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El negocio detrás del Foodporn

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Foto: Getty Images

La pornografía de los alimentos es un negocio en expectativa

Que la comida entra por los ojos no es un concepto nuevo, pero sí lo es que lo haga a través del celular de forma virtual. Y como las fotos no permiten ni oler el aroma ni saborear los platos, hay que confiar en la fuerza de la imagen para despertar el deseo de comer aquello que se ve.

El concepto del foodporn no acaba de nacer. De hecho, surgió en los años 50 en los inicios de la fotografía gastronómica. Y se denominó así porque, como la pornografía sexual, “ofrece fantasía a quienes no pueden permitirse cocinar, o pagar, esos platos”, según definición del teórico de la literatura y escritor Roland Barthes.

Foto: Platillo foodporn / Getty Images

Lo distinto ahora es que no se trata de crear imágenes profesionales para promover una cadena de comida rápida o platos con estrella en las revistas de diseño. La moda de fotografiar lo que se va a comer, lo haya cocinado uno o se lo hayan servido en el bar de la esquina, es una tendencia que está empezando a incidir en el negocio de la restauración a través de las redes sociales.

En países como Inglaterra, ya se empieza a vislumbrar que aparecer en determinadas redes sociales puede repercutir en beneficios económicos. Lo tiene claro la londinense Georgia Green (Georgia’s Cakes), diseñadora de pasteles, que pasó de cien a 6.000 seguidores en un solo día. ¿Cuál fue el milagro? Pues que la top model Cara Delevigne le encargó un pastel cuya foto colgó en sus cuentas en las redes sociales.

“En ese momento, ella tenía unos cinco millones de seguidores en Instagram y yo apenas cien”, explica Georgia Green a la BBC, quien reconoce que ese éxito repentino le ha llevado a modificar algunas de sus ideas. “Ahora soy más consciente de cómo conseguir un mayor número de seguidores y me siento más presionada a hacer determinadas elaboraciones porque sé qué gusta a los instagramers”. Aunque, asegura, “no hago nada que no me represente como persona y como marca”.

No todo el mundo piensa así y hay quien reconoce que adapta sus propuestas a los nuevos gustos estéticos porque les consta que muchos de sus clientes lo son después de haber visto sus platos en Instagram. Directamente piden aquello cuya foto les ha llamado la atención sin ni echar un vistazo a la carta.

Foto: Comida, foodporn / Getty Images

De ahí que los restaurantes se planteen hacer menús en los que la imagen no defraude. Para ello hay que primar la disposición de los alimentos en el plato, la combinación de colores, la vajilla, la mantelería y hasta la decoración e iluminación del local para facilitar el trabajo a los influencers.

El peligro está en restar importancia al sabor o a los valores nutritivos. Lograr el equilibrio entre ambas cosas no es fácil, aunque hay quien lo resuelve con imaginación. En el restaurante Polpo de Londres no renuncian a su propuesta, que consideran muy nutritiva y sabrosa, pero no tan estética como exige Instagram, y por eso han optado por acompañar los menús con cócteles, “que añaden un toque de color a las fotos”.

Los restaurantes ahora se plantean hacer menús fotografiables

Otros llegan al extremo de cambiar la decoración del local para hacerlo visualmente más atractivo o variar el tipo de iluminación para que las fotos no queden oscuras y con grano.

Conscientes de ello en el local del Soho londinense de la cadena de restaurantes Dirty Bones tienen un pequeño equipo a disposición de los instagramers que incluye un mini foco, cargador de baterías, un objetivo gran angular adaptable al móvil y un palo selfie. Llegados a este punto habría que diferenciar entre los aficionados que no hacen más que seguir una tendencia y los que han convertido su hobby en una profesión.

Estos saben, por ejemplo, que utilizar el zoom es imprescindible, porque a la gente le gustan los planos cortos en los que la comida ocupe toda la pantalla. Otra cosa que tiene mucho éxito son las elaboraciones con muchas capas, como las hamburguesas o los bocadillos de tipo americano. Y los pasteles, que permiten dar rienda suelta a la imaginación e incluir mucho colorido y texturas.

Invertir en instagrammers para atraer clientes

A nivel internacional son muchos los restaurantes que están adaptando sus elaboraciones, o incluso la decoración de sus locales, a las necesidades de los instagramers, pero no son muchos los profesionales de la restauración dispuestos a “invertir” en instagrammers, convencidos de que les vayan a llenar el local de un día para otro.

