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Díme lo que comes y te diré quién eres

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La comida es lo que da vida a la humanidad

Recién llegado a la tierra, el hombre buscaba en la alimentación la sola supervivencia sin importar sabores, texturas ni temperaturas. La carne de grandes bestias como el mamut, era consumida en estado casi natural e incluso la dentadura de nuestros antepasados era anatómicamente distinta para poder masticarla.

Hay quienes prefieren la italiana, otros la japonesa, otros la francesa o la española y todos adoramos la mexicana. Ahora están de moda la colombiana, la peruana, la tailandesa y las más exóticas. Los más refinados aseguran que la mejor para la mañana es la mexicana, para la tarde la española y para la noche la francesa. Pero ¿has notado que la alimentación es distinta en cada región? No nos referimos a los sabores, sino al conjunto tan especial de cada civilización y el ritual que ha hecho alrededor de uno de los mayores placeres del ser humano: comer.

Los antiguos egipcios dejaron plasmados sus testimonios alimenticios, recetas culinarias y de medicamentos en los muros de templos y tumbas, y en las ofrendas de sus muertos. Pero ya contaban con tecnología e importación de productos, que les permitía ampliar su oferta. Comían pan, cerveza, pescado, carne de oveja, cerdo y aves, y las vacas estaban reservadas para ocasiones especiales. Todo iba acompañado de ajo, cebolla, legumbres, habas, chícharos y lentejas, e incluso verduras y frutas como col, pepino, rábanos, dátiles, uvas, granada, sandía, melón y una especie de higos. Una de sus grandes aportaciones fue la creación de postres y pasteles a base de pasas y miel de abeja. El vino estaba reservado para los ricos. Los egipcios antiguos descubrieron la fermentación del pan después de un accidentado olvido de masa en las cocinas, y el resultado exquisito que obtuvieron cuando hornearon el esponjado bollo.

La comida en la antigua Grecia era frugal, pero fueron los primeros en establecer tres tiempos, el desayuno, el almuerzo y la cena. Los griegos comían sentados en recipientes de terracota o metal. Se comía con los dedos y con la ayuda de un cuchillo para cortar los sólidos y una herramienta cóncava similar a la cuchara para los caldos. Los cereales eran la base de su alimentación, principalmente el trigo y la cebada y producían harinas para fabricar pan, que aderezaban con queso o miel. También se conocía la levadura, los moldes y el horno precalentado. Contaban con aceitunas, ajo, cebollas, legumbres, carne, pescado, fruta y golosinas. También galletas llamadas “hemiarton” en forma de luna en honor a la diosa Atenea, o “kribanés” con formas de senos para agradar a Afrodita. Sus platillos tenían vínculos religiosos y se realizaban en honor de los dioses.

Fueron pioneros en la fabricación de aceite de oliva, vinagre, aceitunas y uso de hierbas, y contaban ya con higos, granadas, nueces y avellanas, castañas, garbanzos, mantequilla, huevos de gallina, faisán, codornices y leche cuajada. Destacaba el Kykeon, una bebida de cebada con hierbas citada en la Ilíada y en la Odisea. Los griegos no ignoraban el placer de comer y disfrutaban de banquetes y festines. Contaban con cocineros pero les desagradaba el exceso de lujo y la pesquisa culinaria. A sus ojos, los persas eran una sociedad decadente por su exigente paladar y costumbres refinadas. Iccos, siglo V AC, es considerado el primer atleta en ser sometido a un régimen alimenticio del cual dijo ser “comida de locos”. Creían que si consumían carne de cabra, brincarían alto como una cabra, la de buey les haría fuertes como el buey. La práctica de la cocina era aún relegada a la mujer.

Los romanos por el contrario, marcarían una nueva era en la gastronomía, cambio que tardaría más de mil años en suceder. Sus hábitos se vieron influenciados por la cultura griega en un principio, y después, al convertirse un imperio, por todas las otras civilizaciones que conquistaron. Su desayuno incluía farro con sal, huevos, queso, miel, leche y fruta. El pan era humedecido con vino y acompañado de aceitunas, galletas y uvas. En el almuerzo comían las sobras de la cena anterior, que normalmente consistía de panes, grasa, aceite de oliva, verduras, carne, pescado y mariscos. Al instaurarse la república, la comida se servía en tres tiempos, la entrada, el plato fuerte y el postre.

