Contáctanos

Historia

Historia del pan en mexico

Publicado

en

[vc_row][vc_column][vc_column_text]

En México, la historia del pan está ligada a la conquista española.

Desde tiempos prehispánicos ya se elaboraban tortitas de maíz para usos ceremoniales en ofrendas, pero sobre todo eran prendas de petición de mano y objetos de homenaje. Parte de la cosecha de maíz era utilizado para preparar tortillas llamadas cocolli, que quiere decir pan torcido, y una especie de empanadillas de maíz sin cocer llamada suilocpalli.

El pan de maíz como ofrenda

Hasta la fecha México es reconocido como el país número uno a nivel mundial en riqueza de formas y sabores. Entre éstas destacan: conchas, magdalenas, moños, cañones, chilindrinas, corbatas, panqués, cuernitos, orejas, cochinitos, almejas, besos, barritas, ladrillos, condes, cocol, gendarmes, borrachos, huesos, alamar, rosca de canela, amores, trenzas, banderillas, hojaldras, ojo de buey, volcanes, polvorones, teleras y bolillos.

Ellos, los españoles, fueron los que nos trajeron el trigo y  sus procesos para transformarlo en alimento.

El trigo se siembra, por primera vez, en un solar que perteneció a Hernán Cortés y que fue regalado a Juan Garrido, un esclavo liberado y de los primeros  panaderos de la época de la colonia.

En 1524 se inició la producción y transformación del trigo criollo en pan, al principio los hornos y amasijos eran familiares, pero poco a poco se fueron convirtiendo en empresas productoras para el consumo de la población en general.

Las panaderías de la época colonial estaban reglamentadas rigurosamente, tanto en lo que se refiere al peso como en lo relativo a los precios.

Los panes que se vendían al pueblo, es decir, los panes corrientes, se encontraban en las pulperías (tiendas para vender diferentes géneros destinados al abasto, comestibles, vinos, aguardientes o licores y géneros pertenecientes a la droguería, mercería, etcétera…)

Las pulperías fueron en toda Hispanoamérica el antecedente de nuestras actuales misceláneas.
Aparte de la venta en panadería y pulperías, las mujeres indígenas eran las encargadas de vender los panes en las plazas y mercados.

A fines del siglo XVIII, llegan a México los primeros maestros europeos de panadería y pastelería  (franceses e italianos), que establecen las primeras negociaciones semejantes a las europeas, talleres donde el jefe de la familia es el maestro y sus hijos los pupilos.

Un ejemplo de esto,  fue el maestro Manuel Mazza, de origen italiano, que en lo que hoy es Oaxaca, estableció este tipo de negocio. Mencionamos este hecho porque esta persona se convirtió mas adelante, en el suegro de nuestro Benemérito de las Américas, Don Benito Juárez.

En aquellos tiempos se amasaba en duernos, ya sea a mano o con los pies y se hacía sólo pan blanco. Se trataba de masas de mala calidad y poco fermentadas.

En  1880 había 78 panaderías y pastelerías en la ciudad de México y un sinfín de indígenas que seguían haciendo sus productos en hornos calabaceros y vendiéndolos en mercados.

Ya para el siglo XX, los habitantes de la Ciudad contaban con afamadas panaderías como LA VASCONIA, que aún existe en nuestra capital

En los primeros años del siglo XX, la mecanización de la industria panificadora se inició con el uso de revolvedoras para pan blanco.

Hasta 1922 la panadería en México se caracterizó por la preponderancia del pan blanco en los anaqueles de los expendios.  De 1923 a 1950, aproximadamente, empezaron a ofrecer bizcochería.

Las panaderías no paraban. A la gente no le gustaba el pan que no estuviera recién salido del horno, sobretodo el bolillo y la telera.

Para enfrentar la competencia los panaderos empezaron a ofrecer el bolillo calientito, para que la gente lo prefiriera al otro que ya tenía varias horas de haber sido horneado y ahí empezó la costumbre de sacar pan caliente cada 20 minutos.

A partir de los años 40 la historia del pan en México está estrechamente vinculada con las organizaciones patronales que surgen durante el proceso de institucionalización de la vida económica, social y política del país.

Son los dueños de las panaderías quienes conducen la transformación de los pequeños negocios en industrias.

El sistema de ventas durante muchos años fue de atención personalizada a través de un Mostrador,  la gente solicitaba su Pan y un empleado  lo iba colocando en la charola  para posterior pago en caja.