El problema es que muchos de los supuestos influencers no hacen más que seguir una moda, no tienen gran experiencia como gourmets y ni siquiera cocinan. Y a menudo quienes lo ven como una salida profesional lo que hacen es comprar seguidores y “likes” para hacerse un hueco en el mercado.

El secreto está en el perfil

Para que la relación entre los “me gusta” y el beneficio económico funcione es necesario, ante todo, asegurarse de que el instagramer al que vas a pagar tenga un perfil de seguidores adecuado al nivel gastronómico y económico del restaurante que trata de promocionar. De lo contrario es un gasto inútil.

La línea es muy delgada entre lo profesional y un fraude ya que han proliferado supuestos influencers denunciados por gente del sector restaurantero por haber sido presionados para que les inviten a comer a ellos y a sus amigos a cambio de publicar las fotos de sus menús. Para los restauradores el reto es lograr el equilibrio entre sacar partido de esa tendencia y mantener intacta la esencia del establecimiento.

La ciencia toma la palabra

Foto: Bruschetta de tomates secos por Mercado Flotante

También los científicos tienen algo que decir al respecto de la comida y la imagen que la representa. Para ello volvamos al principio, a lo de que la comida entra por los ojos. Y que no es tan trivial como parece. Para el psicólogo experimental Charles Spence de la Universidad de Oxford, “la forma en que los alimentos están dispuestos en el plato tiene un gran impacto, porque crea expectativas. Nuestro cerebro imagina el sabor que tiene lo que ve y desea degustarlo”.

En uno de sus experimentos, se da a un grupo de comensales la misma comida, pero a la mitad se la ponen en el plato de cualquier manera y a los demás se la disponen de manera estética. Estos últimos dan una nota mucho más alta al sabor que los otros y se muestran dispuestos a pagar más por lo que han comido.

La comida presenta de forma estética es mucho más valorada

Algo parecido se concluye en un estudio publicado en el diario Physiology and Behavior (fisiología y comportamiento). Desvela que los mínimos detalles sobre la apariencia de un plato, como el brillo, la homogeneidad y la forma pueden alterar la percepción de los comensales sobre el gusto y el aroma de lo que van a comer.

Parece comprobado que el food porn dispara algo en nuestro cerebro y algunos científicos creen que las imágenes de comida despiertan el deseo de la comida real.

Foto: Cacahuetes Getty Image

Es una cuestión fisiológica que tiene que ver con la grelina, conocida como la hormona del hambre, cuya producción se dispara cuando se ven imágenes de comida apetecibles. Otra investigación mostraba que cuando se trata de apetito, el food porn puede ser un sustituto de la propia comida. Es decir, que las representaciones de comida pueden provocar que se desprecie la comida auténtica.

Comprobaron que cuando mostraban a los voluntarios imágenes de cosas saladas para probar se sentían algo decepcionados por el sabor de cacahuetes salados que les daban de comer. En cambio, quienes previamente habían comido dulces los encontraban más buenos. Parece que los estudiosos del tema no acaban de ponerse de acuerdo sobre cómo funciona el cerebro en relación con las imágenes de comida que tanto éxito están teniendo en Instagram.

La comida, real o virtual, no es sólo una forma de alimentarnos

En lo que sí parece coincidir todo el mundo es en que la comida, real o virtual, no es sólo una forma de alimentarnos, sino que es una fuente de belleza que tiene incidencia en la psicología de las personas. Y al final puede que el éxito del food porn se deba, simplemente, a que satisface algo tan inmediato y visceral como la necesidad primordial de alimentarse.

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GastroMakers es un espacio dedicado a promover la cultura gastronómica del mundo.

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La leche Bulgara

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Foto: Archivo

¿Has escuchado hablar de este los búlgaros de leche? Estos son más beneficioso de lo que crees, checa cómo hacerlos y cuáles son sus beneficios, estamos seguros querrás probarlos.

tros nombres que recibe el kéfir són: yogur búlgaros, leche kefirada, yogur de pajaritos o yocas (en Chile). Para referirse al kéfir también se usa mucho el vocablo tibicos y hongos tibicos así como hongos tibetanos.

En wikipedia, para el cultivo de kéfir, encontramos los nombres: «ibis, tibiches, granillos, granizo, hongos chinos, Marinos (Centroamérica), granos de azúcar de kéfir, cristales japoneses de agua, pajaritos y abejas de lafornia.

