El aclamado cocinero pronuncia una conferencia en Tribuna de Girona en la que apunta las líneas generales del nuevo proyecto que está construyendo
Ferran Adrià ha culminado la transformación de chef a conferenciante, o ‘coach’, o lo que sea. El tiempo que ha pasado en Estados Unidos le ha servido para convertirse en un señor que sale al escenario, charla de lo que quiere, bromea en los momentos justos e interpela al público con simpatía. Ferran fue el protagonista de Tribuna de Girona, que a causa de la pandemia llevaba más de un año y medio sin celebrarse, con la charla ‘De El Bulli restaurante a elBulli1846’.
“El Bulli era, más que un restaurante, una forma de vida, está por encima de mí y de todos los que trabajamos en él”
Ferran Adrià
Tras oír un montón de veces en un montón de entrevistas a Ferran Adrià explicar qué será elBulli1846, todavía no hay de ello nada en claro. Pero será un centro de innovación en el cual algunos podrán comer, pero como parte de un proyecto de investigación en creatividad, y donde a la vez habrá cocineros trabajando junto con expertos en otras disciplinas.
Foto: Ferran Adrià. / Marc Martí
Esta ves fue un poco más explícito al mencionar que elBulli1846 será un museo. No quedó claro qué tipo de museo -“una parte física y otra virtual, uno podrá estar allá y pensar que estaba en el Bulli…”- pero tampoco vamos a pedirle tanto.
Lo que quiere escuchar la gente son anécdotas, como que rechazó sustanciosas ofertas de millonarios para ir a cocinar a su casa. Y sobre todo, comprobar que, a pesar de lo que modestamente afirma -“yo solo entiendo de cocina… y a veces”, los fogones se le han quedado pequeños, e igual opina de innovación en las empresas como de fútbol: “Lo más importante, en todo, es el talento. ¿Qué problema tiene ahora el Barça? Que no tiene talento”. Risas y aplausos del público. Suficiente para salir a hombros.
Ferran Adrià ha explicado en diversas ocasiones que el nombre de elBulli1846 hace referencia en el año en que nació Auguste Escoffier, padre de la cocina moderna, así como al número de recetas que se desarrollaron en El Bulli. Yo prefiero pensar que es una clara referencia al año en que el doctor William T. Morton realizó en Boston la primera operación quirúrgica con anestesia. Aquel hecho causó tanta admiración e incredulidad entre quienes lo observaban, como la espuma de judías blancas con erizos entre los comensales, cuando salía de la cocina del restaurante ubicado en Cala Montjoi.
-¿Alguien de ustedes sabe cuál es la primera misión de un restaurante?- pregunta de repente a los asistentes.
Hacer disfrutar al cliente, la sostenibilidad, la creación… Multitud de manos alzadas van dando respuestas, como alumnos aplicados.
-Nada de eso: la primera misión es ganar dinero- aclara el profesor- si no, nada de todo lo demás será posible.
Después sí, después hay otras misiones, como buscar los límites de la cocina y de los comensales, o abrir nuevos caminos gastronómicos, que son los que Ferran Adrià remarcó que tenía El Bulli, y que una vez agotados estos, fue que decidieron cerrarlo. El 30 de julio de 2011.
Y si alguien -ocurre a menudo- le pregunta por qué El Bulli fue El Bulli, la respuesta es clara, y esa sí que no tiene nada de enigmática:
-Y yo que sé, oiga.
Que nadie se despiste, que Ferran Adrià va lanzado y bombardea de preguntas al público:
-Conoce usted algún cantante chino- pregunta ahora a una señora, para demostrar que la fama es cosa muy relativa.
Y más serio, asegura que el principal mérito de El Bulli fue conseguir un cambio de paradigma en la cocina de todo el mundo. “Durante 400 años la cocina francesa dominó el mundo, desde hace 20 años, cada país ha recuperado su propia cocina poniéndola al día, y ahora se encuentran excelentes restaurantes desde Dinamarca hasta Perú”, explica. Por más que repita a menudo que no tiene estudios universitarios, Ferran Adrià es listo, indudablemente listo. Tanto como para reírse de él mismo
-El otro día una persona me dijo: Me gustaría entender lo que haces.
Educado como es, no usa la palabra esnob, indica que “hay gente que por salir a cenar de restaurante dos veces a la semana, cree que ya sabe degustar platos”.
Tratar con milmillonarios de ‘jet’ privado, de países de todo el orbe, no es fácil. A modo de ejemplo, y sin concretar si es un chiste o le ha sucedido alguna vez, relata esta conversación telefónica:
En un rincón de México donde las tardes olían a tierra mojada, canela y fruta madura, vivía una joven llamada Mariana.
Su abuela decía que había comidas que alimentaban el cuerpo y otras que alimentaban la memoria.