En la década de los 50’s, un Industrial  (Antonio Ordóñez Ríos), llegó a una de sus Panaderías y decidió darle la vuelta al mostrador, permitiendo que el Cliente  seleccionara y  colocara su Pan en la charola, iniciando con ello  El Autoservicio en  Panaderías.

El cambio del despacho al autoservicio mejoró las ventas en las panaderías
La que había sido una actividad reservada para las mujeres, se convirtió en una tarea a la que ahora podrían también tener acceso los hombres.

Sin embargo, también  se enmudeció el servicio y los nombres del pan se fueron perdiendo, ya no se escuchaban los gritos de palos, piojosas, cuernos, chilindrinas.

El autoservicio en las panaderías significó también la dinamización de los proveedores, no solamente porque se incrementaron las ventas y sino porque también se inauguró la exhibición de piezas.
El mobiliario y las decoraciones modernas jugaban un papel importante, haciendo más atractiva la panadería.

Durante  los años  80, la industria comienza a recuperarse, inyectando energía y entusiasmo a sus empresas.

En esta década se empieza a ver el arribo de una nueva generación de empresarios panificadores, con carácter universitario y especializado.

La industria panificadora no es historia, es una experiencia vivencial de los industriales y de todos los que consumimos ese regalo:   “nuestro pan de cada día”.

El pan en México forma parte de una gran cultura y tradición, por ello, es muy probable que sea el país con mayor variedad de panes, debido a que somos resultado de una fusión cultural indígena,  (nahuatl, tolteca, zapoteca, mixteca, otomi, tzetzal, mayas, tarahumaras, huicholes, etc.), y lo que las culturas europeas, principalmente española y francesa nos heredaron.

Así, cada estado, municipio y población, cuenta con su propio pan, sin importar su lugar dentro de la geografía nacional. Muestra de ello, son los múltiples panes ceremoniales arraigados  a la cultura popular, elaborados especialmente para las fechas tradicionales, como el pan de muerto, la rosca de reyes, el pan de boda o  el pan de jueves santo.

Somos por naturaleza, una de las pocas industrias que mantienen contacto directo con su personal, con los clientes, con su comunidad.

El panadero es una figura que da calidez al barrio, al pueblo, nace de él y regresa a él con lo mejor de su experiencia, de sus productos y servicios, siempre pendiente de los gustos y las tradiciones.
El pan está cerca  de los momentos más especiales de nuestras vidas y por ello, el industrial del ramo es consciente de su labor, la cual no fructifica si no existe una plena identidad con el cliente al cual sirve, con apego a sus gustos y otorgándole cada día lo mejor de su herencia cultural.

El pan mexicano, orgullo y símbolo de la riqueza de nuestro México.

Tipos de panes

  • El pan de muerto 
  • Rosca del día de reyes
  • Conchitas 

Especialidades

  • Panadero 
  • Repostero
  • Ayudante

[/vc_column_text][vc_video link=”https://www.youtube.com/watch?v=rdzas-auJZ8″ title=”10 panes Mexicanos y su historia”][/vc_column][/vc_row]

GastroMakers es un espacio dedicado a promover la cultura gastronómica del mundo.

Advertisement
Hacer un comentario

Escribe tu comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

+ 77 = 78

Historia

Historia de la gelatina

Publicado

en

Foto: iStock Photo

Un invento imprescindible para la cocina

Otro de los insumos culinarios que descansa en la alacena es la gelatina. Parece que siempre estuvo allí, pero es un invento moderno que, de tan anónimo que es, ni siquiera merece una reflexión acerca de su origen, que dista de ser apetitoso.

De las primeras cosas que aprendimos a “cocinar”, al menos si tuvimos la suerte de tener una madre que cocinaba en casa, fue la gelatina. Aunque fuera la de cajita. Y todos pasamos siendo niños por esa extrañeza al ver cómo el líquido en una horas se ponía sólido y de color muy brillante. La verdad es que es una maravilla que como todas las cosas de cocina tienen su génesis.

¿Cuándo surgió la gelatina?

Los antecedentes remotos acerca de este producto vienen del Antiguo Egipto. Sin embargo, las referencias escritas sobre la gelatina datan del siglo XV. La palabra “gelatina” proviene originalmente de la palabra latina “gelatus” (helado).  Pero fue el francés Denis Papin quien, en 1682, desarrolló un proceso de cocción para producir una masa gelatinosa obtenida a partir de huesos de animales.

