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Alimentos con muy pocas calorías

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Y no todos son frutas y verduras

Lechuga con tomate y nada de condimento, cada día, a la hora de la cena… para rematar bien el día. Este desolador panorama en algunas dietas bajas en calorías tiene su lado bueno: sirve de inspiración para quienes buscan alimentos poco energéticos para confeccionar sus propias comidas (en su caso, no se privan del aceite de oliva virgen extra, lo que le da al asunto una perspectiva muy distinta). Pero, por muy interesantes que sean estos clásicos alimentos, la inspiración acaba agotándose, y eso es injusto. Lo es para la gran cantidad de alimentos que tienen casi cero calorías y numerosas ventajas nutricionales, opciones a las que todos podemos sacar un buen partido. Para conocerlos mejor, hemos identificado 25 que tienen menos de 40 kilocalorías por 100 gramos de porción comestible, el límite que la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA, por sus siglas en inglés) establece para declarar un alimento como bajo en energía. Pero también hemos encontrado cinco auténticos reyes de la gastronomía que sobrepasan por muy poco ese límite y que no son fruta ni verdura. Uno de ellos es carne y solo su nombre hace salivar a más de uno. Una pista, su nombre empieza por sol y acaba por millo…

Fresas y frambuesas, un placer antioxidante

100 gramos de porción comestible de estas deliciosas frutas de temporada solo tienen 36 y 38 kilocalorías, respectivamente. Y el sabor inconfundible de estas golosinas de la naturaleza no es el único punto a favor de estos alimentos para el comensal atento: 100 gramos de fresas contienen más vitamina C que una naranja mediana (60 frente a 50 miligramos). La vitamina C tiene alto poder antioxidante, una propiedad que comparte con otras sustancias bioactivas presentes en esta fruta, como las antocianinas y los polifenoles. “Además, su aporte de fibra, común en el grupo de las frutas y hortalizas, hacen de estas frutas un alimento adecuado para dietas para tratar problemas de estreñimiento”, indica el dietista-nutricionista de la Academia Española de Nutrición y Dietética Manuel Moñino.

Apio, con razón es una referencia

Según una teoría, es un alimento con calorías negativas. Es decir, que cuando se tienen en cuenta las que el cuerpo emplea en asimilarlo, comer apio quita más calorías de las que aporta. La idea es audaz pero, según un estudio reciente, equivocada. No obstante, 100 gramos contienen solo 11 kilocalorías, según los documentos de la Fundación Española de la Nutrición (FEN).

Cebolla, ¿podríamos vivir sin ella?

Es un sabroso ingrediente, especialmente atractivo en primavera, sin el que la cocina mexicana sería un imposible culinario. Destaca su aportación de antioxidantes conocidos como flavonoides, unas sustancias protectoras que el organismo no puede sintetizar y de las que se han identificado unas 5.000 diferentes. En muchos casos actúan como pigmentos en la naturaleza y, de hecho, el color morado y rosáceo de algunas variedades de cebolla son el fruto de algunos de unos flavonoides, los antocianos. Las técnicas culinarias no hacen que la cebolla pierda cantidades significativas de estas sustancias antioxidantes, y sus calorías tampoco varían excesivamente: si este alimento crudo tiene 26 kilocalorías, asado solo suma 38 y, hervido, 18. “La cebolla es parte del tradicional sofrito, clave de las recetas de la dieta mediterránea, y, junto al tomate, el ajo, otras verduras de temporada y el aceite de oliva, facilita el consumo de alimentos saludables como las legumbres y los pescados”, señala Moñino.

Pulpo, fuente de zinc

Es tan inteligente como sabroso, y sus calorías son relativamente escasas. Mucho habría que comer para que no fuese así, teniendo en cuenta que, cocido, solo tiene 69 kilocalorías por cada 100 gramos. Aquí no se cuentan las que aporta el aceite de oliva para aderezarlo. Su exiguo aporte calórico se debe a la combinación de un bajo contenido en grasas con una alta proporción de proteínas. Y es muy importante su contenido de zinc: una ración aporta el 30% de la ingesta recomendada del mineral para mujeres de entre 20 y 39 años, con actividad física moderada, y el 76% en los hombres, según las cifras que recoge la FEN.

