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Innovación

La Cocina Tecnoemocional

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Cocina de vanguardia, ¿la semilla de la evolución gastronómica?

La meta de la cocina Tecnoemocional, es presentar distintos conceptos de un plato para generar una reflexión y una reacción que juegue con las texturas, sin que sobresalga algún ingrediente en especial. Algunos Chefs, cocineros y especialistas gastronómicos, opinan que esta cocina fue solo moda y no será una tendencia que pueda ser la nueva forma de cocinar en el mundo. Repasemos un poco de la historia de esta cocina para reflexionar sobre sus aportaciones de síntesis y análisis de los alimentos.

El término Technoemotional es otorgado por el físico-químico francés Herve This, quien en conjunto con el físico inglés Nicholas Kurti dieron inicio a una nueva era en la industria alimentaria. Empezaron la investigación en la estructura físico-química de los alimentos: las proteínas, los carbohidratos, las grasas, los almidones, entre otros. Aprendiendo sobre las reacciones físico-químicas que surgen a partir de la cocción y cómo desnaturalizan las proteínas a los ácidos, a qué temperatura coagula el huevo, por mencionar algunos.


La nouvelle cuisine de Paul Bocuse, trajo consigo las bases del cambio en presentaciones emplatadas,  marginación del roux como base de salsas, productos frescos de temporada, y el empequeñecimiento de las porciones (esto le hizo objeto de sátiras como: nada en el plato, todo en la cuenta🤣🤣🤣), sumado a las técnicas de cocción, técnicas de corte y armonía de sabores dieron paso a la nouvelle cuisine, denominación acuñada y afamada en el mundo gastronómico por críticos como Henri Gault y Christian Millau.

De esta cocina se desprende la afamada y tan nombrada cocina de mercado, que no es otra cosa que cocinar exclusivamente con productos frescos de temporada, ya que es cuando están maduros, se encuentran en su punto y sus características organolépticas son excepcionales, de esta forma nos aseguramos de que son productos de la más alta calidad.

Una técnica importante que ayudaría a impulsar la Cocina Tecnoemocional, es la llamada cocina molecular; que es el la cocina al vacío o sous vide, creada con el fin de conservar los alimentos por tiempos prolongados en anaquel. Desarrollada y aplicada a la cocina por el Chef Francés Georges Pralus, esta técnica consiste en colocar un alimento en una bolsa de plástico laminado (capaz de soportar temperaturas de hasta 80 grados centígrados) y cocinarlo por un largo periodo. Los productos que son sometidos a esta cocción están libres de oxidación, ya que se les extrae todo el oxígeno, se les compacta, lo que ayuda a la presentación, pero lo más importante es que son cocinados durante un periodo largo a una temperatura baja permanente transformando el colágeno y la elastina de los productos cárnicos, logrando texturas que se derriten en el paladar. Así mismo es una técnica que permite conservar los nutrimentos al cien por ciento, permitiendo según esta técnica, un mejor aprovechamiento de los nutrientes al ser consumidos.


Las bases anteriores dieron pauta para que cocineros como Ferran Adriá (chef del restaurante Bulli y quien ostenta el título de padre de la cocina molecular) dieran inicio a la nueva era gastronómica, teniendo a su disposición la armas que lo impulsaron a desarrollar la cocina molecular. Y es que según el propio Ferran, la creatividad no es nada sin la voluntad, ésta última es la que lleva al ser humano a materializar las ideas que pasan por su mente.

Al mismo tiempo se va creando otro tipo de cocina, que puede ser doctrina  aparte, en este caso complemento de la misma doctrina de Adriá para fortalecer la cocina vanguardista. Se trata de la cocina de autor, una cocina totalmente celosa de su creador, ya que es total y exclusivamente diseñada por el cocinero que la imagina y la reproduce para deleitar a sus comensales. Se basa en la cocina de mercado y la nouvelle cuisine, combinaciones armoniosas, contrastes de sabores, montajes caprichosos pero sobre todo son sabores inéditos, sabores que no son de una cocina en particular sino creaciones de un paladar mental que desarrollan los cocineros creativos en busca de nuevas combinaciones con ingredientes locales y foráneos. De esta forma se crean nuevos caminos, nuevos sabores, nuevas propuestas, ya que esta cocina es muy particular. Con cada cocinero que ofrece este tipo de cocina tenemos un sin fin de posibilidades para experimentar.