—El chile en nogada pertenece a las dos —le repetía mientras pelaba las nueces de Castilla—. Porque un platillo también puede guardar la historia de un país.
Cada año, cuando llegaba la temporada de granadas, la familia se reunía alrededor de la cocina. Había chiles poblanos asándose sobre el fuego, manzanas y peras esperando su turno, duraznos cortados en pequeños cubos y el aroma dulce de la canela flotando por toda la casa.
Mariana había crecido viendo a su abuela preparar aquel platillo, pero nunca había entendido por qué lo hacía con tanta ceremonia.
Hasta que una tarde encontró una vieja libreta escondida detrás de los frascos de especias.
En la primera página había una frase escrita a mano:
“Hay recetas que no se heredan. Se recuerdan.”
Mariana siguió leyendo.
La libreta hablaba de una familia que, muchos años atrás, había viajado por distintos lugares de México. En cada sitio habían aprendido un ingrediente, una forma de cocinar, una historia. Al regresar a casa, reunieron todo aquello en un solo platillo.
El chile era el campo.
La fruta era la abundancia.
La nogada era la tierra y la memoria.
La granada era la alegría.
Y el perejil, según la libreta, representaba la esperanza.
Mariana cerró el cuaderno.
—¿Todo esto es verdad? —preguntó a su abuela.
La mujer sonrió.
—No importa si ocurrió exactamente así. Las familias también construyen sus propias leyendas.
Aquella noche cocinaron juntas.
Asaron los chiles hasta que su piel quedó oscura y los dejaron reposar. Prepararon el relleno con carne, fruta, especias y frutos secos. Después llegó la parte que Mariana más disfrutaba: la nogada.
La abuela molió las nueces lentamente hasta convertirlas en una salsa blanca y cremosa.
Finalmente colocaron cada chile sobre un plato, lo bañaron con nogada y lo cubrieron con granada y perejil.
Los colores aparecieron como si alguien hubiera pintado México sobre la mesa.
Mariana entendió entonces que aquello no era solamente una receta.
Era una conversación entre generaciones.
Era la historia de quienes habían cocinado antes que ellas y de quienes algún día cocinarían después.
—¿Y cuál es el ingrediente más importante? —preguntó Mariana.
Su abuela levantó una ceja.
—Eso tendrás que descubrirlo tú.
Mariana probó el primer bocado.
Dulce, salado, cremoso, picante. Contrastes que, juntos, tenían sentido.
Entonces sonrió.
—Creo que ya sé.
—¿Cuál?
Mariana tomó otra semilla de granada y la dejó caer sobre el chile.
—La memoria.
La abuela no respondió.
Solo sonrió.
Y desde entonces, cada vez que en aquella casa se preparaban chiles en nogada, alguien abría la vieja libreta y añadía una nueva página.
Porque la receta nunca estaba terminada.
México seguía cocinándola.
Historias de cocina por: Tlacualchichihua
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Una jornada de innovación, tradición y el sabor de la gastronomía dulce
Entrar a Mexipan 2026 es sumergirse en un universo donde el aroma del pan recién horneado, el chocolate, la pastelería y la creatividad se convierten en los verdaderos protagonistas. Del 29 de julio al 1 de agosto, el Centro Banamex reúne a profesionales, estudiantes, empresarios y apasionados de la gastronomía en uno de los encuentros más importantes del sector en México.
Más allá de un negocio
Foto: Mexipan 2026
Durante nuestro recorrido fue evidente que la exposición va mucho más allá de ser un escaparate comercial. Cada pasillo ofrece una oportunidad para descubrir nuevas tendencias, ingredientes, maquinaria, utensilios y soluciones que buscan impulsar la evolución de la panadería, la pastelería, el chocolate y otros segmentos de la industria gastronómica.
Inspiración e innovación profesional
Uno de los grandes atractivos de la jornada fueron las conferencias y demostraciones culinarias. Reconocidos chefs y especialistas compartieron técnicas, conocimientos y experiencias que inspiraron tanto a quienes inician su camino en el oficio como a profesionales con amplia trayectoria. Cada presentación despertó el interés del público, que siguió con atención las explicaciones y degustó algunas de las creaciones elaboradas en vivo.
Foto: Mexipan 2026 / Chef Irvin Quiroz
La innovación estuvo presente en prácticamente todos los stands. Desde materias primas de alta calidad hasta equipos con tecnología de vanguardia, Mexipan confirmó por qué es un punto de encuentro estratégico para quienes buscan mantenerse al día en un mercado cada vez más competitivo. La creatividad y la búsqueda constante de nuevas propuestas quedaron reflejadas en productos que combinan tradición con tendencias contemporáneas.
