con ingredientes típicos como las verduras, el huevo o la carne. Sin embargo, en la cocina japonesa también se añaden algunas especias o salsas que puedan no ser tan comunes en la cocina occidental. Para preparar un buen ramen, lo ideal es que cocines tú mismo (a) el caldo. Sin embargo, este proceso lleva muchísimo tiempo, y la preparación completa del ramen llevaría cerca de cuatro horas. Por ello, hemos preferido optar por una receta sencilla e ideal para los principiantes del ramen.

La cantidad de los ingredientes varia en función del número de comensales. Esta receta es para cuatro raciones aproximadamente.

Ingredientes

  • Lomo de cerdo o pechuga de pollo
  • 4 huevos cocidos
  • 250 gramos de fideos udon o soba
  • Setas shiitake
  • Naruto, si puedes adquirir
  • La parte verde de cuatro cebolletas o puerros
  • 2 zanahorias
  • 1 litro de caldo de pollo
  • Salsa de soja
  • Aceite de sésamo
  • Sal
  • Pimienta

Preparación

  1. Para empezar, salpimienta la carne y macérala en salsa de soja. Para que el sabor sea intenso, cubre la carne con un papel film transparente y déjala reposar en la nevera mientras preparas el resto.
  2. Para empezar a preparar el ramen, cuece los fideos siguiendo las instrucciones del fabricante. Una vez cocidos, suelen tardar aproximadamente cinco minutos, escúrrelos y distribúyelos en cuatro boles.
  3. En otra cazuela, cuece la zanahoria y las hojas del puerro. Saltea las setas shiitake en una sartén. Cuece los huevos durante, aproximadamente, nueve o diez minutos.
  4. Seguidamente, escurre la carne y fríela en la sartén junto con un poco de aceite de sésamo. Córtalo en tiras y distribuye la carne juntamente con los fideos. Añade el resto de verduras y setas al bol.
  5. Finalmente, vierte en cada bol una parte del caldo de pollo. Puedes decorar tu ramen casero con cebolla tierna en rodajas, naruto y el huevo, previamente cocido y partido por la mitad.

El ramen es de los alimentos que tienes que probar por lo menos una ves en la vida y que estamos seguros que te va a encantar!

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Cultura gastronómica

Del encuentro a la mesa en el día de la Nación Pluricultural

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Foto: Llegada de los exploradores europeos en América

El nacimiento de una nueva gastronomía en América

La llegada de los europeos al continente americano transformó para siempre la alimentación de dos mundos. Entre intercambios, imposiciones y adaptaciones, surgió una fusión culinaria que dio origen a nuevas identidades gastronómicas y cambió la historia de la cocina mundial.

Dos mundos que se encontraron en la cocina

Cuando las expediciones europeas llegaron a América a finales del siglo XV, no solo comenzó una transformación política, económica y social: también se inició uno de los intercambios alimentarios más trascendentes de la historia. Los productos, las técnicas agrícolas, los animales y las costumbres culinarias de dos continentes comenzaron a encontrarse, modificando para siempre la forma de producir, preparar y consumir los alimentos.

Los pueblos originarios de América poseían conocimientos agrícolas y gastronómicos desarrollados durante miles de años. El maíz, el frijol, la calabaza, el chile, el jitomate, el cacao, el aguacate y la vainilla formaban parte de sistemas alimentarios complejos que incluían técnicas de cultivo, conservación y preparación profundamente vinculadas con el entorno natural y la vida comunitaria.

Por su parte, los europeos llegaron con otros ingredientes, animales y tradiciones culinarias. El trigo, el arroz, la caña de azúcar, la cebolla y el ajo, junto con el ganado bovino, porcino, ovino y caprino, comenzaron a incorporarse progresivamente a la producción y alimentación del continente americano.

El resultado no fue simplemente la suma de dos cocinas. Fue un proceso histórico de intercambio, adaptación y transformación que dio lugar a nuevas expresiones gastronómicas.

El intercambio que cambió la alimentación del mundo

Uno de los fenómenos más importantes de este periodo fue el llamado intercambio colombino, mediante el cual plantas, animales, alimentos y conocimientos circularon entre América, Europa, África y Asia.

América aportó productos que hoy resultan indispensables en numerosas cocinas del planeta. El jitomate transformó la gastronomía italiana; la papa se convirtió en un alimento fundamental en Europa; el cacao conquistó nuevos mercados y el chile encontró un lugar destacado en diversas cocinas de Asia.