Durante algún tiempo escuchamos también de la cocina fusión, que a su vez fue una evolución o complemento de la cocina de autor, ya que propone fusionar ingredientes de diferentes latitudes, para así poder enriquecer platos con sabores totalmente alternativos, esto también se deriva de la globalización y de los inmigrantes que han colonizado otras naciones.

“Esta cocina ofrece un sin fin de sabores nunca pensados, como lo podría ser una lasaña de chapulines con salsa de ají, platillo en el que se conjuntan tres naciones diferentes, Italia, México y Perú.”

Al mismo tiempo que Adriá inicia su cocina vanguardista, molecular o tecno-emocional, va cultivando entre sus colegas españoles la semilla de la evolución gastronómica y por supuesto el conocimiento y la técnica. Estableciendo así una red de nuevas posibilidades y conocimientos, creando una retroalimentación esencial para que España se colocara en la vanguardia de la cocina moderna.

En 2006 el periodista y gastrónomo Pau Arenós nombra a un tipo de gastronomía que busca, a partir de distintas tecnologías y conceptos, destilar emociones y buscar el placer intelectual de los comensales, que asumen un papel activo en el acto de comer. Para conseguirlo se presta atención a los cinco sentidos, y no solo al gusto y el olfato, y se parte de una propuesta multidisciplinaria, que incluye artistas, científicos y productores.

Pau Arenos propone el siguiente decálogo:

1. La cocina es un lenguaje con el que el cocinero quiere expresarse. El cocinero crea para sí mismo, aunque su deseo es el de compartir su obra y que su público la aprecie.

2. El cocinero asume riesgos: sabe que su propuesta puede no ser comprendida. Los riesgos tecnoemocionales son mayores que en otros movimientos culinarios.

3. El cocinero no crea plato a plato: se propone abrir caminos con la ayuda de las técnicas y los conceptos.

4. Las elaboraciones se crean con la voluntad de estimular todos los sentidos. Cobra relevancia el tacto, a través del trabajo con las texturas y las temperaturas.

5. El hecho culinario supera lo físico, los sentidos, y se dirige a lo emocional y a lo intelectual. Hay un placer intelectual que se expresa con el humor, con la provocación, con la reflexión…

6. El creador se vale de la interrelación con otras disciplinas para conseguir los puntos anteriores. En ese sentido también se apoya en las nuevas tecnologías.

7. El comensal no es un ser pasivo, sino activo. El acto de comer requiere, de su parte, una determinada disposición y concentración.

8. Todos los productos tienen el mismo valor gastronómico.

9. Desaparecen las fronteras entre el mundo dulce y el salado, y entre el ingrediente principal y los complementos. La forma de expresión idónea es el menú degustación.

10. Se entiende la cocina como una forma de vida. El restaurante no es, simplemente, un negocio.

Estos 10 puntos representarían el ideal, la aspiración máxima, la radicalidad en lo tecnoemocional.

Sin duda una interesante forma de visualizar la alimentación más futurista que del presente. Será responsabilidad de las nuevas generaciones de Chefs y cocineros, seguir trabajando estas técnicas. ¿En verdad pueden ser el futuro de hacer cocina en el mundo? El tiempo dará la razón. 

 

Bebidas

Mejorar la elaboración del vino

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Investigación encuentra que retrasar la maduración de la uva puede mejorar la calidad para la elaboración del vino

Las uvas de vinificación son particularmente quisquillosas cuando se trata de su entorno.

Por ejemplo, las olas de calor y las sequías provocan una maduración más temprana de las bayas y un vino mediocre.

Y se espera que este tipo de episodios se intensifiquen a medida que cambia el clima de la Tierra.

Ahora, los investigadores que informan en el Journal of Agricultural and Food Chemistry de ACS han modificado las condiciones de crecimiento de las uvas Cabernet Sauvignon para ralentizar su maduración, lo que aumentó los niveles de compuestos asociados con las notas florales y afrutadas características del vino.

A medida que las uvas maduran y cambian de color de verde claro a rojo intenso, los azúcares y compuestos aromáticos se acumulan en las bayas.

Pero, cuando maduran rápidamente debido al calor o al estrés hídrico, las frutas resultantes producen un vino menos deseable con más alcohol, un color más apagado y un sabor persistente a fruta cocida.

