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Historia

La Sidra

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La sidra es una bebida de baja graduación alcohólica (desde menos de 3% hasta un máximo de 8% Vol.) fabricada con el zumo de la manzana.

Su nombre viene del griego sikera que pasado al latín se nombra “sicera” lo que significa bebida embriagadora, calificativo atribuido también a la palabra francesa “cidre” y la inglesa “cider”.
En Asturias España se empieza a pronunciar sidre y finalmente se queda con el nombre de sidra.

La mayoría de los historiadores coinciden en que la sidra se originó en los años anteriores a Cristo. Parece ser que a las civilizaciones de Egipto y Bizancio y más tarde a las griegas.

Los romanos que consumían vino, se dieron cuenta de la sidra al conocerla en las tierras que conquistaron; ellos sin embargo la llegaron a emplear con fines curativos.

Otros investigadores creen que el origen de la sidra está en una bebida que los celtas extraían de las manzanas. Según estos autores, fue dicha civilización quien dio a conocer esta bebida por toda Europa, sin embargo, fueron los árabes quienes mediante avanzados sistemas agrarios, extendieron las clases de manzanas y las técnicas para su producción por todo el continente.

Cuando los europeos conquistaron América llevaron consigo las técnicas de cultivo de manzanas y elaboración de sidra. Para el año 1629 los manzanos estaban completamente implantados en las colonias de Virginia y Massachusetts. Las manzanas que estos árboles daban no eran dulces ni licuosas y por esa razón fueron destinadas a la elaboración de sidra.

En Estados Unidos a la sidra fermentada se le llama “hard cider” para distinguirla del mosto de manzana sin fermentar, que a veces es es llamado “cider”, una bebida que tenía una buena imagen y frecuentemente consumida en celebraciones de todo tipo (reuniones familiares, celebraciones entre amigos, etc…)

En México la sidra se produce en las ciudades de Huejotzingo y Zacatlán de las Manzanas en el estado de Puebla. A diferencia de la sidra española tiene un sabor más dulce y su consumo aumenta en la época decembrina, para el brindis de Navidad y Año Nuevo.

Una serie de investigaciones han probado que la sidra muestra altos niveles de antioxidantes, tan solo una copa de esta espumosa bebida contiene la misma cantidad de oxidantes que una copa de vino tinto con la diferencia de menos alcohol.

Esas propiedades antioxidantes ayudan a proteger contra enfermedades como el cáncer y cardiovasculares; también se le considera eficaz en combatir el colesterol, por su contenido en aminoácidos alto y variado.

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Así mismo la presencia de antioxidantes como el antociano actúa como un regulador del ácido úrico, por su parte, el ácido málico contenido en la bebida es un diurético poderoso que activa la función de los riñones y evita la acumulación de ácido úrico, por lo que queda demostrado que los bebedores de sidra están menos expuestos a dolencias como la gota y piedras renales.

Si a esto le sumamos los principios activos, minerales, vitaminas, su contenido en fósforo, calcio y potasio de la manzana que ayudan a mantener en niveles óptimos la presión sanguínea, la sidra se considera una mejor opción a los licores, u otras bebidas de alta graduación.

En cuanto a su volumen de alcohol, aunque es bajo éste contiene taninos (polifelones) que dan a la bebida un poder bactericida. Las “sustancias péptidas” que contribuyen al espalme de la sidra tienen propiedades dietéticas y organolépticas que sirven para regular otras funciones intestinales.

Las enzimas digestivas que contiene, tienen efectos en la regulación intestinal, absorción del agua, efectos laxantes , equilibrio de la flora e incluso puede tener efectos preventivos del cáncer de colon.

A las personas que desean adelgazar sin prescindir del alcohol podrían tomar sidra por su bajo contenido calórico.

Así pues tanto por su bajo contenido de alcohol como por los beneficios que aporta a la salud las frutas con las que se elabora, la sidra como otras bebidas fermentadas ha sido incorporada a la pirámide alimentaria de algunos países europeos.

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Bebidas

El origen del brindis

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Casi siempre que compartimos una copa de vino recurrimos al acto de brindar.

Lo hacemos, de forma más o menos espontánea, para celebrar un momento especial. En según qué situaciones, a veces acompañamos el brindis con una frase o alguna reflexión, pero el significado del gesto suele ser generalmente el mismo: expresar nuestros buenos deseos hacia alguien o hacia algún hecho, celebrar o festejar algo. El brindis es un acto que venimos practicando desde siempre y lo tenemos tan interiorizado que es posible que no sepamos ni de dónde viene. De hecho, se trata de una costumbre antiquísima cuyos orígenes parecen bastante difusos.

Por eso, hoy intentaremos arrojar algo de luz sobre los orígenes del acto de brindar, sobre la palabra brindis y sobre su significado.

¿De dónde viene el acto de brindar?

