Mucho antes de que existieran los refrigeradores eléctricos, las comunidades rurales aprovechaban los materiales disponibles y los principios de la naturaleza para conservar sus alimentos. Uno de los ejemplos más sencillos es el enfriador de barro por evaporación, un sistema que recupera la sabiduría detrás de una experiencia cotidiana: el agua de un cántaro de barro puede mantenerse fresca incluso en días calurosos.
El principio es sencillo. El barro sin vidriar tiene pequeños poros que permiten que parte del agua atraviese lentamente la superficie y se evapore. Durante ese proceso, el agua absorbe calor del entorno, provocando que el recipiente se enfríe. Este mismo fenómeno puede utilizarse para mantener frescas algunas frutas y verduras recién cosechadas.
Dos macetas y un poco de arena
El sistema puede construirse con dos macetas de barro sin esmaltar, una más grande que la otra. La maceta pequeña se coloca dentro de la grande y el espacio que queda entre ambas se rellena con arena limpia.
Primero se debe sellar el agujero de drenaje de la maceta grande para que pueda retener la humedad. Después se coloca la maceta pequeña en su interior y se llena con arena el espacio entre las dos. La arena se humedece abundantemente y, finalmente, se cubre el conjunto con un trapo de algodón húmedo.
Foto: Principio de enfriador
A medida que el agua se evapora a través del barro exterior, se produce el enfriamiento. Para mantener el efecto, es necesario volver a humedecer la arena aproximadamente dos veces al día, dependiendo de las condiciones ambientales.
En condiciones adecuadas, este método puede conseguir una reducción considerable de la temperatura interior, aunque su rendimiento depende de factores como la humedad, la temperatura, la ventilación y el tamaño de los recipientes.
El clima es la clave
No todos los lugares ofrecen las mismas condiciones para este tipo de enfriamiento. La evaporación funciona especialmente bien en ambientes secos y calurosos, donde el aire puede absorber con mayor facilidad el agua que sale por los poros del barro.
Por ello, regiones áridas y semiáridas de México pueden ofrecer condiciones particularmente favorables. En estados como Sonora, Chihuahua y Durango, por ejemplo, el sistema puede aprovechar las altas temperaturas combinadas con una humedad ambiental relativamente baja.
En cambio, en zonas tropicales con elevada humedad, como algunas regiones de Veracruz, Tabasco o Yucatán durante la temporada de lluvias, la evaporación disminuye y, con ella, también el efecto refrigerante.
¿Qué alimentos pueden conservarse?
El enfriador de barro resulta especialmente útil para productos que acabamos de recoger del huerto y que no requieren temperaturas tan bajas como las necesarias para conservar alimentos de origen animal.
Puede utilizarse para lechugas, hierbas frescas, zanahorias, rábanos y algunos jitomates, entre otros productos hortícolas. Además de reducir la temperatura, mantener un ambiente húmedo puede ayudar a evitar que algunas verduras pierdan agua rápidamente.
Foto: Frutas en enfriador de barro
Sin embargo, es importante entender sus límites. No es un sustituto del refrigerador para carne, pescado, lácteos u otros alimentos perecederos que necesitan mantenerse bajo condiciones de refrigeración controlada.
Una tecnología sencilla basada en un conocimiento antiguo
El valor de este sistema no está solamente en que puede funcionar sin electricidad. También demuestra cómo un principio físico tan sencillo como la evaporación puede convertirse en una herramienta útil para la conservación de alimentos.
En comunidades rurales, huertos familiares o situaciones donde el acceso a la electricidad es limitado, dos recipientes de barro, arena, agua y un poco de conocimiento pueden convertirse en una alternativa práctica para prolongar la frescura de una cosecha.
En tiempos en los que buscamos reducir el consumo energético y recuperar técnicas tradicionales, el enfriador de barro recuerda que algunas soluciones para los problemas actuales pueden encontrarse en conocimientos que ya estaban presentes desde hace generaciones.