Al igual que los persas, los romanos establecieron un cuarto especial para consumir los alimentos, llamado triclínium, y una mesa y sillón donde cabían no más de 9 personas. En ella se reclinaban sobre su codo izquierdo y orientados hacia el centro de la mesa. Lavaban sus pies y manos antes de la cena; los alimentos se tomaban con las puntas de los dedos y dos tipos de cucharas, una grande, lígula, y una pequeña, cochlear, el equivalente del tenedor moderno. Usaban servilletas para limpiar dedos y boca y tiraban las sobras de huesos y conchas al suelo, donde los esclavos pudieran barrer.

La decoración de los platos podía llegar a ser más importante que los ingredientes, y las almejas y ostras eran consideradas parte del postre. Fueron también productores de vino y vinagres, y una mezcla de miel y vino llamada mulsum, aunque la cerveza era considerada vulgar. Los invitados a una cena usaban coronas perfumadas hechas de flores, que representaba la posición social.

Es importante notar que estas tres civilizaciones comparten elementos muy especiales a la hora de comer, como las mesas, el aceite de oliva y en especial el trigo. A partir de ellas se derivan las bases de la cocina internacional que es usada en todo el mundo. Pero muy lejos de ahí, en tierras remotas, los orientales también establecían sus propios estilos listos para degustar con un par de palillos.

En China existió y existe todavía, una serie de costumbres de alimentación íntimamente relacionadas, no sólo con la sociedad, sino con la filosofía y la medicina. El pueblo chino ya había desarrollado un protocolo muy completo basado en las enseñanzas de Confucio, conductas que nacieron casi dos mil años antes que las reglas de etiqueta occidentales. Éste afirmaba que el modo en que un chef corta los alimentos genera un efecto en ellos, y la frescura de la comida afecta al gusto. Los alimentos se dividen en yin, femeninos, y yang, masculinos, que deben mezclarse para hacer la combinación perfecta. El yin incluye alimentos ricos en agua como frutas y verduras, y el yang contiene platos fritos, especiados y a base de carnes. La sopa se sirve al final de los alimentos para saciar el apetito del comensal.

Fuertes períodos de hambruna que asolaron al país durante miles de años, les hicieron elaborar recetas que acogieran partes comestibles de los animales como tripas, cartílagos, cabezas y garras de aves. Pero la dieta china es variada y rica pues contempla vegetales, carne de vaca, pollo y cerdo, soya, sake y bambú. La Guangdong es una cocina amplia y refinada, usa productos frescos del mar, aves, insectos, ratones, serpientes, lechón e incluso gato. La Shandong también emplea productos del mar como aletas de tiburón, ovario de cangrejo, huevos de calamar y semillas de nuez con leche.. La comida Sichuan es famosa por su sabor picante y extraño, y sus recetas contienen ingredientes como carne picada con pescado, soya picante, carpa de piedra y especias. La comida Huaiyang usa productos vivos y frescos y pone cuidado en el sabor, forma y color, como pollo, pescado mandarín agridulce, bambú tierno, pato, pescados al vapor etc.

En la comida China no existe el postre, las frutas se emplean como acompañamiento de algunos platos. Pero sin duda, tres elementos le son muy particulares: el arroz blanco, el wok y el tofu, éste último originado en China por el príncipe Liu An, hace más de dos mil años cuando inventa la leche cuajada como un alimento nutritivo para la población. Además, los populares palillos son originarios de China pues son de costumbre milenaria en la cultura. Se utilizan como utensilios de mesa para comer alimentos sólidos y se fabricaban de madera, marfil e incluso de plata para detectar veneno en los alimentos de la monarquía. Por tradición, consideran el uso del cuchillo como un acto bárbaro, debido a que éstos se usan en la guerra como armas.

