La pandemia cancelo una actividad humana que se caracteriza por hacer que nuestro cerebro haga un registro que es muy difícil de borrar de la memoria, esto por el impacto que causa el salir de nuestro lugar de origen. Esta actividad es la de viajar. Afortunadamente el panorama pandémico comienza a ceder y esperemos pronto pueda volver a ser “normal” el viajar por el mundo.
Viajar es la experiencia humana que logra generar en nuestra mente muchos mundos, al estar ligada a conocer las culturas de otro lugares distintos al cual nacimos, y por ello, la comida es una parte muy importante al viajar. No es de extrañar que mucho de lo que se aprende acerca de un nuevo país, nos llegue directamente a través de su cocina.
Si eres un fanático de la comida y dentro de tus posibilidades esta la de viajar, te recomendamos hacerlo a los siguientes destinos. Estas ciudades han sido seleccionadas por su reconocimiento en listas especializadas de gastronomía, opiniones de críticos gastronómicos y sitios web de Check in.
Comenzamos con la lista:
Melbourne
Calle Little Bourke
En la capital gastronómica de Australia podes encontrar bocados de todo el mundo. Gracias a una riqueza histórica relacionada con la inmigración de finales del siglo XIX y principios del XX, en Melbourne hay zonas de restaurantes especializadas con lo mejor de Europa, América Latina, Asia y África. Ve a la calle Londsdale a probar irresistibles bocados de comida griega, a la calle Lygon para probar los italianos o al barrio chino más antiguo de Australia. En torno a la calle Little Bourke donde varios restaurantes tienen sus puertas abiertas desde 1860.
Berlín
Currywurst
Para muchos, la típica currywurst sintetiza en un pequeño y sabroso paquete el panorama culinario de Berlín (y la guerra por «la mejor currywurst» se libra entre el Curry 36 de Kreuzberg y el Konnopke Imbiss de Prenzlauer Berg), pero no te olvides de las riquezas culinarias de Turquía y del Oriente Medio, que hicieron de la capital alemana su hogar. Empieza visitando el Turkenmarkt, un mercado turco al aire libre, para conseguir productos frescos, especias y pan turco. Además de todo esto, en Berlín hay algunos de los restaurantes más modernos (¡y baratos!): desde hamburgueserías vietnamitas a excelentes lugares de fusión asiática.
Madrid
Tortilla española
Los españoles aman la comida por una razón: ¡hay comida exquisita en abundancia!, y toda la ciudad de Madrid es un regalo para los paladares de los visitantes. Después de saborear la obligada tortilla española y los churros con chocolate, degustá el delicioso cocido madrileño, un bocadillo de calamares (bocadillo de pan crujiente y calamares fritos) o cualquier plato con bacalao. Durante el fin de semana o a la noche, disfrutá de las tapas en la Cava Baja y la Cava Alta, dos calles de bares y restaurantes del barrio de La Latina.
Roma
Barrio Trastevere
La cocina italiana es una de las más populares del mundo, y un viaje gastronómico a Italia sería un desastre si no se visitara la capital del país, Roma. Buscá pizza bianca, fiori dizucca (flores de calabacín) carbonara (inténtalo en Da Danilo o Roscioli en el centro), y pizza al estilo romano (empieza con la mejor en Pizzarium, en Prati). Para evitar los restaurantes típicos para turistas, visita los barrios de Testaccio y Trastevere y no dejes de visitar los mercados, incluido el mercado de pescado del Trastevere.
Seattle
Tazón de almejas en el mercado Pike Place
Bastante cerca del estrecho de Puget, que es un regalo para los ojos, Seattle tienta a los viajeros con pescado, café, cerezas, barbacoas y delicias internacionales. El marisco y en particular los mejillones, las almejas y las ostras es el plato obligado para los habitantes, así que únete a ellos haciendo cola para probar un tazón de sopa de almejas en el mercado Pike Place, o unas suculentas ostras en The Walrus and the Carpenter (4743 Ballard Ave). Puedes decidirte por otros platos riquisimos, y verdaderamente contundentes, como las hamburguesas de carne de cerdo desmenuzada, pollo y gofres.
Dublín
Powerscourt Town House
Con cada bocado acompañado por el dulce acento de sus habitantes y la promesa de verdes colinas, Dublín es una auténtica delicia. ¿Qué puedes esperar? Piensa en comida casera; rollos de salchicha, pescado y papas (bacalao rebozado), ostras y Guinness, pan de soda, morcilla y rarezas irlandesas, ¡como el helado de sal marina! Una vez que estés en Dublín, tomate con calma el domingo con un brunch en el Pepperpot Café (Powerscourt Town House), andá después a Hatch & Sons o el Pig’s Ear y prueba algunos platos tradicionales irlandeses. ¿Tenés el medio día libre? Toma el tren que va a Howth y come tapas de marisco más fresco en el restaurante Octopussys. Una pinta de cerveza o tres (¡o una taza de té!) te reconfortarán al final del día.