En otros idiomas kephir, kewra, talai, mudu kekiya, matsoun y matsoni. En otras literaturas llamados bébées, abejas, abejas africanas, abejas australianas, abejas de gengibre, abejas de vinagre, nueces de cerveza, semillas de cerveza, semillas de cerveza japonesas, planta de cerveza y bálsamo de Galaad.«

Origen del nombre búlgaros

Aunque el origen del kéfir se pierde en los albores la la historia, sabemos que surge en la zona del Caúcaso, cordillera montañosa que separa Europa de Asia y cuyos países actuales más importantes serían Rusia y Turquía.

De hecho, el origen de la palabra kéfir es ruso pero proviene del turco y puede tener varios significados, como placer y salud. Al final encaja muy bien en lo que es el búlgaros, un alimento que al mismo tiempo que nutre, es sabroso y proporciona salud.

Foto: iStockPhoto

En cambio, el nombre búlgaros es mucho más moderno, procede del Bacillus bulgaricus, especie identificada por el científico búlgaro Stamen Grigorov en 1905.

Este lactobacillo es una bacteria láctica (convierte la lactosa de la leche en ácido láctico), y es una de las dos bacterias responsables de la elaboración del yogur (la otra es Streptococcus thermophilus). La especie fue posteriormente asignada al género Lactobacillus como Lactobacillus bulgaricus, y más adelante fue renombrada como Lactobacillus delbruekii subs. bulgaricus (debido a los trabajos en el Instituto Delbrück, de Alemania).

Casi todas las bacterias lácticas se usan de un modo u otro para obtener quesos y leches fermentadas. Si hoy acudimos al supermercado podremos ver yogures hechos con biffidus (otra bacteria láctica), Lactobacillus acidophilus, Lactobacillus casei, … la lista sería interminable.

Otro ejemplo, en Bulgaria tienen una bebida llamada airian que es una mezcla entre yogur y agua y es muy consumida. Es tan común el término yogur búlgaro (que sería el yogur estándar), que hasta se pueden encontrar discusiones sobre el origen del yogur en sí, sobre si es griego o búlgaro, aunque en realidad es el mismo tipo de yogur en cuanto a fermentación pero preparado de forma diferente.

Así que esta gran diversidad de leches fermentadas, la relación histórica del yogur con Bulgaria y que Lactobacillus bulgaricus recibiese ese nombre, están detrás de que conozcamos como búlgaros de leche y búlgaros de agua al kéfir de leche y el kéfir de agua respectivamente.

Foto: Bulgaros / Archivo

Beneficios de los búlgaros

Potencian la inmunidad

Su poder probiótico: La próxima vez que estés enfermo y te recomienden tomar antibióticos, piénsate dos veces si no sería más indicado tomar grandes cantidades de kéfir, ya que se ha comprobado que su poder antibiótico es superior a algunos fármacos.

Mejoran la salud intestinal

No sólo repuebla nuestro intestino con bacterias probióticas y mejora la digestión, sino que es capaz de aliviar cuando no mejorar por completo los síntomas del cólon e intestino irritable. De nuevo, es gracias a la acción de sus bacterias probióticas.

Ayudan con la intolerancia a la lactosa

En general es conocido que los intolerantes a la lactosa pueden consumir ciertos yogures ya que su contenido en lactosa está por debajo de límites que no toleran.

En el caso del consumo regular de búlgaros, al aportar constantemente un gran cantidad de bacterias lácticas (que hemos explicado antes que consumen láctosa y la convierten en ácido láctico) facilita poder digerir pequeños aportes de este azúcar lácteo en personas intolerantes.

Buenos en alergias y asma

El consumo regular de kéfir ayuda en alergias y asma. Por un lado, tiene relación con la hipótesis de higiene y la pobreza de nuestro microbioma comparado con el de personas que viven en entornos no urbanos más «sucios». Al fin y al cabo estamos aportando diversidad y riqueza al microbioma.

Foto: Archivo

Pero también se ha visto una gran reducción de marcadores inflamatorios, así que los búlgaros de leche y los búlgaros de agua actúan como antiinflamatorio mejorando la autoinmunidad de alergias y asma.

Actúan como bebida «detox»

Ahora está muy de moda hablar de jugos detox, pero en realidad los procesos de detoxificación son naturales e inherentes al ser humano.

