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Bebidas

¿Qué son los sulfitos del vino?

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Advertencia visible en casi todas las etiquetas de los vinos

“Contiene sulfitos”.Seguro que te has fijado en estas dos palabras visibles en las etiquetas de casi todas las botellas de vino. Pero, ¿qué son exactamente los sulfitos? ¿Por qué los encontramos en el vino? ¿Pueden estar también en otros alimentos?

Los sulfitos son una variante del óxido de azufre, principalmente dióxido de azufre (SO₂), que se generan de forma natural en el proceso de fermentación de las levaduras del vino. Por lo tanto, todos los vinos contienen sulfitos, a no ser que se eliminen mediante reacciones químicas, lo que no respetaría la composición originaria del mismo. Además, son inofensivos en cantidades tan bajas como las que se utilizan en la elaboración de los vinos, por lo que no hay de qué preocuparse.

¿Para qué sirven los sulfitos en el vino?

Los sulfitos en el vino tienen funciones conservantes, son antioxidantes, agentes antimicrobianos y antioxidásicos. Por ejemplo, sus capacidades antioxidantes evitan la oxidación del vino o que sus propiedades organolépticas puedan verse afectadas. Por otro lado, su capacidad antimicrobiana lo convierte en un antiséptico, evitando así cualquier posibilidad del desarrollo de microbios o bacterias.

Foto: Archivo

Además, contribuyen a activar la fermentación alcohólica y tienen efectos sobre la maceración, el color, el olor y el gusto del vino. ¿Sabías que en botella los sulfitos eliminan las bacterias que hacen que el vino pueda avinagrarse? Por todo ello, muchos enólogos deciden añadirlos de manera exógena durante la elaboración del vino, aunque respetando siempre los límites establecidos por la Unión Europea (150 mg/l en vinos tintos y 200 mg/l en vinos blancos y rosados), ya que es una forma de asegurar la conservación del vino y la eliminación de bacterias.

Los sulfitos, presentes en nuestra alimentación

Pero los sulfitos no solo se encuentran en el vino. Igualmente, podemos encontrarlos de forma natural en alimentos que experimentan una fermentación, como el pan, los bollos, el queso, el yogur, la cerveza o la sidra. También se añaden artificialmente como conservantes en productos cárnicos, conservas o crustáceos. En este caso, bajo la nomenclatura E-220. Así que, si esos productos no te producen malestar, no tienes que preocuparte por los sulfitos del vino.

¿Y por qué en el vino destacan más? Porque las bebidas alcohólicas no tienen obligación de incluir sus ingredientes en la etiqueta, excepto las sustancias alérgenas. En este caso, los sulfitos se indican para advertir a las personas que sufren alergias o son sensibles a este compuesto, como lo pueden ser al gluten o a la lactosa.

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Bebidas

Barricas para vino de piedra

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Foto: Ánforum

¿Qué puede aportar la piedra al mundo vinícola? 

Han nacido las barricas para vino de piedra. Las han desarrollado en el proyecto Ánforum en España y han decidido definirlas como una «revolución en enología». Son su creación para «una vuelta a los orígenes que consigue vinos más intensos«. De hecho ya hay una bodega que se ha embarcado en esta aventura: Santiago Roma sacará el primer vino albariño en barrica de piedra la próxima primavera.

¿Cómo nace este proyecto?

Cuando se piensa en barricas para vino, lo habitual es tener la imagen mental de que sean de madera. Eso está cambiando ya. Cada vez hay depósitos de más materiales: cemento, cerámica… Y ahora también hechos de piedra, en concreto granito, de la mano de ánforum, un proyecto de I+ D+I que nace del trabajo de EPETRUM, Bodegas Santiago Roma y Cayetano Otero Asesoría Enológica con el fin de comercializar barricas de granito gallego tanto nacional como internacionalmente.

Los orígenes históricos de las ánforas

Foto: Barricas históricas

En la información que proporciona ánforum dicen que «el vino forma parte de nuestra cultura desde épocas muy antiguas. Echando la vista atrás, griegos, romanos y fenicios ya utilizaban las ánforas para fermentar la uva, así como para elaborar y conservar el vino». Por eso añaden «este elemento que había quedado relegado a un segundo plano, ha sido rescatado por ánforum para diseñar y fabricar barricas de piedra; una revolución en el mundo del vino que ofrece la oportunidad de elaborar vinos únicos a las bodegas que apuestan por la innovación«.

Tras multitud de diseños, estudios y ensayos químicos y enológicos presentan las primeras barricas de piedra patentadas con forma ovoide. La geometría de este recipiente lo convierte en un una barrica óptima para realizar la crianza sobre lías finas.