Níscalos o setas, los ‘magos’ del sol

La seta más popular solo tiene 14 kilocalorías por cada 100 gramos. Y contiene ergosterol, una sustancia que, al contacto con la luz del sol otoñal, se convierte en una forma de provitamina D que, una vez ingerida, se transforma en la forma activa de la vitamina en el riñón.

La clásica naranja

Si es por calorías, hay un empate técnico. Mientras la primera tiene 38, la segunda solo aporta 40. Como es bien sabido, entre todas sus virtudes nutricionales destaca el contenido de vitamina C: una naranja mediana aporta toda la que se recomienda tomar al día. Lo que no todo el mundo sabe es que pierde fibra cuando se toma en forma de zumo. Además, el contenido de azúcar aumenta, ya que un vaso de zumo puede tener hasta el azúcar de 3 naranjas, y “pasan a ser considerados como azúcares añadidos”, dice Moñino. Sin duda son razones de peso para comerla entera.

Espinacas, que no falten

Cuando se preparan hervidas, solo contienen 22 kilocalorías. Son fuente de vitaminas (B2, A, C, E, K y fólico) y minerales (hierro, magnesio, manganeso y potasio). También aportan fibra soluble e insoluble, un compuesto que podría jugar un papel relevante en la prevención de numerosas enfermedades y que es muy importante en una dieta saludable.

Los berros no son malas hierbas

Los romanos los apreciaban, pero no todos han estado de acuerdo con su gusto imperial; este alimento ha sido considerado una mala hierba durante mucho tiempo. Su nombre científico, Nasturtium, se deriva de la combinación de los términos latinos nasus y tortus, “nariz” y “torcido”, respectivamente. El origen del apelativo “nariz torcida” está en que su olor picante irritaba el prominente órgano. En cuanto a las cualidades nutricionales, los berros contienen vitamina A, folatos, vitamina B6 y vitamina C, además de ser fuente de potasio, manganeso y calcio. Y solo tienen 12 kilocalorías.

Almejas, mucho, y muy delicioso, hierro

Solo contienen 48 kilocalorías, a eso hay que añadirle las que van en la salsa y el pan para mojar en ella, pero aún así vale la pena optar por estas delicias. Mejor tomarlas a la plancha, salteadas o al horno, si queremos contener el aporte energético de la dieta. Una ración de almejas (entre 50 y 60 gramos en limpio) contiene el 85% del valor de referencia para el hierro. También contiene varias vitaminas como la niacina, y, por supuesto, son una singular fuente de placer gastronómico estival.

Calabacín, por sus mucílagos

Este alimento rico en vitamina C es, ¡sorpresa!, de la familia de la calabaza… pero tiene más agua y menos fibra. Destaca por su contenido en mucílagos, un tipo de fibra soluble muy apreciada como laxante. La calabaza hervida contiene 12 kilocalorías por cada 100 gramos de porción comestible, mientras el calabacín tiene 17.

Solomillo de ternera, ligera proteína

No todo va a ser fruta y verdura. Si te gusta la carne, ya sabes que hay una pieza de ternera que cuesta tanto como calorías quita a tu dieta. Y es que el solomillo de ternera solo aporta 110 kilocalorías por cada 100 gramos, de lo que, nutricionalmente, el 75% tiene forma de proteína. Otra parte del animal que destaca por su bajo aporte calórico son los riñones, que están compuestos por agua en un 80%. Tanto los de ternera como los de otros animales aportan una gran cantidad de nutrientes, entre los que destaca el selenio: una ración aporta más del 160% de la ingesta recomendada para un hombre de entre 20 y 39 años, con una actividad física moderada. “Pero es una carne -la ternera- cuyo consumo debe limitarse a una frecuencia quincenal, prefiriendo antes las de aves, conejo o incluso los cortes muy magros de cerdo”, una propuesta que encaja mejor con las recomendaciones de una alimentación saludable, advierte Moñino.

Leche descremada y desnatada

En lo que se refiere a la energía, la diferencia no es demasiado grande entre la leche de vaca desnatada y la entera. La desnatada tiene 34 kilocalorías y la entera, 65. La diferencia está en el contenido de lípidos, que es de 3,8 gramos por cada 100 en la leche entera por 0,2 en la desnatada. “A pesar de la poca diferencia, las guías alimentarias recomiendan elegir preferentemente los lácteos bajos en grasa”, indica Moñino.

