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Chefs y cocineros

Marco Pierre White, el gastropunk de la alta cocina

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Considerado por el Chef Albert Roux el enfant terrible de la alta cocina

Un claro ejemplo de genio y maldición, con una brillante carrera y una saga de alumnos del calibre de Gordon Ramsay, Marco Pierre White a la edad de 33 años, fue el primer chef británico, y uno de los más jóvenes, en obtener las prestigiosas tres estrellas Michelin.

Considerado uno de los fundadores de la cocina moderna, fue de los primeros en darse cuenta de que el éxito de un restaurante también tenía que basarse en el alma y el carisma creativo de sus protagonistas.

Marco Pierre White, y sus tres estrellas Michelin

Una combinación perfecta entre talento e inconformismo lo han convertido en uno de los personajes más peculiares de la escena culinaria de todos los
tiempos. Nacido en 1961, hijo de un chef inglés y de madre italiana, dejó su ciudad natal de Leeds, en Londres, a la edad de 16 años con una mochila, poco más de 7 libras en su bolsillo, y tras haber dejado la escuela de hotelería. Su encuentro con la alta cocina tiene lugar cuando comienza a trabajar en Le Gavroche de Michel y Albert Roux. Será este último quien lo apodará como el enfant terrible.

Después de trabajar también con Pierre Koffman en La Tante Clairee, con Raymond Blanc en Le Manoir y con Nico Ladenis en Chez Nico de Ninety Park Lane, abre su primer restaurante, The Cantee, con el actor Michael Caine como socio.

Más tarde, en 1987, con 24 años, se convirtió en maestro y chef de Harwey en Wandsworth Common, obteniendo ese mismo año la primera estrella Michelin y al año siguiente la segunda. Pero fue con su Marco Pierre White, dentro del antiguo hotel Hyde Park, donde se consagró entre los grandes con la tercera estrella Michelin a la temprana edad de 33 años. 

5 años después, White renunció a las tres estrellas Michelin siguiendo con su personalidad, se encontró que, a pesar de sus logros, el reconocimiento y la fama en su carrera, no le proporcionó satisfacciones en su vida personal. Así, en 1999, se retiró y devolvió sus estrellas Michelin.

Pierre White es una figura algo controvertida, conocido no tanto por su talento como por sus locuras. En su cocina crea obras de arte y, así es como siempre ha querido que las consideraran, y cuando no era así, era capaz de echarte de su restaurante a patadas. A pesar de que su restaurante solía estar frecuentado por la creme de la creme de la alta sociedad londinense, el chef nunca ha dudado en enseñarle donde está la puerta a todo cliente que pidiera variaciones en el menú o que simplemente tuviera la intención en entrar al restaurante «solo para comer».

Este chef tiene talento y lo sabe, lo cual no lo ha salvado de ser maniático y ambicioso, naturaleza que le ha llevado, por ejemplo, a representar la cocina francesa, sin haber puesto un pie en Francia. Las anécdotas sobre él son interminables y los límites entre el mito y la realidad a menudo se desvanecen. Sin embargo, hay ciertos episodios que parecen estar confirmados, como por ejemplo cuando derramó una olla de risotto caliente sobre su ayudante o cuando estampó un trozo de queso contra la pared solo porque el maître no había respetado las proporciones del emplatado, o incluso cuando se ligó a una cliente entre servicio y servicio.

El chef también ha cosechado éxitos con una serie de libros que cumplen a la perfección el «estilo Pierre White», y también como celebrity de televisión y publicidad. Decisiones que le traerán bastantes críticas. Incluso como maestro no lo hacía nada mal, formando a estudiantes del calibre de Gordon Ramsay con quien, sin embargo, la relación se ha enfriado, llegando a ser incluso hostil, de acuerdo con algunas declaraciones de este y al hecho de que Ramsay se presentó en la boda del maestro acompañado de un equipo de televisión que no estaba invitado al evento.

Probablemente el rudo estilo de Ramsay encuentre su origen en Pierre White, en cuya cocina, según él, había una atmósfera muy intensa y muy estresante, y que incluso vio volar cuchillos. Una actitud nada constructiva, causada por la perpetua e incesante búsqueda de perfección del chef. Un personaje del que podríamos hablar durante horas, que ha dado mucho a la alta cocina sacudiendo sus cimientos más profundos. Si hay una rockstar en el mundo de los restaurantes, ¡este es Pierre White!

Libros que ha escrito Marco Pierre White:

Sin duda Marco Pierre White tiene su lugar en la historia de los grandes cocineros de la historia, porque simplemente fue él, sin querer imitar a nadie. Cocineros como White son estereotipos modernos que solo deben ser considerados porque su talento fue más allá de su temperamento, y que han llegado a niveles altos en la cocina mundial.

En lo único que deberían ser imitados estos personajes por las nuevas generaciones de cocineros, es por su esfuerzo y trabajo duro por sobresalir en un oficio demasiado difícil y competido. Las malas costumbres y actitudes deplorables, solo deberían quedar como anécdotas de ciertos personajes que en su momento, crearon una personalidad que no representa al gremio de grandes cocineros que lo han logrado sin tener que recurrir a la extravagancia y abuso de actitudes deplorables. 