Al mismo tiempo, el continente americano incorporó ingredientes que cambiarían su paisaje agrícola y culinario. El trigo se utilizó para elaborar panes y otras preparaciones; el ganado permitió desarrollar nuevas tradiciones de consumo de carne y productos lácteos, mientras que el arroz y la caña de azúcar adquirieron importancia en distintas regiones.

Este intercambio no ocurrió de manera inmediata ni fue igual en todo el continente. Dependió de las condiciones ambientales, las rutas comerciales, los movimientos de población y las relaciones de poder establecidas durante la colonización.

Además, la transformación alimentaria no involucró únicamente a europeos y pueblos originarios. Las poblaciones africanas, muchas de ellas trasladadas por la fuerza mediante la esclavitud, también aportaron conocimientos, ingredientes y prácticas que enriquecieron las cocinas americanas. La gastronomía del continente es, por ello, resultado de una historia mucho más amplia y diversa.

México: un encuentro de ingredientes que transformó la cocina

En el territorio que hoy ocupa México, el encuentro entre las tradiciones indígenas y europeas dio lugar a transformaciones especialmente significativas.

Antes de la llegada de los españoles, el maíz era la base de la alimentación de numerosos pueblos mesoamericanos. Su transformación mediante la nixtamalización permitía elaborar masa para tortillas, tamales y otras preparaciones. El chile, los frijoles, las calabazas y una gran variedad de hierbas, frutos e insectos comestibles completaban una alimentación adaptada a los ecosistemas locales.

Con la colonización se incorporaron ingredientes y técnicas que encontraron distintas formas de integrarse a las cocinas existentes. El cerdo, la res, el pollo, el trigo, el arroz, la leche, el queso y diversas especias comenzaron a participar en nuevas preparaciones.

Así, las tortillas y los guisos de maíz convivieron con carnes de origen europeo; los panes de trigo se incorporaron a las mesas de diferentes sectores sociales y los lácteos encontraron espacio en preparaciones regionales.

La cocina mexicana no abandonó sus raíces para adoptar una tradición extranjera. En muchos casos, reinterpretó los nuevos ingredientes a partir de sus propios conocimientos, técnicas y preferencias.

El resultado fue una gastronomía en constante transformación, capaz de conservar prácticas ancestrales y, al mismo tiempo, incorporar elementos provenientes de otras culturas.

De los ingredientes a los platillos: la creación de nuevas identidades

La fusión gastronómica se aprecia en preparaciones que hoy forman parte de la identidad culinaria de México, aunque sus historias son distintas y no siempre pueden atribuirse a un único momento histórico.

El uso del cerdo en carnitas, la presencia del trigo en panes y repostería, la incorporación de productos lácteos en quesos y guisos, así como la combinación de ingredientes americanos y europeos en numerosas cocinas regionales, muestran cómo los productos introducidos durante la colonización fueron reinterpretados con el paso del tiempo.

El mole, por ejemplo, tiene una historia compleja vinculada con ingredientes, técnicas y tradiciones de diferentes épocas. No puede explicarse simplemente como una receta española ni como una preparación que permaneció inalterada desde el periodo prehispánico. Su evolución refleja la creatividad de cocineras y cocineros, la circulación de ingredientes y los cambios sociales que marcaron la historia de México.

Algo similar sucede con muchas otras preparaciones que hoy se consideran representativas de la cocina nacional. Su identidad se construyó a través de generaciones, en hogares, mercados, conventos, comunidades rurales y espacios urbanos.

Detrás de cada platillo existe una historia de adaptación, conocimiento y creatividad que difícilmente puede reducirse a una sola cultura.

Una fusión marcada también por el conflicto

Hablar de mestizaje gastronómico exige reconocer que este proceso no ocurrió en condiciones de igualdad.

La conquista y la colonización estuvieron acompañadas de violencia, despojo territorial, evangelización forzada, cambios en las formas de trabajo y profundas transformaciones en los sistemas productivos. La alimentación también se vio afectada por estas relaciones de poder.

Algunos ingredientes y costumbres se difundieron por las rutas comerciales y el contacto entre comunidades; otros se incorporaron como consecuencia de nuevas estructuras económicas y sociales. Los sistemas agrícolas indígenas, por su parte, demostraron una enorme capacidad de adaptación y conservaron conocimientos que siguen siendo fundamentales para la alimentación contemporánea.