Sin embargo, fue en Inglaterra, en 1754, que se inscribió la primera patente referida a la fabricación de la gelatina, pero no como alimento, sino como adhesivo. Durante el bloqueo continental napoléonico, la gelatina fue reconocida en Francia por sus valores nutritivos. En 1845, la mezcla de gelatina en polvo fue patentada por el industrial estadounidense Peter Cooper.

Finalmente, en 1875, y gracias a la modernización en el proceso de fabricación de gelatina, fue posible una producción masiva del producto. Es que si bien la gelatina es relativamente sencilla de producir, para que sea rentable requiere de un negocio de gran escala, y la fabricación industrial de la misma dio como resultado sofisticados artículos alimenticios y farmacológicos.

Foto: Gelatina de origen animal

Hablando de su fabricación, casi es mejor no enterarse cómo se hace… Es que detrás del colorido e inocente bowl de gelatina, hay una dilución de restos de ganado vacuno o porcino mediante cal y ácidos hasta lograr una materia llamada oseína, de la cual, y luego de otro proceso nada agradable de narrar, se extrae la gelatina, que luego termina siendo un extracto que se convierte en polvo. Dicen los allegados a esta industria que ver esta secuencia hace muchas cosas menos despertar el apetito.

Pero de lo que se trata es de saber que es la gelatina y por ello describimos:

La gelatina se consigue por hidrólisis del colágeno, una proteína que es el componente principal del tejido conectivo de los animales en tendones, ligamentos, huesos y cartílagos.

Industrialización de la gelatina

Durante el final del siglo XVIII, la gelatina comenzó a hacer su debut en elegantes mesas y postres. Más cuando el chef francés Antonin Carême comenzó a preparar platillos “chaud-froid”, o calientes fríos, ya que su preparación se realizaba caliente y se servían fríos. El furor creció tanto que las preparaciones tradicionales no daban abasto con la demanda. Y no es de sorprender, porque incluso Napoleón usaba esta delicia como complemento alimenticio de sus tropas.

Foto: Anuncio Jello-O Histórico

Sin embargo, la revolución industrial tendría la respuesta, entregando hojas de gelatina en cajitas. Mientras esto sucedía en Europa, un magnate del pegamento, Peter Cooper, creó una gelatina ya saborizada antes de empacarse. No tendría éxito sino hasta 1887, cuando otro competidor la bautizó como “Jell-o”.

Este alimento fue sumamente útil para muchos durante la gran depresión, cuando había pocos ingredientes que pudieran rendir lo suficiente.

La travesía de la gelatina ha sido largo para llegar a ser lo que hoy en día conocemos, pero sin duda es un alimento que logro cambiar la forma de cocinar en el mundo y que sigue siendo un manjar sutil pero muy recurrente.

Agradecemos tu interés por este post!

Sigue leyendo...

Historia

El origen de los cubiertos

Publicado

en

El cuchillo fue el primero de los elementos que se incorporó en la cubertería moderna en la Edad Media.

La leyenda atribuye la aparición del cuchillo de mesa como tal al cardenal Richelieu en el año 1630, quien mandó eliminar las puntas de los cuchillos de su casa ya que los comensales lo utilizaban igual para la guerra que como mondadientes. Reyes como Carlos III de España prohibían el uso del cuchillo en la vía pública, con lo que la diferencia entre arma y útil de cocina quedaba resuelta.

En el siglo XIX, “siglo de oro” del cuchillo, aparecieron la mayoría de cuchillos y navajas que se conocen en la actualidad y numerosas ciudades se especializaron en la construcción de cuchillo como Solingen en Alemania o Albacete en España. A partir de este siglo y sobre todo en el siglo XX, la aparición de nuevos materiales y procesos de fabricación se incorporaron en la fabricación de cuchillos.

La cuchara tiene orígenes poco precisos, quizás las primeras cucharas fueron conchas de moluscos utilizadas por el hombre primitivo quien ya en el paleolítico fabricaba cucharas de madera o hueso. Miles de años más tarde, en Mesopotamia y Egipto las cucharas eran creadas con mangos tallados. Muchas de esas cucharas tenían una función para diversas actividades médicas o ceremoniales.

El término cuchara proviene de la antigua Roma, donde existía un utensilio denominado cochlea. Su mango delgado permitía pinchar trozos de comida, haciendo también de tenedor.