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Foto: Glosario de términos culinarios en recetarios mexicanos antiguos
Obra que enriquece el acervo de la Biblioteca de la Gastronomía Mexicana de la Fundación Herdez
El Glosario de términos culinarios en recetarios mexicanos antiguos, del Dr. Alberto Peralta de Legarreta, contó con el apoyo de la Fundación Herdez para su edición e impresión y busca rescatar y preservar el patrimonio culinario de México, como parte de su labor de investigación y conservación de los recetarios históricos que integran su Fondo Reservado.
Foto: Portada del Glosario
Detalles de la obra
La publicación, de 304 páginas e ilustrada por el artista Rojo Vega, aporta una valiosa investigación a la historia de la gastronomía mexicana. Estudia la cultura culinaria novohispana y del México independiente a través del lenguaje de 51 recetarios de los siglos XVIII, XIX y XX.
Su glosario permite comprender vocablos arcaicos, medidas y tecnicismos, facilitando la interpretación de antiguas recetas y la evolución del lenguaje culinario. La investigación tomó cerca de seis años y reunió aportaciones de especialistas de diversas disciplinas.
Foto: Detalle ilustrado del Glosario
En opinión de Carmen Robles, directora de Fundación Herdez
“La Fundación Herdez tiene como objetivo la preservación, promoción y difusión de la riqueza de la gastronomía mexicana tanto a nivel nacional como internacional, por lo que apoyar la publicación de una obra como ésta e integrarlo al acervo que resguardamos es una suma para acercar a nuestros usuarios a consultar los libros de nuestro Fondo Reservado.
Y agregó: “Esta obra busca crear un puente entre el pasado y el presente, permitiendo que los tesoros de nuestra gastronomía histórica sean comprendidos, valorados y reproducidos en toda su magnitud. De igual manera, considero que esta publicación sirve como herramienta a estudiantes de la historia de nuestra cocina, pero en sí de toda la gastronomía.
Confiamos en que las nuevas generaciones puedan conocer el contenido valioso de esos recetarios, ya que los recetarios antiguos son más que simples colecciones de recetas, son documentos que encapsulan las costumbres, los conocimientos y las tradiciones de su época. Desafortunadamente, muchos de los términos utilizados en estos textos han caído en desuso o han cambiado su significado con el tiempo, lo que puede dificultar su interpretación y, por ende, su conservación”.
¿Dónde se puede conseguir?
Foto: Detalles Glosario
La publicación se encuentra disponible en ambas sedes de la Fundación Herdez: Seminario 18, Centro Histórico y Casa Doña María Pons en San Luis Potosí. De igual manera, en la tienda de la Universidad Anáhuac Campus Norte y la librería Gallina de Guinea en CDMX. El costo es de $350 pesos, más gastos de envío al interior del país.
ACERCA DEL AUTOR
Foto: Alberto Peralta de Legarreta
Alberto Peralta de Legarreta es Investigador Nacional SNII y Doctor en Historia y Etnohistoria por la Escuela Nacional de Antropología e Historia. Se desempeña como Profesor Investigador de la Facultad de Turismo de la Universidad Anáhuac México, donde imparte diversas asignaturas relacionadas con la historia y la cultura gastronómica y realiza investigación en recetarios manuscritos inéditos.
Actualmente, dirige el proyecto-comunidad en Facebook Cultura Gastronómica de México, donde documenta la historia de los usos y costumbres en las cocinas y las mesas mexicanas, con más de 35 mil seguidores. Autor de La mesa de todos y Cultura Gastronómica en la Mesoamérica Prehispánica (Siglo XXI Editores/Universidad Anáhuac México), El Chilangonario (Algarabía, 2015) y Chile para todos (Algarabía, 2016).
ACERCA DE FUNDACIÓN HERDEZ
Fundación Herdez, A.C. es una asociación filantrópica sin fines de lucro de Grupo Herdez, creada para brindar un servicio a la sociedad civil de nuestro país. Fue fundada en la Ciudad de México en 1988 por don Enrique Hernández-Pons.