Sandía

Esta fruta aparece ya en los jeroglíficos egipcios, un testimonio de que hace unos 3.500 años ya se cultivaba en el Nilo. Es, sin duda, una aportación cultural que todo habitante de la península Ibérica debería agradecer: con un 95% de su peso en agua, pasa por ser la fruta que más líquido contiene, y es un postre de diez para la canícula peninsular. Teniendo en cuenta que el agua sí que contiene cero calorías, no es de extrañar que 100 gramos de sandía solo aporten 20 kilocalorías.

Melón

Por todo lo que refresca, a nadie se le escapa que esta fruta veraniega también tiene una gran cantidad de agua -el 92%, concretamente-. Junto a las fresas y el mango, es una de las frutas con mayor contenido en folatos. Sus 27 kilocalorías no son muchas más de las que tiene la sandía, pero, en cuestión de frutas, no se trata de las calorías, pues la diferencia en la dieta la marcan otros alimentos ricos en energía y pobres en nutrientes.

El saludable toque picante del rábano

Prácticamente el 95% es agua, y solo tiene 16 kilocalorías por cada 100 gramos. Uno de los componentes protagonistas de esta raíz son los glucosinatos, sustancias comunes en otras hortalizas de la familia como las coles y coliflores, que tienen un alto poder antioxidante y que son las responsables de darle a este alimento su interesante toque picante.

Bacalao fresco un pescado bajo en grasa

Solo tiene unas 83 kilocalorías por cada 100 gramos. Como acumula la grasa en el hígado -del que se obtiene un aceite rico en omega 3-, en vez de en los músculos, el bacalao está entre los pescados más magros que existen. También es el protagonista de numerosas, e insuperables, recetas.

Coliflor cocida, simple pero segura

Solo tiene 27 kilocalorías, así que te puedes permitir ese chorro de aceite de oliva virgen extra que le da un excelente sabor. Más del 90% de esta crucífera es agua, lo que repercute en su bajo valor energético.

El pepino, mejor con la piel

Su frescura es equiparable a su ligereza energética. 100 gramos de pepino solo contienen 12 kilocalorías y, si no te gustan crudos, puedes tomarlos en vinagre, una variante que proporciona prácticamente la misma energía. Eso sí, son muy ricos en sal, lo que los convierte en una opción ocasional –algunos deportistas recurren a su salmuera para eliminar los calambres en los momentos más exigentes de la competición-. No es especialmente rico en nutrientes, y aprovecharlos al máximo precisa no quitarles la piel, ya que así se aprovecha mejor la fibra, la vitamina K y las sustancias bioactivas.

Tomate, el ‘rey’ del licopeno

Este versátil alimento, que tiene un sabor inigualable y que proporciona solo 19 kilocalorías por cada 100 gramos, tiene innumerables beneficios nutricionales. Por ejemplo, aporta fibra y es rico en vitamina C. También destaca por su alto contenido en licopeno, un antioxidante cuyo efecto gana potencia con el calor del cocinado, una de las razones de la combinación magistral del tradicional sofrito. Estos carotenoides son más abundantes en el tomate pera, en los frutos más maduros y en los que han sido cultivados al aire libre y madurados en la planta.

El pimiento es todo un acierto

Es una guarnición que no desentona en un sinfín de platos y que es calóricamente barata: el pimiento solo contiene entre 18 y 28 kilocalorías en crudo por cada 100 gramos de porción comestible. Y es la hortaliza que tiene más vitamina C (129 miligramos en cada 100 gramos, casi el doble que las fresas, que tienen 67).

Acelgas, casi como comer agua

Esta hortaliza es un 94,4% agua, lo que justifica que proporcione solo 21 kilocalorías por cada 100 gramos de porción comestible. Entre sus propiedades nutricionales destaca que una ración de 150 gramos de acelgas aporta casi el 30% de la cantidad recomendada de hierro, y casi el 145% de folatos, que ayudan a formar glóbulos rojos y blancos, y el ADN.