Tokio
Calle Yarakucho
Fresca, sabrosa y artística, la comida japonesa encabeza muchas listas de favoritos y, una vez que estés en Tokio, vas a tener asegurada la buena comida. Sushi, unagi, tempura, shabu-shabu y okonomiyaki, no vas a saber qué elegir. Prueba el ramen (fideos de huevo) en la calle Ramen y en la popular estación de Tokio, o come un poco de yakitori en plan informal en los puestos callejeros de la calle Yarakucho. ¿Te tienta algo más extravagante? A los viajeros intrépidos les encantarán las subastas de atún y los restaurantes de marisco del mercado de Tsukiji Shijo.
Lima
El tiradito (pescado crudo)
¿Amantes de la comida con destino a Sudamérica? ¡Deja que Perú sea tu guía! Junto al océano, en Lima, podes saborear el ceviche (trozos de pescado crudo marinado con zumo de limón, servido con ají, batata y maíz blanco), el tiradito (pescado crudo), y los nikkei (comida fusión peruana y japonesa) antes de pasar a otros placeres peruanos, como el tacu-tacu, el lomo salteado, el ají de gallina y la causa. Para comer mariscos, empieza en La Red (Avenida La Mar, Miraflores) y el Punto Azul (Avenida Primavera, Surco), y para comer comida de fusión italiana, prueba las delicias de Los Bachiche (Avenida La Paz, Miraflores).
Bangkok
Puesto callejero Bangkok
Esta ciudad de Tailandia se caracteriza por la buena comida, especialmente en los puestos callejeros inundan las calles. Cada día miles de personas, tanto lugareños como visitantes, comen por no más de un euro al día en los puestos callejeros, ya sea para almorzar como para cenar.
Resulta que la comida de estos puestos es tan buena que es realmente complicado comer bien en los restaurantes especializados en la comida tradicional del país. Esto es debido a que pocas personas pagan por algo que pueden encontrar en la calle a precios de risa y recién cocinado. Lo mejor de todo es que estos puestos están reconocidos por el Shell Shuan Shim, el logo de calidad de Tailandia, que reconoce la calidad de la cocina de los mismos.
Hong Kong
Temple Street Market
Son casi 12.000 locales los que completan la oferta gastronómica de esta zona de China, donde establecimientos con ofertas de mariscos, barbacoas y dim sum, se combinan con otros restaurantes de lujo localizados en los hoteles de 5 estrellas. Para los que les gusta comprar en los mercados, el más reconocido es el Temple Street Market, en la zona de Kowloon, donde lo más vendido es el chili crab y otras exquisiteces carnívoras provenientes de pulmones, intestinos y bazos.
Lyon
Restaurante Bouchons
En esta ciudad de Francia la gastronomía goza de una gran riqueza, tanto que ha conseguido tener la calificación culinaria mundial y ser cuna de la cocina de este país. En Lyon podrás probar gran cantidad de productos, algo que ha tenido como consecuencia la multiplicación de restaurantes tradicionales en los que puedes probar lo mejor de la región, los bouchons. Entre los platos más típicos, se encuentran las salchichas de cerno, albóndigas de lucio y la sopa de cebolla.
Oaxaca
Mercado 20 de noviembre
Oaxaca es famoso en todo el mundo, entre muchas cosas, por su variada, rica, y hasta exótica gastronomía. Así que, esta parte no debe faltar en tu viaje a este hermoso estado del País México.
No puedes dejar de probar la auténtica comida oaxaqueña como el quesillo, los famosos chapulines, el tasajo, y por supuesto, el mezcal. Existen restaurantes de todo tipo, desde alta cocina a más tradicionales, pero como cualquier ciudad de raíces y cultura ancestral; los lugares más emblemáticos para comer, son los mercados como el 20 de noviembre en el centro de la ciudad de Oaxaca.
¿Qué te parece?, si eres oriundo de esto lugares felicidades y sino, tendrás que visitarlos para comprobar que son dignos del prestigio del buen comer.
Cuando las luces de la panadería se apagaban y el último cliente salía con una bolsa de pan bajo el brazo, ocurría algo que muy pocos imaginaban.
Los panes de dulce cobraban vida.
—¿Ya están listos para mañana? —preguntó el Concha, acomodando orgulloso su costra de vainilla.
—¡Siempre! —respondió el Cuerno, estirando sus puntas doradas—. No hay mejor misión que recibir a alguien con el aroma de la mantequilla recién horneada.
Desde una esquina, el Pan de Muerto, que solo aparecía en ciertas temporadas, sonrió con sabiduría.