Se trata de los procesos que permiten eliminar de nuestro organismo compuestos nocivos para nosotros, bien por mutágenos, por ejemplo, o por ser promotores de alergias, como las aflatoxinas del cacahuete. Tener un gran número de bacterias lácticas en nuestro sistema intestinal permite ligar estas aflatoxinas u otros compuestos nocivos y facilitan su expulsión e/o inactivación.

Combaten tumores

De todas las propiedades del kéfir es la que menos me agrada exponer puesto que el cáncer es una enfermedad grave que afecta a muchísimas personas así como hay muchas personas desesperadas buscando solución a su caso concreto.

Pero realmente se ha comprobado (aunque en modelos animales), que un consumo elevado de probióticos ha sido capaz de eliminar tumores de diversos órganos. En humanos se ha podido comprobar que pueden frenar el crecimiento de cáncer de mama.

¿Te ha gustado el post? ¿tienes experiencias con los probióticos y en concreto con los búlgaros de agua o de leche?

Déjanos tu comentario con tu experiencia que seguro nos ayuda a todos a llevar una vida más sana, con una alimentación mucho mejor que la que llevan la mayoría de las personas.

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El Oro comestible

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Foto: Archivo

El oro es uno de los ingredientes utilizados en la gastronomía más prestigiosa de algunos países.

El brillante y dorado metal sirve para decorar pasteles de bodas y los más refinados platos. El oro de 24 kilates es un metal libre de sabor, que no contiene químicos, y su textura es blanda, tres características que van bien con la gastronomía. Pero si no tiene sabor, ¿por qué se usa como ingrediente? Por sus cualidades estéticas en el plato y, al ser algo extravagante que sirven las cocinas de lujo, consumir platos elaborados con oro le confiere al comensal un estatus de privilegio.

¿El pastel de bodas más caro de todos?

El oro comestible tiene diversas presentaciones: en forma de polvo, hojas o copos, también puede servirse en forma de escamas.

En India, las hojas de oro suelen utilizarse para decorar pasteles de bodas. En algunos restaurantes de China se sirven bebidas salpicadas con polvo de oro mientras que en Francia y Sucia se venden al público trufas de chocolate adornadas con fragmentos de oro. Y en Pakistán se consume oro bajo la creencia de que es un poderoso afrodisíaco y estimulante. ¿Cuál te gustaría probar?

Parece cosa de locos, pero lo cierto es que la costumbre de usar oro en diversas preparaciones culinarias no es de nuestros tiempos, su uso en la gastronomía se remonta a miles de años atrás.

Golden Eggs

Una antigua extravagancia culinaria

En el siglo XV algunas personas consideraban que el oro tenía propiedades medicinales, razón por la cual lo consumían. En el siglo XVI se hizo conocida la receta italiana Rissoto d’oro con basilica e parmagiano, la cual contenía el brillante ingrediente de color amarillo. Y durante el reinado de Elizabeth I de Inglaterra se espolvoreaba un poco de oro sobre las bandejas de frutas. Sin dudas, la presentación del plato era algo que se cuidaba.

Hoy en día, la costumbre de utilizar oro como ingrediente en las comidas se está expandiendo por el mundo. Y si hablamos de consumidores, India es el país donde se consume más oro por año, unas 12 toneladas. Sin embargo, en la Unión Europea y los Estados Unidos su consumo está autorizado para la decoración de alimentos.

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Antojitos mexicanos

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Es muy difícil resistirse a probar los innumerables antojitos mexicanos.

Además de sus exquisito sabor, nuestra comida posee una deliciosa tradición lingüística, porque el solo hecho de pronunciarla genera un gusto en la boca; si no, enumeremos unos cuantos de nuestros manjares: tamal, pambazo, pozole, chicharrón, tlacoyo, mole…

Los antojitos mexicanos no sólo son ricos en sabor, también son ricos en tradición. Es innegable que la cultura europea influyó en nuestra gastronomía, ya que con la llegada de los españoles, en nuestros alimentos se incluyeron ingredientes como trigo (harinas y pan), el centeno, olivo (aceite), lechugas, rábanos, espárragos, entre muchos otros. De no haberse dado el mestizaje y el proceso de la Conquista, en nuestra tradición culinaria no existirían las gorditas de chicharrón o los tacos de carnitas, no habría tortas de tamal, porque aunque ya eran preparados por los indígenas, aún no se concebía la preparación del pan para una torta. Lo importante es que nuestra comida actual está basada en la tradición prehispánica con las influencias y elementos que fueron llegando a nuestro continente.