Romaine or cos lettuce is a variety of popular lettuce (Lactuca sativa L. var. longifolia)

Lechuga hasta en los bocadillos

Con razón es un clásico de las dietas. Este crujiente y vistoso vegetal solo contiene 16 kilocalorías por cada 100 gramos -en este apartado, una competidora suya, la escarola, sale victoriosa con solo 12-. Dicen que una hoja de lechuga romana tiene una sola caloría, un cálculo que la convierte en el alimento ideal para controlar la energía que ingerimos, aunque contar calorías para perder peso no sea siempre lo más recomendable.

Moras, una oscura atracción

Son ricas en fibra, una característica que comparten con el resto de las bayas silvestres, y tienen un profundo y atractivo color oscuro. La característica tonalidad de la fruta, que va del blanco al morado, pasando por el rojo, a medida que madura, es el fruto de dos sustancias antioxidantes conocidas como antocianinas. Esta fruta también contiene pterostilbene, una sustancia parecida al resveratrol de las uvas, que es un compuesto con fama de promover la longevidad, aunque aún queda mucho por investigar al respecto… Y solo tienen 37 kilocalorías por cada 100 gramos.

¿Y si hoy pedimos langosta?

Este animal mueve por el fondo marino su cuerpo de 91 kilocalorías por cada 100 gramos de porción comestible. El crustáceo ofrece proteínas de alto valor biológico y es rico en minerales, como el selenio, zinc y yodo, pero también está vedado a personas con gota por su contenido en purinas. Quizá puedes pedirla de vez en cuando, que tampoco es que la vayas a comer todos los días.

Pues ahora ya tienes más opciones de alimentos bajos en calorías para que no solo comas lechuga para mantenerte a dieta.

GastroMakers es un espacio dedicado a promover la cultura gastronómica del mundo.

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El caldo de huesos

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Foto: iStockPhoto

Una preparación milenaria con beneficios para la salud

Los caldos hechos con huesos no son para nada nuevos, estos ya los hacían nuestros antepasados en la prehistoria, y es común que en los últimos años, están ganando una increíble popularidad entre el público que se preocupa de alguna forma por su salud. 

Esto se debe a que hay muchas evidencias de que puede tener una larga lista de beneficios muy importantes para la salud. Aunque no hay estudios concretos sobre este tipo de caldo aún, se están llevando a cabo investigaciones. 

En este artículo vamos a entender más sobre el caldo de huesos, cómo se hace; y cuáles son sus beneficios más conocidos.  

Algunos de los beneficios del caldo con huesos: 

1.- Contiene muchas vitaminas y minerales: el caldo hecho con huesos es rico en minerales y ayuda a regenerar y reforzar tus huesos. También contiene muchos otros nutrientes como vitaminas, aminoácidos y ácidos grasos esenciales. 

2.- Podría beneficiar nuestro aparato digestivo: nuestro estado de salud depende enormemente de la salud de nuestro sistema digestivo. La gelatina de los caldos hechos con huesos promueve una digestión más saludable. Esta bebida puede ser beneficiosa para personas con problemas de permeabilidad intestinal. 

3.- Podría ayudar a revertir la inflamación: los aminoácidos en estos caldos ayudan contra la inflamación, por eso consumirlos podría ayudar a la protección contra enfermedades. 

4.- Ayuda a mejorar las articulaciones: los aminoácidos presentes en el caldo hecho con huesos ayudan a mejorar la salud de las articulaciones y su consumo podría ayudar a rebajar los síntomas de artritis. 

5.- Ayuda con la pérdida de peso: el caldo hecho con huesos por lo general es muy bajo en calorías, además la gelatina que contiene incrementa la sensación de saciedad. Tomar caldo con regularidad puede ser útil para reducir la ingesta de calorías. 

Foto: Hatcook

¿Qué es un caldo con huesos? 

Los caldos son el líquido resultante de cocer a fuego muy lento (a veces más de 10 horas) principalmente huesos y otras partes de animales. 

En cocina se llaman fondos porque son la base para salsas, guisos, arroces, sopas y un sinfín de preparaciones. 

En los últimos años estos caldos (bone broth) han cogido mucha fuerza dentro del mundo de la salud por todas las propiedades descritas anteriormente y han convertido esta simple y tradicional bebida en uno de los alimentos de moda. 