—Nuestra tarea nunca ha sido solo alimentar. Somos recuerdos. Cada uno de nosotros lleva una historia.
La Oreja soltó una pequeña carcajada.
—Yo he visto a personas decir que solo comprarían una pieza… y terminan llevándose media charola.
Todos rieron.
El Bigote, recién salido del horno, habló con entusiasmo.
—Hoy vi entrar a una niña muy triste. Su mamá le compró una concha de chocolate. Al primer bocado, sonrió. ¿Se dieron cuenta? A veces un solo pan puede cambiar un día entero.
Hubo un momento de silencio.
El Garibaldi, cubierto de pequeñas grageas, tomó la palabra.
—Eso es exactamente lo que hacemos. No competimos entre nosotros. Cada cliente encuentra el pan que necesita.
—Hay quienes buscan un abrazo —dijo el Rol de Canela—. Para ellos estoy yo.
—Otros necesitan energía para empezar la mañana —comentó el Cuerno.
—Y algunos solo quieren recordar la cocina de su abuela —añadió la Concha con una sonrisa.
Desde el fondo del mostrador, el pequeño Polvorón levantó la voz.
—¿Y qué pasa si alguien no nos elige?
El Concha respondió con calma.
—No debemos preocuparnos por eso. Nuestro deber es estar aquí, recién horneados, con el mejor sabor y el mejor aroma. Cuando llegue la persona indicada, sabrá cuál de nosotros necesita.
Los demás asintieron.
Entonces el viejo horno, que había escuchado la conversación durante décadas, dejó escapar un suave crujido y dijo:
—Recuerden algo. La harina, el azúcar y la mantequilla hacen buenos panes. Pero lo que realmente enamora a la gente es el cariño con el que fueron preparados.
Los panes guardaron silencio.
Sabían que el horno tenía razón.
A la mañana siguiente, el panadero abrió la puerta y un cálido aroma invadió la calle.
Comenzaron a llegar los primeros clientes.
Un señor pidió dos conchas para acompañar el café.
Una estudiante eligió una oreja para el camino.
Una pareja compartió un garibaldi.
Un niño señaló emocionado un cuerno recién horneado.
Y mientras cada pieza encontraba su destino, los panes intercambiaban discretas miradas de satisfacción.
Porque habían comprendido que su verdadero deber no era simplemente venderse.
Su misión era regalar un instante de felicidad, despertar recuerdos, reunir familias alrededor de una mesa y demostrar, bocado a bocado, que el pan dulce mexicano siempre tiene la extraordinaria capacidad de convertir un día cualquiera en un momento inolvidable.
Esta historia es un humilde homenaje a la panadería y panaderos mexicanos
Historias de cocina por: Tlacualchichihua
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El sabor intenso que conquista la gastronomía tradicional mexicana
En el vasto universo de los chiles mexicanos, existe un ingrediente que destaca por su aroma profundo, su color oscuro y su extraordinaria capacidad para transformar cualquier platillo: el chile negro ahumado. Más que un simple condimento, este producto representa una tradición culinaria transmitida de generación en generación, donde el fuego, el humo y el tiempo convierten un chile fresco en un ingrediente de gran personalidad.
Hoy, chefs, cocineras tradicionales y amantes de la gastronomía reconocen al chile negro ahumado como uno de los grandes tesoros de la cocina mexicana.
Una tradición nacida del humo
El chile negro ahumado se obtiene mediante un proceso artesanal en el que diversas variedades de chile son secadas lentamente con humo de leña. Dependiendo de la región del país, pueden emplearse chiles como el jalapeño, serrano o incluso variedades locales que adquieren características únicas durante el ahumado.
Foto: Diversas variedades de chile
El proceso puede durar varios días, durante los cuales el chile pierde humedad mientras absorbe los aromas de maderas como encino, mezquite o roble. El resultado es un fruto de color negro o café muy oscuro, con una piel arrugada y un aroma inconfundible que combina notas dulces, terrosas y ligeramente amaderadas.
Cada productor imprime su propio sello al proceso, por lo que no existen dos chiles negros ahumados exactamente iguales.
Un ingrediente con identidad mexicana
Aunque el chile chipotle es probablemente el chile ahumado más conocido del país, diversas regiones de México elaboran sus propias versiones de chile negro mediante técnicas tradicionales.
Estados como Oaxaca, Veracruz, Puebla, Hidalgo, Chiapas y algunas zonas del norte del país conservan métodos ancestrales de secado y ahumado que forman parte de su patrimonio gastronómico.
En muchas comunidades rurales, el ahumado continúa realizándose en hornos de adobe o pequeñas construcciones de madera donde el control del fuego depende completamente de la experiencia del productor.
El secreto detrás de su sabor
El chile negro ahumado ofrece un perfil sensorial complejo que difícilmente puede ser sustituido.