El origen del acto de brindar es tan antiguo que es complicado encontrar pruebas documentales que nos remitan a su origen de manera rigurosa. En este sentido, la mitología de la Antigua Grecia es una fuerte inagotable de creatividad a la hora de explicar de la forma más variopinta cualquier situación de la vida cotidiana. Según esta, Dioniso, dios griego de la vendimia y del vino, invitó en cierta ocasión a los dioses del Olimpo y a los sentidos (gusto, olfato, vista, tacto y oído) a un banquete. En este banquete se sirvió un vino que hizo las delicias de los asistentes, en particular de los sentidos del gusto, el olfato, la vista y el tacto, que enseguida se sintieron seducidos por los placeres del vino. Sin embargo, el sentido del oído parecía sentirse un tanto mohíno ante la imposibilidad de disfrutar al igual que el resto de los sentidos. Para remediarlo, Dioniso propuso instaurar la costumbre de brindar cada vez que se bebiese vino, para que el sentido del oído pudiese disfrutar del sonido producido por el choque de las copas.

El brindis en la Antigua Grecia y en la Antigua Roma

Más allá de la mitología, sí que es cierto que algunos historiadores han ubicado el origen del acto de brindar en las antiguas civilizaciones griega y romana. Según la Enciclopedia Británica, tanto griegos como romanos acostumbraban a practicar libaciones durante sus comidas. Estas libaciones consistían en rituales en los que los asistentes derramaban algún líquido sagrado como ofrenda  a los dioses y a los muertos. Lo hacían tanto para mostrar agradecimiento, como para pedir su intercesión en ciertas cuestiones de su interés. Al parecer, de este origen sacrificial de brindar por dioses y muertos, pasó también a emplearse el brindis para pedir por la salud de los vivos, una de las peticiones más comunes que se hacían a los dioses. Y de ahí, la acción del brindis iría perdiendo esa carga religiosa hasta derivar en el brindis actual, acompañado del habitual “¡Salud!”

Existe también otra teoría que sitúa el origen del brindis en las culturas de la Antigua Grecia y la Antigua Roma, en torno al siglo IV a.C. Pero en este caso el brindis no consistiría en un rito religioso, sino en una cuestión mucho más práctica: la de evitar ser envenenado. Es históricamente conocida la predilección de griegos y romanos por quitarse enemigos de en medio a través del envenenamiento. ¿Por qué mancharse las manos de sangre cuando puede uno eliminar cómodamente sus molestias durante la celebración de una alegre bacanal? Un poquito de cicuta en el vino y a otra cosa. Según esta teoría, el acto de brindar aparecería como prueba de confianza entre los invitados a un banquete y su anfitrión, ante la alarmante proliferación de envenenamientos que se daban en aquella época. De esta manera, mediante el choque de copas, los participantes mezclaban parcialmente el contenido de las mismas. Si alguien no brindaba, mejor no dar el trago.

El origen de la palabra “brindis”

El origen del término brindis, por el contrario, parece ser mucho más reciente. Aunque tampoco es un hecho contrastable al cien por cien, parece ser que esta palabra comenzó a emplearse en el siglo XVI. En 1527 las tropas del emperador Carlos I de España y del V del Sacro Imperio Romano Germánico toman Roma provocando la huida del Papa Clemente VII, tras lo cual inician el saqueo de la ciudad. Al ver la escabechina causada entre las fuerzas enemigas, los militares del imperio justificaron la matanza como una ofrenda a Dios, alzando sus copas de vino y pronunciando las palabras “bring dir’s”, que significarían “te lo ofrezco”, celebrando la victoria. Con el paso de los años, la expresión se castellanizaría hasta el actual “brindis”.

¿Qué decir mientras se brinda?

Sea cual sea el origen del brindis, el caso es que hoy en día nos sigue gustando brindar para celebrar, festejar y expresar nuestros buenos deseos. Para ello, no es necesario decir nada, basta con alzar la copa. Ojo, según los entendidos, no hay que chocar las copas cuando brindamos con vino. Pero si queremos decir algo, siempre podemos recurrir al universal “¡Salud!”. Si buscamos algo más elaborado, podemos probar con alguna de estas fórmulas:

  • El coreografiado y siempre socorrido: 

“Arriba, abajo, al centro y adentro”.

  • Su versión marinera: 

A babor, a estribor, a proa, a popa y a bodega”.

  • Un brindis para los creyentes:

“El que bebe se emborracha,

el que se emborracha duerme,

el que duerme no peca,

el que no peca va al Cielo.

Y puesto que al Cielo vamos:

¡Bebamos!”

  • O para los más hedonistas: 

“Bebamos, comamos y engordemos,

y si nos llaman gordos

hagámonos los sordos.”

O simplemente podemos brindar por los presentes, que nunca está demás. Sea cual sea la opción elegida, lo importante es celebrar la vida en compañía. Y si es con una copa de vino, mejor.

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Cultura gastronómica

¿Santa Claus una creación de Coca-Cola?

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Papá Noel, una leyenda adoptada en casi todo el mundo

Se acerca la Navidad, las comilonas, los regalos y la típica estética plagada de brillos, rojos brillantes y verdes profundos.