Cuenta con dos sedes, una en el Centro Histórico de la CDMX y Casa “Doña María Pons” en San Luis Potosí que fue inaugurada en 2023. Su campo de acción abarca toda la República Mexicana. Sus objetivos son investigar, preservar y difundir la riqueza de la gastronomía mexicana, sus ingredientes y sus tradiciones, así como crear programas y modelos educativos que fortalezcan la formación de individuos y comunidades, principalmente hacia una buena alimentación, todo esto responde a una visión institucional cuya misión y estrategias están orientadas a la realización de proyectos sociales, educativos y culturales, en el campo alimentario.
Foto: Recolección de hongos comestibles / Cortesía
Teolocholco celebra la tercera edición de su festival
Entre hongos, sabores tradicionales y saberes ancestrales, el Festival de Hongos Comestibles y Muestra Gastronómica Indígena celebra la riqueza biocultural de Teolocholco y promueve la conservación del bosque y las tradiciones del pueblo náhuatl.
Entre los aromas del bosque y los saberes culinarios del pueblo náhuatl, Teolocholco, Tlaxcala, se prepara para recibir la tercera edición del Festival de Hongos Comestibles y Muestra Gastronómica Indígena, que se llevará a cabo del 16 al 22 de agosto de 2026, con una programación dedicada a la conservación del ecosistema forestal, la cultura alimentaria y el conocimiento ancestral de las comunidades originarias.
El encuentro nació en 2024 con el respaldo del Programa de Apoyo a las Culturas Municipales y Comunitarias (PACMyC) y, desde 2025, cuenta con el apoyo del Programa de Apoyo a Festivales Artísticos (Profest) de la Secretaría de Cultura del Gobierno de México.
Más información
Foto: Cartel oficial Festival Hongos comestibles
Festival: 3.ª edición del “Festival de Hongos Comestibles y Muestra Gastronómica Indígena”
Celebración del Sabor y la Diversidad de los Hongos Silvestres
Agosto en México no solo marca el corazón de la temporada de lluvias, sino también una de las tradiciones más sabrosas y simbólicas del país: el “Hongosto”, una celebración no oficial pero cada vez más reconocida, dedicada al disfrute y recolección de los hongos silvestres comestibles que brotan con abundancia en los bosques mexicanos.
¿Por qué agosto?
Durante la temporada de lluvias —entre junio y septiembre— los suelos de los bosques templados y húmedos de México se convierten en el hábitat perfecto para la fructificación de los hongos. Pero es en agosto, con las lluvias en su punto más alto, cuando los hongos aparecen en su máxima expresión, ofreciendo una rica variedad de formas, colores, texturas y sabores.
Es por eso que de forma festiva se le ha empezado a llamar “Hongosto”, un juego de palabras entre “hongo” y “agosto”, que alude al momento ideal para su recolección y consumo.
Tradición ancestral
El consumo de hongos en México tiene raíces profundas que se remontan a las culturas prehispánicas. Para pueblos originarios como los mazatecos, mixtecos, zapotecos, nahuas y otomíes, los hongos no solo han sido alimento, sino también medicina y elemento espiritual. Algunas especies tienen usos rituales, mientras que otras se han convertido en ingredientes esenciales de la cocina regional.
El conocimiento tradicional sobre qué hongos son comestibles, cuáles tienen propiedades curativas y cuáles deben evitarse, se transmite oralmente de generación en generación, sobre todo entre mujeres recolectoras y curanderas.
Recolección: más que una práctica, un arte
Durante el Hongosto, comunidades enteras salen al bosque en las mañanas para buscar hongos silvestres. La recolección responsable es vital: se corta el hongo sin arrancar el micelio (la parte subterránea), se usan canastas para permitir que las esporas se dispersen y se evita llevar especies desconocidas.
Algunas especies comunes en esta temporada son:
Setas de encino (Pleurotus spp.)