Cercano a la Gran China Imperial, Japón también establecía sus propias reglas a la hora de comer. Los japoneses se ostentan de realizar la comida oriental más delicada y elegante, de hecho uno de los 10 mejores restaurantes del mundo es de comida japonesa. En la Edad Antigua, la cocina japonesa estaba influenciada por la cultura china haciendo la mayor aportación gastronómica, pero después de ello, en la Edad Moderna, se desencadenaron grandes cambios.

La comida japonesa incluye vegetales tan comunes como exóticos como puerro, espinacas, pepino, berenjena, rábano, papa, raíz de loto, brotes de bambú, cebolla verde, hongos y algas de muchos tipos. También convida mariscos propios de la región, tallarines, huevos de codorniz y de gallina, carnes de cerdo, vaca, pollo, cordero y caballo, legumbres, tofu, salsa de soya y frutos frescos y secos, así como aceites y sales de sésamo y el famoso wasabi.

Una de las mayores aportaciones es la técnica tempura, que llegó a Japón en la Edad Moderna, gracias a los navegantes portugueses en el siglo XVI, como una técnica para cocinar y conservar el pescado. Pero todo platillo es mera compañía del rey de la mesa, el arroz blanco, cocido al vapor y estrella en el plato. Cualquier preparación solamente sirve de guarnición y para dar sabor al arroz blanco que es en principio insípido.

La técnica asiática de cocina es muy similar en todo el Oriente Extremo, en países como los recién mencionados, las dos Coreas, Vietnam, Tailandia y más. La comida se prepara en recipientes, como el wok, que alcanzan altísimas temperaturas y que cuecen los alimentos sin quitarles lo crujiente, siempre al lado del arroz. La comida es más que la satisfacción del cuerpo, pues comprende con ello el bienestar del alma. Es una combinación de todas las facetas del ser humano sobre un plato y su éxito es mundial.. Pero al cruzar el océano Pacífico, nos encontramos con un continente gigantesco, donde las culturas mesoamericanas también han conquistado el arte de la gastronomía.

Tal vez una de las cocinas más célebres, completas y variadas del mundo sea la nuestra, la mexicana, que actualmente es considerada Patrimonio Inmaterial de la Humanidad por la Unesco. Se remonta a más de 10,000 años atrás, al momento en que el maíz fue domesticado en el cultivo y que sería la base de la cultura mesoamericana, el ingrediente que sigue siendo el más importante en Hispanoamérica. Así como el trigo es en Europa y el arroz en el Asia, aquí el maíz da sentido a la comida. Su riqueza cuenta con recetas ancestrales que han pasado de generación en generación, que han sobrevivido a la evolución e industrialización del hombre, y que hoy son el tesoro de quienes las aprecian.

A diferencia de otras culturas, la comida latina y en especial la de México, es un factor que une a la sociedad; a través de ella nacen las amistades, se conocen las parejas, se cierran grandes negocios, se fortalecen los lazos de una familia y sobre todo, se disfruta de un buen momento. Todas las reuniones sociales giran alrededor de un desayuno, la comida, el cafecito o la merienda. En las mesas mexicanas no solamente se sientan los padres y los hijos, sino que siempre se incluye algún amigo, los primos, la abuela, los parientes que viven fuera, los viejos amigos y los recién conocidos, alrededor de manjares caseros, de recetas antiquísimas.

El territorio que abarca la República Mexicana fue un mosaico de muchas culturas muy distintas unas de otras. Aquí no sólo existía la civilización Maya, en la Península de Yucatán, estaban los aztecas en el Valle de México, zapotecas y mixtecas en Oaxaca, totonacas en Veracruz, olmecas en Tabasco, toltecas en Hidalgo y purépechas en Michoacán. Cada una contaba con su propia estructura social y de gobierno, su propia lengua, arquitectura, arte y religión. Pero también cada una tenía su propia diversidad culinaria que sigue viva. Las Crónicas de la Conquista de Hernán Cortes y Bernal Díaz del Castillo, describen la riqueza de colores, sabores y aromas de la gastronomía mexicana.

