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Las grasas, ¿buenas o malas?

Es muy común escuchar que debemos evitar las grasas, pues relacionamos el estar sano con llevar una dieta baja en grasas, pero ¿qué pasaría si conociéramos lo esencial que son las grasas para el buen funcionamiento de nuestro cuerpo?

Las grasas son la principal fuente de absorción de las vitaminas como A, K, E y D, además tienen la función de formar hormonas y tejidos, funciones primordiales para mantenernos vivos.

Pero si son tan buenas ¿por qué en los años ochentas y noventas se consideraron la base de padecimientos crónicos como la obesidad, el colesterol alto y los padecimientos cardíacos?

Pues a pesar de ser imprescindibles, el origen y la composición de las grasas que ingerimos afectan sus beneficios ya que es necesario tener un aporte equilibrado de las mismas.

Por ejemplo, se comenzó a usar el aceite vegetal como una manera de darle textura a los alimentos y la comida rápida se resumió en “grasa” y sí es verdad que los índices de obesidad crecieron alrededor de esa época, pero el problema fue el descubrimiento de los médicos alrededor del colesterol, lo que los hizo resumir los problemas de obesidad en la ingesta de grasas en general.

Las grasas que algunos llaman “buenas” son las insaturadas y a partir de ellas es que nuestro cuerpo encuentra la manera de metabolizar fácilmente todo lo que ingerimos. Si quitamos las grasas de nuestra dieta, nuestra saciedad se hace menor y los sustituimos con la ingesta de alimentos con menos nutrientes, lo que nos puede provocar ansiedad y hambre.

Se recomienda que el 30 o 35% de nuestra energía venga de grasas buena, pues irónicamente reducen el índice del colesterol. Estas grasas las podemos encontrar en proteínas como el pescado, en nueces y almendras, en semillas, aceitunas y aguacate, entre otros.

Estos alimentos secretan ceras para proteger el pelo y la piel, manteniendo su flexibilidad y lubricándolo. Además las membranas de las células están compuestas por una doble capa lipídica que crea una separación entre el interior y el exterior de ésta. Esto afecta directamente al sistema nervioso, pues constituyen la base del mismo. Además, otros ácidos grasos y oligosacáridos se localizan en las neuronas del cerebro, sustancia gris y glóbulos rojos.

Por eso, la próxima vez que escuchen una “dieta baja en grasas” consideren a qué grasas se refieren.

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