Aquí dejamos una lista de platillos mexicanos que se sirven en festividades naciones como las del 15 de septiembre en México:

EL Pozole, un platillo para el emperador MOCTEZUMA

Hoy en día pocos pueden resistir la oportunidad de disfrutar un rico plato de pozole calientito, con carne de pollo, res o cerdo, lechuga, rábanos, limón y el toque tan particular del orégano. Este tradicional platillo es indispensable en noches mexicanas, como el 15 de septiembre, así como lo fue en su momento en la mesa de Moctezuma.

Foto: Archivo

La palabra pozole viene del náhuatl pozolli, que significa espuma. Los antiguos mexicanos utilizaban granos de maíz grandes y blancos llamados cacahuazintle para preparar esta típica comida nacional. El pozole siempre ha sido parte de las grandes festividades, ya que de acuerdo con lo escrito por fray Bernardino de Sahagún en su Historia general de las cosas de la Nueva España, durante los ritos en honor al dios Xipe Tótec (señor desollador), a Moctezuma se le servía un pozole con un muslo de algún joven prisionero previamente sacrificado.

En el México de hoy existen distintas presentaciones del pozole. El rojo, por ejemplo, es preparado con chile, y es típico de Sinaloa y Jalisco; el verde, cocinado con tomate, es típico de Guerrero. También existen las versiones vegetarianas, en las que se sustituye la carne por hongos o champiñones e incluso hay quienes lo preparan con pescado o mariscos.

Los tamales y atole

Foto: Tamales y atole /Archivo

Otro antojito mexicano, herencia de nuestro pasado prehispánico, es el tamal. Su nombre también viene del náhuatl tamalli, que significa envoltorios de maíz.

Siendo el maíz parte esencial de la alimentación de aquella época, los tamales se preparaban en la casa de cada familia indígena. En aquella época los tamales no eran rellenos ni existía la gran variedad que hay en la actualidad. Esta peculiaridad fue dándose con el paso del tiempo, por lo que hoy los comemos rellenos de pollo, frijol, mole, salsa verde o roja, rajas y no pueden faltar los de dulce.

Es difícil concebir un tamal sin atole. Esta bebida también tiene su origen en el México antiguo, aunque en aquella época sólo se tomaba atole blanco. Preparado a base de fécula de maíz, se dice que el entonces conocido como Atolli fue un alimento del gusto de los emperadores mexicas. Las crónicas de la época indican que cada quien lo pedía a su gusto; Moctezuma por ejemplo, lo degustaba endulzado con miel.

Los Tlacoyos

Foto: Tlacoyo / Archivo

Tlahtlaoyotl también proviene del náhuatl. Este alimento se preparaba tal y como lo conocemos el día de hoy, con masa azul, pero sin algunos ingredientes como el queso; recordemos que en aquellos días no se conocían las vacas en este continente.

Este alimento se podía consumir en la zona de comida del gran mercado de Tlatelolco, de hecho se dice que fue ahí donde los probaron los españoles.

Para quienes no lo conocen, les diremos que el tlacoyo es una tortilla gruesa, ovalada y larga, la cual puede ir rellena de ingredientes como frijoles, habas, carne o requesón; a esta deliciosa tortilla la acompañamos, regularmente, con nopales, queso, chile y cebolla, además se caracterizan por el color azul del maíz.

Actualmente en algunos lugares como Puebla y Tlaxcala se les conoce como Tlatoyos.

Sopes y huaraches

Foto: Sopes / Archivo

También conocidos como pellizcadas, picadas o picaditas, los sopes son otro de los antojitos que datan de la época prehispánica y que se preparan con maíz. Los sopes consisten en una tortilla gruesa, originalmente frita con manteca, sobre la que se suelen añadir chicharrón, carne, queso, verduras y salsa picante. Hay que decir que al igual que muchos otros antojitos presentan variaciones regionales, es más, hay quienes le dan el nombre de huaraches; sin embargo, los defensores del sope argumentan que no son lo mismo. A pesar de las similitudes, la diferencia está en el nombre y el tamaño. Los huaraches son más grandes y ovalados mientras que los sopes son redondos y con un contorno de masa que evita que se derramen sus ingredientes.

Esta batalla sólo podemos decidirla probando ambos alimentos, aunque difícilmente podremos declarar alguno como único ganador.