La dieta de la época prehispánica se basaba principalmente en vegetales como el maíz, chile principalmente y jitomate, cacao, aguacate, calabaza, nopal y vainilla, divinizados ante Chicomecóatl, diosa de los alimentos. Criaban pavos y perros y consumían insectos y larvas que son considerados exquisiteces como chinicuiles, chapulines, escamoles y jumiles. También animales como iguanas, serpientes, ranas y ajolotes, pescados, ardillas, tejones, patos y codornices. También relacionaban la comida con el mundo espiritual, tal como sucede con los altares de muertos, colmados con los más deliciosos antojos del difunto.

No contaban con muchos métodos de elaboración, pero inventaron una de las técnicas más importantes del mundo que aun hoy se utilizan, la nixtamalización del maíz. Ésta combina el almidón del maíz incorporado a la cal, y lo convierte en masa. Sabían también la cocción al vapor y el horno de tierra. Así perfeccionaban una a una las grandes delicias que hoy conocemos como el mole, el tamal, el uchepo y la tortilla.

Con la Conquista de México se añaden nuevos ingredientes al menú; distintos tipos de carnes animales llegaron de Europa y se fusionaron con la comida local y se exportaron recursos americanos al viejo continente. El chocolate y la vainilla, tan refinados en países europeos, son de nacionalidad mexicana al igual que el chile y el jitomate entre muchos más. Y es precisamente esa fusión la que es considerada una de las más ricas a nivel mundial. En el intercambio de ingredientes adquirimos el cerdo, la vaca, la oveja, la gallina, el arroz, el trigo y las especias, las manzanas, ciruelas y frutos rojos, y los convertimos en las mejores recetas del mundo.

De la unión de ambos mundos nacen muchas de las grandes estrellas de la gastronomía mexicana como el Pan de Muerto, las carnitas, los Chiles en Nogada o la Cochinita Pibil. En todas las versiones culinarias permanece viva la tortilla, preferida en los hogares por encima del pan y que sigue siendo la base de la alimentación mexicana, producto noble que permite elaborar cientos de platillos distintos. Además, la tortilla contribuye a mantener el equilibrio bacteriano intestinal debido a sus ingredientes ricos en calcio, ácido fólico, fibra y potasio.

Así, en las civilizaciones precolombinas mesoamericanas, lo que hoy es Perú, Colombia, Venezuela, Guatemala, y todo lugar donde se asentaron los primeros pobladores del continente americano, se desarrollaron técnicas similares, como las arepas, el uso del maíz y una gran variedad de frutas y verduras. El clima cálido de la mayor parte del territorio ofrecía a los pobladores una amplia variedad de alimentos, misma que fue ampliada tras la conquista.

Imagina al hombre, recién llegado al mundo, nómada, huérfano y expuesto a los rigores de la naturaleza, que consumía lo que encontraba a su paso, sin oportunidad de hacer planes sobre su cena. Imagina que al volverse sedentario, descubre una gran cantidad de opciones para complementar un simple fruto de la tierra. Es asombroso que al depender del clima, la geografía, factores sociales como la ideología, religión, educación y cultura, cada región determinó sus propios hábitos alimenticios. Así nace tan exquisita variedad de estilos de cocina mundial.

El ser humano es la única especie que, presumiendo superioridad racional, come cuando no tiene hambre y cuando la tiene no come. Y es que comer no es simplemente satisfacer las necesidades y apetito, sino confortar un conjunto físico y emocional. No solamente buscamos apagar el hambre, buscamos una emoción, un sentimiento, un recuerdo, alguna conexión entre lo humano y lo sobrenatural, los sabores que nos recuerde el milagro de estar vivos. Buscamos que el comer no sea solamente un instinto de supervivencia, sino un privilegio y un goce, la pasión por los sabores, un regalo de los dioses. Así lo decía Hipócrates, y con justa verdad, que la alimentación es nuestra mejor medicina.

Alimentos

Frijoles y arroz es una combinación sencilla, con un gran poder nutricional

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Foto: Frijoles con arroz / iStockPhoto

Hay comidas que parecen demasiado humildes para recibir el calificativo de “poderosas”.

Los frijoles con arroz son una de ellas. Durante generaciones, esta combinación ha aparecido en las mesas de América Latina, el Caribe, África y otras regiones del mundo, no por casualidad: reúne energía, proteína vegetal, fibra, vitaminas y minerales en un plato económico, versátil y muy saciante. Harvard incluso menciona el arroz con frijoles como una preparación tradicional de México dentro de su revisión sobre el arroz.