Aportación al mundo del vino

La enología del futuro se presenta de forma oval y se viste de material granítico. Esto favorece una micro-oxigenación controlada, que a su vez permite evitar la aparición de notas reductivas. Además, mantiene la temperatura sin oscilaciones bruscas y facilita el movimiento natural y continuo del vino, permitiendo que las lías se mantengan en suspensión.

Depósitos que facilitan diferentes opciones: maceraciones, fermentación, crianza sobre lías, dando como resultado vinos con carácter propio que resaltan el terruño de donde provienen.

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El origen del brindis

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Foto: iStockPhoto

Casi siempre que compartimos una copa de vino recurrimos al acto de brindar.

Lo hacemos, de forma más o menos espontánea, para celebrar un momento especial. En según qué situaciones, a veces acompañamos el brindis con una frase o alguna reflexión, pero el significado del gesto suele ser generalmente el mismo: expresar nuestros buenos deseos hacia alguien o hacia algún hecho, celebrar o festejar algo. El brindis es un acto que venimos practicando desde siempre y lo tenemos tan interiorizado que es posible que no sepamos ni de dónde viene. De hecho, se trata de una costumbre antiquísima cuyos orígenes parecen bastante difusos.

Por eso, hoy intentaremos arrojar algo de luz sobre los orígenes del acto de brindar, sobre la palabra brindis y sobre su significado.

¿De dónde viene el acto de brindar?

El origen del acto de brindar es tan antiguo que es complicado encontrar pruebas documentales que nos remitan a su origen de manera rigurosa. En este sentido, la mitología de la Antigua Grecia es una fuerte inagotable de creatividad a la hora de explicar de la forma más variopinta cualquier situación de la vida cotidiana. Según esta, Dioniso, dios griego de la vendimia y del vino, invitó en cierta ocasión a los dioses del Olimpo y a los sentidos (gusto, olfato, vista, tacto y oído) a un banquete. En este banquete se sirvió un vino que hizo las delicias de los asistentes, en particular de los sentidos del gusto, el olfato, la vista y el tacto, que enseguida se sintieron seducidos por los placeres del vino. Sin embargo, el sentido del oído parecía sentirse un tanto mohíno ante la imposibilidad de disfrutar al igual que el resto de los sentidos. Para remediarlo, Dioniso propuso instaurar la costumbre de brindar cada vez que se bebiese vino, para que el sentido del oído pudiese disfrutar del sonido producido por el choque de las copas.

El brindis en la Antigua Grecia y en la Antigua Roma

Más allá de la mitología, sí que es cierto que algunos historiadores han ubicado el origen del acto de brindar en las antiguas civilizaciones griega y romana. Según la Enciclopedia Británica, tanto griegos como romanos acostumbraban a practicar libaciones durante sus comidas. Estas libaciones consistían en rituales en los que los asistentes derramaban algún líquido sagrado como ofrenda  a los dioses y a los muertos. Lo hacían tanto para mostrar agradecimiento, como para pedir su intercesión en ciertas cuestiones de su interés. Al parecer, de este origen sacrificial de brindar por dioses y muertos, pasó también a emplearse el brindis para pedir por la salud de los vivos, una de las peticiones más comunes que se hacían a los dioses. Y de ahí, la acción del brindis iría perdiendo esa carga religiosa hasta derivar en el brindis actual, acompañado del habitual “¡Salud!”

Existe también otra teoría que sitúa el origen del brindis en las culturas de la Antigua Grecia y la Antigua Roma, en torno al siglo IV a.C. Pero en este caso el brindis no consistiría en un rito religioso, sino en una cuestión mucho más práctica: la de evitar ser envenenado. Es históricamente conocida la predilección de griegos y romanos por quitarse enemigos de en medio a través del envenenamiento. ¿Por qué mancharse las manos de sangre cuando puede uno eliminar cómodamente sus molestias durante la celebración de una alegre bacanal? Un poquito de cicuta en el vino y a otra cosa. Según esta teoría, el acto de brindar aparecería como prueba de confianza entre los invitados a un banquete y su anfitrión, ante la alarmante proliferación de envenenamientos que se daban en aquella época. De esta manera, mediante el choque de copas, los participantes mezclaban parcialmente el contenido de las mismas. Si alguien no brindaba, mejor no dar el trago.