Las gorditas de chicharron

Foto: Gorditas de Chicharrón /iStockphoto

Debido al mestizaje toda nuestra cultura vivió una transformación, por supuesto que la comida no podía ser la excepción. Todos nuestros antojitos evolucionaron debido a la inclusión de las nuevas mezclas, sabores e ingredientes del Viejo continente; el mayor ejemplo fue el chicharrón. ¿Qué sería de las gorditas sin el chicharrón?

Como ven, la fusión prehispánica y española; nos legó un alimento delicioso en tianguis, casas y restaurantes.

Los pambazos

Foto: Pambazos / Archivo

El nombre de pambazo viene del pan que se usa para su elaboración y proviene del “pan basso” o pan virreinal. “En este tipo de pan se mezclaban los restos de harina cernida con harina proveniente de trigos averiados o de calidad inferior; las panaderías elaboraban mínimas cantidades de pambazo, un máximo del 4% de la harina que entraba a la ciudad” de México. También existían tiendas donde se vendía exclusivamente este pan, conocidas como “panbaserías” (pambacerías).

En el Bajío, el pambazo consiste en un pan completamente liso parecido a la telera (bollo) rellena de papa hecha casi puré y chorizo o longaniza y posteriormente bañada en salsa de chile guajillo o ancho. Es muy similar a las tortas ahogadas.

En Veracruz, este delicioso pan es muy parecido a una torta, pero el pan está cubierto de harina. Debe tener frijoles, chorizo, lechuga y queso, si se desea también se puede agregar salsa verde o roja con chile morita y tomate verde asado y cocido.

Chiles en nogada

Foto: Chile en Nogada / Archivo

En 1821, un año antes de coronarse como emperador de México, el entonces general Agustín de Iturbide, que se dirigía a la capital tras firmar los tratados de Independencia, realizó una escala en la ciudad de Puebla y degustó el singular alimento, curiosamente ese día era su santo. Las autoridades locales quisieron agasajar al futuro emperador con un banquete especial y le presentaron un nuevo platillo que integraba los tres colores de la bandera mexicana: el verde del chile poblano, el blanco de la salsa de nuez y queso y el rojo de la granada. El aroma, color y sabor del Chile en nogada venció las dudas de Iturbide, y pese a sus temores a ser envenenado, degustó el platillo.

Los Burritos

Foto: Burritos / Archivo

Los famosos “Burritos” son originarios de la frontera norte del país. En los tiempos de la Revolución Mexicana, en el barrio de Bella Vista, en Ciudad Juárez, Chihuahua, un señor llamado Juan Méndez tenía un puesto de comida y para que no se le enfriara tuvo la idea de hacer grandes tortillas de harina de trigo para colocar los rellenos dentro. Esos rollos de comida los introducía dentro de mantelitos para conservarlos calientes. Eran tantos los pedidos que recibía que decidió comprar un burro para transportar la comida y cruzarla por el río Bravo. Fue tan grande el éxito que con el tiempo comenzaron a llegar mexicanos y estadunidenses preguntando por la comida del “burrito”. Fue así como nació el mote.

Los primeros burritos eran elaborados de machaca (carne de venado, en un principio). También se sabe que antes de la llegada de los españoles los indígenas del norte ya comían este platillo, debido a que dicha carne no requiere de refrigeración; los indígenas llevaban rollos de machaca consigo como provisión para viajes que después comían sin sazonar. Hoy en día la tortilla de los Burritos se hace también con harina de maíz, por ser el cereal más usado en la dieta mexicana, especialmente en el centro y sur del país. Incluso podemos encontrar Burritos empacados listos para introducirse al horno de microondas y disfrutarlos en poco tiempo.

Tostadas de pata

Foto: Tostada de pata de res / Archivo

Tostadas preparadas con pata de res. Es una de las más típicas del Distrito Federal, de las que existen diferentes variantes. Van aderezadas con vinagre, sal y orégano, deshuesadas y picadas, colocadas sobre tortillas de maíz fritas. En algunos casos tienen como únicos ingredientes crema untada sobre la tortilla, pata picada, lechuga o col y queso desmoronado; otras veces pueden contener también frijoles refritos, aguacate, rabanitos, cebolla y chiles jalapeños en escabeche. Otra variante se prepara con patas de cerdo en escabeche, deshuesadas.

Existen muchos muchos más antojos mexicanos, porque además estos son típicos del centro de México pero en todos los estados del país existen multiplicidad de platillos y antojos para disfrutar.

Les deseamos felices fiestas patrias y muy buen provecho!

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