Pero hay algo todavía más interesante: frijoles y arroz se complementan nutricionalmente, especialmente en lo que respecta a sus proteínas.

El secreto está en la combinación

Las proteínas están formadas por aminoácidos. Nuestro organismo necesita nueve aminoácidos esenciales que debe obtener a través de los alimentos. Los alimentos vegetales no siempre proporcionan estos aminoácidos en las mismas proporciones.

Los frijoles son especialmente valiosos porque aportan proteína, fibra, folato, hierro, fósforo y otros nutrientes. El arroz, por su parte, proporciona principalmente carbohidratos y, especialmente cuando se consume integral, aporta fibra, tiamina, vitamina B6 y magnesio.

Aquí aparece la magia nutricional: las legumbres y los cereales tienen perfiles de aminoácidos que pueden complementarse. Históricamente se ha señalado que los frijoles son relativamente ricos en lisina pero más limitados en aminoácidos azufrados, mientras que los cereales pueden aportar esos aminoácidos en mejores proporciones.

Por eso, el matrimonio culinario de arroz + frijoles tiene también una lógica nutricional.

¿Hay que comerlos exactamente en la misma comida?

Aquí conviene desmontar un mito.

Durante mucho tiempo se popularizó la idea de que había que combinar arroz y frijoles en el mismo plato y exactamente al mismo tiempo para conseguir una “proteína completa”. La evidencia moderna ofrece una visión más matizada.

Harvard señala que no es necesario obsesionarse con combinar proteínas vegetales específicas en cada comida. Lo importante es consumir una variedad de alimentos vegetales a lo largo del día, porque esa variedad puede proporcionar el conjunto de aminoácidos esenciales que necesitamos.

Así que los frijoles con arroz son una combinación excelente, pero no porque el organismo tenga un cronómetro que exija comerlos juntos. Su fortaleza está en que forman una comida nutricionalmente complementaria y equilibrada.

Una alianza entre proteína, carbohidratos y fibra

Otro de los grandes atractivos de esta combinación es que no depende exclusivamente de la proteína. Los frijoles aportan fibra y proteína, mientras que el arroz aporta carbohidratos que sirven como fuente de energía. Las legumbres también contienen fibra soluble e insoluble, folato, hierro y otros minerales.

Esto puede convertir un plato de arroz y frijoles en una comida especialmente saciante.

Además, elegir arroz integral en lugar de arroz blanco aumenta el aporte de fibra y hace que el plato encaje mejor con las recomendaciones de priorizar cereales integrales. El Plato para Comer Saludable de Harvard recomienda que aproximadamente un cuarto del plato esté compuesto por cereales integrales y otro cuarto por fuentes saludables de proteína, entre ellas las legumbres.

Mucho más que proteína

Reducir el valor de los frijoles y el arroz a “una forma barata de conseguir proteína” sería quedarse corto.

Los frijoles aportan:

  • Proteína vegetal
  • Fibra soluble e insoluble
  • Folato
  • Hierro
  • Fósforo
  • Diversos compuestos vegetales bioactivos.

El arroz aporta:

  • Carbohidratos para obtener energía
  • En sus versiones integrales, fibra
  • Tiamina (vitamina B1)
  • Vitamina B6
  • Magnesio

Y juntos proporcionan algo que resulta particularmente interesante: una base vegetal sencilla sobre la cual construir una comida completa.

Una comida económica también puede ser nutricionalmente inteligente

Hay otra dimensión que suele pasar desapercibida: el precio.

Los frijoles son una fuente relativamente económica de proteína, fibra, carbohidratos complejos, vitaminas y minerales, mientras que el arroz es un alimento básico de bajo costo utilizado en numerosas culturas.

Esto explica en parte por qué la combinación ha sobrevivido durante siglos en diferentes lugares del mundo.

No hace falta que una alimentación saludable esté construida alrededor de ingredientes exóticos o productos costosos. Un plato de frijoles, arroz y verduras puede ser una excelente base nutricional.