Las mujeres indígenas y las cocineras de distintas comunidades desempeñaron un papel esencial en la transmisión de técnicas, el aprovechamiento de los ingredientes y la transformación de las recetas. Sin embargo, gran parte de ese conocimiento se conservó de manera oral y colectiva, sin que sus protagonistas recibieran siempre el reconocimiento histórico que merecían.

Por eso, comprender el origen de la gastronomía americana también significa reconocer a las comunidades que preservaron sus saberes en medio de profundas transformaciones.

La gastronomía americana: una herencia que conquistó el mundo

La influencia de este intercambio trascendió las fronteras del continente. Ingredientes originarios de América se incorporaron a las cocinas europeas, africanas y asiáticas, mientras que los productos introducidos desde otros territorios encontraron nuevas formas de utilización en las sociedades americanas.

Hoy resulta difícil imaginar la cocina italiana sin jitomate, la gastronomía belga sin chocolate, numerosas preparaciones asiáticas sin chile o las cocinas latinoamericanas sin arroz, trigo y productos ganaderos.

Estos ejemplos muestran que la historia de la gastronomía no puede entenderse como una sucesión de cocinas aisladas. Los alimentos viajan, las técnicas se adaptan y las comunidades transforman aquello que reciben a partir de sus propias necesidades y conocimientos.

La diversidad culinaria actual es, en buena medida, resultado de siglos de migraciones, intercambios comerciales, conquistas, resistencias e innovaciones.

Una historia que continúa en cada cocina

La fusión entre las tradiciones de los pueblos originarios de América, las culturas europeas y los aportes africanos no fue un acontecimiento que concluyó hace siglos. Es un proceso que continúa en los mercados, los hogares, los restaurantes y las cocinas contemporáneas.

Cada vez que una cocinera utiliza maíz nativo en una preparación que incorpora ingredientes introducidos desde otros continentes, o cuando un chef recupera una técnica ancestral y la combina con recursos actuales, participa de esa larga historia de transformación gastronómica.

Comprender estos procesos permite mirar los alimentos de otra manera. Un ingrediente no es únicamente una materia prima: también representa viajes, conocimientos, relaciones humanas y cambios históricos.

La gastronomía americana nació de encuentros complejos, de la conservación de saberes ancestrales y de la capacidad de distintas culturas para transformar sus alimentos. Reconocer esa historia no significa olvidar los conflictos que la acompañaron, sino comprender cómo, a pesar de ellos, las comunidades construyeron cocinas nuevas y extraordinariamente diversas.

En cada tortilla, cada pan, cada guiso y cada combinación de sabores permanece una parte de esa historia compartida: la historia de un continente que transformó el mundo a través de sus alimentos.

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Chefs y cocineros

Ajonjolí de todos los moles

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Foto: Ilustración GM

¿Hasta donde se puede abarcar?

En un pequeño pueblo mexicano vivía Don Chuy, un hombre conocido por una peculiar habilidad: siempre estaba en todas partes. Si había una fiesta patronal, ahí estaba Don Chuy ayudando a colgar los adornos. Si se organizaba un torneo de fútbol, era el primero en ofrecerse como árbitro. Si alguien necesitaba un consejo, una opinión o simplemente compañía, aparecía como por arte de magia.

Los vecinos comenzaron a bromear diciendo que Don Chuy era el “ajonjolí de todos los moles”, porque así como el ajonjolí adorna una gran variedad de platillos, él parecía formar parte de cualquier actividad del pueblo.

Una mañana, la alcaldesa anunció la organización de la Feria Gastronómica Anual. Había que coordinar cocineros, músicos, artesanos y comerciantes. Sin sorpresa para nadie, Don Chuy se presentó de inmediato.

—Yo puedo ayudar con la logística —dijo.

Media hora después estaba organizando los puestos. Más tarde se le vio acomodando sillas para el espectáculo musical. Al caer la tarde, estaba degustando recetas para elegir a los finalistas del concurso culinario.

Sin embargo, tanta participación comenzó a pasarle factura. Un día olvidó entregar unos documentos porque estaba ayudando a montar un escenario. Al mismo tiempo, llegó tarde a una reunión porque se encontraba resolviendo un problema eléctrico en la plaza.