El origen de la palabra “brindis”

El origen del término brindis, por el contrario, parece ser mucho más reciente. Aunque tampoco es un hecho contrastable al cien por cien, parece ser que esta palabra comenzó a emplearse en el siglo XVI. En 1527 las tropas del emperador Carlos I de España y del V del Sacro Imperio Romano Germánico toman Roma provocando la huida del Papa Clemente VII, tras lo cual inician el saqueo de la ciudad. Al ver la escabechina causada entre las fuerzas enemigas, los militares del imperio justificaron la matanza como una ofrenda a Dios, alzando sus copas de vino y pronunciando las palabras “bring dir’s”, que significarían “te lo ofrezco”, celebrando la victoria. Con el paso de los años, la expresión se castellanizaría hasta el actual “brindis”.

¿Qué decir mientras se brinda?

Sea cual sea el origen del brindis, el caso es que hoy en día nos sigue gustando brindar para celebrar, festejar y expresar nuestros buenos deseos. Para ello, no es necesario decir nada, basta con alzar la copa. Ojo, según los entendidos, no hay que chocar las copas cuando brindamos con vino. Pero si queremos decir algo, siempre podemos recurrir al universal “¡Salud!”. Si buscamos algo más elaborado, podemos probar con alguna de estas fórmulas:

  • El coreografiado y siempre socorrido: 

“Arriba, abajo, al centro y adentro”.

  • Su versión marinera: 

A babor, a estribor, a proa, a popa y a bodega”.

  • Un brindis para los creyentes:

“El que bebe se emborracha,

el que se emborracha duerme,

el que duerme no peca,

el que no peca va al Cielo.

Y puesto que al Cielo vamos:

¡Bebamos!”

  • O para los más hedonistas: 

“Bebamos, comamos y engordemos,

y si nos llaman gordos

hagámonos los sordos.”

O simplemente podemos brindar por los presentes, que nunca está demás. Sea cual sea la opción elegida, lo importante es celebrar la vida en compañía. Y si es con una copa de vino, mejor.

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Bebidas

Vinos mexicanos para la cena de Navidad

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México sí es país de vinos, y aquí te proponemos algunos

Cada año pasa lo mismo: nunca sabes qué regalar en el intercambio. Ya sea en el trabajo, con la familia o con los amigos… o qué llevar cuando eres el invitado a una cena de Navidad. 

Existen muchas razones para regalar vino, además de su rico sabor, se sabe que ayuda a bajar de peso, que para estas fechas eso es una GRAN noticia. También ayuda a prevenir problemas cardíacos, entre muchas más beneficios.

Si ya te estamos convenciendo, para que triunfes regala un vino que sea mexicano. La razón es muy sencilla: en México se fundó la vinícola más antigua de América en 1597, así que hay que enaltecer todos esos años de producir vino y no hay mejor manera que hacerlo consumiendo lo hecho en México.

Por eso te dejamos estas bodegas mexicanas y el vino que encontrarás por menos de 300 pesos, además te decimos con qué maridarlo para que te veas como todo un experto cuando lo regales, ¡apúntale!

Las Nubes


Tinto Selección de Barricas, $313.00
Maridaje recomendado: ensaladas, pizzas y pastas.

A ese precio lo encuentras aquí.

Santa Elena


Malbec, Nebbiolo, Syrah $372.00
Maridaje recomendado: enchiladas potosinas, pollo asado y enjitomatadas.

A ese precio lo encuentras aquí.

Vaivén

Equilibrio Malbec, $395.00
Maridaje recomendado: pastas, pizzas y carnes no grasosas.

A ese precio lo encuentras aquí.

L.A. Cetto


Nebbiolo, $240.00
Maridaje recomendado: carnes rojas y quesos.

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Santo Tomás


Tempranillo-Cabernet, $414.00
Maridaje recomendado: tampiqueña de res y costillas barbecue.

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Quinta Monasterio


Datum, $423.00
Maridaje recomendado: cualquier comida típica mexicana, mole, carnitas, pozole.

A ese precio lo encuentras aquí.

Casa Madero

Vino rosado, $309.00

Maridaje recomendado: ensaladas con aderezos ligeros y mariscos.

A ese precio lo encuentras aquí.

Lomita


Discreto Encanto, $315.00
Maridaje recomendado: lasagna a la bolognesa, enchiladas potosinas, tostadas.

A ese precio lo encuentras aquí.

Índice

Merlot-Cabernet, $309.00

Maridaje recomendado: platillos condimentados, pastas, carnes rojas y quesos semicurados.

A ese precio lo encuentras aquí.

Monte Xanic


Chenin blanc y french Colombard, $287.50
Maridaje recomendado: sushi, ceviches, pescados ligeros.

A ese precio lo encuentras aquí.

Si tienes alguna sugerencia deja un comentario para conocer más propuestas de vinos mexicanos para impulsar la industria local.

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