Chefs y cocineros

El secreto que esconde un Chile en Nogada

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Foto: Chile en Nogada / Platillo de México

“Hay recetas que no se heredan. Se recuerdan.”

En un rincón de México donde las tardes olían a tierra mojada, canela y fruta madura, vivía una joven llamada Mariana.

Su abuela decía que había comidas que alimentaban el cuerpo y otras que alimentaban la memoria.

—El chile en nogada pertenece a las dos —le repetía mientras pelaba las nueces de Castilla—. Porque un platillo también puede guardar la historia de un país.

Cada año, cuando llegaba la temporada de granadas, la familia se reunía alrededor de la cocina. Había chiles poblanos asándose sobre el fuego, manzanas y peras esperando su turno, duraznos cortados en pequeños cubos y el aroma dulce de la canela flotando por toda la casa.

Mariana había crecido viendo a su abuela preparar aquel platillo, pero nunca había entendido por qué lo hacía con tanta ceremonia.

Hasta que una tarde encontró una vieja libreta escondida detrás de los frascos de especias.

En la primera página había una frase escrita a mano:

“Hay recetas que no se heredan. Se recuerdan.”

Mariana siguió leyendo.

La libreta hablaba de una familia que, muchos años atrás, había viajado por distintos lugares de México. En cada sitio habían aprendido un ingrediente, una forma de cocinar, una historia. Al regresar a casa, reunieron todo aquello en un solo platillo.

El chile era el campo.

La fruta era la abundancia.

La nogada era la tierra y la memoria.

La granada era la alegría.

Y el perejil, según la libreta, representaba la esperanza.

Mariana cerró el cuaderno.

—¿Todo esto es verdad? —preguntó a su abuela.

La mujer sonrió.

—No importa si ocurrió exactamente así. Las familias también construyen sus propias leyendas.

Aquella noche cocinaron juntas.

Asaron los chiles hasta que su piel quedó oscura y los dejaron reposar. Prepararon el relleno con carne, fruta, especias y frutos secos. Después llegó la parte que Mariana más disfrutaba: la nogada.

La abuela molió las nueces lentamente hasta convertirlas en una salsa blanca y cremosa.

Finalmente colocaron cada chile sobre un plato, lo bañaron con nogada y lo cubrieron con granada y perejil.

Los colores aparecieron como si alguien hubiera pintado México sobre la mesa.

Mariana entendió entonces que aquello no era solamente una receta.

Era una conversación entre generaciones.

Era la historia de quienes habían cocinado antes que ellas y de quienes algún día cocinarían después.

—¿Y cuál es el ingrediente más importante? —preguntó Mariana.

Su abuela levantó una ceja.

—Eso tendrás que descubrirlo tú.

Mariana probó el primer bocado.

Dulce, salado, cremoso, picante. Contrastes que, juntos, tenían sentido.

Entonces sonrió.

—Creo que ya sé.

—¿Cuál?

Mariana tomó otra semilla de granada y la dejó caer sobre el chile.

—La memoria.

La abuela no respondió.

Solo sonrió.

Y desde entonces, cada vez que en aquella casa se preparaban chiles en nogada, alguien abría la vieja libreta y añadía una nueva página.

Porque la receta nunca estaba terminada.

México seguía cocinándola.

Historias de cocina por: Tlacualchichihua

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Visita a Mexipan 2026 CDMX

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Foto: Mexipan 2026

Una jornada de innovación, tradición y el sabor de la gastronomía dulce

Entrar a Mexipan 2026 es sumergirse en un universo donde el aroma del pan recién horneado, el chocolate, la pastelería y la creatividad se convierten en los verdaderos protagonistas. Del 29 de julio al 1 de agosto, el Centro Banamex reúne a profesionales, estudiantes, empresarios y apasionados de la gastronomía en uno de los encuentros más importantes del sector en México.

Más allá de un negocio

Foto: Mexipan 2026

Durante nuestro recorrido fue evidente que la exposición va mucho más allá de ser un escaparate comercial. Cada pasillo ofrece una oportunidad para descubrir nuevas tendencias, ingredientes, maquinaria, utensilios y soluciones que buscan impulsar la evolución de la panadería, la pastelería, el chocolate y otros segmentos de la industria gastronómica.

Inspiración e innovación profesional

Uno de los grandes atractivos de la jornada fueron las conferencias y demostraciones culinarias. Reconocidos chefs y especialistas compartieron técnicas, conocimientos y experiencias que inspiraron tanto a quienes inician su camino en el oficio como a profesionales con amplia trayectoria. Cada presentación despertó el interés del público, que siguió con atención las explicaciones y degustó algunas de las creaciones elaboradas en vivo.

Foto: Mexipan 2026 / Chef Irvin Quiroz

La innovación estuvo presente en prácticamente todos los stands. Desde materias primas de alta calidad hasta equipos con tecnología de vanguardia, Mexipan confirmó por qué es un punto de encuentro estratégico para quienes buscan mantenerse al día en un mercado cada vez más competitivo. La creatividad y la búsqueda constante de nuevas propuestas quedaron reflejadas en productos que combinan tradición con tendencias contemporáneas.