Por lo general es una bebida altamente nutritiva, aún así sus propiedades dependen mucho de los ingredientes que se usen.

  • Los huesos son ricos en calcio, magnesio, potasio y fósforo, además de otros minerales. 
  • Los tendones o partes más nerviosas aportan glucosamina. 
  • El tuétano aporta vitamina A y K2, zinc, hierro, omega-6 y omega-3 entre otros nutrientes.

Todas estas partes contienen una proteína que seguro que conoces: se llama colágeno, este colágeno se convierte en gelatina y pasa al agua del caldo cuando cuece a fuego lento. 

Preparar un caldo de huesos

Es una de las elaboraciones más sencillas, el único inconveniente es el tiempo de cocción. 

Se pueden elaborar caldos con pollo, ternera, cordero, cerdo, pescado… Además también se pueden usar diferentes verduras y especias para darle aroma y sabor, aunque las más comunes son cebolla, zanahoria y ajo. 

TIP: Para darle más sabor al caldo, tostar los huesos y las verduras troceadas en el horno antes de cocerlos. 

Como siempre recomendamos usar ingredientes de la mayor calidad posible, idealmente orgánicos para incrementar sus propiedades nutricionales, evitar el uso de químicos y contribuir a una producción más sostenible.

Una buena base para poder hacer tu caldo es la siguiente: 

  • 4l de agua 
  • 1,5 – 2 kg de huesos 
  • 30 ml de vinagre 
  • sal y pimienta

La elaboración es muy sencilla, sólo tienes que poner todos los ingredientes (tostados o no) en un olla y cuando rompa a hervir, bajar el fuego al mínimo, lo justo para que cuezca mínimamente y dejar cocer. 

Tiempos de cocción: 

  • Caldo de ternera: debería estar cociendo de 8 a 12 horas para extraer el mayor número de nutrientes del caldo. 
  • Caldo de pollo: con 3-4 horas debería ser suficiente. 
  • Caldo de pescado: no debería cocer más de 20 minutos

TIP 1: dejar enfriar con todos los ingredientes sin colar, esto le dará un punto extra de sabor.

TIP 2: para desgrasar, dejar enfriar en la nevera y colar, así retirarás la mayor parte de la grasa sin esfuerzo. 

TIP 3: elabora todo lo que puedas de una vez y congélalo para tenerlo siempre disponible. 

Cómo puedes ver un caldo pese a ser una elaboración sencilla y barata tiene unos beneficios muy importantes para tu salud. Puedes tomarlo sólo o usarlo para cocinar y darle mucha más personalidad a tus platos.

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El hongo más codiciado en el mundo

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La trufa y su encanto

Desde la época de los romanos, la trufa ha sido un lujo para el paladar, su complicada producción y recolección han hecho que el hombre invente métodos para cultivarlas artificialmente, pero aún así no ha logrado dominar por completo a este hongo tan codiciado. 

Para aquellos que no las conozcan, las trufas son un manjar que proviene de la tierra, de un hongo subterráneo que se asocia a las raíces de ciertos arbustos o árboles y en la mayoría de los casos se encuentran a 20 cm de profundidad.

Antiguamente las trufas se recolectaban con cerdos, los cuales las encontraban gracias a su olfato y las perseguían deseando comerlas, pero por cuestiones de comodidad ya que resultaba complicado evitar que una vez encontradas no se las comieran. Esta tradición se ha dejado y hoy en día se utilizan perros, sin importar su raza, adiestrados de la misma manera en la que se adiestraban a los cerdos para que puedan encontrarlas.

Existen unas 30 variedades de trufas, estas son las que todo conocedor debe de dominar:

Trufa perigord

Foto: Trufa Perigord

Trufa de color negro grisáceo con carne negra de manchas blancas. Su producción depende de las lluvias, crece en las raíces de árboles como robles y abetos, otro factor muy importante para su producción es un suelo adecuado como terrenos calcáreos, ligeros y pedregosos de la mano de un clima mediterráneo. La época de recolección es de noviembre a marzo. Es la más común y preferida en la gastronomía por su olor fuerte y sabor un poco amargo.