¿Y qué pasa con los músculos?

También existe una idea interesante para quienes hacen ejercicio.

Un ensayo publicado en 2026 estudió específicamente una combinación de frijoles negros y arroz después del ejercicio de resistencia. En un grupo pequeño de adultos físicamente activos, una comida que proporcionaba 20 gramos de proteína a partir de frijoles y arroz produjo un aumento de la síntesis de proteína muscular después del ejercicio, aunque no fue superior al control nutricional utilizado en el estudio.

Eso no significa que arroz y frijoles sean un suplemento deportivo milagroso. Sí demuestra que la combinación puede formar parte de una alimentación capaz de aportar proteína útil para la recuperación muscular.

Para una persona que entrena, lo importante sigue siendo la cantidad total de proteína y energía consumida durante el día, además de la calidad y variedad de la dieta.

El plato se vuelve todavía mejor con algunos acompañantes

Arroz y frijoles constituyen una excelente base, pero no necesariamente deberían ocupar todo el plato.

Una forma sencilla de mejorarlo es añadir:

Verduras: tomate, pimientos, cebolla, zanahoria, calabaza, brócoli o verduras de hoja verde.
Una grasa saludable: aguacate, aceite de oliva, semillas o frutos secos.
Hierbas y especias: cilantro, ajo, comino, chile, orégano o pimienta.
Fruta: como acompañamiento o postre.

La recomendación general de Harvard es que aproximadamente la mitad del plato esté compuesta por verduras y frutas, con cereales integrales y una fuente saludable de proteína completando el resto.

Así, los tradicionales frijoles con arroz pueden transformarse en algo todavía más interesante: frijoles + arroz integral + abundantes verduras + aguacate, por ejemplo.

¿Y el arroz blanco?

No hay que convertirlo en el villano de la historia.

El arroz blanco sigue siendo una fuente de carbohidratos y puede formar parte de una alimentación saludable. Sin embargo, el arroz integral conserva más componentes del grano y aporta más fibra; Harvard señala que los cereales integrales tienen un efecto más moderado sobre la glucosa y la insulina que sus equivalentes refinados.

Por tanto, si te gusta el arroz blanco, no tienes que eliminarlo. Una opción razonable es alternarlo con arroz integral u otros cereales integrales y prestar atención al conjunto de la comida.

La verdadera fuerza está en la sencillez

Quizá lo más fascinante de los frijoles con arroz es que su poder no proviene de un ingrediente extraordinario. Proviene de la sinergia.

El arroz aporta energía y complementa el perfil de aminoácidos de las legumbres. Los frijoles añaden proteína, fibra, folato, hierro y otros nutrientes. Las verduras pueden aportar vitaminas, minerales y compuestos vegetales adicionales. Una pequeña cantidad de grasa saludable mejora el perfil general de la comida.

Y todo puede prepararse con ingredientes sencillos.

La ciencia moderna tampoco sostiene que tengamos que considerar las proteínas vegetales como nutricionalmente inferiores por definición. Harvard destaca que una alimentación variada basada en diferentes fuentes vegetales puede proporcionar el conjunto de aminoácidos que necesitamos.

Conclusión: Un clásico que merece más respeto

Frijoles y arroz no son simplemente una comida humilde: son un ejemplo de cómo la sabiduría culinaria tradicional puede coincidir con principios modernos de nutrición.

La combinación ofrece proteína vegetal, carbohidratos, fibra y numerosos micronutrientes; es económica, adaptable y culturalmente universal. Y aunque ya no necesitamos creer que debemos combinar las proteínas vegetales con precisión matemática en cada comida, arroz y frijoles siguen siendo una magnífica pareja nutricional.

La próxima vez que tengas delante un plato de frijoles con arroz, quizá valga la pena verlo de otra manera: no como “comida sencilla”, sino como una de las grandes combinaciones de la alimentación tradicional.

Y si además le agregas verduras, aguacate y un poco de arroz integral, puedes convertir ese humilde clásico en un plato extraordinariamente completo.

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Alimentos

¿Sabías que las legumbres tienen su propio día mundial?