Cocktail de celebración

Foto: Cocktail celebración 18 años Mexipan 2026

Como parte de la celebración por los 18 años de Mexipan, organizadores, expositores, representantes de la industria, medios de comunicación e invitados especiales se reunieron en un ameno cóctel conmemorativo. Durante el encuentro se dirigió un mensaje de agradecimiento por el camino recorrido por esta exposición, hoy consolidada como una de las plataformas más importantes para la panadería, la pastelería, la chocolatería y la gastronomía en México y Latinoamérica.

La velada fue conducida por el actor Omar Fierro como maestro de ceremonias, quien aportó calidez y cercanía a una celebración que estuvo acompañada de una destacada propuesta gastronómica, bebidas y la música de mariachi, en un ambiente de convivencia que puso el broche de oro a una jornada llena de innovación y sabor.

Mucho más que una exposición

Mexipan vuelve a demostrar que es mucho más que una exposición: es un lugar donde convergen el conocimiento, la innovación y la pasión por los oficios que endulzan y enriquecen la gastronomía. Para quienes forman parte de este sector o simplemente disfrutan descubrir nuevas propuestas culinarias, la visita representa una experiencia que vale la pena vivir.

Foto: Mexipan 2026

Las demostraciones de los chefs, la diversidad de productos, el ambiente de los pabellones y el cálido encuentro del incio de Mexipan con la prensa e invitados especiales, reflejaron la energía y el espíritu que distinguen a Mexipan durante ya 18 años.

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Alimentos

La conversación secreta de los panes de dulce

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Foto: Los panes cobran vida / GM-IA

En una panadería mexicana

Cuando las luces de la panadería se apagaban y el último cliente salía con una bolsa de pan bajo el brazo, ocurría algo que muy pocos imaginaban.

Los panes de dulce cobraban vida.

—¿Ya están listos para mañana? —preguntó el Concha, acomodando orgulloso su costra de vainilla.

—¡Siempre! —respondió el Cuerno, estirando sus puntas doradas—. No hay mejor misión que recibir a alguien con el aroma de la mantequilla recién horneada.

Desde una esquina, el Pan de Muerto, que solo aparecía en ciertas temporadas, sonrió con sabiduría.

—Nuestra tarea nunca ha sido solo alimentar. Somos recuerdos. Cada uno de nosotros lleva una historia.

La Oreja soltó una pequeña carcajada.

—Yo he visto a personas decir que solo comprarían una pieza… y terminan llevándose media charola.

Todos rieron.

El Bigote, recién salido del horno, habló con entusiasmo.

—Hoy vi entrar a una niña muy triste. Su mamá le compró una concha de chocolate. Al primer bocado, sonrió. ¿Se dieron cuenta? A veces un solo pan puede cambiar un día entero.

Hubo un momento de silencio.

El Garibaldi, cubierto de pequeñas grageas, tomó la palabra.

—Eso es exactamente lo que hacemos. No competimos entre nosotros. Cada cliente encuentra el pan que necesita.

—Hay quienes buscan un abrazo —dijo el Rol de Canela—. Para ellos estoy yo.

—Otros necesitan energía para empezar la mañana —comentó el Cuerno.

—Y algunos solo quieren recordar la cocina de su abuela —añadió la Concha con una sonrisa.

Desde el fondo del mostrador, el pequeño Polvorón levantó la voz.

—¿Y qué pasa si alguien no nos elige?

El Concha respondió con calma.

—No debemos preocuparnos por eso. Nuestro deber es estar aquí, recién horneados, con el mejor sabor y el mejor aroma. Cuando llegue la persona indicada, sabrá cuál de nosotros necesita.

Los demás asintieron.

Entonces el viejo horno, que había escuchado la conversación durante décadas, dejó escapar un suave crujido y dijo:

—Recuerden algo. La harina, el azúcar y la mantequilla hacen buenos panes. Pero lo que realmente enamora a la gente es el cariño con el que fueron preparados.

Los panes guardaron silencio.

Sabían que el horno tenía razón.

A la mañana siguiente, el panadero abrió la puerta y un cálido aroma invadió la calle.

Comenzaron a llegar los primeros clientes.

Un señor pidió dos conchas para acompañar el café.

Una estudiante eligió una oreja para el camino.

Una pareja compartió un garibaldi.

Un niño señaló emocionado un cuerno recién horneado.

Y mientras cada pieza encontraba su destino, los panes intercambiaban discretas miradas de satisfacción.

Porque habían comprendido que su verdadero deber no era simplemente venderse.

Su misión era regalar un instante de felicidad, despertar recuerdos, reunir familias alrededor de una mesa y demostrar, bocado a bocado, que el pan dulce mexicano siempre tiene la extraordinaria capacidad de convertir un día cualquiera en un momento inolvidable.

Esta historia es un humilde homenaje a la panadería y panaderos mexicanos

Historias de cocina por: Tlacualchichihua

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