Trufa blanca de Alba

Foto: Trufa Blanca de Alba

La más abundante en Italia, especialmente en el poblado de Alba que lleva su nombre. Su color varía entre blanco y ocre, puede llegar a medir hasta 20 cm de diámetro, su carne es blanca, pero va cambiando de color a amarillo para terminar en rosa grisáceo mientras va madurando. Se cosecha mejor en los terrenos calcáreos. En la gastronomía se utiliza para comer cruda ya que el cocinarla puede hacer que pierda sabor y elimina su aroma.

Todavía no se ha logrado cultivar artificialmente por lo que es muy difícil que se pueda recolectar grandes cantidades, es la trufa más cara que existe y se ha llegado a pagar más de 3,000 euros por kilo.

Trufa de Invierno 

Foto: Trufa de invierno

De forma ovalada y color negro por afuera, su tamaño es mayor al de la trufa Perigord y su carne es blanca. Se obtiene durante la misma época que la Perigord y crece en los bosques de robles, es muy similar a la Perigord pero su calidad es menor, se utiliza como sustituto ya que es mucho más barata.

Trufa de verano o de San Juan 

Foto: Trufa de San Juan

Recolectada en verano a partir de agosto, es de color marrón oscuro, casi negro, y por adentro es blanco-amarillo pero con la maduración se vuelve marrón. De tamaño grande, presenta muchas protuberancias que son similares a verrugas. De aroma intenso y sabor a nueces, es la más barata de todas, puede ser conservada durante largos periodos de tiempo y conviene guardarla en aluminio para no perder el aroma.

Crece en bosques de robles y abedules con terrenos calcáreos y es la más fácil de encontrar, ya que la mayoría de las veces sobresale una porción de la tierra, se encuentra en el sur y centro de Europa y el norte de África.

Este codiciado hongo no solo establece simbiosis con un árbol. También interacciona con otras plantas, lo que explicaría la formación del «quemado», una zona con muy pocas plantas alrededor del árbol.

Datos curiosos de la trufa

· La trufa mas cara de la que se tiene registro se subastó en Nueva York por $61,250 USD, en 2014.
Fue una trufa blanca de 1.8 kilos

· En Italia, los recolectores de trufas se llaman Trifolao, y deben pasar un examen para obtener un permiso de 10 años, el cual deben renovar cuando expira para continuar recolectando.

· La trufa negra se ha intentado cultivar en diferentes países como Estados Unidos y Chile, pero aún no se ha logrado replicar un hongo igual.

· Históricamente, las trufas se han considerado un gran afrodisíaco. Brillat-Savarin, en su libro “Fisiología del gusto o meditaciones de la gastronomía trascendental” escribió sobre ellas: “El que dice trufa, pronuncia una gran palabra, que evoca recuerdos eróticos y gastronómicos en el sexo que gasta en faldas, y memorias gastronómicas y también eróticas en el sexo barbudo”.

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Breve historia del arroz

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Uno de los alimentos más populares del mundo

El arroz es un alimento básico y el segundo cereal más cultivado en todo el mundo. Más de 3.000 millones de personas lo consumen de forma habitual. Quizás no sepas en qué país surgió el arroz y de dónde proviene. A continuación te explicamos la historia del arroz, su evolución, expansión y más datos interesantes.

Existen varias versiones sobre el origen del arroz, pero se tiene constancia que su cultivo se inició en Asia, en concreto, entre la India y China, hace unos 7.000 años. Posteriormente pasó a Tailandia hace unos 5.000 años. Más tarde se expandió a Vietnam, Camboya, Japón y Corea.

Foto: Histórica siembra de arroz

Historia del arroz en Occidente

El arroz llego a Occidente a través de la India. Alejandro Magno lo probó allí, en 320 a.C., de hecho fue el primer occidental que lo hizo.

Por esa época, Teofasto, uno de los grandes filósofos griegos, escribe en su libro Historia de las plantas referido a los indios:

“Siembran sobre todo el arroz, (oryza sativa) con el que hacen su hervido. Es semejante a la escanda, y cuando se le quita la cascarilla forma una especie de gachas fácilmente digeribles. Se parece externamente, cuando está crecido, a la cizaña, y se desarrolla dentro del agua durante mucho tiempo”.