Uno de los iconos de la Navidad es Papá Noel con su barrigota, barba blanca, mofletes colorados –¿demasiado ponche?- y su traje rojo y blanco.

Seguro que habrás escuchado la leyenda urbana que afirma que Papá Noel, tal y como lo conocemos actualmente, es un invento de la Coca-Cola… Algo no del todo cierto, pero con un algo de verdad (como toda buena leyenda).

Aquí te describimos un poco de esta historia que se convirtió en un ícono de la humanidad.

Las primeras apariciones de Papá Noel

Una de las primeras ilustraciones de Santa data de 1862, cuando el dibujante Thomas Nast dibujó a Santa Claus para el Harper’s Weekly. Nast continuó dibujando a Santa durante 30 años y fue el que cambió el color de su ropa de tostado al rojo.

Otro acercamiento al Santa Claus actual fue en 1902, en el libro “La vida y aventuras de Santa Claus”, de L. Frank Baum (autor también de “El Mago de Oz”), en el que ya se perfilaban muchas de las características que definen al personaje. La dibujante Mary Cowles Clark fue la encargada de ilustrar la narración, aunque su Papá Noel viste de verde.

De hecho, durante finales del siglo XIX y principios del XX, convivían varias imágenes de Santa Claus, con trajes de diferentes colores y personalidades de distintas y variadas caraterísticas.

Y llego la chispa de la vida

Foto: Cartel publicitario Coca Cola

Coca-Cola comenzó a anunciarse utilizando la figura de Papá Noel en los años 20, usando el diseño de Fred Mizen; muy parecido al de Nast y con un punto estricto que no casa con la imagen actual de Santa.

Fue en 1931 cuando Coca-Cola dio un paso adelante en la estética de Santa Claus y contrató al dibujante Haddon Sundblom para ilustrar una nueva campaña mundial en la que Papá Noel era el protagonista absoluto.

Para inspirarse, Sundblom recuperó el poema de Clement Clark Moore de 1822 “Una visita de San Nicolás” en el que se describía al santo como un hombre cálido, amistoso, amable y muy humano. Y, por supuesto, vestido de rojo y blanco.

Foto: Cartel publicitario Coca Cola

De 1931 a 1964, los anuncios de Coca-Cola mostraron a Santa en multitud de situaciones. Sundblom creó su versión definitiva de Santa en 1964, dando forma a una imagen colectiva tan poderosa que va más allá del márketing y se ha convertido en un icono de la Navidad en todo el mundo.

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Cultura gastronómica

La cena navideña

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Cuál es su significado de este ritual de todos los años

La cena navideña, da un nuevo inicio a muchas ideas, propósitos, metas y proyectos a realizar. Este momento de toma de decisiones en armonía con la familia, tomando consejos y apoyos, son las decisiones a tomar de todos los participantes de la cena.

La cena navideña, el momento que muchas personas esperan durante el año, preparativos, degustación y el momento de reunión, son en sí la esencia de la noche, para que todo participante lleve una sonrisa dibujada en el rostro, dando a conocer la felicidad de esta hermosa reunión.

El respirar el aroma de la cena y la armonía familiar que presenta esta hermosa cena más la convivencia y tradición familiar, hacen de esta noche la celebración de la cena navideña.

Es importante recordar el motivo de la cena, recordar que es de origen religioso el nacimiento de Jesús y darle el festejo adecuado, que se presenta para esta ocasión.

Origen de la cena navideña

La tradición de la cena tiene sus raíces en los rituales a razón de los solsticios de invierno en Europa, en donde se encendían hogueras para simbolizar y celebrar que la luz vence a las tinieblas mientras los días comenzaban a alargarse.

Existen algunos indicios del origen de la cena de Navidad en las culturas nórdicas que ofrecían cultos al dios Freyr, señor de la lluvia, del sol y la fertilidad; de similar modo, los vikingos celebraban a Yuletide.

Se hacían sacrificios de jabalíes para asarlos y comerlos como homenaje a los dioses. Hasta el siglo XII, debido a la escasez de jabalíes, fueron reemplazados por cerdos domesticados, más presentes en Alemania, Dinamarca e Inglaterra, tradición que posteriormente fue exportada a América Latina.

América incluyó el pavo o gallina de las Indias, más popularizado desde el siglo XVI en México.

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Emociones en la cena navideña

El comer con la armonía de la familia y amistades, entre conversaciones amenas, agradecimiento, recuerdos, recuerdos que año a año son vivos en dicha fecha, dan un momento de memorable felicidad, a la mesa.

Las ansias, a la espera de la media noche, en donde se dan a conocer con abrazos, cariño y amor, hacen emocionante la noche, vivir el momento, disfrutarlos, degustar del plato fuerte de la cena, mientras se alista el postre, para servirlo y darle un toque dulce a la mesa, hacen saber que el momento de agradecimiento se acerca.

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