Cocktail de celebración
Foto: Cocktail celebración 18 años Mexipan 2026
Como parte de la celebración por los 18 años de Mexipan, organizadores, expositores, representantes de la industria, medios de comunicación e invitados especiales se reunieron en un ameno cóctel conmemorativo. Durante el encuentro se dirigió un mensaje de agradecimiento por el camino recorrido por esta exposición, hoy consolidada como una de las plataformas más importantes para la panadería, la pastelería, la chocolatería y la gastronomía en México y Latinoamérica.
La velada fue conducida por el actor Omar Fierro como maestro de ceremonias, quien aportó calidez y cercanía a una celebración que estuvo acompañada de una destacada propuesta gastronómica, bebidas y la música de mariachi, en un ambiente de convivencia que puso el broche de oro a una jornada llena de innovación y sabor.
Mucho más que una exposición
Mexipan vuelve a demostrar que es mucho más que una exposición: es un lugar donde convergen el conocimiento, la innovación y la pasión por los oficios que endulzan y enriquecen la gastronomía. Para quienes forman parte de este sector o simplemente disfrutan descubrir nuevas propuestas culinarias, la visita representa una experiencia que vale la pena vivir.
Foto: Mexipan 2026
Las demostraciones de los chefs, la diversidad de productos, el ambiente de los pabellones y el cálido encuentro del incio de Mexipan con la prensa e invitados especiales, reflejaron la energía y el espíritu que distinguen a Mexipan durante ya 18 años.
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Cuando las luces de la panadería se apagaban y el último cliente salía con una bolsa de pan bajo el brazo, ocurría algo que muy pocos imaginaban.
Los panes de dulce cobraban vida.
—¿Ya están listos para mañana? —preguntó el Concha, acomodando orgulloso su costra de vainilla.
—¡Siempre! —respondió el Cuerno, estirando sus puntas doradas—. No hay mejor misión que recibir a alguien con el aroma de la mantequilla recién horneada.
Desde una esquina, el Pan de Muerto, que solo aparecía en ciertas temporadas, sonrió con sabiduría.
—Nuestra tarea nunca ha sido solo alimentar. Somos recuerdos. Cada uno de nosotros lleva una historia.
La Oreja soltó una pequeña carcajada.
—Yo he visto a personas decir que solo comprarían una pieza… y terminan llevándose media charola.
Todos rieron.
El Bigote, recién salido del horno, habló con entusiasmo.
—Hoy vi entrar a una niña muy triste. Su mamá le compró una concha de chocolate. Al primer bocado, sonrió. ¿Se dieron cuenta? A veces un solo pan puede cambiar un día entero.
Hubo un momento de silencio.
El Garibaldi, cubierto de pequeñas grageas, tomó la palabra.
—Eso es exactamente lo que hacemos. No competimos entre nosotros. Cada cliente encuentra el pan que necesita.
—Hay quienes buscan un abrazo —dijo el Rol de Canela—. Para ellos estoy yo.
—Otros necesitan energía para empezar la mañana —comentó el Cuerno.
—Y algunos solo quieren recordar la cocina de su abuela —añadió la Concha con una sonrisa.
Desde el fondo del mostrador, el pequeño Polvorón levantó la voz.
—¿Y qué pasa si alguien no nos elige?
El Concha respondió con calma.
—No debemos preocuparnos por eso. Nuestro deber es estar aquí, recién horneados, con el mejor sabor y el mejor aroma. Cuando llegue la persona indicada, sabrá cuál de nosotros necesita.
Los demás asintieron.
Entonces el viejo horno, que había escuchado la conversación durante décadas, dejó escapar un suave crujido y dijo:
—Recuerden algo. La harina, el azúcar y la mantequilla hacen buenos panes. Pero lo que realmente enamora a la gente es el cariño con el que fueron preparados.
Los panes guardaron silencio.
Sabían que el horno tenía razón.
A la mañana siguiente, el panadero abrió la puerta y un cálido aroma invadió la calle.
Comenzaron a llegar los primeros clientes.
Un señor pidió dos conchas para acompañar el café.
Una estudiante eligió una oreja para el camino.
Una pareja compartió un garibaldi.
Un niño señaló emocionado un cuerno recién horneado.
Y mientras cada pieza encontraba su destino, los panes intercambiaban discretas miradas de satisfacción.
Porque habían comprendido que su verdadero deber no era simplemente venderse.
Su misión era regalar un instante de felicidad, despertar recuerdos, reunir familias alrededor de una mesa y demostrar, bocado a bocado, que el pan dulce mexicano siempre tiene la extraordinaria capacidad de convertir un día cualquiera en un momento inolvidable.
Esta historia es un humilde homenaje a la panadería y panaderos mexicanos
Historias de cocina por: Tlacualchichihua
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