Para contrarrestar estos efectos negativos del cambio climático en la calidad del vino, los científicos han estado probando diferentes formas de cultivar las plantas.

Investigadores anteriores han demostrado que reducir la cosecha en las vides puede acelerar la maduración de la uva, mientras que un riego más intenso más adelante en la temporada de crecimiento puede retrasar el proceso.

Christopher Ford y sus colegas querían examinar los impactos de estas técnicas en los componentes químicos que contribuyen a la calidad de las bayas.

Los investigadores cultivaron uvas de vino Cabernet Sauvignon en un viñedo comercial en el Valle de San Joaquín en California.

Luego, eliminaron una parte de los racimos de las vides, regaron más las plantas durante la última temporada de crecimiento, hicieron ambas cosas o no hicieron ninguna, y recolectaron uvas durante todo el período de maduración.

Las plantas con la menor cantidad de racimos de bayas tuvieron el aumento más rápido en el contenido de azúcar y maduraron antes para todas las condiciones probadas.

Sin embargo, las plantas que fueron raleadas y regadas más tuvieron la tasa más lenta de acumulación de azúcar.

Los investigadores encontraron que la desaceleración de la maduración de la uva disminuyó los aldehídos y alcoholes de seis carbonos y la 2-isobutil-3-metoxipirazina, asociada con notas de vino verde y vegetal, y un aumento de norisoprenoides y terpenos, asociado con agradables notas de vino florales y afrutadas.

El mayor tiempo de crecimiento mejoró la calidad de las uvas para la vinificación, explicaron los investigadores, pero estas estrategias de adaptación deben monitorearse durante varios años antes de que se realicen cambios en las prácticas actuales.

Los autores reconocen la financiación del Centro de Capacitación en Transformación Industrial del Consejo de Investigación de Australia para la producción de vino innovadora, el gobierno australiano, Wine Australia, el Instituto de Investigación Waite y la bodega E. & J. Gallo.

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Innovación

Cómo mejorar el sentido del olfato

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La mayoría de las personas, ni siquiera saben la diferencia entre sabor y olor

Bianca Bosker, autora del nuevo libro Cork Dork (Penguin Random House), reconoce que nuestras narices ocupan un nivel inferior entre los otros sentidos. “Tenemos un sesgo real sobre el olfato”, dijo Bosker en una entrevista. “La mayoría de nosotros hemos aprendido desde pequeños que se trata de un sentido que no vale la pena cultivar”. En el mejor de los casos: Usted termina como sommelier.

Durante 18 meses, Bosker pasó un año con algunos de los mejores enófilos del mundo para tratar de entender por qué hay tanto alboroto con el vino. Cargó botellas de Mondeuse noire como una rata de bodega a L’Apicio, tomó sorbos de Domaine Jamet mientras estaba en Marea, trató de vender Cabernets mientras esperaba mesa en Terroir, bebió Borgoña en La Paulée de Nueva York y realizó catas a ciegas en Eleven Madison Park, ahora el restaurante número uno del mundo, que en una ocasión incluía un Riesling de 1.765 dólares de Alsacia.

Mientras eso pasaba, se reunió con los científicos del aroma para preguntarles si existía una vía rápida para convertirse en un conocedor del vino.

“Comencé preguntándome si podíamos incluso afilar nuestro sentido del olfato”, dijo. En otras palabras, ¿nacemos destinados a cierta cantidad de sensibilidad, o podemos mejorar si realmente lo intentamos?

Bosker traza nuestro complejo de inferioridad olfativa hasta los días de Aristóteles, quien profetizó que “el hombre puede oler de forma escueta las cosas… porque su órgano sensitivo no es preciso”. En el siglo XIX, la teoría de la evolución de Darwin parecía probar que los humanos habían evolucionado más allá de la necesidad de conocer sus narices después de que el científico francés Paul Broca descubrió que, a medida que los animales ascendían en la cadena evolutiva, sus bulbos olfativos disminuían de tamaño. El bulbo olfativo es tan pequeño en los seres humanos, concluyó que “la delicadeza de su sentido olfativo es… de ninguna utilidad para su vida”. El famoso mapa lingüístico -la idea de que la parte delantera de su lengua es dulce y la parte posterior amarga – no fue refutada hasta 1974.

El científico Bosker dijo que el mayor problema es que la mayoría de la gente ni siquiera sabe la diferencia entre sabor y olor.