Practicamente hasta el siglo XIX la cuchara, junto con el cuchillo, era el único instrumento utilizado en las comidas y su fabricación era casi exclusivamente de madera para las clases menos pudientes. A partir de este siglo, la fabricación industrial desarrollo piezas de diferentes materiales. Desde el siglo XIV adquirieron la forma actual, ya que antes eran bastante planas.

La historia del tenedor es, sin embargo, relativamente reciente. Anteriormente la gente comía con las manos. Incluso existían tratados de buenas maneras en la mesa en las que se instaba a usar tres dedos para tocar la comida, dejando el meñique y el anular sin utilizar.

El tenedor llegó a principios del siglo XI a Venecia desde Constantinopla de la mano de Teodora, hija del emperador de Bizancio. Pero su uso se consideró escandaloso y un “instrumento diabólico” que ofendía a Dios. Detrás de ello se encontraba la inhabilidad de los comensales para comer tallarines con semejante instrumento, teniendo en cuenta además que los tenedores de la época eran planos y con dos puntas, por tanto mucho más difíciles de manejar. De esta forma, el tenedor desapareció de Europa por más de 300 años hasta que Catalina de Médici, en su boda con Enrigue II de Francia, lo puso de moda en la corte francesa en 1533.

La forma del tenedor ha estado sujeta a varios cambios. De ser un solo pincho, paso a tener dos puntas. En el siglo XVII se generalizó la tercera punta. En Italia se añadió la cuarta punta para adaptarla a la comida de spaguetti. Finalmente, a comienzos del siglo XVIII, el tenedor que conocemos actualmente, fue desarrollado en Alemania.

El uso del tenedor se generaliza en el siglo XVIII y sobre todo en el XIX gracias a la producción en masa y la invención de la galvanoplastia, que pusieron los tenedores de metal al alcance de las nuevas clases medias que deseaban imitar a la nobleza.

La cubertería ha seguido un camino paralelo a otras facetas de la producción humana, pasando de ser objetos sencillos y modestos a estar decorados con el gusto de cada época.

Hoy en día se pueden encontrar de múltiples materiales y estilos, pero siempre será el mismo uso. Llevar a nuestra boca los delicias culinarias.

Agradecemos tu interés, ojalá nos puedas apoyar con un comentario o compartiendo esta nota!

Sigue leyendo...

Historia

Breve historia del RAMEN

Publicado

en

Foto: Shutter Stock / Ramen de pollo

Alimento de origen Chino que Japón transformo y proyecto a todo el mundo

Pocas cosas representan a Japón como los onigiris, el sushi, el tempura o el ramen. Este último se puede encontrar en pasillos de cualquier supermercado y en restaurantes de cocina japonesa. Seguramente lo haz probado, pero ¿te haz preguntado como surgió este alimento tan popular en todo el mundo y representativo de Japón?

El ramen es un plato originario de China, que en el siglo XVII desembarcó en el país nipón a través de Zhu, un político y escritor chino exiliado después de la derrota de la dinastía Ming.

Fue acogido por un rey feudal japonés y para agradecer el gesto le ofreció un plato de fideos con caldo, y esa fue la primera vez que el ramen se hizo en Japón.

Esto tiene parte mito y parte realidad, la verdadera historia del ramen está unida al intercambio cultural constante de China y Japón durante siglos, mucho antes de Zhu y el rey feudal; como también pasa con muchos otros platos nipones.

Tras la Segunda Guerra Mundial, la sopa ramen se convirtió en un alimento fundamental para el pueblo japonés. De hecho, la fama que acompaña a esta deliciosa preparación por todo el mundo, está asociada a la cultura japonesa que se fue generando en las clases más bajas que sufrían por la falta de alimentos.

Ando Momofuku fue un taiwanés-japonés fundador de Nissin Foods, que ayudó a que Japón saliera de la hambruna de posguerra al inventar una  sopa que se pudiera cocinar de manera rápida. Estuvo haciendo pruebas en una cabaña en Osaka hasta que en 1948, logró un paquete de fideos compactos que al hacer contacto con agua caliente se convirtiera en una sopa.

Foto: Japón después de la II Guerra mundial

La receta que llegó desde China como una sopa más bien poco elaborada, se convirtió en Japón en todo un manjar con diferentes versiones. Manteniendo parte de su esencia inicial de comida económica y fácil de comer, el ramen evolucionó para convertirse en el aliado ideal de los trabajadores para reponer fuerzas de forma rápida durante la jornada laboral.