Hongo de pino (Lactarius deliciosus)
Morillas (Morchella spp.)
Amanitas comestibles (como Amanita caesarea)
Escobetas, orejas de cazahuate y trompetillas
Gastronomía del bosque
En el Hongosto, los hongos frescos son protagonistas de la cocina mexicana rural y urbana. Se preparan en tamales, moles, salsas, sopas, quesadillas, mixiotes y guisos al comal. También los mercados locales ofrecen una impresionante variedad de hongos recién recolectados, a menudo acompañados de relatos de su origen y recomendaciones culinarias.
La fusión entre saber tradicional y gastronomía contemporánea ha llevado a que chefs de alta cocina incorporen hongos silvestres mexicanos en platillos gourmet, resaltando su riqueza sensorial.
Un acto de conexión con la tierra
Más allá del sabor, el Hongosto es una oportunidad para reconectar con la naturaleza. Ir al bosque, recolectar y cocinar hongos es un acto que une a las familias, fortalece el vínculo con el territorio y promueve el respeto por los ecosistemas.
Además, el auge de esta celebración ayuda a visibilizar y valorar los saberes tradicionales de las comunidades indígenas y campesinas, custodias de una biodiversidad fúngica única en el mundo.
Hongosto, mes de los hongos
Aunque no sea una festividad oficial, el Hongosto ya empieza a figurar en calendarios gastronómicos, festivales rurales y actividades ecoturísticas. En lugares como Michoacán, Oaxaca, Puebla, Tlaxcala y el Estado de México, se realizan ferias del hongo donde se vende, cocina y se aprende sobre estas joyas del subsuelo.
Así, agosto se convierte en un mes para celebrar la diversidad biológica, el conocimiento ancestral y el placer de comer algo que literalmente nace de la tierra.
Una receta tradicional mexicana, sencilla y deliciosa, ideal para celebrar el Hongosto:
Una receta clásica y muy querida en muchas regiones de México, especialmente en los pueblos de montaña donde los hongos silvestres son parte de la dieta cotidiana en temporada de lluvias.
Ingredientes (para 4 personas):
500 g de hongos silvestres frescos (pueden ser setas de encino, escobetas, orejas de cazahuate o una mezcla)
1/4 de cebolla blanca o morada (finamente picada)
2 dientes de ajo (picados)
1 chile serrano o jalapeño (opcional, picado)
1 rama de epazote fresco (opcional pero muy tradicional)
Aceite o manteca al gusto
Sal al gusto
8 tortillas de maíz recién hechas o calentadas
200 g de queso Oaxaca o quesillo deshebrado (puedes usar otro queso que funda bien)
🍳 Preparación:
Limpieza de los hongos:
Limpia los hongos con un trapo húmedo o brocha. No los laves bajo el chorro de agua, ya que absorben mucha humedad.
Córtalos en tiras o trozos medianos.
Salteado:
En un sartén o comal hondo, calienta una cucharada de aceite o manteca.
Sofríe la cebolla y el ajo hasta que estén transparentes.
Agrega los hongos y el chile picado.
Cocina a fuego medio-alto, revolviendo de vez en cuando, hasta que los hongos suelten su jugo y este se evapore (aprox. 10-12 min).
Añade el epazote, sal al gusto y cocina 2 minutos más.
Armado de las quesadillas:
Calienta el comal o sartén plano.
Coloca una tortilla, añade un poco de queso y una cucharada generosa de hongos salteados.
Dobla la tortilla a la mitad y presiona ligeramente.
Cocina por ambos lados hasta que el queso se derrita y la tortilla esté doradita.
Servir:
Acompaña con salsa verde, roja o un poco de crema si se desea. ¡Y no olvides una bebida caliente como atole o café de olla!
Consejo del bosque:
Si tienes acceso a hongos silvestres, asegúrate de identificarlos bien o adquirirlos en mercados donde sean reconocidos por recolectores expertos. Nunca recolectes ni consumas hongos de origen dudoso: algunos pueden ser venenosos.
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