Los romanos, tuvieron noticia de él hacia el siglo I a.C., en que Marco Gavio Apicio (famoso gastrónomo romano) en sus Diez libros de cocina describe una especie de almidón desleído en agua, de aspecto ingrato y sabor agradable llamado succus orizae.

Foto: Histórica grabados

Los árabes, en el siglo IV ya lo habían introducido en Egipto, y tras la aparición del Islam también en el norte de África, y posteriormente con la conquista de los árabes a España llega al país español.

Un poeta del siglo IX sorprendido ante la belleza de los arrozales que se prolongaban en el horizonte, ante la gallardía verde de esta planta exclama: “Nada se asemeja tanto a la pujanza y deseo de la vida como los arrozales cuya silueta se recorta sobre el cielo añil”.

Foto: iStockPhoto Arrozales

El Arroz llega a España

El primer uso del arroz en Occidente fue como postre, arroz con leche de almendras y canela. Plato que consta, que antes de llegar a España se sirvió al rey de Francia, Luis IX, en una comida a la que asistió santo Tomás de Aquino, a mediados del siglo XIII.

Su empleo como plato principal o fuerte fue posterior, y se dio en un guiso parecido al arroz caldoso con menudillos cocidos, plato parecido al mortero, del que son herederos el morterol catalán y el morteruelo manchego.

A modo de guisado: hígado de cerdo machacado, desleído con especias y pan desmenuzado, empezó a comerse en Cuenca, Toledo y parte de la Alcarria fronteriza con el reino de Aragón, de donde pasó al Principado de Cataluña.

Hubo infinidad de recetas; el arroz fue ganando terreno en el gusto de los españoles. Hacia 1520, en un libro de cocina catalán publicado en Barcelona por Roberto de Nola, el Llibre del coc, se habla del arroz al horno en cazuela de barro, plato muy parecido al actual arroz con costra.

Foto: Tipos de arroz

En el XVII y XVIII inicia su consagración como número uno entre los hábitos alimentarios. En 1745 el franciscano Juan de Altimiras muestra el favor que el pueblo daba ya a este cereal en su Nuevo arte de cocina, con recetas como la del arroz con anguilas.

Historia del arroz en América

Los datos históricos nos dicen que, el arroz llegó a América gracias Cristóbal Colón en el 1493. En concreto, fue en el segundo viaje que realizó desde España en el que portaba este cereal. Pero por desgracia, al principio su cultivo no prosperó.

No fue hasta el año 1512, que dieron fruto los intentos de los españoles para conseguir su adaptación. Desde entonces se expandió desde la isla de La Española (actual República Dominicana y Haití) al resto de islas de alrededor y de ahí saltó al continente.

Foto: Ilustración de Cristóbal Colón en su llegada a América, el 12 de octubre de 1492.

Aunque si bien es cierto que antes que los descubridores llegasen al ”Nuevo continente” ya existía en él una especie de arroz silvestre cuyo nombre era Zizania aquatica. Pero no era habitual su consumo por los nativos del lugar.

Paulatinamente, la variedad traída por los españoles fue fusionándose en la gastronomía autóctona. Poco a poco se introdujo junto a la tortilla y las arepas, haciendo que junto al maíz fuese uno de los dos cereales básicos de su dieta.

Gracias a navegantes españoles llegó al “Nuevo Mundo” el trigo. Por lo que arroz, maíz y trigo iniciaron una convivencia que ha perdurado hasta nuestros tiempos. Siendo el trigo el más empleado para la elaboración del pan.

Con la llegada de personas del cliente africano como esclavos, se produjo un hecho fundamental para la adaptación y definitivo desarrollo del arroz en América. Ellos eran conocedores de todo lo necesario para que el cultivo del arroz en estas tierras fuese exitoso.

Todas las estructuras y el sistema de regadío de las plantaciones de caña de azúcar sirvieron para conseguir excelentes cosechas de este cereal.

Foto: Plantaciones de arroz en América

Cabe destacar, que fue el grano de arroz asiático el que mejor se adaptó al clima de los países americanos, como en Honduras, Cuba o los actuales México y Estados Unidos.

Teniendo como característica principal que aporta una elevada cantidad de proteína de alta calidad al mezclarse con ejotes, lentejas, judía, frijoles y otras leguminosas.