Durante el siglo XX tuvo una gran distribución entre los comerciantes comerciantes ambulantes. Conforme Japón se industrializó y urbanizó la gente comía fuera y este platillo resultaba una opción viable y económica que se estableció en los puestos callejeros.

Ingredientes del ramen

Los fideos de ramen están elaborados con una masa a base de harina de trigo, sal, agua y kansui, una clase de agua mineral. La base sobre la que flotan y se sumergen todos los ingredientes es un caldo elaborado con carne, que puede ser de pollo o cerdo y suele venir acompañado por alga konbu, bonito seco katsuobushi, sardinas secas niboshi, huesos de ternera, huevo hervido, cebolla, setas o mariscos.

Foto: Instagram Miso Ramen / @shibuiramenmx

Tipos de ramen

Además, dependiendo de su composición y de los ingredientes con los que se prepare, se pueden distinguir varios tipos de ramen:

  • Shio ramen, la receta más clásica y fiel a la china; el tonkotsu ramen, cuyos protagonistas son los huesos de cerdo, que se hierven durante horas hasta obtener un caldo blando espeso. 
  • Shoyu ramen, en el que el caldo es elaborado no solo con pollo, sino también con verduras y el toque final lo aporta la salsa de soja, la cual dota al ramen de un color oscuro. 
  •  Miso ramen, que sigue la misma línea de los dos anteriores, pero en lugar de soja o huesos se le añade pasta de miso.

Pese a ser un plato de origen chino, el ramen es un plato japonés. Ramen es Japón. Ya no es el plato de post-guerra de supervivencia, ni hay chinos vendiéndolo en puestos callejeros como en el siglo anterior. El ramen se ha convertido en un plato nacional japonés en toda regla y es mundialmente conocido.

En la actualidad, el 80% de los restaurantes de ramen en Japón son pequeñas empresas, la mayoría familiares. Ese calor humano es el que buscan muchos aficionados al ramen. En total se calcula que hay unso 35.000 restaurantes en todo Japón.

Receta práctica para hacer ramen

El ramen no deja de ser una sopa con ingredientes típicos como las verduras, el huevo o la carne. Sin embargo, en la cocina japonesa también se añaden algunas especias o salsas que puedan no ser tan comunes en la cocina occidental. Para preparar un buen ramen, lo ideal es que cocines tú mismo (a) el caldo. Sin embargo, este proceso lleva muchísimo tiempo, y la preparación completa del ramen llevaría cerca de cuatro horas. Por ello, hemos preferido optar por una receta sencilla e ideal para los principiantes del ramen.

La cantidad de los ingredientes varia en función del número de comensales. Esta receta es para cuatro raciones aproximadamente.

Ingredientes

  • Lomo de cerdo o pechuga de pollo
  • 4 huevos cocidos
  • 250 gramos de fideos udon soba
  • Setas shiitake
  • Naruto, si puedes adquirir
  • La parte verde de cuatro cebolletas o puerros
  • 2 zanahorias
  • 1 litro de caldo de pollo
  • Salsa de soja
  • Aceite de sésamo
  • Sal
  • Pimienta

Preparación

  1. Para empezar, salpimienta la carne y macérala en salsa de soja. Para que el sabor sea intenso, cubre la carne con un papel film transparente y déjala reposar en la nevera mientras preparas el resto.
  2. Para empezar a preparar el ramen, cuece los fideos siguiendo las instrucciones del fabricante. Una vez cocidos, suelen tardar aproximadamente cinco minutos, escúrrelos y distribúyelos en cuatro boles.
  3. En otra cazuela, cuece la zanahoria y las hojas del puerro. Saltea las setas shiitake en una sartén. Cuece los huevos durante, aproximadamente, nueve o diez minutos.
  4. Seguidamente, escurre la carne y fríela en la sartén junto con un poco de aceite de sésamo. Córtalo en tiras y distribuye la carne juntamente con los fideos. Añade el resto de verduras y setas al bol.
  5. Finalmente, vierte en cada bol una parte del caldo de pollo. Puedes decorar tu ramen casero con cebolla tierna en rodajas, naruto y el huevo, previamente cocido y partido por la mitad.

El ramen es de los alimentos que tienes que probar por lo menos una ves en la vida y que estamos seguros que te va a encantar!

Comparte o comenta si fue de tu interés este post!

Sigue leyendo...

Lo + Trending

Derechos Reservados GastroMakers® 2021