Su amigo Don Manuel le dijo:

—Chuy, ser útil es bueno, pero nadie puede hacerlo todo. Hasta el mejor ajonjolí tiene su lugar en el mole.

Aquellas palabras lo hicieron reflexionar. Comprendió que ayudar no significaba estar involucrado en cada asunto. Aprendió a elegir dónde podía aportar más valor y a confiar en que los demás también tenían talentos que ofrecer.

La feria fue un éxito. Don Chuy colaboró en la coordinación gastronómica, el área que mejor conocía, mientras otros vecinos asumieron diferentes responsabilidades. El resultado fue mejor de lo que cualquiera imaginaba.

Desde entonces, cuando alguien decía que era el “ajonjolí de todos los moles”, Don Chuy sonreía y respondía:

—Sí, pero ahora solo en los moles donde realmente hace falta el ajonjolí.

Y así, el pueblo descubrió que participar es valioso, pero saber cuándo y dónde hacerlo es una verdadera sabiduría.

Historias de cocina por: Tlacualchichihua

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Bebidas

El origen y significado de la palabra pulque

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Foto: Archivo pulque

El pulque es una de las bebidas más antiguas y representativas de México.

De aspecto blanco y espeso, con un sabor ligeramente ácido, esta bebida fermentada del maguey no solo tiene importancia gastronómica, sino también histórica, cultural y lingüística. Pero ¿de dónde proviene la palabra pulque y qué significa realmente?

Un nombre con raíces indígenas

Antes de la llegada de los españoles, el pulque ya era consumido por diversos pueblos mesoamericanos, especialmente los mexicas (aztecas), quienes lo consideraban una bebida sagrada. En náhuatl —la lengua de los mexicas— el pulque no se llamaba “pulque”, sino “octli”.

El término octli hacía referencia al aguamiel fermentado del maguey (Agave salmiana y otras especies). Esta bebida estaba asociada a rituales religiosos y a la deidad Mayáhuel, diosa del maguey, así como a los Centzon Totochtin (los “cuatrocientos conejos”), dioses relacionados con la embriaguez.

¿De dónde surge la palabra “pulque”?

La palabra “pulque” no proviene directamente del náhuatl clásico octli. Existen varias teorías sobre su origen:

  1. Posible deformación colonial: Algunos investigadores sugieren que los españoles comenzaron a usar la palabra pulque para diferenciar el aguamiel fresco del fermentado, o que surgió como una adaptación fonética de términos indígenas relacionados.
  2. Origen en la palabra “poliuhqui”: Otra teoría sostiene que proviene del náhuatl poliuhqui, que significa “descompuesto” o “echado a perder”. Esta interpretación se relaciona con el proceso de fermentación, que transforma el aguamiel en una bebida alcohólica. Con el tiempo, poliuhqui octli (octli descompuesto o fermentado) pudo haberse abreviado hasta convertirse en pulque.

Aunque no existe un consenso absoluto, esta segunda teoría es una de las más aceptadas entre lingüistas e historiadores.

Significado cultural del pulque

Más allá de su etimología, el pulque tiene un profundo significado simbólico:

  • Bebida ritual: En la época prehispánica su consumo estaba restringido a sacerdotes, ancianos y personas que participaban en ceremonias religiosas.
  • Elemento comunitario: Durante el periodo colonial y posteriormente, el pulque se convirtió en una bebida popular entre distintos sectores sociales.
  • Identidad nacional: Hoy en día es considerado patrimonio cultural y forma parte de la identidad gastronómica mexicana.

De lo sagrado a lo popular

Foto: Vasos de pulque

Durante la colonia, el pulque pasó de ser una bebida ceremonial a un producto comercial importante. En el siglo XIX vivió su época de auge, con la expansión de las haciendas pulqueras en el altiplano central de México. Sin embargo, con la llegada de la cerveza industrial en el siglo XX, su consumo disminuyó.

En años recientes, el pulque ha experimentado un resurgimiento, especialmente entre jóvenes interesados en rescatar tradiciones y productos ancestrales.

Encuentro de mundos

La palabra pulque refleja el encuentro entre dos mundos: el indígena y el español. Aunque originalmente se llamaba octli, el término actual probablemente proviene del náhuatl poliuhqui, vinculado al proceso de fermentación. Más que una simple bebida, el pulque representa siglos de historia, tradición y transformación cultural en México.

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