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“Asumimos que todo lo que sucede en nuestra boca está relacionado con el gusto, que no es cierto”, explicó. “Uno confunde uno por el otro, cuando nunca confundiríamos la vista y el sonido”. Un estudio que citó del Centro de Olfato y Gusto de la Universidad de Pensilvania encontró que la mayoría de las personas ni siquiera pueden diagnosticarse correctamente.

Las personas que se quejaron de perder su sentido del gusto tenían tres veces más probabilidades de haber sufrido un trastorno del olfato.

Pero hay esperanza. Diferentes investigaciones realizadas por la Clínica del Olfato y el Gusto de la Universidad de Dresden encontró que los receptores de olfato en nuestro cerebro pueden crecer con el ejercicio. Incluso aquellos con apenas un olfato promedio pueden aumentar el tamaño de sus bulbos olfativos a través de un régimen de probar una media docena de aromas dos veces al día, durante unos 30 segundos cada uno.

“Lo primero que tenemos que hacer es superar nuestro desdén por el sabor y el olor”, dijo Bosker. Es una curiosa paradoja: los humanos iluminados hoy se obsesionan por gastar tiempo y dinero para encontrar comida que sepa mejor, ya sea los arándanos orgánicos o el café de la tercera ola, y sin embargo, continuó: “Rara vez nos entrenamos para probar bien.

Dejamos que el precio, las etiquetas y las descripciones de los menús sustituyan nuestras propias experiencias sensoriales”.

Aquí algunos tips para lograr una nariz más evolucionada:

Establezca su línea

Incluso si usted está haciendo esto para apreciar mejor el vino o la comida, afilar su sentido del olfato no empieza en la mesa.

Para establecer un nivel básico de olfato su propio grupo de control centrado en el olor, en otras palabras, el fumar está fuera, por razones obvias. También prohibido: el café, el alcohol, la salsa picante, el perfume y la colonia, el champú excesivamente fuerte, mucha sal y la pasta de dientes.

Muchos sommeliers también se niegan a beber cualquier cosa por encima de la temperatura tibia, que también significa que no hay té o sopa caliente.

Practique el arte de la descripción

Foto: iStockPhoto

Un ejercicio útil, dijo Bosker, es tratar de describir todos los olores en el transcurso de su rutina diaria. Podría percibir notas del champú que usa cada mañana, hasta la pasta de dientes que usa por la noche. Empújese para ir más allá de las descripciones obvias: menta, fresca, refrescante, dulce.

La cocina es sin duda, un lugar para ejercitar el olfato. No se trata de reconocer los olores ya conocidos; sino de reconocer nuevos olores que surgen de la combinación de ingredientes que se mezclan al preparar los alimentos. A veces damos por hecho el mezclar sin reconocer que al mezclar surgen nuevos olores que valdría la pena reconocer para ejercitar el olfato.

Tener las palabras correctas para describir lo que estás probando es esencial para entenderlo y para comunicarte a otros, por lo que terminas con descripciones floridas en botellas y revistas de vino: “calcáreo”, “gomoso”, “aterciopelado”, “de esencia tostada”.

Ejercite su nariz

El costoso atajo es un kit de US$400 dólares llamado Le Nez du Vin. Es una colección de pequeños frascos de vidrio que contienen versiones líquidas del aroma de la hierba, el humo, la mora y el arándano, hasta un total de 54 aromas diferentes (si el vino no es de su preferencia, otros kits se enfocan en el whisky y el café).

“En lugar de abdominales, olía cuatro de estos frascos todos los días”, dijo Bosker. “Entonces yo alternaba cada semana, tratando de internalizar lo que es grosella negra, o limón, y luego hacerlos a ciegas al final de la semana, para ver si los dominaba. Y al final del mes, eran como tarjetas de olor”.

Al parecer, funcionó. Cuando Bosker fue a su examen de sommelier, olfateó la frambuesa madura, la fresa, la zarzamora, el ciruelo, el arándano, el cassis, con una pizca de pizazinas, para deducir correctamente que era un Cabernet Sauvignon de California, de uno a tres años, antiguo.

Bosker también comenzó a recoger información que había descuidado antes, “pequeñas pistas que añaden textura y riqueza a la vida cotidiana”, dijo. Empezó a discernir los vecindarios de Nueva York que tienen un olor específico, y se sintonizó con el olor de cuando la tierra está mojada después de una lluvia.