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Foto: Cortesía

Cada 10 de febrero se conmemora el Día Mundial de las Legumbres y lo celebramos con una rica receta

Esta conmemoración busca reconocer la importancia de alimentos como frijoles, lentejas, garbanzos, chícharos y habas, fundamentales por su valor nutricional, su accesibilidad y su papel en la seguridad alimentaria a nivel global.

La relevancia de las legumbres en México

Las legumbres han sido, históricamente, un pilar de la alimentación en México. Su presencia en la cocina tradicional responde tanto a su versatilidad, como también a su capacidad para aportar nutrientes esenciales y adaptarse a distintos contextos sociales y económicos. En un escenario donde la seguridad alimentaria sigue siendo un reto, estos alimentos cobran especial relevancia por su potencial para fortalecer dietas equilibradas y sostenibles.

El impacto de las legumbres

Desde el trabajo que impulsa Saber Nutrir, se ha identificado que el impacto de las legumbres no se limita a su consumo, sino que está estrechamente ligado a su aprovechamiento y conservación. Contar con alimentos nutritivos disponibles durante más tiempo permite a las familias planear mejor su alimentación, reducir pérdidas y fortalecer su autosuficiencia alimentaria.

La utilidad de los silos

En comunidades rurales, una parte clave de este proceso es el almacenamiento adecuado de granos y legumbres. A través de herramientas como los silos, es posible proteger estos alimentos de la humedad, las plagas y la contaminación, alargando su vida útil y asegurando su disponibilidad a lo largo del año. En este sentido, Saber Nutrir ha entregado, en total, 127 silos en comunidades de Yucatán y el Estado de México, contribuyendo a una mejor conservación de alimentos básicos y al aprovechamiento de los recursos locales.

Valor nutrimental de las legumbres

Desde el punto de vista nutricional, las legumbres son una fuente importante de proteína vegetal, además de aportar fibra, minerales como hierro, calcio y magnesio, y vitaminas del complejo B. La fibra favorece la digestión y ayuda a regular los niveles de glucosa y colesterol en sangre, mientras que su contenido de micronutrientes las convierte en aliadas de una alimentación equilibrada.

Las proteínas que aportan las legumbres están formadas por aminoácidos, pequeñas moléculas esenciales para el funcionamiento del organismo. De los 20 aminoácidos que el cuerpo necesita, 9 son esenciales, ya que no los produce por sí mismo y deben obtenerse a través de la alimentación. Aunque las legumbres carecen de alguno de estos aminoácidos, al combinarse con cereales como maíz, arroz, trigo o avena, se obtiene una proteína vegetal de alto valor biológico, una práctica común en la cocina tradicional mexicana.

Salud alimentaria

Conmemorar el Día Mundial de las Legumbres es una oportunidad para reconocer que una buena nutrición no sólo depende de lo que se produce, sino también de cómo se conserva, se combina y se aprovecha. Decisiones cotidianas, tanto en el hogar como en las comunidades, pueden contribuir a sistemas alimentarios más justos, resilientes y sostenibles.

Te invitamos a celebrar este día con una receta simple y práctica: 

Ensalada tibia de lentejas con verduras y limón

Ingredientes (4 porciones):

  • 1 taza de lentejas cocidas
  • ½ taza de jitomate picado
  • ½ taza de pepino en cubos
  • ¼ de cebolla morada finamente picada
  • 1 cucharada de aceite de oliva
  • Jugo de 1 limón
  • Sal y pimienta al gusto
  • Opcional: perejil o cilantro fresco

Preparación: 

Mezcla las lentejas cocidas con el jitomate, pepino y cebolla. Agrega el aceite de oliva, el jugo de limón, sal y pimienta. Integra bien y termina con hierbas frescas al gusto. Puede consumirse sola o acompañarse con arroz o tortillas de maíz para lograr una combinación de proteína vegetal de alto valor biológico.

Marcas con responsabilidad social

Saber Nutrir es el programa de responsabilidad social de Grupo Herdez, que contribuye a mejorar la calidad de vida de las familias mexicanas que se encuentran en vulnerabilidad alimentaria, con el objetivo de apoyar el desarrollo y bienestar de los niños que viven en estas comunidades.