Debido a su gran capacidad de fusionarse con otros platos, se mezclaba con mariscos, carnes magras, dulces, verduras, postres y panes. Pasando a ser un elemento que no faltaba en la mesa de ningún hogar latino. Tanto es así, que incluso en la actualidad, hay personas que si no comen un plato que contenga arroz aseguran que su dieta no es completa.

En toda Latinoamérica, el arroz tenía y tiene aún hoy, un significado de fertilidad y abundancia. Por este motivo, es costumbre que al final de una boda, se arroje arroz a los recién casados para desearles prosperidad y descendencia abundante.

Dentro de la gastronomía latina, este cereal blanco es presentado de mil formas y maneras. Por ejemplo:

  • En México existen recetas de platillos con arroz de todo tipo, con chícharos, jitomate o zanahorias.
  • En Perú encontramos el arroz chaufa, que se prepara en wok, con tortilla de cebolla china y huevo.
  • En Uruguay tenemos por ejemplo el arroz con leche, que se acompaña con cajeta o dulce de leche.
  • En Cuba el famoso arroz a la cubana, con huevo frito o plátano.
  • En Colombia el arroz sudado.
  • En Guatemala el arroz combinado con pollo.
  • En Argentina y Chile los riquísimos risottos, de herencia italiana.
  • En Paraguay existe el popular postre denominado kamby arró una variante de la receta de arroz con leche.

Como puedes comprobar, el arroz llegó a América hace más de 500 años y lo hizo para quedarse definitivamente y formar parte de la cultura y la tradición de los países latinos.

El arroz en la actualidad

El arroz es un alimento básico del 60% de la población mundial, de donde deriva su importancia capital, de ahí la investigación constante para hacer cada vez más productiva esta gramínea, lo que llevó al descubrimiento del llamado arroz milagroso desarrollado en Filipinas en 1962.

Aunque por su insipidez esta variedad sea poco apreciada y huyan de ella los cocineros asiáticos, este arroz de tallo corto y gran rendimiento es piedra angular de la Revolución Verde, ya que su rendimiento por hectárea triplica al arroz convencional, aunque tiene sus peligros: en Paquistán se dice que el arroz milagroso ha engendrado una langosta milagrosa que se lo come todo. Un punto de inflexión dentro de la historia del arroz.

Datos extras del arroz

El nombre latino del término arroz deriva del que le dieran los antiguos griegos: oriza, voz de procedencia drávida, pueblo que constituyó la población antigua del Indostán.

El término castellano, así como el de los demás romances peninsulares, es de origen árabe, de la voz ruzz + artículo al, vocablo que ya aparece en el libro de cuentos y fábulas que mandó traducir Alfonso X el Sabio: Calila e Dimna, a mediados del XIII. La palabra griega oriza, orizon, tiene como etimología remota un término indio.

Como curiosidad, en China, el arroz tenía una gran presencia social, tanto era así que le atribuye a famoso pensador chino Confucio la siguiente frase: “Una cocina sin arroz es como una hermosa mujer a la que le faltase un ojo”. De hecho, tanto en chino como en japonés, la palabra “arroz” es sinónimo de comida. Famoso también es el Sake, licor japonés elaborado a base de arroz.

A la par que era un alimento principal, también el arroz era objeto de reverencia y culto. Se creía, que servía al hombre en su vida después de la muerte.

A los difuntos se los enterraba con una porción de arroz en la boca. Aún hoy se cree que comer un plato de arroz en presencia de un santón budista trae suerte.

En el mundo oriental antiguo el arroz simbolizó la vida, y fue signo de fecundidad y alegría. Se arrojaba a las recién casadas para garantizar descendencia al nuevo matrimonio (igual que se hace en la actualidad). Con los granos arrojados, se hacía un corazón de arroz, que era una especie de amuleto destinado a acrecentar la pasión.

Con el mismo fin, se introducía el arroz en una pequeña bolsa de tela en el traje de boda y se bordaba en ella dos corazones, que se colocaban en el dormitorio, donde se suponía que tenía efectos mágicos. También tuvo usos medicinales y cosméticos.

Estos son solo algunos datos de la historia del arroz en el mundo, sin duda es uno de los alimentos más conocidos y consumidos en le mundo.

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