¿El único inconveniente? Comenzó a tomar conciencia de los olores específicos en las estaciones de metro. Ahora, dijo, hay “pistas que me dicen dónde estamos antes de llegar allí”.

Como cocineros inc duda es obligado ejercitar el olfato, ya que entre más olores distingues, más sabores puedes añadir a tus platillos.

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Cocina dulce

Helados artesanales vs. helados industriales

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Foto: Rocambolesc

Conoce las diferencias y características

Lo vemos cada verano si tenemos una heladería en nuestro barrio, la afluencia de gente en la entrada crece bastante, la oferta de sabores aumenta e  incluso se forman colas los fines de semana para poder disfrutar de un refrescante y dulce helado.

Pero, ¿elegimos el helado por el sabor o  por su elaboración artesanal o industrial? Tendríamos que aclarar primero qué es exactamente un helado artesano y un helado industrial. Un helado artesanal normalmente se hace a diario porque emplean menos elementos en su preparación. Uno de estos elementos es el aire añadido, que en el caso de los artesanales se genera de forma natural dentro del proceso.

Foto: iStockPhoto

Otros componentes son los sabores artificiales y los colorantes. En los helados artesanales los ingredientes suelen ser frescos y por ello presentan una gama más corta de sabores; aunque se añadan colorantes naturales, su apariencia siempre será más pálida que uno industrial. La grasa que tienen es más sana en el sentido de que no son hidrogenadas, sino que provienen de los lácteos y las fibras naturales. Por eso son más saciantes y cremosos.

Un helado industrial, por su parte, dura más tiempo por los componentes añadidos en su preparación como los conservantes y estabilizantes. Se elaboran en fábricas con grandes maquinarias, con múltiples ingredientes procesados y otros que no suelen ser frescos. Los helados industriales tienen más aire y por tanto, sacian menos, lo que conlleva una mayor cantidad de consumo. Al contrario que los artesanales, se les añaden más cantidad de colorantes y suelen emplearse aromas artificiales y más cantidad de azúcar y grasas de baja calidad.

Cierto es que, en ambos casos, son productos con una gran cantidad de azúcar ya que esta influye en la textura, destaca los aromas y sabores y evita que se formen cristales, además de determinar el dulzor final, obviamente. Por este motivo hay que tomarlos con prudencia.

Cómo distinguir una heladería artesanal de calidad

Lo primero que se debe mirar o preguntar, si los helados se elaboran a diario en el lugar. Lo siguiente es fijarse en el aspecto de los helados. En Rocambolesc, la heladería del prestigioso chef Jordi Roca, elegido como mejor pastelero del mundo, los helados se hacen diariamente.

El hermano menor de los Roca expresa en este negocio su visión de los postres, los que lleva años creando en el celebérrimo Celler de Can Roca, pero en formato helado. Su concepto se manifiesta en cremas artesanas acompañadas de un gran número de toppings, caseros también y que le otorgan el punto diferencial, todo hecho con ingredientes de calidad que respetan el medio ambiente.

Foto: Rocambolesc

Aprender a hacer helados artesanales

Existen medios para aprender a hacer helados artesanales de la forma y técnica correcta, les sugerimos explorar opciones. De las opciones disponibles, podemos recomendar la escuela de formación gastronómica Scoolinary, que imparte el curso de Helados de Vanguardia, dictado por Jordi Roca, para aprender a elaborar 3 versiones de helado y varios toppings, así como a conocer el detalle con el que trabaja este pastelero. De esta forma, cualquier persona podrá elaborar sus propios helados en casa este verano.

A través de la tecnología, Scoolinary quiere democratizar el acceso a la mejor formación en hostelería y restauración poniendo a disposición los mejores profesionales del sector a los precios más accesibles posibles para ayudar a cualquier profesional a crecer y también hacer crecer su negocio.

Scoolinary cuenta con una Suscripción para poder acceder a más de 110  cursos de cocina, repostería, panadería, coctelería, sumillería y gestión. Más de 1.400 lecciones y más de 1.700 vídeos HD. Clases Magistrales en directo con los profesores donde se les pueden realizar preguntas y resolver dudas, entre otras ventajas.

La vida es como un helado, hay que disfrutarla antes de que se derrita.

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