Foto: Productos Herdez

El programa forma parte de la estrategia de sostenibilidad de Grupo Herdez, en el pilar de compromiso con la comunidad y se alinea a tres de los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la Agenda 2030 de las Naciones Unidas (ONU): ODS 2 Hambre Cero; ODS 6 Agua Limpia y Saneamiento y el ODS 8, Trabajo Decente y Crecimiento Económico.

Saber Nutrir ha otorgado proyectos que, de manera integral, mejoran la calidad de vida de las familias beneficiadas, tales como banco de semillas, cocinas comunitarias, silos para almacenamiento de granos y estufas ecológicas.

Actualmente tiene presencia en el Estado de México y Yucatán. Las marcas que participan en este programa son: Doña María, Herdez, Yemina, McCormick y Del Fuerte. 

Para más información visite: www.sabernutrir.com.mx
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salud

¿Es saludable comer queso?

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Foto: Mujer come queso / Pixabay

Beneficios, riesgos y tipos recomendados

El queso es un alimento tradicional en muchas culturas y una fuente importante de nutrientes. Sin embargo, su consumo genera debate debido a su contenido en grasas saturadas, sodio y calorías. Analizar si comer queso es beneficioso o perjudicial depende de la cantidad, la frecuencia y el tipo de queso que se consuma.

Beneficios de comer queso

  • Fuente de proteínas de alta calidad
    El queso aporta proteínas completas, necesarias para la reparación muscular, el sistema inmunológico y la producción de enzimas y hormonas.
  • Rico en calcio y fósforo
    Estos minerales son esenciales para la salud ósea y dental, especialmente en etapas de crecimiento y en adultos mayores.
  • Vitaminas importantes
    Contiene vitaminas A, B12, D y K2 (especialmente en quesos fermentados), relacionadas con la salud ósea, neurológica y cardiovascular.
  • Grasas que aportan saciedad
    Aunque tiene grasas saturadas, estas ayudan a prolongar la sensación de saciedad y pueden evitar picos de hambre cuando se consume con moderación.
  • Probióticos en quesos fermentados
    Algunos quesos favorecen la salud intestinal al aportar bacterias beneficiosas.

Posibles daños o riesgos del consumo de queso

  • Alto contenido de grasas saturadas
    Un consumo excesivo puede contribuir al aumento del colesterol LDL y al riesgo cardiovascular en personas sensibles.
  • Exceso de sodio
    Muchos quesos curados contienen grandes cantidades de sal, lo que puede afectar la presión arterial.
  • Alta densidad calórica
    Comer queso en grandes porciones puede favorecer el aumento de peso.
  • Intolerancia a la lactosa
    Aunque los quesos curados tienen menos lactosa, algunos pueden causar molestias digestivas.
  • Quesos ultraprocesados
    Los quesos industriales suelen contener aditivos, grasas de baja calidad y poco valor nutricional.

Tipos de queso más saludables

Estos quesos suelen tener menos grasa, menos sodio y más beneficios nutricionales:

  • Queso fresco (panela, cottage, ricotta): bajo en grasa y sodio.
  • Mozzarella natural: menos calorías que otros quesos.
  • Queso de cabra: más fácil de digerir y con menor lactosa.
  • Feta (en moderación): buena fuente de calcio, aunque algo salado.
  • Quesos fermentados artesanales: como gouda, emmental o parmesano en pequeñas cantidades, por su contenido de vitamina K2.

Quesos menos saludables o de consumo ocasional

Estos quesos deben limitarse debido a su perfil nutricional:

  • Queso ultraprocesado (tipo americano, en lonchas, para nachos).
  • Quesos muy curados (roquefort, cheddar curado, manchego muy añejo): altos en grasa y sodio.
  • Untables industriales: suelen tener grasas añadidas y conservantes.

La moderación

El queso no es intrínsecamente dañino, pero su impacto en la salud depende de la calidad y la cantidad consumida. Elegir quesos naturales, frescos o fermentados, controlar las porciones y evitar versiones ultraprocesadas permite disfrutar de sus beneficios sin afectar negativamente la salud. Como en muchos aspectos de la alimentación, la moderación y la variedad son la clave.

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