Entre sus principales características destacan:
Aroma intenso con notas de leña.
Picor moderado en la mayoría de las variedades.
Ligero dulzor natural desarrollado durante el secado.
Toques terrosos y especiados.
Gran persistencia en boca.
Gracias a estas cualidades, basta una pequeña cantidad para aportar profundidad y carácter a una preparación.
Presencia en la cocina mexicana
Foto: Chile negro ahumado en polvo
El chile negro ahumado es un ingrediente muy versátil que puede utilizarse entero, hidratado, molido o en pasta.
Es frecuente encontrarlo en:
Moles tradicionales.
Adobos.
Salsas tatemadas.
Marinados para carnes.
Barbacoa.
Mixiotes.
Caldos regionales.
Frijoles de olla.
Tamales.
Guisos con cerdo o res.
También ha encontrado un lugar importante en la cocina contemporánea, donde chefs mexicanos lo incorporan en mantequillas compuestas, aceites infusionados, mayonesas, vinagretas, chocolates, panes artesanales e incluso coctelería de autor.
Un aliado para la cocina de autor
La alta gastronomía ha redescubierto el valor del chile negro ahumado gracias a su capacidad para aportar complejidad sin ocultar los sabores principales del platillo.
Su intensidad aromática combina especialmente bien con ingredientes como:
Cacao.
Café.
Hongos.
Maíz criollo.
Quesos maduros.
Cordero.
Pato.
Atún.
Pulpo.
Verduras rostizadas.
Esta versatilidad ha convertido al chile negro en un ingrediente apreciado tanto por cocineros tradicionales como por chefs de cocina de vanguardia.
Patrimonio gastronómico que merece preservarse
El chile negro ahumado es mucho más que un producto alimenticio. Representa conocimientos agrícolas, técnicas ancestrales y una relación íntima entre el productor y el territorio.
Su elaboración requiere paciencia, experiencia y respeto por los tiempos naturales, elementos que hoy cobran especial relevancia frente a los procesos industriales.
Promover su consumo significa también apoyar a pequeños productores, preservar variedades locales de chile y mantener viva una tradición que forma parte de la riqueza culinaria de México.
Un sabor que cuenta historias
Cada chile negro ahumado guarda el aroma de la leña, el trabajo de las comunidades y siglos de historia gastronómica. Su presencia en una receta no solo aporta intensidad y profundidad al sabor, sino que conecta cada platillo con las raíces culinarias del país. En una época en la que la cocina mexicana sigue conquistando al mundo, este ingrediente artesanal demuestra que los sabores más memorables nacen de la tradición, la paciencia y el conocimiento heredado de generación en generación.
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La semilla del mamey que perfuma la memoria de México
Hay ingredientes que pasan desapercibidos hasta que alguien les pone nombre. El pixtle es uno de ellos: la semilla del mamey, también llamada “hueso”, y una pequeña cápsula de memoria culinaria que conecta la cocina actual con saberes de origen náhuatl. Su nombre proviene de pixtli o pitztli, palabra que alude al hueso o la semilla, y su sabor recuerda a la almendra tostada con un dulzor suave, delicado y persistente.
Origenes prehispánicos
Aunque muchos lo conocen apenas como el centro duro del fruto, el pixtle ha tenido un lugar propio en la cocina tradicional desde tiempos prehispánicos. En distintas regiones de México se hierve, se ahúma, se seca o se ralla para incorporarlo a bebidas y preparaciones que llevan consigo una carga de identidad local.
El corazón oculto del mamey
Basta partir el mamey para encontrarlo: una semilla oscura, lisa y robusta, encerrada en la pulpa naranja rojiza del fruto. La mayoría se queda con la carne dulce del mamey, pero el pixtle conserva otra parte de la historia: una que se transforma con el fuego, el agua o el tiempo.
Foto: El Pixtle hueso de Mamey
En la sierra de Puebla, por ejemplo, se usa en pixtamales y en enchiladas; en Oaxaca, aporta aroma, textura y espuma a bebidas como el tejate o al chocolate; y en otras preparaciones se deja secar para rallarlo y convertirlo en agua de pixtle o en una base de sabor con notas suaves de nuez.
Un ingrediente con herencia
Hablar del pixtle es hablar de cocina, pero también de continuidad cultural. Su uso refleja una manera de entender los alimentos en la que nada se desperdicia y cada parte del fruto puede tener un destino distinto, útil y valioso.
“El pixtle no es solo la semilla del mamey: es una huella comestible de la memoria mexicana.”
Esa versatilidad explica por qué el pixtle sigue apareciendo en mesas, mercados y recetas regionales: no como una curiosidad, sino como un ingrediente vivo que resiste el olvido. En él, el mamey no termina; apenas cambia de forma.
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